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Disculpen ustedes mi intromisión, pero creo que andan muy enzarzados en discusiones de personas y no de ideas. Creo, que lo que nos interesa a los europeos y a los españoles y extremeños como tales es, lo que sugiere Arturo, la socialdemocracia. Resulta que ésta lleva en peligro cuarenta años, en Europa, en España experimentamos una expansión de la misma porque salimos del franquismo, es decir de la nada en política social. Y a esa merma han contribuido los partidos de la derecha moderada y los de la izquierda, tan moderada, que casi eran como los de derecha, salvo en algunas políticas epidérmicas señaladas. Creo que la situación mundial y europea no está para plantearse debates de barrio. Es necesario un gran debate de toda la izquierda, porque no debemos de olvidar que el estandarte de la izquierda es el de la igualdad y la justicia. Y ambos ideales hay que ponerlos en armonía porque a veces entran en conflicto. Y precisamente son esos conflictos los que utiliza la derecha para enarbolar el ideal de la libertad, que no es más que el de la libertad económica, pero no del ciudadano, ésta está tremendamente limitada, sino la libertad del gran capital y sus dueños. No olviden tampoco en ese gran debate de ideas que la crisis en la que nos encontramos no es más que una parte de una crisis sistémica, y esa crisis es mucho más amplia, es global y civilizatoria. Puede plantear el fin de la civilización occidental, estaríamos en el inicio de una larga agonía. El último gran fin de una civilización occidental fue el del imperio romano que planteó un retroceso cultural, técnico, de comunicaciones…de ocho siglos y Europa estuvo en la inmovilidad más absoluta durante más de cinco siglos. Esto es un botón de muestras. Por tanto en ese gran debate de ideas, que debe seguir la senda mundial, no meramente del PSOE, español y extremeño, no se puede olvidar que existen alternativas de organización económica. El gran peso que se ha echado sobre las conciencias es el del determinismo económico, no hay alternativas. Así llevamos pensando cuarenta años. Cuarenta años en los que nos hemos ido esclavizando nosotros mismos y por eso ahora nos es tan difícil ver las alternativas y los partidos de izquierda nos muestran tan poco margen de maniobra. Pero hay estas políticas económicas. De lo que se trata es que esas ideas lleguen a los aparatos que dirigen los partidos. Que esas ideas contaminen las bases y a la ciudadanía en general para que vuelva a creer en la política. Si ustedes siguen enzarzados en sus luchas internas, lo mismo que Europa y EEUU, pues serán como los músicos del Titanic. Una imagen patética, pero no olviden que detrás de esa imagen están los pobres que permanecían encerrados en los bodegas del barco, los que nunca tuvieron la más mínima oportunidad, mientras que otros se perdían en su vanidad. De nuevo, disculpen mi intervención, pero lo que ocurra en el PSOE me interesa y, segundo, considero que el discurso debe ser más profundo y más global. Si no, ustedes no estarán haciendo política de verdad, que es la que ahora hace falta, una política de altura con ideas nuevas y con capacidad de movilizar al hombre y hacer que recobre la esperanza, sino partitocracia. Es decir estarán haciendo una política con el fin de ganar las próximas elecciones. Un saludo.

Primero, y sin ánimo de crítica, puesto que aquí parece que no se admite. Y mira que mi primer escrito fue respetuoso y pidiendo incluso permiso, cuando en realidad no tendría ni que hacerlo. Porque lo que sucede en el partido ahora en la oposición ha revertido sobre mi realidad social durante muchos años y, si de ésta no desaparece toda la izquierda europea, pues me seguirá afectando. Incluso si realmente presentan un proyecto de izquierda creíble y ejecutable, pues los votaría.
Mira Fernando, ese discurso tuyo tan maniqueo es inválido. Existen los intelectuales y los políticos. Existen muy pocos intelectuales políticos, por razón de tiempo y temperamento. Y son, como bien dices, cosas muy distintas. Sólo hay que escuchar al último intelectual político recientemente fallecido. En cuanto a la autocrítica, pues no la habéis hecho. Y eso es así, son los mismos que llevan muchos años. Rubalcaba desde siempre. Chacón, ocho. Pero la última legislatura, la de la crisis la ha quemado bastante, no tanto como al otro. Cómo va a ser creíble Rubalcaba si estando en el poder no ha actuado. Y no habéis hecho autocrítica por dos razones, ahora me refiero a este diálogo, no me habéis criticado, más bien me mandáis, medio educadamente a callar, y solo medio educadamente, porque no habéis refutado, ni hablado, ni comentado nada de mi primera intervención. Arturo, sí, para decir que le dé consejos a otro, que a él no. Y, por otro lado, el escrito que os he enviado, fácil y asequible de leer, si tenéis otras propuestas y otros datos pues lo podéis criticar. Y eso es un debate de ideas. Y ese escrito es un escrito dirigido a las bases de la izquierda (por tanto también el PSOE) y que defiende la socialdemocracia. Y da unas cuantas recetas, ahí, en muchos otros textos y en cientos de autores que plantean alternativas. Podías haberos dedicado a eso. Sobre todo Arturo, en lugar de insultar claramente. Todos necesitamos crítica y consejo. Insisto, aunque no vuelva a intervenir aquí, lo que le ocurra al PSOE, me importa mucho, muchísimo. Fernando, que obsesión tienes con que yo soy de IU, los he votado varias veces, al PSOE también. Y me he alegrado de algunas victorias del PSOE sin votarlo. Que no he hecho una autocrítica a IU, pues te equivocas. Además de la que mencionas. Siempre he hecho una crítica al marxismo, pero sin desmoronarlo. He planteado la necesidad de introducir el discurso ecológico (económico político en la izquierda (IU) porque está ausente y sin él la concepción que se tiene de la sociedad es decimonónica. Escribí dos artículos (después de las elecciones autonómicas) como cartas abiertas. Y que fueron tremendamente criticados. Y que llegaron hasta Cayo Lara. Una defendía la abstención en la investidura, cosa que a vosotros no os gustó, ni a muchos de IU, de ahí la división actual. Otro sobre la naturaleza de los pactos y la democracia. Un artículo ideológico que pretendía criticar al sector de IU que, despreciaba el voto de la ciudadanía, para obtener poder. Es decir, que tenía una concepción del voto maquiavélica, que yo, al menos, en este caso ponía en entredicho. Es decir, que he intervenido en el debate de lleno.
Una vez tuve una idea, que como todas las ideas vienen de otras ideas que han formulado otros a los que has leído, en mi caso fundamentalmente, o escuchado. Y esa idea es que las ideas tienen consecuencias. He defendido esto en mis escritos y en mis clases con uñas y dientes. Porque las ideas nos dirigen, en forma de ideas, de ideologías, de mitos o de creencias, yendo de lo más noble a lo menos, entendiendo esto por conciencia de (autoconciecia). Y si no somos concientes de nuestras ideas y nuestras ideas son perversas para nosotros o para la humanidad, pues participamos del mal, a sabiendas o por ignorancia. Y me he partido la cara con mis alumnos, metafóricamente, explicándoles los orígenes ideológicos de esta crisis. Incluso he sido capaz de remontarme a Platón, cuando quería un gobierno de filósofos que conociesen la “filosofía verdadera” (gobierno de expertos) y esta tesis de Platón tuvo lugar en la degeneración demagógica y plutocrática de Atenas. El caso es que hoy en día hemos asistido a dos golpes de estado de la UE, Italia y Portugal que han consistido en poner en el gobierno a una serie de expertos que participan, dicese, de la filosofía verdadera. Malo es que nos quedemos callados. Peor es que no sepamos de dónde viene esto. Pues como decía, mi idea era que las ideas tienen consecuencias, y en la mayoría de las veces han sido peligrosas, como es ahora el caso. Pues hace tres años le dieron el premio Nobel de economía a Poul Krugman, mientras estaba escribiendo un libro. Libro que se titulaba precisamente, Las ideas tienen consecuencias, en el que hacía un análisis del conjunto de ideas, económicas, sociales, políticas y filosóficas, erróneas que nos habían llevado a esta crisis, augurando que, si no las abandonábamos, los gobernantes, iríamos a peor. En efecto, los gobernantes no las han abandonado, ni tienen viso de ello. Arturo, las ideas tienen consecuencias, y las canciones son algunas de las consecuencias sociales más tardías de esas ideas. Las canciones juegan un papel de cohesión social cuando lo social ya ha sido pensado y puede ser que haya sido pensado cuarenta años antes.
    En fin, nada de esto de lo que hablo ahora tiene que ver con el debate interno del PSOE, porque el debate interno del PSOE es un debate por el poder. Fernando, y el de IU es quizás un debate por cómo tener el suficiente poder para actuar sobre el poder. La dinámica es la misma. Un intelectual, y así me considero en términos popperianos, el que se las ve a diario con las ideas y son sus objetos de trabajo, no pertenece a la derecha ni a la izquierda. Es una división demasiado simple, quizás necesaria, lo cual también se podría discutir, pero, bueno. Haciendo una caricatura intelectual mía diría que defiendo la igualdad y la justicia social, que son máximas ético-políticas de la izquierda. Pero soy un liberal, con lo cual sería de derechas, pero no un reaccionario, aunque sí un crítico del progreso como nuevo mito civilizatorio y religioso. Por su puesto que esta libertad, engloba la libertad privada, pero no la libertad del mercado, ni el mercado por encima, como entidad, de lo ético, ni de la libertad privada. Como ves, demasiado complejo, incluso siendo una caricatura. Y, añadiría, a toda la izquierda, incluida IU, que la ética ya no es sólo la de la equidad y la justicia social, que son valores de la Ilustración, sino que si queremos enfrentar un nuevo mundo con una nueva economía y política debemos dar el salto ético, político y técnico, del antropocentrismo al ecocentrsimo. Sería una segunda Ilustración. Y esto son sólo, algunos esbozos de ideas. Ideas, Arturo, que no han salido de la nada, sino del ejercicio constante de la autocrítica estudiando a aquellos que son más sabios que yo. Y yo si admito consejos e ideas, pero no paternalistas, sino ilustradas. Un saludo. O toda la izquierda europea recupera el discurso de izquierda o desaparece, el plan trazado por la ultraderecha económica de momento funciona a paso firme. Si sigue así dentro de unos años no quedará ni rastro de la izquierda, ni de la democracia, ni de la política.



Es el fascismo económico, antesala del fascismo político. Nos quedamos, no sólo sin estado de bienestar, sino sin democracia. Como los partidos de la izquierda europea no cambien, y no tienen la pinta, se acerca una época oscura. Un retroceso, social, político, económico y filosófico. Es curioso que ese retroceso se nos haya vendido con el slogan del progreso, son cosas del posmodernismo donde todo se puede decir y defender porque es la ausencia del pensamiento. Feliz año.

TRIBUNA: ARTURO LEYTE

El territorio de las humanidades

Hay que reivindicar el estudio de la cultura humana, el cultivo de lenguas, textos y objetos que nos precedieron. No con un fin arqueológico, sino con el de constituir un modelo democrático de ciudadanía

ARTURO LEYTE 05/01/2012

Habría que preguntarse en primer lugar si en la actualidad existe tal territorio. También, si debería existir y, en ese caso, cómo. El término "humanidades" se ha vuelto tan difuso que su mención evoca algo debilitado, pasado y decorativo; un ornamento mayor, no siempre lucido, de una cultura decididamente técnica. El estado de cosas empeora, además, cuando regularmente aparecen sus defensores: de ellos casi siempre cabe esperar un lamento por su decadencia, sin reparar en la propia responsabilidad contraída en su degradación.

Quizás sea necesario decirlo con todas las letras: las humanidades ya no resultan necesarias. Para caracterizar su irrelevancia, nada mejor que compararlas con el trabajo del ingeniero: si este no sabe, el puente se cae, la carretera se hunde, el tren de alta velocidad se estrella. ¿Qué pasa, en cambio, cuando el profesional de las humanidades (que ya no se puede llamar "humanista") no sabe de lo suyo? Pues simplemente: no pasa nada. Esta conclusión obliga a preguntarse por qué resultan tan prescindibles cuando tiempo atrás constituyeron el núcleo del saber. Resulta obvio que las causas no resultan nítidas, porque la cuestión afecta a una metamorfosis absoluta de la cultura humana, que se cifra en una suspensión del problemático significado de tradición. La historia ya no enseña referencias, lo que conduce, como afirmaba F. Jameson al principio de su Teoría de la posmodernidad, a "pensar históricamente el presente en una época que ha olvidado cómo se piensa históricamente". Esta paradoja nos devuelve la historia, pero convertida en retazos dispersos y confusos utilizables al margen de cualquier contexto, algo así como si el pasado fuera solo combustible para un presente voraz que todo lo consume. Pero sería ocioso y seguramente falso culpar de su lenta desaparición a la cultura técnica. Esa culpabilización se vuelve el cómodo refugio de los que no aspiran a transformar el estado de cosas, sino a perpetuarlo, porque es el que precisamente exime... del cultivo de las humanidades.

Pero, ¿se pueden cultivar bajo el nuevo paradigma? ¿Y si el verdadero obstáculo para las humanidades no lo opusieran las técnicas ni tampoco las ciencias de la naturaleza -física, química, biología- sino precisamente las "ciencias humanas"? Estas, empezando por la historia, la psicología, la sociología y, sobre todo, la lingüística, han sustituido a las humanidades transformando sus antiguos temas en nuevos objetos científicos como consecuencia de la aplicación metodológica de las ciencias naturales. Si lo que hoy define una ciencia, más que su tema de estudio, es su carácter metodológico, entre las humanidades y las ciencias humanas se ha abierto un abismo que destierra a las primeras del ámbito de la ciencia: si adoptan su metodología, se pierden a sí mismas. Esta es seguramente su frágil situación, que las vuelve mero adorno en la organización administrativa del saber.

En el nuevo paradigma también puede que sus antiguos contenidos ocupen un lugar importante en la industria del ocio y el entretenimiento, pero eso ya no son humanidades, sino business. Su sentido más íntimo -el cultivo del pasado por medio del estudio filológico y hermenéutico- resulta intratable bajo las pautas científicas admitidas. Las humanidades se vuelven así ellas mismas asunto del pasado. ¿Qué queda entonces de ellas?, ¿vale la pena recuperarlas?

Descartado que puedan ocupar su antiguo papel en la organización actual del saber y las ciencias, la pregunta por las humanidades y su improbable territorio ya no puede plantearse solo en términos científicos, sino políticos: ¿quiere dedicar una sociedad recursos económicos, con todo lo que eso implica, para implantar seriamente los estudios humanísticos, dejando de enmascarar su progresivo y estructural recorte? La pregunta se puede plantear en términos más intuitivos: ¿quiere una sociedad, por medio de su Gobierno, formar a sus jóvenes ciudadanos en estudios como la historia, la literatura, el arte, las lenguas clásicas o la filosofía?, ¿o prefiere una educación de la que haya desaparecido la posibilidad de leer, escribir, interpretar, juzgar y decidir cultivadamente? Porque desgraciadamente el cultivo de las humanidades hoy tendría que comenzar por la humilde tarea de enseñar a leer y escribir -que debería constituir el primer deber político de la democracia-, lo que nos remite a un horizonte mucho más incómodo: que tal vez hoy se pueda prescindir de la lectura, entendida al menos en sentido humanístico como ejercicio progresivo de formación. Así, tendría que asumirse que leer es algo distinto de obtener una información. La opción política residiría entonces en decidir si una sociedad quiere aprender a leer su propia tradición pasada, pero no porque allí resida la verdad absoluta, sino porque constituye la única referencia accesible para todos, fuera de la lucha por el presente. El pasado puede volverse así la distancia necesaria desde la que todavía podemos vernos. El declive de las humanidades no deja de constituir otra forma de referirse a la aniquilación estratégica del pasado. Al reproche de que las terribles catástrofes históricas del siglo XX ocurrieron precisamente bajo una sociedad ilustrada y leída, habría que oponer que su causa residió más bien en una insuficiente ilustración. Solo cabe recordar la destrucción de la tradición humanística llevada a cabo en Alemania por aquel régimen que anunciaba la nueva época a base de borrar la antigua: comenzó quemando libros como anticipo de la quema de cuerpos humanos. A las tiranías les estorba la tradición ilustrada, de ahí que la desfiguren o directamente la destruyan. Pero nuestra pregunta tiene que apuntar ya sin nostalgia directamente al futuro: ¿qué aportaría el territorio de las humanidades a la democracia?

Si las ciencias humanas investigan científicamente su objeto, políticamente habría que reivindicar el estudio de la cultura humana desde su sentido temporal, accesible solo por medio del cultivo de las lenguas, los textos y los objetos que nos precedieron, pero no con un fin arqueológico, sino con el de constituir un modelo de ciudadanía. La cultura así adquiriría un sentido ulterior, no simplemente heredado, sino como condición de una vida social futura extraña a la barbarie. ¿Resulta hoy eso posible? ¿Y si descubriéramos, por ejemplo, que ante ese objetivo el camino no fuera enseñar Educación para la Ciudadanía sino simplemente humanidades...? En realidad, ¿qué pasa cuando algo como la ciudadanía se enseña como una asignatura de la que uno se puede desvincular cuando quiera? Además de ocurrirle como a la enseñanza de la religión -que aumenta el número de irreverentes- el problema reside en que seguramente no se deja enseñar como un conocimiento, sino que es más bien el conocimiento una condición de su desarrollo. Además, ninguna Administración está dispuesta a volver a la difícil enseñanza humanística porque es improductiva, muy lenta y, en consecuencia, cara: aprender una lengua, clásica o moderna; adquirir un bagaje de lecturas; conocer y aprender a ver el arte, resultan tareas extrañas a la rapidez exigida hoy por las tecnologías de la enseñanza. El sacrificio social que se ha pagado a cambio ha sido enorme y la degradación está servida: las humanidades ya no pueden constituirse en el fondo sobre el que construir una sociedad libre y crítica. Pero, ¿qué las va a suplir? Los sobrentendidos aquí no valen y constituyen la puerta de entrada de los totalitarismos, que por descontado son antiilustrados. De ahí que la imagen más sombría proceda de pensar cómo la moderna sociedad democrática fue también la que descabezó las humanidades, seguramente por imponderables de la masificación, pero también por considerar que estaban teñidas de un halo elitista que las identificaba con las antiguas clases de poder. No se percibió que fue la propia conciencia formada en las humanidades la que justamente había acabado con aquel antiguo poder. Hoy podríamos preguntarnos si, más allá de la gestión económica de los recursos y su distribución, es posible una sociedad democrática sin contar con la reimplantación de las humanidades.

Es evidente. La comparación entre el principio de la segunda guerra mundial y ahora es oportuna. La conciencia del mal del otro es absolutamente necesario. No habrá solución de los problemas si no tomamos conciencia del gran engaño del poder y lo intentamos cambiar. Nos han inoculado un modelo competitivo de sociedad y vida. La única forma de salir es la de la cooperación, la simbiosis, no la competencia. Estamos al borde del totalitarismo, de un totalitarismo al que nosotros hemos contribuido con nuestra inacción, con nuestra falta de conciencia que se basa en la comodidad, el miedo, la pereza. Por eso el problema, al ser de conciencia, es un problema filosófico. Me encanta coincidir con este señor, palabra por palabra, haber escrito y dicho lo mismo en otras ocasiones. Voces como ésta son necesarias para eliminar crear conciencia que es lo único que puede cambiar el mundo. Por el contrario, los ciudadanos son educados para la adaptabilidad a la sociedad competitiva. El objetivo debe ser educar para cambiar el mundo. Estamos al borde del abismo.

Absolutamente de acuerdo con eso, Andrés, de la conciencia cívica, es decir, ciudadana. En los tiempos que corren lo que está sucediendo es que está desapareciendo la democracia, eso es algo ya, casi antiguo. Lo peor, es que está desapareciendo la política. Y no nos damos cuenta. Estamos en una situación similar a la de entreguerras que hizo posible la emergencia de los fascismos. Por eso vengo defendiendo últimamente, que el fascismo económico, que es un hecho, se puede explicar desde distintas teorías, es la antesala del fascismo político. Pero ahora me estoy dando cuenta de que además de que emerge el fascismo político y los populismos, también emerge, como decía, la ausencia de política. Los partidos, incluso a nivel internacional, carecen de capacidad de maniobra. No soy partidario de la teoría conspirativa de la historia, pero todo visto como una generalidad te hace pensar en un plan trazado. No lo creo, porque no creo ni en la teoría conspirativa, aunque haya conspiraciones, ni en las leyes deterministas de la historia, como los marxistas y los neoliberales, o los tecnófilos.
    Es mucho lo que a cada uno de los ciudadanos nos toca hacer. No sé si la ciudadanía podrá llegar a un nivel de conciencia crítica que evite el desastre, como ocurrió en la segunda guerra mundial. Lo que sí es bien cierto es que no vamos por buen camino, el orden establecido por el neoliberalismo, sumado a perversiones políticas en los países del tercer mundo ofrecen un saldo de 100.000 muertos a causa de la desnutrición, la miseria… Nuestro sistema, del que todos participamos es un sistema de masacre. Y nosotros no somos capaces de tomar conciencia. La educación es el camino, según postuló la Ilustración, para liberar al hombre de la esclavitud. Pero el problema es que la educación no es neutral, participa de una ideología. Actualmente la educación tiene como fin último, porque ésa es la idea dominante, la adaptación a la sociedad del conocimiento, la información…eternamente cambiante y demás mitos. Es decir, que dicho llanamente la educación tiene el papel de la domesticación. Todo lo contrario del ideal ilustrado, la educación tiene como objetivo la liberación, es decir, que si pensamos que el mundo, la sociedad, o parte de ella, no funcionan bien (no se pueden hacer reformas totales, caeríamos en totalitarismos), lo que habría que hacer es cambiarlas.

    Piedad, la frase de Punset es importante y esclarecedora y, en parte, tiene que ver con lo que he dicho arriba. Lo que se llaman las causas (competitividad, por ejemplo, que es fundamentalmente a lo que él se refiere) son sus consecuencias. Lo que ocurre es que el esquema es al revés. Es precisamente la idea capitalista del crecimiento ilimitado, que lleva aparejado la competitividad la que produce la crisis.  Y una vez que ésta se ha producido se nos dice que lo que hay que hacer es aumentar la competitividad, y eso se hace desde el sector privado y reduciendo lo público. Resultado, aumento de la desigualdad, más pobreza, menos estado del bienestar… Pues falso. No se trata de fomentar el espíritu y el valor de la competitividad, sino el de la cooperación, basado en la empatía, esa facultad biológica que nos hace sociables. La cooperación es más creativa y productiva que la competitividad. Y ése es un cambio paradigmático que debemos hacer en nuestra economía y política. Si no somos capaces de cambiar esta idea del mundo y de nosotros mismos caeremos en el bucle autocontradictorio del crecimiento ilimitado, y en una guerra hobbesiana de todos contra todos. Situación ésta última que, por lo demás, es la que padecemos hoy en día.

Un bellísimo texto, Fernanado. Y, además, no conocía esa conversacin entre Einstein y Tagore, sí otras similares. Por su puesto, no puedo estar de acuerdo más que con Tagres. Es más, te he pillado; no me has leído, es broma, no hace falta, lo defiendo en algunas entradas de Pensamientos contra el poder y en capítulos de Filosofía desde la trinchera.

    Un platónico y neokantiano como yo no tienen más remedio que estar de acuerdo con Tagore. La verdad absoluta y absolutamente objetiva no existe o, mejor, no tiene sentido hablar de ella, sin sujeto que conoce no hay verdad, ni falsedad. Y el sujeto que conoce es el hombre. De modo que los cuatro trascendentales: verdad, belleza, justicia y unidad, están referidos al hombre. Existen en tanto que existe el hombre. El hombre es el artífice y la medida de estos trascendentales. Por eso decía Platón que conocer es recordar. El conocimiento era el de las ideas, por cierto universales y necesarias, y la experiencia me recordaba las ideas. Ahora bien, y aquí lo importante es el giro kantiano, que él mismo enuncia como su giro copernicano en el ámbito del conocimiento. Ahora explico un poco esto. Y lo bueno es que el pensamiento kantiano sobre el conocimiento se ha enriquecido por la teoría de la evolución y las actuales neurociencias. Decía que lo importante es no confundir, como creo que tu haces cuando lees la conversación Einstein-Tagore, lo subjetivo (que afecta a lo particular) con la subjetividad (que es universal y necesaria, es decir, afecta a la humanidad.) Pues bien, el giro kantiano es su propuesta de que el conocimiento y la validez de tal no gira en torno al objeto, el objeto, como cosa en sí, independiente y separada del hombre, es incognoscible. Lo que hace cognoscible al objetos son los “a prioris” que se dan en el sujeto. Esos a prioris pertenecen al sujeto (sensibilidad y entendimiento y son las intuiciones y las categorías o conceptos.) las intuiciones son el espacio y el tiempo y las categorías son doce, entre las que se encuentra, por su importancia en la ciencia, la causalidad, que nos permiten pensar la realidad. Dicho más llanamente, la realidad, los objetos, la ciencia se me da, es posible, en tanto que en el hombre: kant hablaba de sensibilidad y entendimiento, hoy hablaríamos de redes neuronales, está la capacidad o condición de posibilidad de que se me dé esta realidad. Es el sujeto universal el que piensa la realidad. Pero, una cosa. Esa condición de posibilidad es universal, porque pertenece a la humanidad, a cada uno de los hombres por igual. Las diferencias serían culturales. La ciencia tiene una validez universal, pero es fruto del hombre. Y a Kant se le suma la evolución y las nuevas neurociencias. Kant pensaba que los a prioris eran fijos, pues no, hay una filogénesis de los mismos. Por tanto, nuestra forma de entender el mundo ha pasado la criba de la evolución. Las condiciones de posibilidades del conocimiento son evolutivas y se fijan en la estructura de nuestro cerebro y son universales, como lo es el tener manos. Y ya, para abreviar, las neurociencias lo que nos sugieren es que el cerebro, ver a Llinás “El yo y su cerebro” y Francisco Rubia, “En la senda de Spinoza” es una máquina de configurar la realidad. Ahora bien. Todo esto, lo de Kant, lo de la filogénesis del conocimiento y los más extraño y fabuloso, el cerebro como máquina de confabulación de la realidad, no nos lleva al subjetivismo, sino a la certeza de que el conocimiento, como el bien y la belleza existen en tanto que existe el hombre, pero, igual que los afectos, los dos fundamentales y básicos: el amor y el odio, son universales.

    Por eso la verdad jurídica es humana, como creo que tú pretendes decir. Pero no subjetiva. Subjetiva es la del testigo, por eso es menester un juicio en el que se escuchen las partes, porque la verdad, al depender del hombre como tú sugiere, tiene muchas caras. Y el juicio es la única vía que encontramos para esclarecer la verdad de los hechos. ¿Que podremos llegar a una verdad absoluta?, de ninguna de las maneras, y ahí es donde creo que estamos de acuerdo y es lo que tú querías decir, pero sí a una verdad objetiva y universal. De lo contrario, no tiene sentido ni la ciencia, ni la justicia, ni la historia, ni la ética…pensamiento que, por lo demás, también es posible dentro del nihilismo. Yo estoy a caballo entre el nihilismo y el naturalismo. Un nihilismo radical, la anulación de cualquier discurso y reducción de todo al subjetivismo, una cosa así como lo que defiende Reguera, nos puede llevar al mal radical, a la justificación de todo.

TRIBUNA: JOSEP RAMONEDA

La democracia en peligro

Una alternancia que solo sea un cambio de personas, sin diferencias sensibles en las políticas, no es tal. El discurso que afirma que no hay alternativa a las políticas aplicadas hoy es letal para la soberanía popular

JOSEP RAMONEDA 16/01/2012

La democracia tiene por origen la igualdad de condiciones", decía el filósofo Claude Lefort (1924-2010). Es una manera de explicar que la democracia es un régimen político que se funda en una determinada forma de sociedad. La introducción del sufragio universal o una apariencia de separación de poderes no son suficientes para que se pueda hablar de democracia con propiedad. En estos tiempos de transiciones democráticas construidas sobre las cenizas de imperios totalitarios o de regímenes autocráticos, los ejemplos abundan: Rusia hoy no es una democracia por mucho que se convoquen elecciones y que exista un sistema de partidos políticos. No se dan las condiciones de igualdad y respeto que la democracia exige. Lo mismo puede decirse de países como Irak, donde las fracturas étnicas, la falta de cohesión social y la violencia consiguiente, no permitan hablar de democracia en sentido pleno.

Sin igualdad de condiciones, ¿qué sentido tiene la soberanía popular? La igualdad de condiciones se ha ido creando muy lentamente. En muchos países de Europa, las mujeres adquirieron el derecho a voto en el siglo pasado. Sin la mitad de la población la democracia y la soberanía eran un mito. Actualmente, los extranjeros tienen muy limitado el derecho de voto, son los ecos de una cultura que entendió que el Estado-nación era el lugar propio de la democracia y que persistió en convertir al otro en sospechoso.

Pero Claude Lefort nos recuerda también que la democracia es un régimen en el que el poder político no está incorporado a lo social, no se tiene, se ejerce. Por eso puede decirse que el poder es un espacio vacío. En un régimen aristocrático o monárquico el poder está inscrito en la naturaleza de la sociedad: el palacio nunca está vacío, a rey muerto, rey puesto. En democracia el palacio es un lugar de paso, en el que siempre se está con carácter provisional. El pueblo -heteróclito, múltiple y conflictivo (como dice Lefort)- es el soberano que decide sobre quién ocupa provisionalmente este lugar vacío que es el poder. La naturaleza plural del pueblo -diferencias sociales, diferencias culturales, diferencias de intereses- hace que la sociedad democrática asuma el conflicto como factor de vitalidad y de progreso. De ahí que la polarización derecha-izquierda haya sido extremadamente útil para el desarrollo y consolidación de la democracia. La confrontación parlamentaria opera como ritual de solución de conflictos y de sublimación de la violencia social. Algunos autores, como Ralph Dahrendorf, han llegado a poner en duda la continuidad de la democracia más allá de esta oposición simple. Porque, en el fondo, una democracia sin alternativa es un contrasentido, porque es una democracia sin vida. Y la alternativa desaparece cuando la alternancia se limita a un simple cambio de personas, sin diferencias sensibles en las políticas.

El discurso que afirma que no hay alternativa, que se desplegó en Occidente a partir de los ochenta, es letal para la democracia, además de ser una estupidez en sí mismo, como nos recuerda Hans Magnus Enzensberger: "Es una injuria a la razón", "es la prohibición de pensar", "no es un argumento, es un anuncio de capitulación". Curiosamente esta capitulación de la política democrática ha llegado en el momento en que los regímenes democráticos más se han extendido por el mundo. La democracia ha entrado en franca pérdida de calidad en Europa, precisamente cuando es mayor que nunca el número de países que la están ensayando. Quizás la revitalización de la política democrática venga del universo poscolonial, donde parece que emergen las energías que faltan a una tierra tan gastada como Europa.

En el proceso de metabolización de la soberanía del pueblo en vida política democrática juegan un papel decisivo los medios de comunicación y las instituciones intermedias, que son las que crean opinión, crítica y discurso alternativo. Estas instituciones: partidos, sindicatos, asociaciones, organizaciones de la sociedad civil y demás grupos sociales presentan claros síntomas de agotamiento y reclaman una reforma a fondo con urgencia. Son instituciones nacidas con la cultura de la prensa escrita que chirrían en la sociedad de la información. ¿Cuál es el destino de la democracia en tiempos de Internet? Entre las potencialidades de la cultura de la colaboración que Internet ofrece y la amenaza distópica de la multitud colgada de una nube todopoderosa, hoy por hoy, hay más incógnitas que hipótesis plausibles. ¿Sabremos hacer de las redes un instrumento de creación de tejido social, de conexión cultural y de reconocimiento, sin mengua de la autonomía del individuo-ciudadano?

Mientras tanto, lo que impera en Europa es el empequeñecimiento de la democracia. He aquí algunas características del estado de nuestras democracias:

Negación de la alternativa: la hegemonía ideológica de la derecha y la debacle ideológica de la izquierda dejan al sistema sin contrapeso. La crisis ha llevado el principio "no hay alternativa" al paroxismo. Ya no es solo una cuestión de modelo de sociedad, sino incluso de políticas concretas. Las exigencias de los mercados y las órdenes de la señora Merkel, que ha hecho de Europa un protectorado alemán, han sido los argumentos para que los gobernantes rehuyeran la funesta manía de pensar.

Políticas del miedo: los Gobiernos, con el acompañamiento de un poderoso coro mediático, han desplegado el discurso de la culpa colectiva -hay que pagar la fiesta de nuestra irresponsabilidad- para extender la idea de un escenario sin ventanas al futuro y poner el miedo en el cuerpo de la ciudadanía. El miedo siempre ha sido el mejor instrumento para la servidumbre voluntaria.

Satanización del conflicto: desde determinados sectores ideológicos, especialmente de la derecha, se salió en tromba contra los indignados por haberse atrevido a señalar la desnudez de nuestra democracia y a preguntar por la posibilidad de una alternativa.

Cultura de casta: el complejo político-económico-mediático aparece cada vez más alejado de la ciudadanía, como una casta cerrada en la que el espectáculo de la sobreactuación de sus diferencias no alcanza a disipar la certeza de un juego de intereses compartidos y de complicidades manifiestas. Sensación agravada por una corrupción que en algunos países amenaza en ser sistémica; y por la crisis de las instituciones intermedias, que han dejado de bombear presión social hacia arriba. Desde esta casta se ejerce un control creciente de la palabra que hace que casi todo pueda decirse, pero que casi todo lo que se dice quede a beneficio de inventario.

Ruptura de las condiciones básicas de igualdad. El crecimiento exponencial de las desigualdades y el deslizamiento de una parte importante de la población hacia el precipicio de la marginación hace que no se dé la igualdad de condición propia de la sociedad democrática. La fractura entre integrados y marginados es una herida letal para el sistema democrático.

Poco antes de morir, Claude Lefort decía: "Se puede temer un poder que adormece a la sociedad, un poder que no consulta y que reforma sin que haya movilización de los interesados. Se puede temer una sociedad que se deja modelar por una autoridad, lo que antes era impensable". Ya estamos en lo que Lefort temía, es el camino hacia el totalitarismo de la indiferencia.

El 2 de febrero de 1905 nació en San Petersburgo la filósofa y escritora estadounidense (de origen ruso) Alissa Zinovievna Rosenbaum, más conocida en el mundo de las letras bajo el seudónimo de Ayn Rand, y falleció en marzo de 1982 en New York. Nunca más oportunas las palabras de la autora de esa magnífica novela que es Atlas Shrugged, traducida al español como La rebelión de Atlas, una suerte de anticipo de lo que nos está pasando a los españoles y en mayor o menor medida a todo el mundo:  
 
"Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando repares que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada".
 



Efectivamente, esta sociedad está condenada al totalitarismo. Y lo que decía esa autora es un anticipo de la segunda guerra mundial. Hay semejanzas entre los dos momentos históricos. Pero nuestra situación es peor, porque ésta crisis económica que padecemos, que como se señala en el texto es política, es una crisis sistémica y como el mundo se ha globalizado totalmente y la entropía se ha hecho máxima (no tenemos recursos fósiles, ni alimentarios, ni agua potable), pues la cosa se hace mucho más grave. El caso es que no es que vivamos ya en una democracia deficitaria, sino en el fin de la política misma. Últimamente vengo defendiendo que el fascismo económico (que es lo que impera y son los que desde hace cuarenta años han ido imponiendo las leyes, sólo que nos hemos ido dando cuenta, la mayoría de la población ahora) es la antesala del fascismo político. Y el fascismo político es la anulación de la misma política.

El mal es muy profundo y llega des lo hondo de la historia. El proceso de colonización y descolonización. No hubiese habido un occidente superrico sin un tercer mundo. Es, como decía Billy Brand en el título de uno de sus libros “La locura organizada”. De momento hay para todos, pero no interesa. El hombre tiene una doble naturaleza, es altruista y egoísta, es agresivo y empático. Eso es lo que ha marcado toda la historia. Y esto no es por tranquilizarnos y dormir con la conciencia limpia; sino para partir de la base de que lo que se puede hacer es poco y requiere gran esfuerzo. Pero es indudable que a lo largo de la historia hemos tenido un progreso ético-moral, luego, sí se puede hacer. Por ello, lo primero es la toma de conciencia y la denuncia. Después existen múltiples vías de actuación. Lo que sí está claro es que el nuevo orden del mundo no es éste que nos impusieron por las armas y por el codiciado petróleo, sino otro distinto que ha de emerger. Una unión del cosmopolitismo, como ideal ético-político y jurídico y una tercera revolución industrial que solucione los problemas producidos por el desarrollo basado en las energías fósiles. Un desarrollo fulminante que nunca ha tenido la humanidad, pero que no la ha hecho mejor moralmente.

¿Todo se va al garete?

Más o menos. A menos que se produzca una tercera revolución industrial como defienden algunos autores (Rifkin). Pero, aunque así fuese, que la humanidad se salve, ello no implica que la miseria, la guerra, el hambre y los genocidios por los recursos, mientras tanto, se darán. De hecho se están dando hace tiempo. Además, esa es la historia de la humanidad. El ángel de la historia (Poul Klee) mira espantado los cadáveres que el progreso ha ido dejando en las cunetas. (En la introducción a mi “Una mirada ética al progreso y la tecnociencia”, hago una reflexión sobre el cuadro de Poul Klee) La diferencia es que hoy en día el colapso seria civilizatorio. El progreso tecnicocientífico no garantiza el progreso de la humanidad en su sentid ético-político. Éste es un espejismo con el que se nos ha engañado desde el poder. Lo vio muy claro Rousseau en el siglo de la Ilustración, el siglo del progreso. El progreso ético-moral es independiente y contingente. Lo mismo que hemos conquistado parcialmente la autonomía, la libertad, la igualdad, la justicia, la podemos perder, de hecho lo estamos haciendo, sin darnos ni cuenta hasta que la miseria llegue a nuestras puertas.

 

    Hay un filósofo, desaparecido ya, que escribió una obra importantísima en el siglo XX, “El principio de responsabilidad” y que tiene que ver con lo que tú mencionas. Consideraba que la ética necesitaba de una reforma radical. La ética se basa en las acciones que tienen repercusión sobre los demás (cercanos), por tanto de las que soy responsable y las que te afectan a ti mismo. Lo que sugiere Jonas, padre de la ética ecológica, a la que a mí me gusta llamar biocéntrica, es que la responsabilidad de mis actos, que es de lo que se trata en la ética; libertad es responsabilidad, debe extenderse al que está más allá en el espacio que es el absolutamente otro, absolutamente desconocido, pero, al encontrarnos en un mundo interrelacionado mis acciones repercuten en él aunque no lo sospeche y extenderse también al no nacido. Es decir, a las generaciones venideras y a las que están comenzando a vivir. He defendido esto en mis escritos, clases y conferencias. La última trataba sobre la posibilidad de una ética cosmopolita y que se encuentra en mi “Escritos sobre la disidencia” Creo que éste principio es la base, apoyado en un biocentrismo, el centro de la posibilidad de la vida es la biosfera y no el hombre, y estructurado en una jurisprudencia internacional. Si no conseguimos este cambio ético-político y jurídico, unido a una tercera revolución industrial que sea capaz de sustituir los recursos fósiles por otro tipo de energías (que, por su puesto, nunca generarán el ritmo de vida que ha producido el petróleo, que en cien años ha multiplicado por seis la población mundial) la humanidad se va al garete por un colapso civilizatorio y los efectos del cambio climático. Estamos en un gran atolladero, apliquemos también el principio esperanza. El hombre como todo ser pretende persistir en su existencia, esperemos que lo consigamos al menor coste posible.

El mal es muy profundo y llega des lo hondo de la historia. El proceso de colonización y descolonización. No hubiese habido un occidente superrico sin un tercer mundo. Es, como decía Billy Brand en el título de uno de sus libros “La locura organizada”. De momento hay para todos, pero no interesa. El hombre tiene una doble naturaleza, es altruista y egoísta, es agresivo y empático. Eso es lo que ha marcado toda la historia. Y esto no es por tranquilizarnos y dormir con la conciencia limpia; sino para partir de la base de que lo que se puede hacer es poco y requiere gran esfuerzo. Pero es indudable que a lo largo de la historia hemos tenido un progreso ético-moral, luego, sí se puede hacer. Por ello, lo primero es la toma de conciencia y la denuncia. Después existen múltiples vías de actuación. Lo que sí está claro es que el nuevo orden del mundo no es éste que nos impusieron por las armas y por el codiciado petróleo, sino otro distinto que ha de emerger. Una unión del cosmopolitismo, como ideal ético-político y jurídico y una tercera revolución industrial que solucione los problemas producidos por el desarrollo basado en las energías fósiles. Un desarrollo fulminante que nunca ha tenido la humanidad, pero que no la ha hecho mejor moralmente.

 

                                   ***

 

Efectivamente, Andrés, nunca debemos pensar en una predeterminación. Eso sería una claudicación de nuestra voluntad. Sería dar alas a los poderosos. Conozco el libro que citas y debe andar por mi bliblioteca. Pero a él yo añadiría otro de Martinez Alier “El ecologismo de los pobres” que relaciona el problema ecológico con la pobreza, esto es, con la economía. Es uno de los fundadores de la economía crítica. Por eso el prblema económico no es sólo económico, sino ecosocial. Es decir, total. Sin un cambio del actual paradigma (conjunto de ideas centrales y técnicas que mueven el mundo) no es posible el cambio, sólo habrá parcheado. Saludos para los dos.

 

                                   ***

 

Piedad, si se consigue un modelo de energías renovables, que no sería tan eficiente como los recursos fósiles, lo que sí debe quedar claro es que, en una nueva organización de la sociedad esos recursos tenderían a diversificarse. O, dicho de otra manera, democratizarse. Los edificios se autoabastecerían y exportarían a la red general. Pero esto es sólo una parte de la energía. El gasto energético fundamental es el transporte. Pues bien, en una sociedad de política del decrecimiento es necesario la relocalización. Es absurdo la producción de materias y alimentos que luego se trasladan a grandes distancias produciendo un tremendo gasto energético. La política del decrecimiento va hacia la localización de la producción y la globalización de la humanidad, es decir, el derecho y la ética.

 

            Por otro lado, no acepto, de ninguna de las maneras la idea de Punset. Tiene cierta razón en que hay países fracasados. Pero que la crisis no es global ni estructural es falso. Es tener una visión muy corta de las implicaciones que se dan entre sociedad, economía, valores, etc. y un desconocimiento brutal de la historia del capitalismo que comienza, junto con la mundialización, y así nos lo refiere Marx en las primeras páginas del Manifiesto… en el Renacimiento. La crisis es sistémica y su fondo es estrictamente filosófico, es una idea del mundo la que ha caído.

 

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            ¿Necesariamente deviene en corrupción la democracia? Pregunta que nos hacemos desde Pericles. La única solución viable es la de una meritocracia (gobiernos de los mejores, más justos) dentro de una democracia y una legislación ferrea contra la corrupción. Pero, quizás, la tendencia a la corrupción forme parte de la naturaleza humana por ello debemos andar siempre vigilante del gobernante y de nosotros mismos.

 

                                   ***

 

Si Punset habla de las consecuencias, pues tienes razón, pero según la cita yo no lo veo así. De todas formas, no se trata ahora sólo de analizar las consecuencias, sino que de lo que se trata es de ver la raíz profunda del problema para aportar soluciones. Y, como venimos diciendo los problemas son de hondo calado, sistémicos. De ahí lo de el cambio de paradigma que se debe producir. Si continuamos con el actual, que es lo que parece que ocurre, como la salida de la crisis de EEUU. y Alemania, creo que más aparente que real, estamos abocados a una agonía lenta. El cambio debe venir desde los siguientes parámetros.

 

Antropocentrismo-biocentrismo

Competitividad-cooperación

Macroeconomía hipermatematizada-microeconmía humanizada.

Desnaturalización de la economía-naturalización de la economía. Ello implica la introducción de la entropía en la economía.

Gobierno del capital-gobernanza política basada en el decrecimiento. El decrecimiento es un hecho que se irá agravando paulatinamente. Hay dos opciones. O cogemos el toro por los cuernos y lo planificamos políticamente o nos arrollará.

Centralización energética, alimentaria-descentralización energética-alimentaria.

Globalización financiera-globalización humana.

 

 

Gracias por la cita, Piedad. He leído bastante a Punset. Pero ése entra dentro de la lista de los no leídos y, precisamente, por un giro que se produce en su pensamiento o, mejor, divulgación de pensamientos, que no comparto y considero, además peligroso. Porque para mí las ideas tienen consecuencias. Lo mejor que he leído de Punset es un libro, que es una maravilla, y que no recuerdo exactamente el título, es un conjunto de entrevistas que realiza a los mayores científicos y humanistas, todos con su premio Nóbel sobre el universo y la vida. Pero allí no se trata nuestro tema.

            Perdona, pero el optimismo de Punset es un poco infundado. Su discurso de la empatía, aunque con una base científica sólida, es endeble. Punset, basándose en las ciencias neurológicas, los últimos estudios de la neurofisilogía, ha optado por una pata del ser humano. Me explico, ha hecho hincapié en el aspecto empático, colaborador, altruista…todo lo positivo. Pero en la naturaleza humana se dan ambos aspectos. Es lo de Kant, “la sociable insociabilidad”. Y el caso es que todo ello lo está vertiendo en la educación, los pedagogos están encontrando argumentos más sólidos que los que  tenían y que se han mostrado fracasado en Punset. De tal forma que se está convirtiendo en el líder o gurú de un nuevo modelo educativo que es un popurrí de buenos sentimientos y nuevas tecnologías, un pensamiento salvífico, a mi modo idealizado, excesivamente optimista, que olvida la otra cara de la naturaleza humana y la realidad social. Saludos.

TRIBUNA: ISAAC QUERUB / ÁLVARO ALBACETE

Nuestra resistencia al Holocausto

ISAAC QUERUB / ÁLVARO ALBACETE  27/01/2012

El 27 de enero es el día establecido por Naciones Unidas para la conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto. En esa fecha, en 1945, el Ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, Auschwitz-Birkenau.

Este campo representa hoy una metáfora del mal inconcebible y monstruoso. Allí, a partir de septiembre de 1941, el asesinato en masa se convirtió en rutina diaria. Se mató a más de un millón de personas, y 9 de cada 10 eran judíos. Las víctimas llegaban en vagones de carga de tren, la mayoría proveniente de guetos y campos en la Polonia ocupada, pero también de casi todos los países de Europa occidental y oriental. Al llegar se separaba a los hombres de las mujeres y los niños. Se obligaba a los prisioneros a desvestirse y a entregar todos sus objetos de valor y se les metía en las cámaras de gas que estaban camufladas de duchas y se les asfixiaba con monóxido de carbono. La minoría seleccionada para realizar trabajos forzados quedaba expuesta a la malnutrición, epidemias, experimentos médicos y brutalidad. Muchos murieron de esta manera.

Más de medio siglo después, el horror de la Shoá sigue constituyendo un enigma indescifrable para el ser humano. La persecución y asesinato sistemático de seis millones de judíos por parte del régimen nazi, que se realizó con la ayuda activa de colaboradores locales en muchos países y con la aquiescencia o indiferencia de millones de personas.

Pero hubo también resistencia.

Hubo resistencia en casi todos los campos de concentración y guetos, en especial en el gueto de Varsovia entre abril y mayo de 1943, pero también en los de Vilna y Bialystok, o en Sobibor. Hubo resistencia institucional en áreas ocupadas por los nazis fuera de Alemania, como la que se produjo en Dinamarca en el otoño de 1943, donde, con el apoyo de la población local, se rescató a casi toda la comunidad judía de ese país escondiéndoles en un dramático viaje en barco hasta la segura y neutral Suecia. El recientemente desaparecido Jorge Semprún representa bien esa resistencia en áreas ocupadas por los nazis; una resistencia en la que participó activamente y por la que fue apresado por la Gestapo en 1943 y enviado al campo de concentración de Buchenwald. Fue marcado en su uniforme de preso con el número 44904.

Y hubo resistencia de individuos de otros países que arriesgaron sus vidas para salvar a los judíos y a otras personas perseguidas por los nazis. Uno de ellos fue Ángel Sanz Briz, diplomático español destinado en Budapest en 1942, que salvó la vida de entre 5.000 y 6.000 judíos en 1944, incluyendo la evacuación a Tánger de 500 niños judíos. Ángel Sanz Briz ha sido reconocido con el título de Justo entre las Naciones, que concede el Estado y el Pueblo de Israel a los no judíos que arriesgaron su vida para salvar a los judíos del Holocausto.

Y junto con esa resistencia activa, hubo una llamada resistencia espiritual contra la opresión nazi en los campos y guetos. La creación de instituciones culturales judías, la continuación de prácticas religiosas, y la voluntad de recordar y contar la historia de los judíos fueron intentos conscientes de preservar la historia y vida comunal del pueblo judío a pesar de los esfuerzos nazis de erradicarla.

La permanencia de esa voluntad de recuerdo representa hoy la resistencia más sólida a un Holocausto futuro. Su recuerdo, la educación sobre su significado histórico, y la acción prospectiva son esenciales si queremos que la historia no se repita. Debemos hacerlo a escala internacional, porque esa fue la escala del Holocausto, con el concurso de diplomáticos, expertos, científicos, educadores, comunidades judías, y de la sociedad en su conjunto. Y muy especialmente, siguiendo las recomendaciones del Protocolo de Ottawa para combatir el antisemitismo (noviembre de 2010), hemos de hacerlo comprometiendo tanto a las instituciones gubernamentales como a nuestros representantes en el Parlamento. Esta es la misión que más de 30 países hemos asignado a la Organización Internacional para el Recuerdo del Holocausto, de la que España forma parte desde el año 2008, y en la que participa de forma activa sobre todo a través de iniciativas orientadas al ámbito de la educación.

Nada nos garantiza que las generaciones futuras vayan a tener sensibilidad hacia sus minorías. Trabajemos pues con ellos, con la infancia, con la juventud. En Sefarad-Israel y la Federación de Comunidades Judías de España estamos convencidos de que la educación es clave para combatir el antisemitismo todavía latente en parte de la sociedad española. No se trata de intentar borrar la identidad del otro, sino de conocerla y comprenderla, poniendo de manifiesto la riqueza que representa la diversidad de nuestra sociedad e inculcando actitudes positivas ante la misma.

El poeta catalán Salvador Espriu decía a sus hijos: "Habré vivido para salvar estas pocas palabras que os dejo: el amor, la justicia, la libertad". El verdadero valor del patrimonio de nuestro legado no es tangible, como demostraron las resistencias espirituales durante el Holocausto. Es, ante todo, una tarea de enseñanza, a conocer y a hacer, a ser y a vivir juntos.

La Tierra, en definitiva, nuestra madre, nuestro origen y nuestro final. Esperemos poder descansar en paz sobre ella. De momento le hemos declarado la guerra como un adolescente impertinente, que cree saberlo todo, a sus padres. Si no utilizamos nuestra inteligencia ética y seguimos sólo la lógico-matemática y depredadora la guerra la tenemos perdida, pero nos llevaremos muchas cosas valiosas por delante.

"No hay nada que cambie más la vida de las personas que los libros"
Alejandro G. Roemmers

PacoCa Carrillo Gavilán No estoy de acuerdo en absoluto. Son las otras personas, afortunadamente.

 

Sí, pero los libros los escriben las personas, de momento. y, otra cosa, la sentencia es para hacer hincapié en la importancia de los libros. Y, también, por otro lado, cuando yo hablo de libros, no me refiero sólo a los literarios, sino a cualquier texto de la humanidad entre los cuáles están los literarios. Y, más cosas, las personas estrictamente no cambian a las personas, sino que son sus afectos e ideas, que procede de la tradición, fundada en libros (aunque nos sean descnocidos) los que nos pueden hacer cambiar e, incluso, siendo buenas personas nos pueden recomendar un libro que nos puede hacer cambiar. En definitiva, que lo que pretendo mostrar es que libro y persona son inseparables. Si la cultura es nuestra segunda naturaleza y los libros forman parte de ella... Y en los libros está la conversación de la humanidad consigo misma, su autoconciencia, sus anhelos, esperanzas, problemas, frustraciones, sus grandes crueldades, sus mentiras, engaños, sus grandes triunfos, su mediocridad y su excelencia, su empeño, su apatía y desidia, su historia y su intrahistoria. Entrar en esa conversación de la humanidad es autoconocernos, es conocer mejor al otro y, por ello, hacer mejor la relación entre los otros. Cuando no había libros sólo existía la transmisión oral de los valores, afectos y sentimientos. Es decir, todo aquello que nos hace cambiar y construirnos. La escritura no sustituye todo esto, como pensó el viejo mito y el sabio Sócrates, que no escribió nada, decía, precisamente por este motivo. Toda tecnología es una amplificación de la naturaleza humana. Por tanto contraponer libro a persona es absurdo, son complementarios y uno continuador del otro. Y, además, es nuestra segunda naturaleza la que nos humaniza y nos saca del proceso de hominización al de humanización. Un saludo.

Y una cosa más que acabo de recordar ahora. ¿Cuál fue el origen del sentimiento de evidencia de los derechos del hombre y del ciudadano en la Ilustración? Pues no ocurrieron de repente, ni por los sesudos análisis de los filósofos de la época. Estos fueron los que realizaron la síntesis de lo que venía de atrás y sus libros y discursos sirvieron de altavoces. La evidencia con la que contaron los derechos del hombre y el ciudadano vino de la mano del arte, fundamentalmente de la novela; que, por otra parte, se extiende por Europa en virtud del invento de la imprenta. La novela y una sociedad cada vez más rica y, por ello, menos analfabeta (emergencia de la burguesía) dio lugar a la lectura de novelas que era posible a su vez por la privacidad. La lectura necesita de la intimidad. Pero, curiosamente, la lectura de estas obras potenciaron la empatía natural del hombre. Este proceso de casi dos siglos hizo posible que los derechos del hombre y del ciudadano, algo nunca pensado, fueran tomados como evidentes. Los intelectuales ilustrados lo que hicieron fue universalizarlos y fundamentarlos. Por supuesto a base de libros. La cultura oral y la libresca conviven hasta la llegada de Internet. Pero éste es ya otro episodio que tiene que ver con algo importante: la empatía natural del hombre, biológicamente heredada y que le permite ser un animal social, ha sido potenciada culturalmente (nuestra segunda naturaleza, una segunda piel). Primero el lenguaje y la tradición oral, después la escritura, más tarde la imprenta y, hasta ahora Internet. Si sigues el rastro de todo esto vamos de una sociedad de clanes a una sociedad globalizada, más o menos a nuestro gusto.



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