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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2014.

Una segunda Ilustración

            Siempre he sido un firme defensor de la Ilustración y sus valores: libertad, igualdad y fraternidad. La Ilustración para mí es un proyecto inacabado. Al contrario de lo que piensan los posmodernos. Yo pienso que la razón es un eje principal para conocernos y progresar, no sólo tecnocientíficamente, sino ética y políticamente hablando. No caigo, de ninguna manera, en el mito del progreso. El progreso es sólo provisional. Lo que conseguimos son tablas de náufragos que podemos perder en cualquier momento. Ni la historia es lineal, ni existe un progreso automático. Por eso el proyecto ilustrado es un proyecto inacabado. Porque la razón que se intentó realizar fue una razón totalizadora. Con el germen de la violencia dentro. Absolutamente deshumanizada y antropocéntrica: explotadora de la naturaleza y de la mujer. Y por ello considero que es necesaria una segunda Ilustración que integre a la naturaleza y a la mujer, eliminando el antropocentrismo y limitando la razón poniéndola en juego con los afectos. La razón totalizadora es patriarcal, y es éste orden el que hay que revertir, por tanto violenta, competidora y jerárquica. Y que le viene como anillo al dedo al sistema capitalista que se ha generado a través de ella.

De modo que mi propuesta es una segunda Ilustración que plantea un cambio de paradigma, de forma de ver el mundo, de interactuar con la naturaleza y entre nosotros. Y este cambio de paradigma debe hacerse en tres niveles. El de la razón, el de la naturaleza y el de la mujer.

La razón debe ser limitada, no totalizadora. Nuestra capacidad de conocer el mundo por medio de la razón (la ciencia) es limitada y siempre provisional. La ciencia es la búsqueda de la verdad, no la verdad. De modo que el camino de la ciencia y del conocimiento es el camino de la provisionalidad. La razón totalizadora es engañosa, promete un futuro utópico que a la postre no es más que un infierno. Además, la razón, además de ser limitada va ligada a los afectos, sentimientos y emociones. No se puede entender una razón ética si no es una razón cordial, que nace de la capacidad de ponerse en el lugar del otro (empatía) y comprenderlo. Si la razón ético-política no es cordial, entonces cae en la instrumentalización de las personas y les quita su dignidad. En segundo lugar, tenemos la cuestión de la naturaleza. La razón ilustrada nace como el máximo dominio del hombre sobre la naturaleza, la explotación. Es la máxima expresión del patriarcado neolítico. Pues esta razón deshumanizada y sin sentimientos nos ha llevado a la eliminación de la naturaleza, a la barbarie, que contradictoriamente, llamamos civilización. El antropocentrismo debe ser sustituido por el ecocentrismo. Somos elementos de la ecosfera, productos de la evolución y en pie de igualdad con cualquier especie. Si no cuidamos de ella, no cuidamos de nosotros. No somos dueños y señores, sino servidores de la madre naturaleza. Y nuestra razón debe comprender esto y encontrar los límites naturales de nuestra relación con la naturaleza antes de que seamos absorbidos por ella, porque nunca destruiremos a la naturaleza, ésta dará lugar a unas condiciones en las que la vida humana, como hasta ahora, sea imposible. En tercer lugar queda el tema de la mujer, la feminidad, íntimamente relacionado con lo anterior. Por eso existe una filosofía ecofeminista. Vamos a ver, todo el desarrollo de la cultura occidental y el conjunto de mitos que la soportan, desde el neolítico para acá, incluyendo el mito de la razón ilustrada y del progreso de la humanidad, no es más que el triunfo de un sistema de producción y una ideología: el patriarcado. Y lo que el patriarcado ha desarrollado son los valores de la guerra, de la destrucción y de la represión de la afectividad que se expresaba primordialmente en la mujer y, específicamente, en la crianza. Y así fue durante milenios en el paleolítico. El patriarcado ha producido la diferencia entre hombres y mujeres y ha considerado a éstas, como a la naturaleza, como seres inferiores de los cuales se puede disponer a nuestro antojo. El orden familiar matriarcal en el que reinaban las relaciones afectivas. Basadas en nuestros sentimientos naturales de necesidad de compañía, caricias, ternura, amor materno, diálogo; porque por ello somos animales sociales, pues fue sustituido por el orden patriarcal. El de la fuerza, el poder, la violencia, la competencia. Y se les arrebató a las mujeres su papel central de reguladoras de la afectividad. Llegándose incluso a la contradicción de hoy en día de que la igualdad de hombre y mujer es sólo laboral y que, además, para que la mujer pueda mantener dicha igualdad ha de abandonar la crianza para no perder el trabajo y entrar en la sociedad competitiva patriarcal. Esto ha sido una perversión más de la razón ilustrada y de uno de sus productos: el capitalismo. Para terminar, entonces, lo que planteo es una segunda Ilustración que integre estos tres puntos como soporte de un nuevo paradigma y como alternativa ético-política y económica-social, a la barbarie en la que estamos cayendo. Siguiendo a Manuel Sacristán, lo llamaría el paradigma del cuidado.

El primero que me mandaste hablaba sobre el patriarcado relacionado con el estado. Y es cierto. El patriarcado no se ha desarrollado uniformemente con la división de sexos. O, dicho de otra manera, el neolítico no ha sido uniforme. Y es curioso que sitúe el origen real del patriarcado, en occidente, al menos, con el imperio romano. Lo que yo le añadiría es que ese patriarcado toma fuerza y fundamento ideológico, teológico cuando Roma se hace cristiana, justo al final del imperio romano. Y es precisamente por los mitos fundantes de las religiones del libro, el Génesis, ahí se establece claramente la inferioridad de la mujer, el hecho de que sea un objeto para el hombre y la división de género cuando son expulsadas del paraíso.

Y esto enlaza con el segundo artículo. Si lo leemos desde el punto de vista de opresores y oprimidos y nos damos cuenta de que, en realidad, la revolución francesa fue una revolución burguesa, pues entendemos perfectamente por un lado su carácter de patriarcado y, por otra, la “supuesta” liberación de la mujer que no es más que otra forma de oprimirla. Y lo mismo ocurre con el análisis que hace del franquismo. Resulta que siempre he pensado sobre el feminismo lo mismo que esta señora. El movimiento feminista, lo mismo habría que decir del ecologismo en sus orígenes, cae, bajo los cantos de sirena de la liberación de la mujer (que sólo es laboral: necesidad de mano de obra) en la misma esclavitud que en la que estaban los oprimidos. Sumándosele, encima, que no salen de la otra. Por eso el feminismo ha favorecido la sociedad patriarcal y la sociedad de la explotación.

El discurso feminista tiene que ir por otra parte, por donde apunta Casilda y por la teoría del apego y la afectividad.

Esta mañana discutía con un librero porque yo había hecho una crítica a una propaganda que él hizo desde su librería en fb. sobre un libro del psiquiatra Rojas Marcos. Un libro de autoayuda. Esto ya me puso malo. Pero lo peor es cuando comienza a decir que el hombre es bueno cuando nace, el niño, me refiero. Eso es mentira. Simplemente es una falacia. Se llama falacia naturalista. El niño ni es bueno ni es malo. No podemos hacer una valoración moral (deber ser) porque no es un ser moral, sólo es un ser. Y la falacia naturalista consiste en hacer una valoración del ser desde el deber ser. Son dos dimensiones distintas. Ahora bien, le expliqué que el niño nace con una capacidad afectiva infinita, necesita un afecto absoluto por parte de la madre en principio, que responde y reclama esa afectividad, que se expresa por la ternura y el amor de la madre y la respuesta del placer y la tranquilidad del hijo. Pero eso no es bondad. Y la misma Casilda lo dice en varias ocasiones. Afirma que no está hablando de cuestiones morales, sino de la condición biológica del hombre. Y esta es la cuestión y la confusión que viene desde Rousseau. El hombre no es bueno por naturaleza porque si no cómo explicas los miles de millones de cadáveres de la historia. El hombre es un animal social, con una empatía increíble que se pone en funcionamiento a la hora de nacer y a partir de ahí, de la afectividad que reciba, tendremos a un ser amable, solidario o a un ser violento, angustiado, deprimido o psicópata. Que haya abundado lo último, es debido al patriarcado y a las relaciones de poder.



El desmoronamiento no es Acto de un instante

una pausa esencial

El deterioro y sus procesos

son como organizadas Decadencias.

 

Primero Telarañas en el Alma

Una Película de Polvo

Agujero en el Eje

o Elementales Óxidos-

 

La Ruina es ordenada –un trabajo diabólico,

consecutivo, lento-

Ningún hombre cayó en un solo instante

Deslizarse –es la ley que rige el Choque.

 

EMILY DICKINSON

 

El feminismo está en una encrucijada. Sólo se han alcanzado derechos laborales y reconocimiento de la igualdad de oportunidades. Y en ambos casos hay un gran déficit. El problema y el gran engaño es que el feminismo ha aceptado los presupuestos de la sociedad capitalista y de la opresión. Es decir, que las mujeres se han unido, creyendo  liberarse, a la dialéctica de clases: opresores y oprimidos. Además de ser el fundamento de la carga familiar. Una buena jugada del capitalismo que las convierte en “independientes” consumidoras. Pero, además, como el mercado lo que hace es objetualizar pues las convierte en objeto de consumo para el hombre. Les quita su identidad, su subjetividad y las mercantiliza. Y crea toda una industria de la moda basado en un ideal de belleza arbitrario que, por otro lado, el hombre, también alienado y convertido en objeto, acepta acríticamente.

Y esta es la encrucijada del feminismo. Por eso hay que dar un paso para cambiar la sociedad. A la transformación económica, política y ecológica hay que añadir lo que podría aportar una concepción matriarcal de la sociedad. Cuidado, no confundir el matriarcado con que las mujeres manden. La señora Merkel es un espécimen ultra representativo de los valores patriarcales.

Se ha confundido la libertad de expresión con que todo se pueda decir y con el relativismo de las opiniones en las que nada se fundamenta, ni se justifica. Y, al final, triunfa no la razón, sino la fuerza. La opinión del más fuerte. Los medios de control y manipulación de masas más poderosos. Y al pueblo le gusta mantenerse en su minoría de edad, en la ignorancia. Es más fácil que otro piense por ti…

                                               ---o---

Era una costumbre que se ha perdido, porque se ha eliminado la presencia de la muerte y el duelo, el retratar a los muertos y hacerse una foto con ellos. Un homenaje, una despedida. Me parece una gran idea que no tiene nada que ver con lo macabro sino con la naturalidad de la vida. La muerte asumida dentro del proceso de la misma vida. Hoy ocurre todo lo contrario. Ocultamos la muerte y el duelo como si fuésemos inmortales y nos da vergüenza manifestar el dolor.

Totalmente de acuerdo, Miriam. Pero hay una cosa curiosa y que lleva años preocupándome. Platón es el primero que inaugura un pensamiento político completo. Y el primero en la historia que establece en su modelo político la igualdad entre hombres y mujeres. En realidad no había igualdad, porque existían tres grupos o castas diferentes. Pero hombres y mujeres podían pertenecer igualmente a cada una de las castas: o bien sabios gobernantes, o guerreros guardianes o el pueblo llano. Pero es curioso. Platón plantea dos objetivos para llegar a su estado perfecto: la abolición de la riqueza (no entramos aquí) y, aquí está lo bueno, abolición de la familia. Platón vive en una época absolutamente patriarcal en la que las mujeres son el último eslabón de la sociedad. Ahora bien, Platón es capaz de pensar en la igualdad entre hombre y mujer. Por tanto sale del patriarcado, porque su estado no tiene una estructura patriarcal, sino que es una aristocracia de los mejores, en la que los mejores son los sabios (y aquí entran hombres y mujeres.) La crianza corre a cargo del pueblo llano (nodrizas) y la educación la realizan, a partir de los siete años, los sabios gobernantes. Al abolir la familia se elimina la afectividad, pero, para Platón esa afectividad es enfermiza, porque crea diferencias, además de producir males en los pequeños debido a una mala crianza. La afectividad, no se extirpa, sino que se guarda para el estado. El individuo no cuenta, lo que cuenta es el estado. El amor al estado se realiza por la buena función que tú realizas dentro del estado y cómo te comportas en tanto que ciudadano (tus relaciones con los demás.) Evidentemente, la teoría de Platón es un totalitarismo, pero no por esto, o no sólo, sino por otros asuntos. Lo que yo quiero decir aquí es que Platón desde hace dos mil quinientos años nos ha planteado un reto que no hemos resuelto aún. Porque lo que hemos visto es que la igualdad entre hombre y mujer nos ha llevado a las mujeres hiperatareadas y a un estado que sustituye la crianza, como señalas tú. Y que es algo que demandan muchos. Él propone un modelo de estado, que no es patriarcal, que garantiza la igualdad de género, pero que elimina la crianza. Es paradójico ver como el estado moderno realiza la utopía platónica y lo llama estado de bienestar. En pro de la igualdad la mujer queda “liberada” de la crianza. Platón da mucho de sí, ya lo dijo Withead, matemático y filósofo de principios del XX, todo lo que se ha dicho después de Platón no son más que notas a pie de página de sus diálogos. Un poco exagerado, pero iluminador…

Sin defender, para nada, ni a ETA, ni a ninguno de sus miembros, ni a su aparato político, a mí, particularmente, el tono de este artículo me parece de una bajeza moral impresionante. Se apela a la venganza, frente a la justicia y es demagógico, se dirige a los corazones en lugar de aportar razones. Creo que se sale totalmente fuera de la ética incitando al odio y poniendo entre paréntesis la ley. Las leyes están ahí, son objetivas y se pueden cambiar si no nos parecen justas. Lo que no se puede hacer es un llamamiento al odio y la venganza porque no estemos de acuerdo con las resoluciones judiciales. Sin ley no hay sociedad. Lo que hay que hacer es participar en la política para que sean las leyes que nosotros queremos las que haya. Y, por muy asesino que alguien haya sido, como es el caso, si ha cumplido su condena, como la ley indica, no hay razón para cebarse con él y llamarle mal bicho y toda suerte de insultos. Lo que se reclama en este artículo es venganza y no justicia y eso es un gran paso atrás en el progreso ético-jurídico. Procede del odio y no de la razón. Se echa de menos una argumentación racional que es lo necesario para ilustrar al pueblo, no demagogia para soliviantarlo.

Sí, si os doy la razón a las dos. Pero, como buen escéptico sigo instalado en la duda. Las auténticas sociedades matriarcales tuvieron lugar en el paleolítico. Y fue cuando más equilibrio emocional hubo. Pero, aquí viene lo bueno y que coincide con Platón, la crianza se llevaba a cargo del clan. Todos participaban de la crianza no existiendo la figura del padre pues aún no se había entendido la relación entre la sexualidad y el nacimiento de hijos. Por eso participaba todo el clan, porque lo importante era la supervivencia de éste y esto sólo era posible a través de la supervivencia de los vástagos. Por eso el reto de Platón sería, ¿qué tipo de sociedad organizamos que garantice la igualdad y la crianza y no sea patriarcal? Quizás, igual que en el reto anticapitalista, haya que volver a los bienes comunitarios, que no comunismo, que es otra cosa. El comunitarismo de bienes existía en el paleolítico e, incluso, en el neolítico, lo hemos vivido hasta el siglo XIX, y en los pueblos hasta el XX, hasta que aparece el capitalismo. Según me he informado, con la crisis, en los pequeños pueblos muy pequeños se ha vuelto, en cierta medida, a una economía comunitarista, lo cual les ha permitido sobrevivir. Quizás, y lo lanzo como hipótesis, lo que pasa es que nuestras sociedades se han convertido en excesivamente individualistas y ven la crianza bajo el paraguas del individuo, del mundo de lo privado, y no de la comunidad. Esto no significa arrebatar el hijo a la madre, sino que la comunidad intervenga igualitariamente en la crianza y que los afectos se dirijan, tanto a la madre como a la comunidad. Porque en definitiva, debemos nuestra existencia a la comunidad, a la sociedad, no a la familia. Hay muchísimas formas de organización familiar. Y, mientras la familia produce diferencias e, incluso, daños afectivos a través de la crianza, la comunidad iguala. Hoy en día hemos llegado al extremo del egotismo, hedonista y nihilista en el que no reconocemos a la sociedad. Es la perversión del capitalismo. El comunitarismo devolvería al individuo a la comunidad que es su lugar natural, sin arrebatarlo de la familia. Lo que está claro es que el reto lanzado por Platón implica, para nosotros un cambio de paradigma, no parchear desde el patriarcado y el capitalismo. La salida que yo veo es lo que llamo el ecosocialismo que sería, digamos, el marco general.

Pues me alegro, aunque lo suponía, que lo veas desde otras perspectivas. Y tu explicación, desde la crianza, a mí me ha aportado una perspectiva absolutamente nueva. Lo del reduccionismo te lo digo a ti, pero me lo digo a mí mismo también, que no debemos caer en él. Y, en concreto a mí mismo, porque al ser novedoso lo de la crianza y los textos de Casilda tan sugerentes y sugestivos, pues me he movido a veces en la explicación fácil reduccionista.

Lo del conocimiento filosófico y humanístico es muy importante. Las mejores universidades del mundo ofrecen como principal conocimiento el de las humanidades, siendo la filosofía la que vertebra la relación entre las dos culturas. El resto del conocimiento no es más que el de la especialización para trabajar. Por eso se eliminan las humanidades de la educación pública y sólo las universidades e institutos de élite los conservan, porque allí se formarán los futuros dirigentes del mundo. Al pueblo se les forma para trabajar, por eso la formación es absolutamente fragmentaria, superespecializada y deshumanizada. Es el biopoder. Ni alumnos ni profesores se han dado cuenta de esto. Es más, han considerado la educación obligatoria como un éxito (¡vivan las cadenas!) y yo creo que ya es demasiado tarde para darle la vuelta a todo esto. Lamentablemente. A no ser que se produzca una revolución paradigmática.

Efectivamente, es la misma idea. Y, además es la idea que han barajado las religiones, los estoicos, Schopenhauer, Cioran, Pascal… y cientos de sabios. En definitiva, somos infelices por aquello que hemos creído siempre que nos hace más perfecto. Quizás somos un experimento fallido de la evolución. Sólo hay que darse cuenta que estamos causando, nosotros solitos, la mayor extinción de seres vivos de la ecosfera y toda su historia. Es la sexta extinción. Y lo hacemos alegros y contentos, en nombre del progreso. Y queremos solucionarlo con más tecnociencia y más crecimiento económico. Simplemente estamos locos, deliramos. Una megalomanía. Claro, nuestro cerebro ha ido creciendo chapuceramente sobre un cerebro reptiliano. Las emociones de un reptil con la razón humana. Pues una bomba. Todas las especies de homínidos han desaparecido, la nuestra también lo hará. Pero se llevará por delante al 80% de la ecosfera. Somos como un cáncer o un virus para la biosfera. Pero que no terminará con ella.

En cuanto a los deberes en caso y algunas cosas más.

Pues pienso que, en principio, los deberes están prohibidos. Pero pienso que habría que racionalizar la jornada laboral. Y esto es una cuestión de dinero. Los niños están cinco o seis horas seguidas, con media hora de descanso dando clases, sin horas de estudio, de biblioteca…todo ello aumentaría la calidad de la enseñanza, pero cuesta dinero, ergo…

No estoy en contra, tal y como están las cosas, de los deberes en casa. Ahora bien, lo que no puede ser es que los padres hagan los deberes y sea para ellos una carga. Lo único que deben hacer es crear el hábito y la disciplina de que los deberes deben hacerlos. Los padres no deben ni corregirlos. Que los niños vean el rojo en sus deberes para que aprendan a hacerlo bien. Como hemos hecho todos. Creo que de mi generación, que llegamos pocos a la universidad, claro, nunca nos ayudaron, pero sí impusieron un hábito de trabajo. Lo único y lo esencial. Lo verdad realmente importante. Por supuesto los deberes no deben ser mecánicos y repetitivos, pero sí deben fomentar la memoria. Sin memoria es imposible ninguna forma de conocimiento. Esto es mera charlatanería. Y que los deberes crean desigualdad entre los alumnos, pues es otra mentira piadosa de la psicología positiva, chahipiruli, de que todo en la vida es color de rosas. Aquí nadie somos iguales. Somos iguales en oportunidades, y ello hay que defenderlo con uñas y dientes. Pero después, si queremos una sociedad mejor debemos fomentar la meritocracia sin que nadie se quede atrás. Pero la virtud es excelencia, no mediocridad. Que es lo que se nos vende por todas partes. Ya está bien de paños calientes, de coachings, o leches, de psicólogos positivos, de educación emocional. Hoy he explicado, con video incluido en pizarra digital (a la última, vamos), el concepto de banalidad del mal, y ¿eso no es educación emocional y en valores?, o tiene que venir un coaching o un no sé qué de valores a explicar eso, pues íbamos listos. Uno ya es muy viejo para aguantar tanta tontería y, encima, aguantar a los alumnos indisciplinados, sin capacidad de respeto, ni de esfuerzo, ni de valorar los auténticos valores, deshechos de la educación por culpa de tanta tontería y tanta gilipollez que se le ocurre a cuatro desocupados.

 

Coincido contigo. El punto de inflexión en el tema del pacifismo está en Kant en “La paz perpetua”. Aquí considera que el mal radical del hombre es la guerra. No sabía él hasta donde iba a llegar ese mal radical y, además, auspiciado por la perversión de la razón ilustrada. De lo que se trataba era de conseguir una alianza libre de repúblicas libres. Entendiendo por libre el ideal ilustrado: la autonomía y la mayoría de edad. Pero eso lo pensaba como ideal político. No como utopía realizable. Esto es importante tenerlo en cuenta. En cuanto el ideal de la razón se transforma en utopía, caemos en los totalitarismos de la razón. Kant, a pesar de ser un entusiasta de la razón ilustrada, reconoce sus límites. El progreso de la humanidad no es necesario, necesita del empuje y de la voluntad humana. Lo mismo que la mayoría de edad no se alcanza biológicamente, sino que requiere del esfuerzo y puede no alcanzarse nunca.

Una cosa que echo de menos en tu exposición son las críticas a los movimientos pacifistas que hubo antes de la segunda guerra mundial. Ante la tiranía inevitable ¿es legítimo el pacifismo? He estado revisando el concepto de banalidad del mal con mis alumnos estos días y creo que el mal radical se produce inevitablemente cuando el ciudadano normal no interviene. Asume el status quo de las cosas. Cierto, estos no son pacifista, son gente común desideologizadas. Pero los pacifistas, ¿qué deberían hacer en estos casos? Arendt dice que hay tres tipos de hombres: los nihilistas, los dogmáticos y la gente común. Los dos primeros sucumben fácilmente a las ideologías salvadoras y totalitarias. El hombre común, no actúa, se deja llevar. Cumple con su deber. He aquí la banalidad del mal. Y luego he estado viendo un documental “El juego de la muerte” en el que hay una adaptación del experimento de Miligran en el que se demuestra el poder que tiene la autoridad sobre la mayoría de las personas, de tal forma que les puede llevar a matar por obedecer órdenes y estando alejados de la víctima: la pueden oír, pero no ver. Esto me hace pensar sobre el pacifismo. Es decir, que no es nuestra postura natural, lo cual no implica que sea loable luchar por ella como fin o quiliasmo de la historia, que diría Kant.

"El suicidio seduce por su facilidad de aniquilación: en un segundo, todo este absurdo universo se derrumba como un gigantesco simulacro, como si su solidez no fuera más que una fantasmagoría sin más realidad que una pesadilla". Ernesto Sabato, El túnel.

Yo creo que más que todo eso la cuestión es la esperanza. El que tiene esperanza, tiene vida. El que pierde la esperanza, ya sosegadamente y con argumentación filosófica o por la propia vida y la Fortuna está abierto a la muerte. De ahí que el hombre invente los mitos y la religión y estos le da y alimentan su esperanza natural. El hombre es un ser de esperanza. Por eso la angustia es la desesperación. De ahí que Heidegger, cuyo concepto filosófico central es la angustia, diga que el hombre es un ser para la muerte. Y de ahí, también, que el cristianismo considere a la esperanza como una de las tres virtudes teologales.

Sí, efectivamente. Pero, para desear eso, hay que tener esperanza de que, algo, al menos, se pueda conseguir. Cualquier deseo se alimenta de la esperanza de conseguir lo deseado. Por muy pequeño o grande que sea lo deseado. Además, la naturaleza del deseo (el sentimiento, el afecto) es el mismo ya deseemos grandes cosas, como pequeñas, como meros vicios y maldades. Y debajo subyace la esperanza. La desesperación es la antesala de la muerte. Ya nos lo decía con la mayor claridad del mundo el amigo Cioran en su “En las cimas de la desesperación”

Porque estamos solos somos sociables. No somos como los animales sociales cuya esencia es la sociabilidad. Somos seres incompletos que buscan la completud, nuestra realización, a través de los demás. Pero tampoco nos identificamos del todo con los demás, nuestro yo no se disuelve en un yo colectivo (de ahí el intento de los ritos religiosos, las drogas, la diversión…anular al yo). Y es “Ese maldito yo” que decía Cioran el que nos acompaña y nos ofrece la soledad. Parece paradójico, pero inevitablemente estamos solos y, en los momentos difíciles: tristeza, melancolía, desesperación es cuando más sentimos nuestro yo y, por tanto experimentamos más profundamente nuestra soledad y alejamiento de todo y de todos. Es otro rasgo de la condición humana. Por eso buscamos la felicidad, pero esto es una quimera.

No, nada de hablar demasiado. Creo que haces una buena descripción de la sociedad patriarcal y cómo es una perversión. Yo lo comparto perfectamente. Y, siempre lo he dicho. Lo que pasa es que no he hablado de sociedades patriarcales hasta conocer tus teorías. Luego haces una descripción somera de las diferentes épocas de la historia basándote en el patriarcado y el dualismo y creo que estás acertada y que no te gusta mirar por esas gafas. Que las de Ciorán son muy pesadas. Aquí hay un punto en el que no coincido. Sería muy extenso, pero voy a ser muy breve porque lo podemos ir tratando poco a poco. (Es que eres un surtidor de ideas y lo que nos pasa a los filósofos es que cada una de ellas las analizamos hasta la saciedad. Suelo decir que el método de la filosofía es en espiral pensar sobre lo mismo siguiendo un camino en forma de espiral. Por eso parece que estamos diciendo siempre lo mismo, pero no.) pero antes una cosa que me ha gustado que has dicho, lo de H Hesse y Sidharta. Pues la imagen que utiliza es precisamente la del eterno fluir siempre de lo mismo del filósofo griego, presocrático, Heráclito. Que nos decía, que todo es un eterno fluir, que nada permanece, que el mundo, fíjate, es la unidad de los opuestos. Y, cosa curiosa. Nietzsche arremete contra toda la cultura occidental destrozándola a martillazos “Ecce homo o de cómo se filosofa con el martillo” Declara a Platón el gran impostor, realmente es el que inventó el dualismo. El mundo de las ideas frente al mundo de las apariencias, cuerpo y alma y así sucesivamente. Y al cristianismo: platonismo para el pueblo. Y el cristianismo, donde el pensamiento dualista, patriarcal, moralidad de los débiles (porque la moral es el triunfo de los débiles, el hombre superior está por encima del bien y del mal, otro dualismo) es la mayor mentira, el mayor engaño, la mentira universal de occidente, lo que ha producido mayor dolor y sufrimiento en la historia de la humanidad. Y el origen de todo se encuentra en la tragedia griega. Por eso su primera obra es “El origen de la tragedia”. Allí rastrea cuál es el origen de la tragedia, porque en un principio había una unidad. Pero, poco a poco, se va produciendo la escisión, con la separación entre los personajes y el coro (que representa la voz del pueblo, el super yo o la conciencia moral). Y esa escisión es debida al triunfo de Apolo (el dios de la razón, la mesura, la sabiduría, la filosofía), frente al dios Dionisio (el espíritu de la danza, la alegría, la noche, los contrarios, la embriaguez, la confusión, la vida, en definitiva). Desde entonces andan en lucha el espíritu apolíneo sobre el dionisiaco. En el segundo no hay ni dualidad, ni moral, ni patriarcado, ni tiempo (teoría del eterno retorno). Lo que hay es vida. Por eso afirma que el hombre para llegar al superhombre (el artista supremo) debe sufrir tres transformaciones (En “Así habló Zaratustra”): primero es un camello y lleva todo el peso de la moral (la dualidad) en su joroba, después se transforma en león y dice ¡No!, es cuando toma conciencia del engaño y reniega de él, pero aún tiene que sufrir la última transformación. El león debe hacerse niño: jugar. En el niño no existe el tiempo, no hay reglas y todo es juego y todo lo que hace es una recreación del mundo y placentero. En el niño sólo hay deseo, pero no hay ni bien ni mal, ni tú, ni yo, ni naturaleza y yo. Hay una unidad en continua recreación de sí misma. Ése es el superhombre (nada que ver con el nazismo como se le ha achacado), la ausencia de dualismo, el que en cada acto se crea a sí mismo. Pues al único que salva de todos los filósofos es a Heráclito. Con todo esto quiero decir que hay una corriente de pensamiento no dualista en occidente y una defensa del cuerpo y los deseos. El cuerpo y los deseos empezaron a ser negados por Platón y el cristianismo los extirpó. Pero Grecia y Roma eran tremendamente hedonistas. Por eso, Epicuro, el defensor del deseo “No hay vida feliz sin placer” ha sido siempre anatema para el cristianismo. Y esto tiene que ver con lo que me preguntas de la virtud. Cómo va a ser la castidad una virtud, en todo caso una perversión, eso es moralina cristiana. Al cristianismo sólo le ha interesado el sexto mandamiento, lo de no matar, no robar, eso se les ha olvidado. El cristianismo es la moral de la hipocresía y del resentimiento, de ahí la negación del cuerpo y de los deseos de éste.

Schopenhauer y Cioran son los dos grandes pesimistas, pero no por ser ni patriarcales ni dualistas. El primero fue precisamente el que trajo el budismo a occidente. Y fue el budismo el que lo hizo pesimista y el segundo era un estudioso de las religiones, compañero de M. Eliade, el mayor historiador de las religiones del mundo y el mejor conocedor de las religiones orientales. Eran íntimos amigos aunque acabaron discrepando. Lo que pasa es que, tanto uno como otro, han buceado en las profundidades de la naturaleza humana y han visto sus fantasmas, su lado oscuro. El hombre es un ser limitado, a medias. Que se intenta terminar de construir a través de la cultura, pero no lo consigue nunca, ni lo conseguirá. Es su sino. Simplemente es que somos así. Nuestra vida es un haz de momentos felices y momentos desgraciados rodeados de indiferencia y, en el peor de los casos, aburrimiento: la enfermedad mortal, tedium vitae. La cultura no nos acaba de colmar nunca. Por eso queremos volver al seno materno. Y muy bien que nos lo enseñó Freud. Por eso estoy contigo y pienso que una sociedad matriarcal seria inmensamente más feliz. Estaríamos más cercanos a la naturaleza, no habría prácticamente ni violencia, ni dualismo. Pero no puede existir una sociedad matriarcal perfecta porque eso significaría que seríamos sólo animales, pero resulta que somos animales culturales y esa es nuestra condena. Mientras, podemos recuperar e intentar construir una sociedad matriarcal. Provocar ese cambio revolucionario de paradigma. Pero sin olvidar que nuestro ser es la autoconciencia y ésta nos hace darnos cuenta de nuestra incompletud, lo que significa sufrimiento. Eso sí, hay que buscar los modelos de vida que produzcan menos dolor y sufrimiento, tanto a nivel individual como social.

No, nada de hablar demasiado. Creo que haces una buena descripción de la sociedad patriarcal y cómo es una perversión. Yo lo comparto perfectamente. Y, siempre lo he dicho. Lo que pasa es que no he hablado de sociedades patriarcales hasta conocer tus teorías. Luego haces una descripción somera de las diferentes épocas de la historia basándote en el patriarcado y el dualismo y creo que estás acertada y que no te gusta mirar por esas gafas. Que las de Ciorán son muy pesadas. Aquí hay un punto en el que no coincido. Sería muy extenso, pero voy a ser muy breve porque lo podemos ir tratando poco a poco. (Es que eres un surtidor de ideas y lo que nos pasa a los filósofos es que cada una de ellas las analizamos hasta la saciedad. Suelo decir que el método de la filosofía es en espiral pensar sobre lo mismo siguiendo un camino en forma de espiral. Por eso parece que estamos diciendo siempre lo mismo, pero no.) pero antes una cosa que me ha gustado que has dicho, lo de H Hesse y Sidharta. Pues la imagen que utiliza es precisamente la del eterno fluir siempre de lo mismo del filósofo griego, presocrático, Heráclito. Que nos decía, que todo es un eterno fluir, que nada permanece, que el mundo, fíjate, es la unidad de los opuestos. Y, cosa curiosa. Nietzsche arremete contra toda la cultura occidental destrozándola a martillazos “Ecce homo o de cómo se filosofa con el martillo” Declara a Platón el gran impostor, realmente es el que inventó el dualismo. El mundo de las ideas frente al mundo de las apariencias, cuerpo y alma y así sucesivamente. Y al cristianismo: platonismo para el pueblo. Y el cristianismo, donde el pensamiento dualista, patriarcal, moralidad de los débiles (porque la moral es el triunfo de los débiles, el hombre superior está por encima del bien y del mal, otro dualismo) es la mayor mentira, el mayor engaño, la mentira universal de occidente, lo que ha producido mayor dolor y sufrimiento en la historia de la humanidad. Y el origen de todo se encuentra en la tragedia griega. Por eso su primera obra es “El origen de la tragedia”. Allí rastrea cuál es el origen de la tragedia, porque en un principio había una unidad. Pero, poco a poco, se va produciendo la escisión, con la separación entre los personajes y el coro (que representa la voz del pueblo, el super yo o la conciencia moral). Y esa escisión es debida al triunfo de Apolo (el dios de la razón, la mesura, la sabiduría, la filosofía), frente al dios Dionisio (el espíritu de la danza, la alegría, la noche, los contrarios, la embriaguez, la confusión, la vida, en definitiva). Desde entonces andan en lucha el espíritu apolíneo sobre el dionisiaco. En el segundo no hay ni dualidad, ni moral, ni patriarcado, ni tiempo (teoría del eterno retorno). Lo que hay es vida. Por eso afirma que el hombre para llegar al superhombre (el artista supremo) debe sufrir tres transformaciones (En “Así habló Zaratustra”): primero es un camello y lleva todo el peso de la moral (la dualidad) en su joroba, después se transforma en león y dice ¡No!, es cuando toma conciencia del engaño y reniega de él, pero aún tiene que sufrir la última transformación. El león debe hacerse niño: jugar. En el niño no existe el tiempo, no hay reglas y todo es juego y todo lo que hace es una recreación del mundo y placentero. En el niño sólo hay deseo, pero no hay ni bien ni mal, ni tú, ni yo, ni naturaleza y yo. Hay una unidad en continua recreación de sí misma. Ése es el superhombre (nada que ver con el nazismo como se le ha achacado), la ausencia de dualismo, el que en cada acto se crea a sí mismo. Pues al único que salva de todos los filósofos es a Heráclito. Con todo esto quiero decir que hay una corriente de pensamiento no dualista en occidente y una defensa del cuerpo y los deseos. El cuerpo y los deseos empezaron a ser negados por Platón y el cristianismo los extirpó. Pero Grecia y Roma eran tremendamente hedonistas. Por eso, Epicuro, el defensor del deseo “No hay vida feliz sin placer” ha sido siempre anatema para el cristianismo. Y esto tiene que ver con lo que me preguntas de la virtud. Cómo va a ser la castidad una virtud, en todo caso una perversión, eso es moralina cristiana. Al cristianismo sólo le ha interesado el sexto mandamiento, lo de no matar, no robar, eso se les ha olvidado. El cristianismo es la moral de la hipocresía y del resentimiento, de ahí la negación del cuerpo y de los deseos de éste.

Schopenhauer y Cioran son los dos grandes pesimistas, pero no por ser ni patriarcales ni dualistas. El primero fue precisamente el que trajo el budismo a occidente. Y fue el budismo el que lo hizo pesimista y el segundo era un estudioso de las religiones, compañero de M. Eliade, el mayor historiador de las religiones del mundo y el mejor conocedor de las religiones orientales. Eran íntimos amigos aunque acabaron discrepando. Lo que pasa es que, tanto uno como otro, han buceado en las profundidades de la naturaleza humana y han visto sus fantasmas, su lado oscuro. El hombre es un ser limitado, a medias. Que se intenta terminar de construir a través de la cultura, pero no lo consigue nunca, ni lo conseguirá. Es su sino. Simplemente es que somos así. Nuestra vida es un haz de momentos felices y momentos desgraciados rodeados de indiferencia y, en el peor de los casos, aburrimiento: la enfermedad mortal, tedium vitae. La cultura no nos acaba de colmar nunca. Por eso queremos volver al seno materno. Y muy bien que nos lo enseñó Freud. Por eso estoy contigo y pienso que una sociedad matriarcal seria inmensamente más feliz. Estaríamos más cercanos a la naturaleza, no habría prácticamente ni violencia, ni dualismo. Pero no puede existir una sociedad matriarcal perfecta porque eso significaría que seríamos sólo animales, pero resulta que somos animales culturales y esa es nuestra condena. Mientras, podemos recuperar e intentar construir una sociedad matriarcal. Provocar ese cambio revolucionario de paradigma. Pero sin olvidar que nuestro ser es la autoconciencia y ésta nos hace darnos cuenta de nuestra incompletud, lo que significa sufrimiento. Eso sí, hay que buscar los modelos de vida que produzcan menos dolor y sufrimiento, tanto a nivel individual como social.

 



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