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Desastre educativo: El bilingüismo y las nuevas tecnologías.

Ya está uno más que harto de tanto engaño y tanta farsa. Harto de los ignorantes y de los mangantes del mercado. Vamos a ver si nos enteramos de una vez. El bilingüismo es un invento con la única intención de separar a los alumnos. Algunos argumentarán, no sin razón, que los alumnos se agrupan ellos solos nada más que por las optativas que eligen, cierto. Pero eso no implica la formación de grupos bilingües exclusivos. Si no existiese el bilingüe, esos alumnos, inevitablemente, estarían más repartidos, además de que la ley lo obligaría, por la no exclusión y diferencia. Pero, no, el bilingüe abre una brecha inseparable entre los alumnos y entre los profesores, que ésa es otra. El bilingüismo es una farsa porque está demostrado que el alumno no aprende ni más matemáticas, por ejemplo, ni más inglés, en todo caso pierde contenidos en matemáticas. Claro, si la hora lectiva ha de ser aprovechada en parte, unos quince minutos en explicar lo ya explicado en inglés, pues apaga y vámonos. La administración ha introducido el bilingüismo para dotarse de un aura de calidad, cuando no es más que una ilusión y un fracaso. También afecta a los profesores, muchos de estos, por edad, no se formaron en inglés, sino en francés. Y, además en las oposiciones que ganaron, los más viejos por decir algo, eran oposiciones nacionales al cuerpo de agregados de bachillerato, ya no quedan, salvo caso aislado ni los de la oposición a cátedra, pues como decía no se exigía ese conocimiento de inglés para aprobar. Ignoro si ahora habrá una reglamentación que priorice al que está acreditado en inglés dentro de un mismo departamento. Si es así es una auténtica barbaridad. Lo que hay que fomentar es la formación personal en tu propia disciplina, tus publicaciones y demás. Los cursos de formación de los CPRs, el ingles, los de los sindicatos, todo está de más. Pero, claro, una educación que elimina la importancia del conocimiento, pues eso del bilingüismo queda muy bien para la galería, pero, insisto, ni aprenden más inglés, ni más contenido, en todo caso menos. Eso está probado estadísticamente y a mí me lo dicen mis alumnos. Además algunos centros priorizan en ciertas asignaturas a alguien ajeno a la especialidad, habiendo en plantilla especialista en la materia, a aquellos que están acreditados en inglés. En fin, que por cualquier lado que lo mires es una discriminación para el profesorado. El bilingüismo es un mito político para lavarle la cara a la educación pública, mientras favorecen por todos los medios y en todos los sentidos a la educación concertada-privada. Pero, como siempre, el profesor calla. Por cierto, al profesor del bilingüe también le dan horas por serlo para cobrar los famosos sexenios. Ahora bien, si publicas un libro de investigación de tu especialidad, creo que no te dan nada, al menos a mí, o no habré llamado a la puerta oportuna, porque al final todo se trata de eso. Una enseñanza bilingüe de verdad consiste en una inmersión lingüística. Es decir, si tú entras en un instituto francés o inglés de estos privados que hay, tu desde que entras estás hablando en inglés y tuis profesores de todas las disciplinas son nativos. Por favor, que tendrá que ver esta auténtica enseñanza bilingüe con la mascarada de los centros bilingües de calidad que la administración ha creado con la excusa de separar, sí, de separar, además de crear una división en el profesorado. El profesor debe ser competente en su disciplina y punto. Y eso no tiene nada que ver con el inglés. Un engaño y un atropello para el alumnado y para el profesorado.

Y el segundo mito del que ya he hablado en muchas ocasiones. Las nuevas tecnologías en la educación. Les recomiendo a ustedes un libro que he leído recientemente, escrito por un neurofisiólogo y que se llama “Demencia digital”. Si quieren pruebas empíricas sobre lo que voy a decir allí las encontrarán. La enseñanza por medio de las nuevas tecnologías se nos presenta como la redención de la educación. El libro electrónico y la Tablet son la solución a todos los males. Nos dicen que el alumno está atento, que es más participativo, que no hay un aprendizaje memorístico, sino que se fomenta la creación, que en el siglo XXI no podemos estar con los instrumentos del siglo XX o de toda la vida. Pues mire usted. Todo esto es mentira. No es necesario cambiar la pizarra y la tiza, ni el papel ni el lápiz, es más, es absolutamente recomendable para el desarrollo cerebral, sino queremos tener en el futuro a descerebrados sin capacidad de atención, sin retentiva, sin memoria y, por todo ello, sin capacidad de aprender. Qué duda cabe que las nuevas tecnologías ayudan y mucho. Pero no pueden sustituir a la relación directa profesor alumno. Una Tablet o un ordenador es, cuando se utiliza como único instrumento de aprendizaje, y el profesor se transforma en un simple guía que no aporta ningún conocimiento, un invento del maligno. Destroza el proceso de aprendizaje. Destroza las áreas del cerebro encargadas de la memoria, la abstracción y la atención. El niño no está atento cuando mira la Tablet, el niño está simplemente distraído y sumergido en multitareas (otro conceptito mítico) que eliminan la posibilidad del desarrollo neuronal que le permita la atención y la memoria. Se está convirtiendo en algo así como en un demente anciano, que no es capaz de prestar atención ni de recordar. Eso sí, nos cuentan y nos dicen que se acabó ya el peso de las mochilas. Pues vaya ventaja educativa. Para ese viaje no es menester alforjas. Pues anda que no hay modos de solucionar este problema. El mito de las nuevas tecnologías en la enseñanza tiene dos patas: la pseudociencia de la pedagogía y el mercado. La primera nos habla de creatividad, de la posibilidad de aprender por uno mismo. Venga, hombre, yo me meto en una página de ingeniería aeronáutica y no me entero de nada. Necesito de un maestro que me enseñe a la vieja usanza, porque no hay otra desde el gran pedagogo Sócrates. Y esa forma es el diálogo basado en la razón en la que se transmiten los conocimientos desde el maestro al alumno y este último acepta y respeta la autoridad intelectual del profesor, no es que no lo cuestione, que sí, eso es el diálogo, pero desde la razón y sabiendo que hay, de momento, una superioridad intelectual a la que se le debe respeto y admiración. Y eso es lo que ha de producir la motivación. Una vez iniciado en la ciencia pues puedes entrar en internet y aprender porque tienes los instrumentos para ello. Además de que en el proceso de aprendizaje se ha fomentado, y mucho, la memoria. Pero no hablamos de una memoria informática o la del papagallo, sino de la memoria humana. La memoria es intencional y está cargada de emociones. Si el alumno se apasiona por el saber recordará mucho mejor. Pero para eso no son necesarios jueguecitos instalados sobre la nada de la educación emocional, sino la autoridad intelectual y moral del profesor y la educación del alumno que empieza por el respeto. Estos últimos factores se han perdido absolutamente en la enseñanza. Ni el profesor tiene autoridad, ni el alumno le guarda respeto. El alumno anda por el instituto como si estuviese en el parque con los amigos, carece de educación tanto para sus compañeros como para los profesores. No son todos, obviamente, empezó siendo una minoría que va aumentando y contaminando al resto, peligrosamente. Y en segundo lugar pues tenemos al mercados. Las multinacionales de la información tienen que vender sus productos y engañan a los estados a través de su corte de pedagogos que les convencen de las inmensas virtudes y de la eliminación del fracaso escolar por medio de la utilización, desde la primaria, e incluso infantil, de los medios de comunicación informáticos. Y así hacen su agosto. No es más que la ley del mercado. Pero lo que se puede producir es un daño tremendo en las generaciones futuras.

Aunque sea una observación absolutamente subjetiva pues me voy dando cuenta de que mis alumnos cada vez son menos capaces de seguir un discurso de media hora, no digo ya la clase entera. Y creo, ya digo, lo que dije antes está abalado científicamente, lo de ahora es una apreciación subjetiva, que es debido al uso excesivo de teléfonos móviles y ordenadores. En estos sólo se dan pequeños mensajes, que se olvidan a los pocos minutos. Estás realizando continuamente multitareas, con lo cual no estás prestando atención a ninguna. De ahí que a los alumnos les cueste cada vez más concentrarse y atender. Es una cuestión puramente de desarrollo cerebral, una cuestión biológica. La multitarea, insisto, no es una ventaja de los nativos digitales sobre nosotros, sino un vacío en el cerebro que produce una demencia: la incapacidad de atender y memorizar. Y sin esto no hay aprendizaje, estaríamos como lobotomizados. Y no soy un tecnófobo. Utilizo todos estos artefactos. Mi ordenador está encendido prácticamente todo el día. Pero, la cuestión es el cómo del uso. Además, yo no soy un nativo digital, soy demasiado viejo para eso. Mi cerebro ya estaba desarrollado cuando llegaron las nuevas tecnologías. Pues aun así les digo que cuando hago un uso excesivo de las redes sociales mi mente se dispersa. Puedo leer un montón de artículos muy interesantes y de los que aprendo, pero que cada uno trata de cosas muy distintas, durante dos horas, pero luego siento un gran olvido. ¿Qué he aprendido?, ¿qué he leído? No tiene nada que ver con la lectura lineal de un libro. Entonces sí recuerdas y tu atención ha sido absoluta. Además de que te ha producido un gran placer. Lo otro te ha distraído, te ha sacado del tiempo, y poco más. Incluso puede producirte stress. El neurofiólogo que les he citado el Dr. Manfred Spitzer lo sabe bien porque ha tratado múltiples casos en su consulta. En conclusión, considero que los profesores deberíamos estar absolutamente en contra de la implantación de estas tecnologías en los centros que sólo sirven para enriquecer a unos cuantos. Y en contra del bilingüismo tal y como está concebido.

02/10/2014 18:30 filosofiadesdelatrinchera #. sin tema

El neoliberalismo nos ha aplastado. No existen los trabajadores a la antigua usanza, que se conocían, que se veían dentro y fuera del trabajo. Existe el precariado. Personas que compiten ferozmente por unos euros a los que no pueden renunciar porque otro se los llevará. El trabajo es aislado, no se conoce a los compañeros. No existe algo así como conciencia de trabajador, ni de ser explotado. A los obreros se les obliga a hacerse autónomo y, de esa manera, dejan de ser lo que realmente son, trabajadores. Y si la empresa fracasa, el fracaso es suyo también. Mientras tenemos el espectáculo de la política, porque eso es la política, mero espectáculo. Y los políticos unos señores en connivencia con el verdadero poder que no ha sido elegido por nosotros, que son las grandes multinacionales, los grandes bancos privados y, como no: FMI, BM y demás fuerzas financieras. Todo ello y mucho más nos ha convertido en siervos a la par que nos ha extirpado la conciencia y sin ella no hay acción. Somos zombis.



"¿Huir? ¿Para qué? En cierta medida ¿no es cierto que parte de aquello de lo que se huye en realidad forma parte tuya? ¿No es mejor plantar cara? ¿No es mejor también no hacer nada (simplemente dejar estar hasta que pase, al fin y al cabo todo pasa)?" Miriam Al Adib

En realidad huir no se puede nunca, me refiero al caso de las emociones. Porque sería huir de nosotros mismos. Podemos huir de una situación insoportable y no es cobardía es afirmación de nuestro yo. Es supervivencia y es encomiable, porque a veces no huimos de situaciones por cobardía. En ese caso huir es un acto de valentía. Incluso el suicidio, como huida frente a unas circunstancias invivibles, es encomiable y un acto valeroso. No se puede plantar cara a lo inevitable, la muerte de un ser querido, por ejemplo, se tiene que asumir. Por eso no podemos huir de las emociones. Las tenemos que hacer nuestras y ser sus dueños. Estar por encima de ellas. Y, en cuanto a las circunstancias, mientras que sean condicionantes sólo, es decir, las que nos construyen condicionándonos, pues hay que lidiar con ellas, como decía Ortega y Gasset en su famosa frase, que nunca se cita entera, “Yo soy yo y mis circunstancias, si no las salvo a éstas, no me salvo yo.” En la segunda parte es donde está la miga del asunto. Salvar las circunstancias es lidiar con ellas hacerlas mías, es la tarea de mi vida, es lo que me convierte en un yo y un yo absolutamente particular. En un creador de mi propia existencia. Y esta tarea no debe ser una lucha, y menos contra lo inevitable, como hemos dicho, sino una tarea, nuestro quehacer vital, que decía Ortega. Y así haríamos de nuestra vida una obra de arte.
Ahora bien, también nos queda la actitud del observador. Del que está por encima de las circunstancias. Pero incluso éste actúa. Lo único que sucede es que no está implicado en las emociones. Pero ésta es una actitud superior: es la del místico. Y esto ya es otro tema.

El mundo con su globalización financiera va a la hecatombe civilizatoria. Nuestra crisis es de civilización no sólo de sistema productivo. El sistema de producción capitalista ya no funciona. Este sistema se ha convertido y vive del robo. La crisis es el anuncio, precisamente por el agotamiento de este sistema, de un nuevo sistema capitalista organizado desde las multinacionales que crean un orden legal ficticio superior a los estados y que estos se ven obligados a obedecer. Y, de esta manera, se perpetra el robo y la extorsión. Frente a ellos lo que nos queda es la localización por medio del decrecimiento.

Los servicios públicos van desapareciendo a pasos agigantados. El estado se reduce. Si no nos enfrentamos a esta barbarie retrocederemos varios siglos. En definitiva, estamos asistiendo a una desilustración y desdemocratización. Nos estamos convirtiendo, bueno, somos ya, semivasallos.

Vivimos un serio peligro con nuestros jóvenes. Muchos de ellos, en especial los menos informados, menos cultos y marginados sociales están defendiendo a capa y espada el franquismo. Con un desconocimiento total. Lo llevo viendo varios cursos, pero el número aumenta, a la par que la falta de argumentos acompañada de la ignorancia y la violencia a la hora de defenderlos. Les falta conocimiento histórico, les falta memoria, les falta conocimiento de la historia de las ideas. Les sobran móviles, internet, futbol… y miles de tonterías y caprichos más. Es lamentable que en cursos de ética y hasta de segundo de bachillerato en historia de la filosofía, se tenga uno que enfrentar a estos señores, por llamarles de alguna manera. Porque uno es respetuoso y considera a todos personas. Pero estos señores están defendiendo en mis narices, en una clase, el genocidio. Es el derrumbe ideológico de Europa. Ha triunfado, o casi, el fascismo económico. Y este mismo fascismo está animando y provocando el resurgimiento de las ideologías fascistas del siglo XX. El camino a la barbarie. Pero no es que sólo vayamos a ser vasallos, sino que muchos serán aniquilados si estas ideologías míticas, fascistas y asesinas triunfan.

Un apunte más sobre el desastre educativo.

Vamos a ver. Ya he dicho muchas veces que los males de nuestra educación, me refiero a la LOGSE, pero que se perpetúan de alguna manera en la LOMCE, es la obligatoriedad hasta los dieciséis años, sin dar salida en esa edad que va de los catorce a los dieciséis para otro tipo de educación. A esto hay que sumarle la promoción automática. Te encuentras alumnos que acumulan más de diez o doce asignaturas pendientes y que están en cuarto esperando acceder a la ESPA o, simplemente, por estar, porque no tienen otra cosa mejor que hacer. Verdaderamente la ley construye el espacio social en el que esto se puede dar. Pero ya he hablado muchas veces de la ley y sus fundamentos. Hoy quiero hablar de algo mucho más particular: los padres y la educación.

Solemos decir también que la educación, y como están los alumnos, es culpa y fiel reflejo de la sociedad. Cierto. Pero esto no es más que una generalidad que no viene a decir nada. Yo he utilizado muchas veces este argumento, pero he analizado en qué consiste la sociedad en que vivimos y de qué manera ello repercute en los alumnos. Y eso es concretar. Y hoy quiero hacerlo más todavía con respecto a los padres. Cuando hablo de padres, aunque utilice el plural, no estoy haciendo una generalización, eso invalidaría el argumento, simplemente me refiero a un número significativo, no tienen ni que ser mayoritario, aunque pudiera serlo.

Para empezar, el primer error, la LOGSE-LOE introduce a los padres en el proceso educativo. Esto es una barbaridad, aunque lo veamos como algo normal porque ya estamos acostumbrados. El papel de los padres, y es el que no suelen hacer, es el de educar a los hijos, los profesores, sobre todo en secundaria, enseñamos materias, disciplinas y hasta competencias y, también transmitimos valores, cuando se dejan, claro. Pero no tenemos que educar. El profesor de matemáticas de segundo de bachillerato no puede estar diciendo que no se habla en clase o que no se tiran los papeles al suelo, ni si quiera el de primero de la ESO, sino para enseñar matemáticas y transmitir valores. Pero valores intelectuales: la curiosidad, la admiración, la perplejidad ante la inmensidad del conocimiento, la pasión por el saber… y morales: el respeto y la tolerancia, que es el fundamental, el compañerismo, la solidaridad, la equidad y justicia, la prudencia, la paz y la mesura… y éste es el nivel educativo y es lo que el profesor debe hacer. Lo que llamamos educación, más bien urbanidad, que llamaban los sibilinos jesuitas, de los que tanto aprendí, es cuestión ineludible de los padres. Y los padres tienen la obligación de transmitirla al hijo, tanto en la teoría como en el ejemplo. Y esta educación no puede delegarse en los profesores porque ellos no están para eso. Simplemente. Cada uno en su lugar y que cada palo aguante su vela. Ya está bien de paños calientes. No se manda a los hijos a los centros de enseñanza para que los eduquen en el último sentido de la palabra que le hemos dado, sino para que los enseñen y les transmitan valores universales. La educación es algo que tiene que venir ya dado, sea un buen o mal alumno. Y si es un mal alumno desde el punto de vista de la educación, del comportamiento, la ley debería tener los instrumentos para mandarlo a casa a que ese alumno sea educado por sus padres o tutores o vaya donde tenga que ir. Los institutos no son refugio de caprichosos, malcriados, egoístas, graciosillos de turno, maltratadores, ni personal que boicotee las clases con su charlatanería banal que se la podía guardar para casa o para con sus amigos. Decía que el error provenía ya de la incorporación de los padres en el proceso de enseñanza. Dicho con claridad meridiana. Los padres no pintan absolutamente nada en el proceso educativo y espero que se me entienda. Sobre todo, como decía Nietszche, que no se me malinterprete. El proceso de enseñanza, independientemente de lo que digan los pedagogos, que ésa es otra, se da entre el profesor y el alumno. Es un proceso que además es vertical, del profesor al alumno, también independientemente de lo que digan los psicopedagogos. Ya en muchos otros lugares he desmontado sus argumentos. Pues bien, en este proceso, en el que se transmiten conocimientos y valores, no cabe nadie más. Por eso los padres no pueden intervenir, ni opinar, ni dictar nada, sobre las programaciones, las clases que cualquier profesor da (además de que eso viola la libertad de cátedra, que, por cierto, ya sólo le queda el nombre). Es decir, que no tienen por qué ocupar órganos de dirección del centro y menos el máximo órgano que es el Consejo Escolar. Ahora bien, eso no quiere decir que los padres se informen periódicamente sobre el proceso educativo de sus hijos, que vengan a escuchar al tutor y a los profesores oportunos para informarse sobre el proceso de aprendizaje y la calidad humana del alumno (su hijo). Eso es preocuparse por el futuro del hijo. Eso es seguir educando al hijo. Porque es estar pendiente de lo importante.

Pero esto no es lo que hay. Lo que hay y abunda es una mala educación y una falta de valores tremenda. Sí, que procede de la sociedad, pero también digo que no todo el mundo es como la sociedad dicta. Si el niño ha aprendido en casa que lo importante es el dinero y que el profesor es alguien con muchas vacaciones, pues ya ha perdido el profesor su valor de dos formas. Primero porque lo que hace no le da dinero, salvo para vivir con normalidad y, en segundo lugar, se le está llamando vago. Cuando, en realidad, un profesor está todo el día trabajando para la enseñanza, que no consiste sólo en dar clases. Y que una hora de clase no se puede contabilizar, como se hace, también desde la administración, como una hora de trabajo apretando un tornillo. Una hora de clase tiene detrás cientos de horas de estudio y de trabajo, de esfuerzo y de disciplina y de amor y pasión por el saber. Pero las cosas no funcionan así. El profesor suele ser considerado un don nadie. Qué valor tiene compara con un futbolista famoso, yo que sé, Ronaldo, no me sé ahora mismo otro. Procuro no estar al tanto de esto y de sus trifulcas más que nada por salud intelectual. La mayoría de la sociedad tiene un mayor reconocimiento hacia un equipo de futbol o un jugador que con respeto al sistema de enseñanza o un profesor. ¿Quién es un profesor comparado con un número uno del futbol? ¿Qué es la educación comparado con que gane la liga mi equipo? Que sólo hay dos, por lo visto, como en política ¡Qué país más pobre y poco imaginativo! Y en esas estamos, que lo que aprende el niño en casa son unos falsos valores, de los que se desprenden la falta de respeto y consideración al profesor. Pero, por si fuésemos poco, parió la abuela. Y resulta que la propia administración considera a los profesores los culpables del mal estado (yo diría ya sin estado) de la educación. Y entonces es cuando los padres no van a los institutos a seguir el proceso educativo de sus hijos, su aprendizaje, su maduración moral. Sino que van a que su niño tiene que aprobar por que él lo dice y punto. Que su hijo estudia mucho, que es que es así y no sigo por guardar la mesura. Y se echan encima del profesor exigiéndoles el aprobado o hacen una reclamación a la inspección que, como sabemos, siempre encuentra algo, más o menos inventado, para dar la razón al alumno. Con lo cual el profesor queda totalmente desacreditado. O, cuando un padre te llega, encima, fuera de las horas de visitas o tutoría de padres a pedirte explicaciones de por qué le has puesto un parte de disciplina a su hijo. Eso es intromisión total (ante la cual uno se siente amenazado) porque te está diciendo cómo debes hacer tu trabajo: cuando poner parte de disciplina o cuando no. Venga ya, hombre. Hay que transmitir valores a los hijos y no precisamente los del éxito, el dinero fácil, el engaño al estado, la belleza pasajera de la juventud, el todo vale mientras que no te cojan, el que todas las opiniones son válidas. No señor. De ninguna de las maneras. El profesor es la autoridad y requiere de un respeto absoluto por parte de los padres y de los alumnos (independientemente de que se equivocará mil veces, pero ya hay mecanismos internos de corrección de esos errores) y no son precisamente los padres y los alumnos los que juzguen al profesor y pongan en evidencia su quehacer. Eduquen a sus hijos en el respeto a todo el mundo, a todo ser vivo, en el amor a los libros y al conocimiento, en la práctica deportiva, en el compañerismo, en la amistad, en la sinceridad y, muy importante, en la valentía (ser responsable de lo que uno hace) en la curiosidad, en el respeto a las instituciones y al estado, en la búsqueda del saber y no en la imposición de las opiniones particulares. Éste es un gran reto que todos tenemos (me incluyo) como padres. No escojamos el camino fácil de echar balones fuera y las culpas para el otro. Seamos valientes, como digo, asumamos lo que somos, lo que hacemos y lo que podríamos llegar a hacer y ser con nuestros esfuerzo y trabajo. Es un gran programa educativo. Pero, primero, los alumnos deben venir educados. Los institutos no pueden ser centros carcelarios llenos de cámaras para vigilar el daño que al inmobiliario causan los alumnos, esa falta de respeto por lo público, o, peor, a otros alumnos. A mí me da vergüenza ver estas cámaras. Pero, lamentablemente, son necesarias porque parece que han persuadido al personal de algunas malas conductas. Y, en el futuro, nos aguarda más…

Con respecto al ébola, a pesar de la confusión, el alarmismo, las contradicciones, la desinformación, en suma; pues tengo algunas cosas claras. Por detrás de la profesionalidad de los médicos y sanitarios en general (que ahora desde altas instancias culpabilizan) hay una mala praxis política. Y ésa es una de las cosas que tengo claras. Y la segunda es la siguiente: si recuerdan, la alarma que se formó con la gripe A, total, para nada, pues fue de escándalo. Pero tiene una explicación, algunas multinacionales tenían vacunas y antivirales contra esta gripe, que no tenía nada de especial, era tan peligrosa  como las demás. Pero hicieron su agosto vendiendo las vacunas y antivirales a los estados, porque crearon una alarma social a nivel mundial, un estado de miedo, que es la forma de ejercer el control y el poder. Y los estados cedieron y compraron esas vacunas y antivirales. No es así con el ébola. Es, o era, una enfermedad de pobres y, además, negros. Y con una forma de contagio muy directa, por tanto con poca capacidad de extensión. Para qué, entonces investigar en una vacuna. No merece la pena. Pues ahora nos encontramos con que llevamos seis o siete meses con este caso y no se ha creado ningún tipo de alarma, precisamente porque no tienen nada que vender. Pero ahora se ha vuelto contra occidente. Bueno, pues a esto, en síntesis, es a lo que yo llamo la “libertad de mercado”. Nada de libertad, puro colonialismo.

 

Cuándo se levantarán los ciudadanos contra los políticos ineptos, los enchufados, los corruptos, los hipócritas, los sinvergüenzas, los que nos insultan a diario nada más abrir la boca, los que nos echan a nosotros las culpas de lo que son sus responsabilidades… cuánto resistiremos. Hoy he leído una frase de una filósofa y economista refiriéndose a las políticas económicas y decía que “España era un laboratorio para probar cuánto puede resistir la población.” Esta mujer es una fuente muy solvente. Pero lo que yo creo es que éste es el país del esperpento. Valle Inclán dio en el clavo.

En torno a la última obra de Rifkin. “La sociedad de coste marginal cero.”

He leído un par de libros y muchos artículos en prensa del señor Rifkin. No he leído su última obra, sólo varias reseñas y una larga entrevista, de modo que mi análisis no es totalmente riguroso. Creo que peca de un excesivo optimismo. Del optimismo de la Ilustración. Aquel que creía en el progreso de la humanidad a partir del progreso de la ciencia y la técnica. Pero ya el mismo Rousseau puso en duda esto. Y todos quedamos avisados de que el desarrollo tecnológico tiene su lado oscuro y nos dimos cuenta definitivamente en la segunda guerra mundial. Igual que nos dimos cuenta de que los estados no  se pueden organizar basándose sólo en la razón. Que las utopías nos llevaban a los totalitarismos. Fue una gran lección de la que aprendimos mal. Porque lo que surgió fue el posmodernismo y con ello la ausencia de la razón que generó la situación actual.

Pero coincido en cosas de las que dice. En principio es necesario un cambio de paradigma. Efectivamente y se dará por el fin del capitalismo. Y, una de las características de la nueva economía y organización social será la de la colaboración. Efectivamente, la de los bienes comunales, que han existido desde siempre. Pero no sólo ese es el cambio. Tiene que haber un cambio ético y político, además de estar vertebrado jurídicamente. Rifkin comete el error de lo que se llama “Imperativo tecnológico”, un tecnicismo filosófico que viene a decir lo siguiente. El desarrollo de la historia y de las sociedades (su organización interna) viene determinado por el desarrollo tecnológico. Eso no es cierto. En mi libro “Una mirada ética a la tecnociencia y el progreso” intento demostrarlo. Eso significaría la eliminación de la libertad y el determinismo tecnológico. La sustitución de la ética y la política por la economía y la tecnociencia. Por eso el autor no habla ni de ética ni de política. Ni le interesan los grandes retos a los que la humanidad se enfrenta. Está cegado por el poder de la tecnología y de lo que se podrá hacer con ella. Pero en su discurso no yace la idea de justicia y equidad. Por otro lado, tampoco le preocupan los grandes problemas mundiales en lo que se refiere a los enfrentamientos de un mundo que se ha vuelto multipolar en el que la guerra es un hecho y la guerra total un peligro demasiado cercano. Como él piensa que la tecnología lo resuelve todo, pues no habla de esto. Es decir, que sigue pensando desde un antiguo paradigma en el que el mundo se divide en dos, el de los ricos (en el que quizás su pronóstico, no sé cómo llamarlo, se cumpla) y un mundo de pobres cada vez más pobres y desiguales. Porque la tecnología no sólo cambiará nuestro entorno, sino que nos cambiara a nosotros mismos, una especie de ciborgs o algo así. Y eso es algo que ya ha empezado y la investigación está muy avanzada. Acabo de terminar un libro de un físico, Michio Kaku, que se titula “El futuro de nuestra mente” y te quedas totalmente asombrado de lo que quizás dentro de unas décadas o un siglo pueda hacerse con nuestro cerebro. Y no es ciencia ficción, no admite nada que sobrepase las leyes de la física.

Y, por último, la idea de una predicción histórica no la comparto. La historia no es una ciencia natural. Incluso hay ciencias naturales como la medicina cuyas predicciones son muy inseguras. Porque, como se suele decir, no hay enfermedades, sino enfermos (digamos que esto es el límite). Hay comportamientos muy diferentes aunque pueda haber un patrón general. Pues a ese patrón general es al que en historia le podemos llamar tendencias racionales con evidencias empíricas de por dónde puede ir la cosa. Pero el más mínimo accidente (teoría del caos) puede cambiar absolutamente el curso de la historia; que, por otro lado, no tiene que ser un progreso siempre hacia mejor. Eso no ha existido nunca en la historia. La caída del imperio romano dio lugar a un retroceso de ocho siglos. La expulsión de los árabes y judíos de España tuvo como consecuencia un retroceso, cultural: científico y filosófico, del que no nos hemos recuperado, por cierto, de al menos cinco o seis siglos. Y, en la actualidad, realmente se va a producir un cambio de paradigma. Pero hay dos opciones: o tomamos las riendas desde la ética, la política y el derecho de ese cambio, o se produce un colapso civilizatorio, como ha ocurrido en todas las grandes civilizaciones que nos llevaría a una nueva edad media. De momento todo apunta a que estamos entrando en esa nueva edad media. Salvo el señor Rifkin y toda una clase privilegiada que podrán seguir viviendo en su burbuja tecnológica, su feudo.

 

 

Este país se va por la borda y la democracia occidental de paso. El neoliberalismo es incompatible con la democracia. No se nos quiere como ciudadanos. Sólo hay que ver cómo nos hablan, como si fuésemos idiotas. Creo que eso de idiota está dentro de lo políticamente incorrecto, de lo que no se puede decir. Así empezaron a eliminar el pensamiento.

Es muy necesario tener en cuenta ante el resurgimiento de los movimientos filonazis, filofascistas o filostalinistas este excelente artículo de Casanova. No se debe olvidar lo que significa el totalitarismo. Aunque, hay que hacer notar, también, que no vivimos en una democracia sino en un régimen autoritario: oligarquía partitocrática. Es necesario huir del canto de sirena de las ideas totalitarias y conquistar la democracia que es un ideal de la razón práctica-política. Es decir, una guía de la acción política nunca alcanzable. No confundir nunca con utopía porque entonces estamos en las mismas: caída en los totalitarismos.

La diferencia entre el hombre blanco y el negro, entre el rico y el pobre, el poderoso y el débil… Hagamos un poco de autoconocimiento porque somos un atajo de ambiciosos caprichosos y egoístas. Privilegiados por mera cuestión de azar. Unos hipócritas de mil pares de narices. Mientras no luchemos de verdad por la justicia universal, mientras no pensemos globalmente y actuemos localmente, cada uno desde su lugar y con los votos en la mano y a los políticos y las multinacionales cogidos por el cuello, seguiremos siendo unos cobardes y, en el fondo, esclavos de nuestras pasiones.

Insisto, no discuto. Todo lo que he hecho al hablar contigo en este intento de diálogo es presentarte diferentes posturas bien documentadas. Eres un iluso al pensar que me preocupa el tema catalán desde hace cuatro o cinco años. La primera vez que atendía a este hecho fue cuando me enfrenté en filosofía política al tema de los nacionalismos hace más de treinta años. No olvides que soy filósofo. Y que yo no estoy opinando. Estoy tratando un tema filosófico, jurídico y político. Esa apreciación tuya denota tu estado intelectual, vives en la creencia. Y como decía Ortega. “En las creencias se está, las ideas se tienen” por tanto uno es esclavo de las creencias y muy difícilmente se pueden cambiar y, con facilidad, tienden al fanatismo. Lo peor es que el fanatismo también puede tender a la violencia porque la masa no tiene conciencia: la identidad con la masa es, precisamente, la pérdida de la conciencia. Es decir de la identidad real. Por el contrario, las ideas se tienen y, por ello, uno las maneja, las critica, las corrobora o refuta, diálogo a través de la tolerancia (suponer que el otro podría tener más razón que yo o, por su puesto, que algo siempre tendrá que enseñarme) Esta es la opción del pensamiento racional. Tú estás en el lado de la creencia. Yo llevo treinta y cinco años de paradoxa (ir más allá de la opinión común y consuetudinaria, más allá del poder en busca de verdades provisionales, que son las únicas que existen). Porque como he dicho muchas veces, pensar es pensar contra el poder. Y, como también he dicho, la democracia es disidencia, no consenso. El consenso es la privación de la libertad política porque es la ausencia del pensamiento. Y eso es lo que pretende el poder, tanto el político como el económico.

Por otro lado, supongo que te cogería en mal momento, porque en mi escrito no decía nada de ti. Hablaba en términos universales y tú entrabas en uno de los grupos, pero no en el que tú pensabas. Yo hablé de la manipulación política. De la maltrecha ciudadanía (y aquí se incluyen tanto españoles como catalanes) que ha dejado de ser tal porque no hay democracia, sino oligarquía partitocratica. Lo de la democracia es un barniz. En lo de la ciudadanía estabas tú. Y luego hablé de la burguesía entendiéndola como el poder económico (la oligarquía: tanto la española como la catalana, que sacará más beneficios). Lo sorprendente, aunque no tanto desde una interpretación realmente de izquierda, es que tú te identificaste con la burguesía. Mira. Tú eres un trabajador autónomo, un explotado, como todos los obreros, un ciudadano engañado, como todos los ciudadanos y casi sin capacidad de actuar para hacer de este mundo un mundo mejor en el que no exista esta terrible desigualdad entre ricos y pobres. Lo que ocurre es que tu conciencia está alienada. Es el instrumento ideológico del sistema para que todo fluya, el aceite de la maquinaria: se le llama ideología. Y la ideología es una creencia. De modo que tu conciencia es la de un burgués, cuando no lo eres. Eso es una falsa conciencia o conciencia engañada. No tienes cientos de millones o miles de millones de euros ni manejas los hilos del poder. Eres un obrero autónomo, con muy pocos derechos sociales, lamentablemente, porque nunca ha habido una izquierda fuerte (radical. Y no confundir radical con extremista: el primero va a la raíz, el segundo es un dogmático) y porque estos pequeños empresarios tienen todos una conciencia alienada. Es decir, se consideran, la burguesía.

No comento lo de los funcionarios porque me parece una auténtica falta de respeto. Ya escribiré un artículo sobre lo que significa el estado y los funcionarios.

Y, personalmente, en cuanto a la independencia catalana, pues me da igual. E, incluso, me alegraría, por los que quieren la independencia y por los que queremos tranquilidad y no que se nos insulte con la torpeza de los discursos políticos, de todos, de los hunos y de los hotros, que diría Unamuno. Por eso se quedó sólo. Pero ése es el precio de la libertad de pensamiento. Pero incluso aquí tengo mis dudas. Habrá, no, hay, mucha gente tanto en España y Cataluña, que, sinceramente le duele la separación. Y mi deseo, que no es más que personal, es injusto con ellos.

Soy un escéptico, ese es otro peso que conlleva la libertad de pensamiento. Y el escéptico no es el que no cree, sino el que busca, no es el relativista: todas las ideas son válidas, no, porque el escéptico es el que se da cuenta de que eso no eran ideas, sino meras opiniones particulares, ideologías, mitos y creencias. El escéptico es un desenmascarador. Pero de todo ello hablo en el prólogo de mi nuevo libro que aparecerá dentro de unos días “Reflexiones de un escéptico”.

De modo que me considero vencido en la discusión porque no he sido capaz de llevarte al ámbito del diálogo. De todas formas los escépticos estamos acostumbrados a perder siempre. Para hacernos fuertes intelectualmente nos ejercitamos en la derrota.

Un abrazo y nos vemos; eso sí, desde nuestra identidad biológica común: homo sapiens sapiens. Era un graciosillo el que le puso el nombre a la especie…

Da pavor asomarse a los monstruos que escondemos. Estos monstruos son los que explican nuestra historia criminal. Y son universales porque pertenecen a la condición humana. La diferencia entre los hombres y lo que puede dar lugar a un mundo mejor es ser conscientes o no de esos monstruos y tratar de dominarlos. Hasta ahora, desde el neolítico para acá, no lo hemos conseguido. La historia está sembrada de cadáveres de los que fueron los perdedores y la hicieron siempre un grupo reducido de ganadores, mientras que el resto trabajaba, de sol a sol, para alimentar a esta élite aristocrática, militar y religiosa… Y, a veces, esa gran mayoría era reclutada para la guerra, para extender los límites del imperio de los fuertes, o para defenderse de otro imperio que los amenazaba y si vencía los eliminaba a todos. Ésa historia no está escrita, sólo puede nombrarse, porque es la historia de la inmensa mayoría de la humanidad. En este preciso momento nos encontramos en una encrucijada histórica pero con características globales. Si tomamos las riendas aún podremos salir airosos, de lo contrario seremos arrastrados por el viento de la historia: el mito del progreso, la inercia tecnológica, el reduccionismo mercantilista…

La democracia como autonomía: la democracia es autónoma en la medida en la que se da a sí mismo la ley. Pero no será posible si no está formada por hombres libres. Es decir, aquellos que son capaces de darse la ley a sí mismos. Las personas libres, sin intereses particulares ni de partidos. Y el camino de la libertad es la Ilustración, el conocimiento. De lo contrario la democracia no es más que el gobierno de los ignorantes manipulados por los diferentes poderes a través del poder mediático y que permiten una oligarquía  partitocrática. Vamos, lo que tenemos ahora mismo y que pretenden llamarlo democracia.

 

La ambición del neoliberalismo no conoce límites. Lo de la maternidad extendida no es más que una de las miles de barbaridades que el sistema neoliberal y su credo cometen contra el ser humano, empezando por el trabajo infantil y el nuevo esclavismo y terminando por los cientos de miles de muertos que el sistema produce como “daño colateral”. Mientras en la clase media se ha introducido el credo del consumo sin el cual la maquinaria del capital no funcionaría. Y aquí todos contentos. Aquí paz y después gloria. Ya sabemos que en las creencias se está y son incuestionables. Pues eso.

 

“Pero la cuestión tiene más enjundia de la que parece. Es una expresión de los cambios que el neoliberalismo económico está introduciendo en el modelo de relaciones sociales, y que dan lugar a lo que el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han define como la sociedad del rendimiento. Como el modelo tradicional de relaciones laborales —sujetas a normas disciplinarias, con jornada laboral y condiciones de trabajo pactadas— no permitía aumentar la productividad, el sistema ha inventado un nuevo modelo en el que es el propio individuo el que fija sus objetivos. Y lo hace en un entorno cultural de máxima competitividad en el que siempre puede hacer algo más para triunfar. El sujeto de rendimiento interioriza de tal modo el sistema de autoexplotación que, como Prometeo, acaba encadenado a una rueda que le hace responsable único de su éxito o su fracaso.”

Esto de los libros de autoayuda es otra. La sociedad está enferma y enferma a sus miembros, los ciudadanos. Distintas formas de vida, distintas formas de estar en el mundo y de sentir, independientemente de los factores genéticos que van a condicionar, que no determinar, la bioquímica del cerebro. La magia, el mito la religión son fundamentales en el bienestar del hombre. Dan sentido a su existencia, son mecanismos adaptativos que han sido exitosos, por ello estamos aquí. Es más, no podemos desprendernos de ellos fácilmente. Ya decía Nietzsche: “No nos veremos libres de dios mientras no nos veamos libres de la gramática”. La ausencia de las religiones tradicionales ha dejado a gran parte de la ciudadanía en el vacío y ello sumado a las exigencias de la vida posmoderna mercantilista y de consumo que nos lleva directamente al nihilismo. Todo ello, decía, ha hecho que el ciudadano se quede sin sentido y huya hacia los libros de autoayuda, las drogas (legales e ilegales), las psicoterapias y demás terapias alternativas. El cura, el psicoterapeuta, las medicinas, la filosofía pueden hacer poco en lo referente a la conquista de la felicidad. En todo caso el psicoterapeuta y el filósofo, cada uno desde perspectivas distintas, pero complementarias, pueden ir a las causas, pero no cambiar la bioquñimica. Por eso son un excelente bálsamo. Pero, sostengo, la felicidad o infelicidad es una cuestión bioquímica que algunos factores externos pueden potenciar. Las medicinas, el psicoterapeuta, la filosofía sirven de gran ayuda pero se tropiezan con un umbral insuperable. Hay gente que es feliz por naturaleza ante la adversidad y gente que es desgraciado por naturaleza en la abundancia.

Por eso, y esto ya desde la filosofía y la ética. Creo que el tema fundamental es el de la libertad, la dignidad y la justicia, no el de la felicidad, que por lo demás es un tema novedoso porque se refiere a una felicidad egoísta y narcisista. La típica de la sociedad posmoderna en la que vivimos. Un saludo.

El dilema. En el fondo el dilema de la democracia y el partidismo. No creo que la condición humana vaya más allá de una pobre participación. Siempre chocaremos con la servidumbre humana voluntaria y con el miedo a la libertad. Se puede mejorar muchísimo la democracia, que en realidad no hay, pero no podemos salir ni de la condición humana que marca nuestros límites, ni de las garras del poder. La cuestión es cómo se legitima el poder y, desde luego, el concepto de igualdad matemática no nos sirve, pero tampoco la obediencia ciega a un líder carismático. Quizás es que la Ilustración, como autonomía, libertad y pensar por uno mismo, simplemente, sea imposible. De lo que se desprende que es necesario un poder y que éste tiene que autolegitimarse. ¿Cómo?...he ahí la cuestión.

Los seres humanos quieren tenerlo todo, pero todo lo abandonan inmediatamente. Y en el afán de tenerlo todo se pierden por el camino y se quedan vacíos de sí mismos. La soledad y el nihilismo es la condena del hombre contemporáneo y, como no, la esclavitud.

 

La humanidad en tanto que característica cultural del hombre es una conquista histórica. No va de suyo con la propia naturaleza humana. Ésta es condición suficiente pero no necesaria. La humanidad no es algo natural, sino cultural. E igual que se conquistó, pero que nunca abarcó a la totalidad del homo sapiens, sino a unos cuantos elegidos y privilegiados occidentales, pues la podemos perder. A esa pérdida es a la que yo llamo entrar en la barbarie, que es precisamente lo que está ocurriendo. Volveremos a perder la dignidad, la que nos queda, y seremos meros objetos con dueño, cosa que también ya somos. Lo que pasa es que como ahora nos ha tocado a occidente no nos habíamos dado cuenta, pero más de la mitad de la humanidad nunca ha sido considerada como persona, ni ha sido dotada de humanidad, ni de dignidad, ni de igualdad, ni de libertad… Y todo ello tiene mucho que ver con occidente que ahora se auto devora. Es la historia del hombre en la que ha habido algunos rayos de lucidez, pero la mayor parte es exterminio, masacre, genocidio, liquidación de la ecosfera, que no es cosa de ahora, sino que comenzó cuando el homo sapiens sale de África y se incrementa en el neolítico, para dispararse exponencialmente tras la revolución industrial.

 

Todavía se empeña este medio de comunicación en mantener lo insostenible. En definitiva si la corrupción es sistémica hay que cambiar el sistema y el sistema es la transición y sus acuerdos o consensos y la Constitución, es decir, una reforma constituyente. Pero es que, además, deja caer que hay algunos antisistemas que aprovechan el estado de corrupción para ir contra el sistema y sacar tajada. Son, según viene diciendo durante meses, los populistas. Es una gran contradicción. Porque los que son contra sistema son los que lo han derrumbado y lo han hecho porque el sistema hizo posible y viable el bipartidismo y la transformación de democracia en partitocracia y ésta es la primera corrupción de la que se desprende todo lo demás. Los grandes medios de control de masas siguen empeñados en mantener el engaño y el tupido velo que nos impida ver que el rey está desnudo. Lo que me asombra es la pasividad de los ciudadanos. Han soportado la corrupción durante treinta años y siguen votando a los mismos. Falta ilustración y sobra servidumbre.

El error de las socialdemocracias europeas es que no son tales, sino neoliberales. Han asumido el dogma y la religión neoliberal hace décadas y están agachados ante el gran capital. Lo consideran como inevitable. Han asumido un determinismo histórico económico con tintes religiosos. Como si la historia tuviese un destino marcado que viene escrito en los dogmas del credo neoliberal.



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