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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2014.

El periodismo, como todo en este mundo del tardocapitalismo y de la nueva religión de la tecnociencia y su mediadora, las nuevas tecnologías de la información, está llamado a desaparecer. Y a ser sustituido por la vulgaridad, la ramplonería, la mentira, la superficialidad, el engaño, la equivalencia de las opiniones y el relativismo más burdo. Es el sino de nuestro tiempo. La superficialidad, la ligereza y la prisa… Todo ello ha sustituido a la lentitud, el sosiego, el reposo, la lectura pausada y meditada, la contrastación, el criterio de autoridad, la validez imperturbable de los clásicos. Es un mundo que agoniza y que se adentra, alegre, contento, engañado, sumiso, persuadido, en la barbarie más oscura en la que todo es gris y en la que se acaba el pensamiento y la libertad.

La desaparición del conocimiento y el saber en manos del saber hacer, el saber mercantilizado y la empleabilidad. En definitiva, la muerte de la universidad. El ideal de la universidad como centro de investigación y transmisión del saber y los hábitos y metodologías de investigación está a punto de desaparecer. Mientras la secundaria se ha vuelto una mala primaria, la universidad se ha vuelto una pésima secundaria. Y el objetivo de toda la enseñanza es el saber técnico. Que no llega a la categoría de científico, es mera técnica. Es un saber hacer, no un saber qué ni por qué. Ahora bien, el saber técnico, el saber hacer es intercambiable mercantilmente. Y el valor del mercado o es el único que existe o el absolutamente hegemónico. Por eso es el que ha de transmitir el sistema de enseñanza. Por eso resulta gracioso oír decir que la enseñanza no debe ideologizarse. ¡Pero si no puede estar más politizada e ideologizada! Es una vía de transmisión de los valores económicos. Y, mientras, nos engañan con las paparruchas del bilingüismo y demás parafernalias que lo único que consiguen es encubrir la segregación y disminuir el nivel de los conocimientos; que, por otra parte, es el objetivo del sistema. Y, entre todo esto, el saber humanístico y científico puro o fundamental, se va al garete, por lo anteriormente dicho. No tiene valor de cambio en el mercado. El profesorado, con perdón, en la inopia, y discutiendo que si la disciplina, que si las llaves de los servicios, que si el plan de limpieza…y así. Así nos va quiero decir. Un mundo orwelliano de engaño y doble pensar. Y, ahora, la farsa de las programaciones con sus competencias (palabra clave del sistema), sus adaptaciones curriculares, por abajo, claro, todavía no las he visto por arriba y eso que he visto a muchos alumnos que se las merecían.  Los cursos de formación de los centros de ideologización de los profesores, con el fin de adoctrinar y cobrar los sexenios… Pero, en fin, esto al sistema no le importa. Seguiremos. Y eso que no hemos hecho nada más que empezar, pero, por mucho que se lo proponga uno, ser positivo -como dicen los coaching, psicólogos y nuevos gurús de turno- es imposible. La realidad es testaruda y se impone.



Me pregunta una amiga. La libertad, ¿duele?

Magnífica pregunta. La libertad duele por varias razones. Para ejercer tu libertad tienes que pensar por ti mismo y eso te aleja de la mayoría, lo cual te lleva a la soledad y, para ser libres, tienes que elegir, aunque parezca contradictorio, lo que debes, no tus deseos. Lo segundo no es más que capricho. Por eso la libertad está relacionada con la consecución de la virtud. Pero, alcanzar la virtud requiere de esfuerzo y ejercicio. Y, una vez realizada, se convierte en hábito o costumbre. En nuestra segunda naturaleza. Y entonces nuestra existencia es plena. La mejor comparación de la consecución de la virtud es el deporte. No se corre un maratón de un día para otro. Y la libertad, en el ejemplo del deporte consiste en nuestra capacidad de elegir ir o no a entrenar, o buscarnos cualquier excusa. Habría que escribir un tratado para responder. Me encanta la pregunta por su sencillez y contundencia.

“Viktor Frankl sobrevivió a cuatro campos de exterminio, incluido Auschwitz, donde pereció asesinada toda su familia. De aquella experiencia atroz extrajo una enseñanza que luego formulaba: “quien tiene un por qué vivir, encuentra siempre un cómo.”

En la posguerra retoma su trabajo como psicoterapeuta. Cuando uno de sus pacientes le dice que se encuentra deprimido, Frankl replica, completamente en serio: ¿y por qué no se suicida usted?

Típicamente su interlocutor responde que no lo hace porque ama a alguien o a algo (quizás en la forma de que desea llevar a cabo un proyecto). Entonces Frankl le recomienda poner toda su energía –toda la fuerza de Eros- en cultivar ese vínculo, cuidar a esa persona…, o crear las condiciones para la materialización de ese proyecto.” De Jorge Riechmann, “Ahí es nada. Nuevos ensayos sobre el mundo y la poesía.” Colección Gallo Negro.

“Esta mañana, en la radio, tres locutores y una locutora se carcajeaban unánimemente de la gilipollez del aborigen australiano que había rechazado los 5.000 millones de dólares ofrecidos por una multinacional minera francesa a cambio de convertir las tierras de sus antepasados en una mina de uranio. Contesto, ”Este lugar es sagrado. No estoy interesado en las ofertas del hombre blanco. No me importa el dinero, ya tengo un trabajo, y en nuestras tierras puedo ir a pescar y a cazar…” Los insultos radiofónicos se amontonaban: qué imbécil, que iluso, qué desperdicio humano…

Lo más monstruoso de esta civilización monstruosa sucede cuando dejamos de apreciar su carácter monstruoso.

Estamos siendo sepultados bajo el peso de la información, que es confundida a menudo con el conocimiento; además se confunde la cantidad con la abundancia y la riqueza con la felicidad…

La gran propuesta existencial de esta vomitiva sociedad mediática: existir para los otros es aparecer en televisión (de manera más genérica, en las pantallas de la sociedad del espectáculo). Francamente, prefiero el viejo, lento y buen espulgamiento de los chimpancés.

Humanismo del ser humano inexistente. Trabajar por la dignidad humana es, también, una de las artes de lo imposible.” De Jorge Riechmann “Nuevos ensayos sobre poesía y el mundo” Ed. Gallo Negro.

El pensar es un espacio de libertad. Yo siempre lo he concebido así. Es una herencia griega e ilustrada. El pensamiento nos lleva a la libertad. O la libertad es una conquista del pensamiento y del ejercicio de la virtud. Pero la libertad, per se, no es un bien, como puede serlo, la salud, sino un ejercicio del vivir y de la virtud que requiere un esfuerzo y, las más de las veces, produce dolor. Para empezar te aleja de la multitud que se te presenta como rebaño y para continuar te enfrenta al poder, al pensamiento establecido. De ahí lo de la servidumbre humana voluntaria; que es lo que la mayoría de la gente quiere: obedecer.

Los dueños del mundo entendieron perfectamente a Platón. Hace unos años yo decía que de que los políticos se enterasen de lo que Platón decía se iba a caer del temario de Historia de la Filosofía. En definitiva, la pregunta política de Platón es quién debe gobernar. Y su respuesta es que los sabios o filósofos. El pueblo, no. Es la crítica feroz de Platón a la democracia que había matado a su amigo Sócrates. Un gobierno justo no puede matar a un hombre justo como es el caso de Sócrates. Luego, la democracia, como gobierno del pueblo, no es un gobierno justo. Y no lo es porque es el gobierno de los ignorantes: de aquellos que viven instalados en la opinión y no en la ciencia. Pues bien, pasados los años he comprobado mi gran error. Los amos del mundo han creado una sociedad, un estado platónico en el que la democracia es ficticia, es el engaño de la caverna platónica. Creemos que gobernamos nosotros y tenemos la libertad de decir lo que nos venga en gana y de votar a quien queramos, pero, en realidad, es un gran engaño. Son los medios de control de masas y del pensamiento los que nos ofrecen la alternativa política, que, por cierto, aunque enmascarada en distintas siglas, sólo es una, incluido a los de Podemos (por concretar y hablar del caso español, a pesar de sus grandes virtudes como la de jugar el papel de desenmascarar el engaño, pero quedarse en la puerta y participar de él), por tanto, la isegoría es aparente, porque en el fondo no hay alternativa más que la que se nos muestra e, incluso, dentro de la caverna, se nos hace creer que hay diferentes alternativas. Falso. Eso no es más que juego y entretenimiento de los demagogos para mantener al pueblo en el engaño. Luego llegan las elecciones y se les dice al pueblo, desde la más cínica demagogia, que es soberano. Soberano, ¿de qué? Si no tiene oportunidad de pensar. Si sólo existe un pensamiento único. No existe la libertad política, sólo la de opinar. Por cierto, que para eso el poder se ha encargado de adoctrinar al pueblo haciéndole pensar que todas las opiniones son respetables, por tanto, iguales. Relativismo, ausencia de pensamiento.

Y, por otro lado, tenemos a los gobernantes que Platón nos decía que tenían que ser los sabios o los filósofos. Él decía, los que poseían la filosofía verdadera, es decir, que sólo existe una forma de pensar. Volvemos al pensamiento único y al pensamiento hegemónico. Pues bien, eso es lo que ocurre en nuestro mundo y en nuestras supuestas democracias occidentales: es el gobierno de los mejores, que son los más sabios: tecnócratas (casi todos ellos economistas ortodoxos) y ricos Y, como resulta que participamos del gran engaño y el engaño es hacernos pensar que vivimos en democracia y que poseemos libertad política, pues el pueblo está absolutamente maniatado, pero, de forma inconsciente, porque él piensa, desde su ignorancia, que es muy libre. Pero no lo es, porque a pesar de la libertad de expresión no hay libertad política. Y si a esto le sumamos la propia condición humana: la servidumbre humana voluntaria. Es decir, que preferimos obedecer a actuar por nosotros mismos. Pues, nuestro gozo en un pozo. Apaga y vámonos. Bienvenidos al desierto de lo real.

"El hombre no debe comportarse con frivolidad ni desenfreno, ni debe caer en la tristeza ni en la melancolía, sino que debe ser alegre." Maimónides.
Muy semejante al principio aristotélico de la virtud. La virtud como el medio entre dos vicos. Pero se ensalza algo importante que aparece en los estoicos y después, sobre todo, en Spinoza: la alegría de vivir como la máxima virtud y el único camino hacia la felicidad. La alegría es la idea adecuada sobre nosotros mismos. La que se corresponde con el conatus: el ser intenta por todos los medios persistir en su ser. Pues la mejor manera de que el hombre persista en su ser es a través del sentimiento de la alegría que, como decía, es la idea adecuada de sí mismo e implica la aceptación plena del ser, de nuestra existencia, por tanto, porque todo lo que ocurre, ocurre por necesidad. No olvidemos que el determinismo es clave para la felicidad en Spinoza, como lo es en los estoicos.
P.D. Dejen los libros de autoayuda y vayan a los clásicos. Por lo menos les harán pensar. Lo otro es una patraña y una estafa, además de un montaje para enriquecerse ciertas editoriales y ciertos autores mediocres.

Otro artículo laudatorio del señor Botín. Esta vez a cargo de un experto investigador en biomedicina y biotecnología. No dudo en absoluto de su excelencia en su materia, probablemente de los mejores de España, por algo lo contrató el señor Botín. El problema es el engaño. Se confunde desarrollo científico y social, con interés para el mercado. Lo que le interesa a la banca de la ciencia es su valor útil para el mercado, no lo mejor para la sociedad. No el desarrollo humano y social. Eso es una mentira y una patraña. Un puñetero engaño en el que caen hasta los más excelentes  científicos a cambio de un buen plato de lentejas. La investigación científica hoy en día, no tiene nada que ver con el conocimiento del mundo y de la verdad, estos ámbitos están muy reducidos y poco subvencionados, no te digo nada en las humanidades. Qué banco va a promocionar con mucho dinero la investigación sobre el caso Galileo contra el poder de la iglesia, por ejemplo. O el significado de la muerte de Sócrates para la sociedad y la democracia o el origen de la tragedia en Grecia y su repercusión en la configuración y estructura de la sociedad, así como en el surgimiento de la ética y, posteriormente de la ley: el derecho. Estas investigaciones sí que plantearían un desarrollo humano y social. Pero esto no da dinero. Ahora bien, inventar una pomada para evitar las arrugas a partir de los treinta, pues sí dará dinero. Tampoco da dinero la investigación sobre el ébola. Qué más da, son países pobres. Tampoco iban a pagar por los medicamentos, no tienen dinero. Qué nos importa que mueran cada cierto tiempo, por un brote de ébola, unos cuantos miles de negros. Eso no tiene nada que ver con el desarrollo humano y social. Está uno ya cansado de engaños, de mitificaciones del poder, de nuevos redentores y de magos y demagogos que se esconden detrás de las más ilustres palabras. Venga ya.

¿Qué es el hombre? No podemos entenderlo sin la tecnología y sabemos que las nuevas tecnologías nos han transformado. El hombre se está autoconstruyendo. La advertencia que yo creo que hay que hacer es que hay que huir de la tecnofobia y de la tecnofilia. El hecho de que el hombre es un animal técnico es irrenunciable, pero también lo es el hecho de que es un animal ético.

¿Qué es el hombre? No podemos entenderlo sin la tecnología y sabemos que las nuevas tecnologías nos han transformado. El hombre se está autoconstruyendo. Es necesario tener en cuenta que nuestra propia condición biológica es la de un animal abierto al mundo. Nosotros no tenemos una adaptación al medio, sino que creamos un mundo a través de la cultura. Pero ésta sale de nuestro cerebro en interacción con el medio. De tal manera que construimos a la vez que nos construimos. La cultura, nuestra segunda naturaleza, es, como si dijésemos, nuestra forma de adaptación al medio. Forma de adaptación, que no es tal, sino transformación. Todo ser vivo al adaptarse, de alguna forma, transforma el medio. Lo que sucede es que el homo sapiens es consciente de ello y crea utensilios (técnica y tecnología) para tal misión. La advertencia que yo creo que hay que hacer es que hay que huir de la tecnofobia y de la tecnofilia. El hecho de que el hombre es un animal técnico es irrenunciable, pero también lo es el hecho de que es un animal ético. Y esto segundo es lo que no hay que olvidar. Porque resulta que las sociedades tremendamente complejas que hemos construido han olvidado o están olvidando esta dimensión absolutamente irrenunciable, pero no porque queramos, sino que por naturaleza somos animales éticos. Otra cosa es el tipo de ética y moral que hayamos construido a lo largo de los tiempos. Lo que sí está claro es que en nuestra dimensión ética debemos tender a la defensa del hombre en tanto que ser dotado de dignidad, por tanto un fin y no un medio. Y esto es algo difícil porque el uso de la tecnología y nuestra dependencia absoluta de ella nos transforma en medios, más que en fines. Con lo que nos convertimos en objetos y dejamos de ser sujetos. Y, en segundo lugar, hay que intentar defender la universalidad de los principios éticos fundamentales, como es el que hemos mencionado de ser seres dotados de dignidad.

La defensa del hombre como un animal ético nos enfrenta directamente al poder, en la medida que éste, y más en las sociedades tardocapitalistas absolutamente tecnificadas, va a tender a reducirnos a objetos. El ejercicio del pensar se transforma en un acto de resistencia. En una acción revolucionaria.

 

Efectivamente, estoy de acuerdo contigo totalmente. La felicidad también se puede conquistar. Pero si te das cuenta esa conquista tiene que ver con la compasión. Es decir, con una virtud que se realiza en relación con los demás. Si se practica la meditación sólo por el hecho de alcanzar tú mismo la felicidad se cae en una gran contradicción. Que es lo que pasa en occidente, claro, que no entienden la religión oriental, porque están fuera del contexto. Antes que el amor al prójimo y la caridad cristiana aparece en el budismo el concepto de la compasión; incluso más universal porque va dirigido a todos los seres vivos. Y para llegar a esta compasión verdadera del otro tienes que dejar de ser un yo, el nirvana, cosa que alcanzas a través de la meditación. Entonces es cuando la compasión, la ayuda al otro no es un acto egoísta y proporciona felicidad. Pero ya no podemos hablar de felicidad de un yo. Porque ya no hay ese dualismo, no hay ese yo. Entonces lo que podemos decir es que no hay sufrimiento. Esto lo entendió también después el cristianismo. El mismo San Agustín lo decía. Hay dos caminos para llegar a dios: el de la interiorización y el de la caridad. Uno es feliz cuando ayuda a su prójimo (es la enseñanza del evangelio: la parábola del buen samaritano y el sermón de la montaña). Pero cuando esa ayuda es desinteresada, se convierte en una forma de ser y uno se disuelve en la compasión hacia el otro.

En cuanto a lo segundo es, precisamente, lo que a mí más me preocupa. Que hoy en día la felicidad está dentro del mercado. Dentro de la cadena del consumo. Y a mayor “felicidad” de este tipo, consumo compulsivo de todo, menor libertad y virtud y, por tanto, el hombre se convierte en objeto y deja de ser un sujeto dotado de dignidad y respeto. Un objeto en manos del poder, manipulado y cosificado. Y precisamente olvidamos el tercer principio de la ilustración: la fraternidad. La libertad y la igualdad la hemos conquistado en cierta medida, aunque las estemos perdiendo, pero la fraternidad ha sido la gran olvidada.

El libro que has citado es estupendo para lo que hemos comentado e ilustra perfectamente todo este proceso. Buda, y esto es lo que se le olvida al occidental, no busca la felicidad, lo que quiere es entender el porqué del dolor en el mundo. Y si nos vamos al cristianismo el concepto de redención es el mismo. Redimir al mundo del dolor, el sufrimiento y la injusticia a través del amor al otro. Y si nos vamos al tercer pilar del eje axial, que decía el médico y filósofo Jaspers, Sócrates; pues éste nos dice que es mejor padecer una injusticia que cometerla. Su vida es un ejemplo de ello, pero mucho más: el juicio, la condena a la que fue sometido y su muerte.

 

Aprender hábitos, costumbres, orden. Eso es la disciplina, no tiene nada que ver con el castigo, ni la violencia ni la represión, sino con la canalización. Porque educar es guiar ejemplarmente. Y sobre esa base surge la creatividad, no desde la nada como piensan los nuevos pedagogos. Sin autoridad y disciplina no hay educación, ni respeto, ni ansia por saber y por querer ser mejor y llegar a la excelencia.

El problema ecológico o ecosocial es el mayor problema al que se enfrenta la humanidad. Porque en él se encuentran todos los demás problemas. Por eso hay que tener una visión general de la sociedad para resolver lo que es un problema civilizatorio, que pone en cuestión la propia existencia de la civilización humana tal y como hoy la conocemos. El cambio climático es uno de los grandes problemas dentro del problema ecosocial. Pero no habrá solución mientras que no cambiemos de paradigma, de visión del mundo. Y, mucho me temo, que seguimos anclados en una visión productivista, en una economía del crecimiento. Cuando realmente el paso hay que darlo hacia una mentalidad, no de la producción sino del cuidado y la austeridad y no del crecimiento, sino del decrecimiento. El progreso hay que entenderlo como progreso humano, no económico y éste es el camino que nos marca el paradigma del decrecimiento y el ecosocialismo.

Ya está bien de la intromisión de la moral privada en la ética civil. El religioso o teólogo tiene la libertad de expresión de sus ideas y creencias, pero no de arremeter contra principios universales como el de la dignidad de la persona. Su moral particular puede ser aceptada como un punto de vista particular a discutir y tener en cuenta en el ámbito de lo público y puede ser seguida por cualquiera que sea creyente, pero no puede tener la intención de imponerse a la sociedad en su conjunto. ¡Qué lejos estamos del laicismo!

La verdad tiene muchas caras y las circunstancias tanto de la persona como del tiempo son mudables. No existe algo así como la verdad. La verdad tiene matices y esos matices tienen que ver con la interacción con la persona. Muchas veces la verdad es la que uno quiere que sea. Otras es necesario desvelar la verdad para iluminar al que anda perdido. Otras es necesario decir la verdad porque el otro la demanda. Otras, el otro demanda que no digas la verdad porque la sabe. Otras, demanda que no le digas la verdad porque la verdad es su autoengaño, su pequeño o gran delirio que lo salva del sufrimiento. Otras la verdad es necesaria para sacar del engaño que ejerce el poder sobre nosotros, los más débiles. La verdad, a secas, suena como algo unívoco, con un solo sentido. La verdad es algo que se da en relación con. Y es esa relación la que la construye. Como ejercicio de reflexión o meditación yo propongo que pensáramos en la frase de los evangelios cuando Jesús dice, yo soy la Verdad, y Pilatos responde: ¿y qué es la Verdad?

Los programas basura buscan opiniones, creencias, formar espectáculo. No buscan el saber. Y así siguen alimentando el relativismo de las opiniones, el todo vale, el desprecio del intelectual (desgraciadamente muchos de los que se dicen tales se prestan al juego), del sabio, del científico. Y de esta forma el verdadero saber queda oculto en el mero entretenimiento que encima alimenta las bajas pasiones del pueblo.

Este es el ejemplo clarísimo de nuestro nivel cultural. Lo siento, pero así no puede funcionar una democracia. Los medios de desinformación y control de masas son responsables, claro, y, sobre todo su dueños, que son los que quieren el control de nuestras mentes. Pero ello no nos exonera de nuestra parte de responsabilidad. Por España no pasó la Ilustración, sólo la tocó y los ridiculizamos. Pero, lo peor es que aún está muy lejos. Una democracia como el gobierno de los ignorantes no es una democracia es demagogia. Y eso desde hace veinticinco siglos. Que no es nuevo, vamos.

“La última vez que me invitaron a intervenir en un programa televisivo me advirtieron enseguida de que podía hablar de todo menos de literatura. ¿La razón? Que los jóvenes no leen y que el público del programa al que me invitaban era mayoritariamente joven. La advertencia no me pilló por sorpresa, pues ya en otra ocasión, no sé si en esa o en otra televisión, tras aceptar acudir a ella, me habían aconsejado que no hablara más de un minuto y medio seguido porque, según el presentador, a partir del minuto y medio “el espectador normal desconecta”. Fue el último programa al que acudí. Desde entonces, cada mañana rezo una oración, la única en todo el día: “¡Señor, sálvame de mis compatriotas!”. Julio Llamazares

El acoso entre los menores es algo más común de lo que nos parece. Este acoso es auténticamente criminal. Destroza la vida del acosado, se ve absolutamente indefenso. En torno a él se hace el silencio más ensordecedor. La cobardía les juega una mala pasada. Sus compañeros no se atreven, por miedo, dicen, a denunciar el caso. Y el acosado se ve obligado a sufrir en solitario, sin ningún apoyo, esa auténtica tortura que dejará una huella en su vida inolvidable, tanto que la transformará, sufriendo para siempre de angustia, miedo, depresión… eso si es que no acaba con ella por medio del suicidio. La juventud está un tanto enloquecida y las nuevas tecnologías amplifican ese estado y las lleva fuera de control. Los acosos aumentan. Los jóvenes han perdido el norte de las reglas y normas que rigen la sociedad. Son pequeños egoístas-tiranos a los que se les ha dado todo y están acostumbrados a ver que todo está permitido, que la corrupción rampla por doquier y que es inaccesible a la justicia. No encuentran ejemplaridad pública. Y donde la tienen, en el lugar más cercano, sus padres y sus profesores, en general, pues no la reconocen. Es más, la rechazan. E, incluso, se burlan. Todo esto crea un clima de invulnerabilidad que hace que la rebeldía se torne en moneda común y que los casos de acoso proliferen. Es un grave problema que debe comenzar por la ejemplaridad pública de las instituciones que demuestren que no todo vale, que existe algo así como la responsabilidad y la dignidad y el respeto a las personas.

La superpoblación es un problema medioambiental. Pero la solución de las élites es la eliminación de gran parte de la población. Esa no es la solución. En realidad, es la misma que ha habido a lo largo de la historia con las guerras, las hambrunas y las epidemias. Pero hoy la tecnología nos ha hecho pasar por encima de ello y de ahí el crecimiento de la población. Probablemente la naturaleza nos tenga reservada algunas sorpresa, ya sabemos el problema que se nos viene encima con los antibióticos, por ejemplo, pero mientras, ¿cuál es la solución? Desde luego que el exterminio, no. Creo que hay una vía que es el decrecimiento y el fin del capitalismo tal y como lo conocemos. Y la crisis en la que estamos quizás sea el principio del fin.

Sobre todo lo del mito rouseauniano del buen salvaje, que, ni si quiera el mismo Rousseau defendió. Los nuevos pedagogos deberían leer de nuevo el Emilio de Rouseau. El objetivo de la educación es alcanzar la virtud y si se educa en ella es porque la tendencia natural es el vicio y es de lo que partimos. Lo del buen salvaje no está en el Emilio sino en el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres. Y el mismo Rouseau, cuando habla del estado primitivo, nos dice que éste nunca existió, que está contando un cuento, una alegoría para que entendamos en qué consiste la bondad y la virtud hacia la que debemos caminar. De nuevo partimos del vicio o de la tendencia al mal. Los niños no son ni enteramente inmaculados ni perversos demonios. Son animales sociales que se construyen a través de sus relaciones. Y son éstas las que los convierten en una cosa o la otra o, lo más normal, una mezcla en perpetua lucha interior. Los pedagogos se inspiran en Rousseau, pero éste habló metafóricamente. Su intención era la crítica del progreso. Es decir la unión de progreso científico técnico y bondad ético-política. Fue el primero que se dio cuenta de este error ilustrado que ahora los pedagogos, como los economistas ortodoxos repiten. Y así nos va.

Percibimos más el acoso simplemente porque se ha amplificado, como se ha amplificado todo en esta sociedad del desbordamiento total.

Es insoportable la actitud moral paternalista y acusadora de la iglesia en España. No es de recibo que una organización religiosa, sostenida con dinero público, casi absolutamente, quiera marcar las reglas morales de toda una sociedad éticamente plural, o, lo que es lo mismo, democrática. Es, simplemente, un acto de cara dura, de sinvergüenza, en el sentido moral de la palabra. Es decir, aquel que no siente vergüenza de las consecuencias de los actos. La iglesia debería callar. O, mejor, pedir perdón a toda la sociedad española por sus crímenes, no sólo del pasado de la inquisición, centro europeo del terror, sino de su connivencia con el franquismo, absolutamente demostrada por los historiadores. Su último gran crimen fue la participación activa en el genocidio franquista y su plan de exterminio. La iglesia no tiene vergüenza. Tenía que asumir que se debe autofinanciar y no chupar de la teta del estado y luego pretender, habiendo sido una organización absolutamente criminal, dar lecciones de moral. Esto es de juzgado de guardia. Y no se deberían permitir estos discursos que atentan contra la libertad de acción y de pensamiento de todos los españoles. Para empezar hay que cortarles el grifo del dinero a estos señores, en segundo lugar hay que desalojarlos de la escuela pública y en tercer lugar, hay que aclararles qué lugar ocupan, en pie de igualdad, con el resto de españoles y organizaciones no gubernamentales y religiosas. Y, por último, deberían pedir perdón por los crímenes del genocidio franquista de los que fueron, no sólo consentidores, sino personal muy activo y comprometido.

 

La educación acabará privatizada prácticamente en su totalidad. Los centros públicos serán marginales y su gestión se parecerá más a una gestión privada-empresarial que a un servicio y función pública. Se ataca a la educación pública, a la sanidad pública, a la justicia…y se ataca a los funcionarios, sustentadores del estado. El camino está claro. Lo que quieren los poderosos está claro. Una escisión clara entre ricos y pobres, fuertes y débiles, élite y marginados. Y, si de paso, todos esos marginados van muriendo, pues nos encontramos un alivio para el problema de la superpoblación.

Todo nacionalismo es mítico. Es decir, todo nacionalismo es un irracionalismo  y se alimenta del milenarismo mesiánico. Así surgieron en el siglo XIX y así siguen siéndolo en el XX. El español, lo mismo. Y lo hemos sufrido en su mayor esplendor durante el franquismo, todos. Y ahora lo volvemos a sufrir con nueva fuerza con el gobierno de la derecha. Pero el nacionalismo independentista catalán es de libro. Cumple todas las características de lo que es el mesianismo en el mito nacionalista. ¡Qué le vamos a hacer! Así es la historia. Se independice o no Cataluña, lo que me da exactamente igual, no evita la verdad histórico-filosófico e incluso teológica de la relación del nacionalismo con el mito y, por cierto, de su exclusión democrática. Porque es una creencia compartida, una ideología, una religión y no una idea que se pueda discutir. Y la democracia, que no la hay en ningún lado, por otra parte, se alimenta de ideas, del logos, no de creencias.

De nada, Miriam. Supuse que te iba a interesar. La actitud es la del respeto. Por eso al mundo árabe le falta una Ilustración que es la que acaba con la superstición religiosa, con su poder, con su relación política con el estado y la relega a su lugar natural que es la creencia privada. Por supuesto que están autorizados a intervenir en el debate público, pero desde la isegoría, la misma posibilidad de hablar y expresar ideas y creencias para todos. Entonces tienen que verse obligados a admitir las ideas del otro y dialogar con él en pie de igualdad, no desde la postura de la posesión de una supuesta verdad. Esa es una de las conquistas de la Ilustración que costó siglos y cintos de miles de muertos. Y, aún hoy, el cristianismo quiere ser una voz especial. Por otro lado el pueblo debe ser educado en el hecho religioso y su historia, no adoctrinado. Porque somos animales religiosos, en primer lugar, y porque somos hijos de nuestra tradición la cual debemos conocer. Así mismo, la pérdida de la religión es una pérdida de valores, de ética y de espiritualidad. Por eso es necesario su conocimiento. El hombre, como ser religioso, busca otros dioses. Y los dioses que se nos ofrecen hoy en día son tan peligrosos como los tradicionales: el éxito, la eterna juventud, la belleza, el dinero, las nuevas tecnologías, vivir el momento (pero no en sentido espiritual, sino hedonista-nihilista) De ahí tanto desasosiego. Porque en estos dioses no hay espiritualidad, no emana el bien ni la justicia, todo lo contrario, fomentan la ignorancia, la competitividad y el egoísmo. El ateísmo, que también es mi postura, no debe nunca abandonar la ética. Debe ser militante. Es decir, tiene que intentar convencer a los demás de las supersticiones en las que viven, ya sean religiosas o falsas espiritualidades, o pseudocientíficas. El ateísmo debe ir acompañado de una ética civil que es el laicismo que implica una democracia radical, no lo que tenemos ahora. Me alegro que te haya interesado.

No sé si esta iniciativa (la reunión de los máximos científicos en España: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/09/26/actualidad/1411753317_144584.html) es buena o hace de la ciencia un espectáculo. Supongo que lo es. Pero lo que sí está claro es el nivel de analfabetismo que inunda nuestro país. Los españoles no son capaces de nombrar a ningún científico importante, actual o histórico, pero tampoco son capaces de nombrar a ningún filósofo, poeta, pintor, arquitecto. Nada de nada. Y, mucho menos, el significado de su obra. Es absolutamente lamentable. Sigo insistiendo en el dilema platónico: la democracia no es un gobierno justo porque es el gobierno de los ignorantes. Dicho de otra manera. Un país no puede ser democrático cuando el periódico más vendido es el Marca, creo y cuando la televisión se reduce a programas basura de los que se vierten falsos valores que, como diría Rousseau, corrompen al hombre. Ante todo esto la educación, encima, tal y como está, tiene muy poco que hacer.

La sociedad del malestar, la sociedad del cansancio. Hemos creado una cultura en los últimos cuarenta o cincuenta años que reduce al hombre a un mero objeto que es tratado, considerado y medido científicamente. Un objeto que tiene una única misión: consumir y trabajar para consumir. Los valores tradicionales han muerto, las religiones tradicionales, también. Sólo nos quedan los nuevos ídolos que la sociedad de consumo de masas nos ofrece de forma rápida. No nos da tiempo de agotar uno cuando se nos ofrece otro. Se nos ha exigido que tenemos que estar al cien por cien en  nuestro trabajo. Nuestro trabajo ya no es tal, sino que es precariado. El individualismo egoísta nos acecha, la competitividad crece. La soledad y el sinsentido aumentan. Pero el sistema tiene la solución, a la par de que se inventa enfermedades (las multinacionales farmacéuticas) tiene preparado todo un arsenal de pastillas, fundamentalmente: ansiolíticos y antidepresivos para tratar a los supuestos enfermos. Cuando en realidad la enfermedad es la sociedad. A esa medicación acuden tanto personas realmente enfermas (angustia y depresión endógena que se dispara por factores externos con facilidad) y exógenas: causas externas transitorias. El caso es que estas últimas cada día aumentan más. Y estas medicinas, los ansiolíticos en particular, crean una fuerte adicción de la cual es difícil salir. De modo que una sociedad enferma crea enfermos imaginarios que lo que hacen, en definitiva, es obedecer al propio sistema, quedarse sin mecanismos intelectuales de defensa, sin poder pensar que lo que hay que hacer es transformar la sociedad, que ellos son víctimas. Es una forma más de control. El viejo “soma” de “Un mundo feliz” de Husley.

El fanatismo está aquí y en el gobierno. El catolicismo muestra su cara más fanática, intransigente, antihumanista, reaccionaria que posee. El germen del fanatismo está en las tres religiones del libro. La diferencia es haber pasado por el tamiz de la Ilustración o no. Se nota que en España la Ilustración nunca llegó y nos quedamos en una cultura de sacristía, superstición e irracional.

Y, por otro lado, nos encontramos con que la extrema derecha no existe en España porque ha sido absorbida, pero no neutralizada, por el PP.

Pero hay que tener en cuenta que hoy vivimos inmersos en otra religión que nos impone sus valores a fuego y que tiene sus cientos de miles de muertos diarios. Es la religión del progreso, el cientificismo digitalista, el mercantilismo neoliberal capitalista. Y, todo ello, está perfectamente trabado y unido. No son cosas separadas. Forman un cuerpo ideológico religioso tan peligroso como las religiones tradicionales. Es necesario recuperar el proyecto ilustrado porque lo que vivimos es una Ilustración desbocada.

Evidentemente lo que se nos está proporcionando desde la ciencia es otro mito mesiánico. Y el problema de este mito mesiánico es que mientras perdemos energías en la creencia y la espera de este mito alimentado por el mito del progreso y la religión del cientificismo, perdemos la posibilidad de resolver y enfrentar los problemas reales a los que la humanidad se presenta. Esto no es más que charlatanería. Y lo digo desde el más profundo amor a la ciencia y al conocimiento. Pero es que estos señores, en nombre de la ciencia, han invadido el terreno de la filosofía y la ética a las que, previamente, han declarado muertas y desaparecidas en combate. Esto no es más que un reduccionismo simplón y una huida hacia adelante. Me quedo con el segundo volumen de Jorge Riechmann de su trilogía de ensayos sobre la ética de la autocontenciaón. “Gente que no quiere ir a marte”.

El discurso ético siempre tiene que estar por encima del científico. Hoy en día la tecnociencia está por encima del discurso ético y, peor aún, el mercantilismo, sustentado en una psedociencia, la economía neoliberal u ortodoxa, está por encima de la tecnociencia: la ha convertido, como todo, en mera mercancía.

Es absolutamente necesario que el problema del cambio climático sea un problema, además de científico-técnico y político, estrictamente moral. Es un problema de responsabilidad de nuestros actos. De las consecuencias catastróficas que tienen nuestros actos basados en un modo de vida. Lo que hacemos hoy afecta al presente en otros lugares y al futuro. A las siguientes generaciones. De ahí, el principio de responsabilidad que proponía Hans Jonas. Si no se inicia un diálogo desde este principio, imperativo podríamos decir, ético no vamos a ninguna parte. Sólo le daremos vueltas al problema y no nos implicaremos. Sin embargo, como seres morales que somos este problema requiere de nuestra implicación porque afecta a los otros. Y nos construimos como personas, seres inevitablemente morales, en relación con los demás.



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