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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2015.

Pues me parece estupendo. Y sí es cierto que coincide con tu tesis. Eso pasa muy a menudo y es enriquecedor. Y coincide también con mi visión holística y humanista de la medicina. Y, además, con mi materialismo emergentista. Fíjate que habla de la unión de la mecánica cuántica, nivel inferior, con la biología. De todas formas es una idea filosófica, sobre todo de las filosofías místicas, más oriente, de siglos. Recuerdo un libro que leí sobre misticismo oriental y misticismo occidental, hará unos treinta años y acababa diciendo que la ciencia, en este caso se estaba refiriendo a la física y los extraños sucesos cuánticos, cada vez se acercaban más a la sabiduría antigua. Es decir, que ha habido dos caminos, el racional y el místico. Cuando hacía el bachillerato, que no sabía si hacer medicina, leí un libro sobre las enfermedades psicosomáticas y mantenía las mismas tesis, pero a nivel de hipótesis que esta científica. No tenía la base bioquímica experimental. Y en los años 90 vi un documental científico, en el que probablemente intervendría esta mujer, lo tengo grabado en los viejos videos, porque lo solía poner en la asignatura de ciencia, tecnología y sociedad, en la que se trataba específicamente este tema. La relación entre la inmunidad y las emociones. Pero no se habían encontrado, de momento, las sustancias (endorfinas y neurotransmisores) procedentes del cerebro en la sangre que podían afectar a las células. Y ahora ya se tiene, según esta científica, evidencia de ello. Es increíble. Claro lo que sí mostraba eran estudios de curaciones o mejorías de diferentes enfermedades, incluido el cáncer, dependiendo de los estados de ánimo, de las emociones. Y, de paso, se intentaba explicar el fenómeno de la sugestión y el placebo. Lo que dice esta científica es una buena base para explicar todo esto.

Y, si te das cuenta, se utiliza el término de libre albedrío, la libertad en su versión clásica, en el sentido de decidir la acción y la aceptación. Es muy importante porque esta mujer deja atrás el cientificismo, para ofrecernos una visión antropológica-filosófica del hombre, desde una base científica sólida. Porque las visiones filosóficas, sin base científica, o bien son ideas fecundas para la investigación científica, o bien no son más que especulación o palabrería. Y, por último, a mi manera de ver, está muy en consonancia con la terapia de aceptación y compromiso.

La muerte es tema fundamental de la filosofía. Dos de los mayores sabios dicen cosas aparentemente contrapuestas, pero iguales en el fondo. “Filosofar es prepararse para la muerte.” Platón y Spinoza nos dice “En nada piensa el sabio menos que en la muerte”. Pero Camus nos advierte en “El mito de Sísifo” lo siguiente “La única cuestión relevante en la filosofía es la del suicidio”

Copio este texto del final de la obra de Toni Montesinos. “Melancolía y suicidios literarios” en la que se hace una profunda investigación de suicidas ilustres de la historia y se indaga sobre sus causas. Que las hay de todo tipo.

“Suicidio como juego (Green), como obsesión (Pessoa), como consuelo reflexivo para seguir viviendo (Cioran), como fin de la locura (Wloof), como final de la desgracia (Quiroga), como término de una dolencia continua (Ramos Sucre), como huida desesperada (Benjamin), como reivindicación política (MIshima)…la nómina de ejemplos que nos ofrece el siglos XX resulta de lo más abierta para comprender de lleno uno de los Epigramas que Jorge Guillén incluyó en “Y otros poemas” (1963) << ¿No nos importa la existencia?// El suicida, gran impaciente/ Con un gran celo innecesario/ Da a su fin valor de simiente// ¡Qué importancia cobra la vida!>>

                En efecto, con la muerte o su simple pensamiento, la existencia se magnifica, incluso de forma banal y por parte de los más acostumbrados a enfrentarse a ella a diario. El suicidio permite la elucubración de la trascendencia, o vulgaridad, al modo de Cela, de morir; aporta la posibilidad de proyectar el gesto mortal hacia el resto de la naturaleza y sus seres en el tiempo y el espacio. Así lo expresa, de manera majestuosa, el sujeto poético de “El suicida” de Jorge Luis Borges (en La rosa profunda, 1975)<…/Moriré y conmigo la suma/ Del intolerable universo. (…) Estoy mirando el último poniente./ Oigo el último pájaro./ Lego la nada a nadie/>”

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Pero es que precisamente el pensamiento sobre la muerte es el que te da la dimensión de la vida. Prepararse para la muerte es el aprender a vivir. El caso paradigmático es Sócrates.

 



Pero es que precisamente el pensamiento sobre la muerte es el que te da la dimensión de la vida. Prepararse para la muerte es el aprender a vivir. El caso paradigmático es Sócrates.

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No, inmensa equivocación. En el budismo no hay búsqueda de la felicidad, sino eliminación del dolor y el sufrimiento por la eliminación de su origen que es el deseo. Y si desaparece el deseo se disuelve el yo y llegamos al nirvana (la traducción que se acerca más es la nada, pero también nos vale el Ser, el aquí y ahora, es decir, en la ausencia de tiempo, donde no existe el deseo)

Si hay búsqueda de algo hay deseo, aunque sea de la felicidad hay deseo y, por tanto sufrimiento. Eso es lo que demostró Buda a lo largo de su vida hasta que paró y se puso a meditar, según cuenta la leyenda, debajo de un árbol hasta que encontró las cuatro nobles verdades.

Sí, pero eso en casi todas las éticas occidentales, no en el budismo. Incluso Schopenhauer, que es el que trajo el Budismo a occidente, ya no habla de búsqueda de la felicidad, sino de eliminación del dolor. Yo mismo considero que el objetivo de la vida no es la felicidad, sino que es preferible la virtud y la felicidad y garantizar, en lo posible, el bienestar (salud, trabajo y relaciones de convivencia sanas). Pero no se puede confundir bienestar con felicidad. Y, es preferible un Sócrates desgraciado que un ignorante satisfecho. Es decir, es preferible la libertad y la dignidad (que en el fondo son felicidad) que el mero bienestar.

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Estoy un poco cansado de la equivocación intencionada que los medios de comunicación hacen de la palabra radical. Utilizan la palabra radical despectivamente, en un sentido negativo, que en su raíz no tiene. Radical es el que va a la raíz de los asuntos, a sus últimas causas, e intenta ver de dónde vienen los problemas. Y no se puede confundir con el extremista, que es alguien que ha llevado una posición a un extremo del que no se mueve. El extremista es un dogmático que no cambia de ideas. Que ha convertido las ideas en opiniones y en creencias. Que vive instalado en sus creencias y con el que no se puede discutir, a causa de su dogmatismo, que se puede transformar en fanatismo y violencia. En cambio el radical es un buscador, alguien que no se conforma con el discurso establecido, que quiere ir más allá de las opiniones vulgares y consuetudinarias, con el acuerdo mayoritario. Busca ideas y no vive ni de las opiniones ni de las creencias, es más, éstas las rechaza. Su radicalidad se basa en el diálogo entre ideas, no en la retórica ni en la demagogia, en la búsqueda racional de los principios y las causas de las cosas para poder resolver los problemas. El radical no se instala en las creencias, sino que las combate con el arma de la razón.

 

Para combatirlo hay que conocerlo. Y conocerlo es ir a las raíces del mal que residen en la propia condición humana y en la cultura que hemos creado. No podemos cambiar la condición humana, pero sí la cultura. Y vivimos en una cultura que fomenta el mal de por sí. Una cultura depredadora de la naturaleza, violenta (guerras), opresora del débil, que favorece la desigualdad entre los hombres (división de clases y discriminación de la mujer y de los débiles.) El paradigma de esta cultura que es el patriarcal y capitalista puede y debe ser cambiado por un paradigma ecosocialista y matriarcal (paleolítico). Ése sería, a mi modo de ver la vuelta a la naturaleza en el sentido Rousseauniano.

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Provocador pensamiento del Cardenal Mazarino.
“Ten pocos amigos, no mantengas un trato frecuente con ellos, y así no te perderán el respeto”. Y es que “la amistad no existe: es simulación”.

Creo que sí hay amigos, pero pocos, luego están los conocidos, que pueden hacerse amigos. Y entre los conocidos sí hay cierta simulación, pero por simple buena educación. O por lo que es la sociabilidad humana. Es decir, que la simulación no tiene por qué ser algo negativo, sino todo lo contrario. Vamos, que le he dado la vuelta a la sentencia del Cardenal.

 

La religión es un hecho. Y además un hecho fundamental que vertebra todas las sociedades y todas las civilizaciones. Es absolutamente necesario su conocimiento. Pero el conocimiento de la religión no es un adoctrinamiento confesional en la religión cristiana como lo es en España y gran parte de Europa. Lo que es necesario es un estudio del fenómeno de la religión en todas sus dimensiones: histórica, artística, filosófica, política… Porque la religión ha sido, y sigue siéndolo, determinante en la historia de la humanidad. De lo que se trata es del conocimiento de la religión para darse cuenta de su importancia y para relativizar su ansia de verdad absoluta, su intolerancia y su fanatismo; así como su ansia de poder. Es necesario un programa en la educación del hecho religioso impartido por profesionales que conozcan el tema, como filósofos o historiadores. De paso se eliminaría de raíz la presencia de religiosos en los centros educativos. La ignorancia que sobre la religión, incluso la cristiana, aun asistiendo a estas clases, es supina, y esto  hace a los alumnos futuras víctimas para caer en las garras de los nuevos dioses, los nuevos ídolos y las nuevas religiones. El conocimiento es una forma de luchar contra la superstición, el dogmatismo, el fanatismo y, al final, la violencia.

Vamos a ver, sin afán de discutir. ¿Me podéis decir, a “el último filósofo tambaleante de la Ilustración” (Popper), dónde he hablado yo de multiculturalismo? Para empezar me refiero al hecho religioso, que es estrictamente humano y es esta dimensión la que hay que estudiar. Y, por supuesto, que hay que estudiarla en sus distintas manifestaciones: literatura, arte, música, historia, pero, esto no son más que manifestaciones. Y no agotan el porqué del hecho religioso. Por qué el hombre es animal mítico, por qué es religioso. El hecho religioso es algo que hay que estudiarlo desde un punto de vista fenomenológico y antropológico. Y en tanto que tal en él intervienen múltiples disciplinas. Por eso, creo que es la filosofía, saber interdisciplinar y cosmológico por excelencia el que debe impartir un saber específico sobre las religiones. Y yo no he dicho nunca que todas. Si estamos en occidente, igual que estudiamos la literatura española o la historia occidental o el arte occidental. Pues de la misma manera habría que referirse a las religiones que en occidente han intervenido y esas son las religiones del libro. Pero tampoco estaría de más una historia comparada de las religiones. Si comparamos las grandes religiones, no me refiero a las expresiones mínimas de la necesaria religiosidad del hombre, como la danza de la lluvia de los cheyenes, por favor, aprenderemos más de nuestra civilización. Y de las distintas opciones que el hecho religioso y la dimensión ineludiblemente religiosa del hombre puede tomar. Y hacer un estudio comparativo, no es caer en el relativismo, con el cual llevo luchando desde hace más de veinte años, y mis escritos son testigo, no, no es eso. Esos estudios van dirigidos a una clarificación de nuestro propio ser social en tanto que occidentales y, más aún, en tanto que humanos. Porque: “hombre soy y nada de lo humano me es ajeno”. De modo que creo, junto con David, que la religión debe ser impartida en todas aquellas disciplinas en donde el hecho religioso se expresa y darle la gran relevancia que tiene. Además, reivindico, por la naturaleza del hecho y por la interdisciplinariedad que puede estudiarla, que es propio del saber filosófico el estudio de esta dimensión del hombre, que como la dimensión moral, por ejemplo, lo constituye en tanto que hombre. Y llamémoslo disciplina, asignatura o, me da igual qué, es un saber que debe impartir la filosofía porque entra estrictamente dentro de su ámbito. Y, David, tanto un estado laico, como un estado aconfesional, deben eliminar la religión de los centros públicos, pero no la enseñanza del hecho religioso y reducir la religión a sus expresiones artísticas, literarias, históricas… No, porque éstas son las consecuencias del hecho propio e irreductible de la religión. ¿Por qué ha de estudiarse matemáticas, literatura, física… y no el hecho religioso (al cual se le reserva ahora mismo un espacio en la ética de cuarto y en la filosofía de primero, pero algo marginal? La gente se mata por la religión, pero no por las integrales, ni por un soneto…Y, Carmen, precisamente por esos hechos que relatas descarnadamente en tu comentario es necesario el estudio del hecho religioso, junto con la condición humana. Pero lo he dicho ya. El estudio de las religiones es un antídoto contra el dogmatismo, el fanatismo y la violencia. Pero aún más, una vacuna contra las nuevas religiones y los nuevos ídolos. Y esas son las religiones políticas y los ídolos tecnocientíficos que vivimos en la actualidad. Lo que llamamos neoliberalismo (término amplio y ambiguo donde los haya) aliado a la idolatrización de la tecnociencia y a la creencia en el mito del progreso, constituyen la nueva religión en la que la mayoría del personal participa y comulga obedientemente disfrutando de todo su ritual y parafernalia cargada de superstición y dominio. Y todo porque el hombre es un animal religioso. Si le quitan el ámbito de la religión, el permanecer ligado a algo, cae en el sinsentido. Y eso es algo que el hombre no puede soportar. Y por eso cobra sentido la afirmación de Camus de que “la única cuestión filosófica relevante es el suicidio”. O, como decía Cioran “Vivir es el no suicidio” O el propio Nietzsche “No nos veremos libres de dios hasta que no nos veamos libres del lenguaje.” Dios, y todo lo que va con él: el sentido y la esperanza, habita en el lenguaje; es decir en el pensamiento, en nuestro propio ser.

Claro, pero es que la sociedad en la que vivimos tiene al hombre alienado. Porque el revulsivo lo tenemos delante de nuestras narices. Pero hace décadas. Desde la crisis lo que ha hecho es agudizarse y hacerse más patente y desvergonzado. El hombre actual vive en el opio del posmodernismo y el tardocapitalismo. Una nueva religión.

Desde luego que es increíble el grado de estupidez, falta de inteligencia, absorción del sistema y estado de alienación de este señor. Pone, totalmente, a las claras lo que realmente pretende la reforma universitaria desde Bolonia. Y, claramente estamos asistiendo al fin de la universidad, a una extensión de la formación profesionalidad. A una adaptabilidad al trabajo precario, a lo que se le llama empleabilidad. Y, para ello, desde la LOGSE-LOE y ahora la LOMCE, han ido preparando, tanto al alumnado como al profesorado. Verdaderamente lamentable. Sin conocimiento, sin educación, con la mera adaptabilidad entramos directamente en la barbarie. No hay salida. Y el pueblo vive bajo el opio de una nueva religión y adora a nuevos ídolos. Estamos perdidos.

Sí no tenemos capacidad se sentir la sensibilidad de los seres vivos que nos rodean, tampoco la tenemos con los humanos. La capacidad de ponerse en el lugar del otro, (la empatía que llaman los psicólogos, que tan de moda está) es la base del respeto y éste la base del comportamiento moral. La insensibilidad moral es la cosificación de todo lo vivo incluido lo humano. Además, éticamente, hemos de cambiar de un antropocentrismo a un ecocentrismo, puesto que el hombre no es dueño y señor de la naturaleza, sino un elemento más de ella. Y respetar a la naturaleza y los seres vivos, incluido el medio ambiente, es el Principio de Responsabilidad. Entre los seres vivos y el hombre no hay salto cualitativo, hay una continuidad.

 

 

 

La democracia no da para más. Y la ideología que subyace a este sistema de producción, al que llaman neoliberalismo, tardocapitalismo, capitalismo salvaje,…da igual, nos ha convertido en islas. De tal manera que nuestra actitud ante el mundo es la de la insolidaridad y la competencia. No somos capaces de mirar más allá de nuestro ombligo. Nos interesa el último móvil, hablar tonterías por las redes sociales, tener un cuerpo de gimnasio, vestir a la última,… Pero no sentimos el hambre del otro, el que no tiene techo. El refugiado político que en pleno invierno cruza el mar en  una lancha para buscar su salvación. El hambriento africano que hace lo mismo por culpa de nuestro despilfarro. Nos da igual que sean corruptos porque nosotros lo somos en nuestra vida diaria. O, al menos somos egoístas-hedonistas, sin capacidad de ponernos en el lugar del otro. Y luego, nuestro frágil pensamiento está perfectamente domesticado por los medios de control y manipulación de masas. No tenemos pensamientos, sino creencias. No nos importa la corrupción política, y eso que ello significa que nos están robando, no nos importa, la evasión fiscal, porque la entendemos. Como me decía ayer una alumna, que todo el mundo en su lugar lo haría. Ése es el sentir general. Esto es la guerra de la historia, la lucha de clases, en la que el opresor mantiene oprimido al débil con el opio de la ideología y la religión. En este caso la religión se nos impone de forma sutil, sin violencia aparente y es la unión del posmodernismo y el neoliberalismo. Y la guerra sin cuartel empezó en los años setenta, con la crisis del petróleo y se ha acelerado desde la crisis del 2007. Y, el problema es que la lucha de clases la van ganando ellos por goleada. Y tienen los instrumentos materiales e ideológicos para que no tomemos conciencia de nuestro estado de miseria. Vivimos en un autoritarismo disfrazado de democracia. El cinismo y el engaño político están a la orden del día, pero el pueblo, como autómata, sigue a lo suyo. El precariado no puede mover un dedo, porque dar un paso adelante en dirección a la protesta es un paso hacia la miseria y el hambre. El precariado vive en la más absoluta competitividad laboral. Y, además, este precariado, a medida que aumenta el programa de privatizaciones y flexibilidad laboral, se va extendiendo a todos los trabajadores. De forma que el estado se reduzca a un simple estado de seguridad. Entonces podrán descorrer el velo y decirnos que la democracia y el hiperconsumo, fue un engaño, el opio con el que nos adormecieron, para conquistar todo el poder. Quedan pocas razones para la esperanza. ¿Todo es fruto de la condición humana, o podríamos haber tenido otra historia?

Siendo un amante del ajedrez, y cuando joven, muy aficionado a este juego, lo que dice esta editorial, réplica del consejo educativo, es una solemne tontería. Podríamos introducir también la costura y el bordado, con los mismos argumentos, y el balé clásico con argumentos similares, que además añaden otros valores. Señores, lo que se ha olvidado desde las antiguas pedagogías son los conocimientos. Que se le enseñe al niño las tablas de multiplicar, que tenga que memorizarlas, que resuelva problemas de aritmética, que aprenda a leer y a escribir, que tenga comprensión lectora, geografía, historia, ciencias de la naturaleza. Todo ello fomenta esos valores que, se supone, equivocadamente, el ajedrez va a  producir, el ajedrez no vuelve más inteligente a nadie, desarrolla unas capacidades intelectuales muy limitadas, que los conocimientos clásicos desarrollan mucho mejor, además introduciendo conocimientos sobre uno mismo y el mundo que nos rodea haciéndolo más inteligible: matemáticas, lengua, geografía, historia, ética, filosofía, lenguas extranjeras y clásicas (al consejo educativo se le olvida todos los valores del latín y el griego)... Pero dejémonos de zarandajas. Cuando el conocimiento se ha sustituido por el juego, las habilidades y las competencias es cuando han empezado los problemas realmente. Qué carajos de empatía  va a producir el ajedrez, en todo caso la competitividad. Y, mientras, eliminamos la ética de la secundaria y la historia de la filosofía del bachillerato, que son la auténtica base de la enseñanza de los valores y de las ideas que nos han llevado a la sociedad que tenemos y la posibilidad de recuperar antiguas ideas para sanar esta sociedad enferma. Desde luego es que con la educación no gana uno para sorpresas.

                Conócete a ti mismo, filosofía y felicidad.

Una serie de acontecimientos, azarosos unos, entrelazados causalmente otros, me han hecho volver sobre mis propios inicios filosóficos hace más de tres décadas, sobre el budismo y la meditación y su práctica. La práctica de la meditación, además de una clara mejoría en mi estado de ánimo y mi estado físico, me ha llevado a replantearme mi filosofía, en tanto que visión del mundo y del hombre. Hay que tener en cuenta que yo no tengo una filosofía sistemática, sino una serie de principios filosóficos a partir de los cuales analizo la realidad humana y natural. Es una forma abierta de hacer filosofía que introduce la posibilidad de toda la pluralidad de filosofías, éticas, visiones del mundo, religiones… es un escepticismo en el sentido griego: una búsqueda. Y desde mi situación vital, una búsqueda esperanzada. Si perdemos la esperanza la vida deja de tener sentido es, como diría Cioran, el no suicidio. Por eso lo que caracteriza al suicida es la desesperanza, aunque haya muchas maneras distintas, e, incluso, opuestas, de llegar a ella.

Este replanteamiento de mi actividad filosófica requeriría una larga explicación, que ni siquiera aún tengo, porque no sé cómo seguirá el proceso. Pero sobre algunos pilares fundamentales ya he reflexionado y los he reintegrado en mi filosofía o en mis principios filosóficos y en mi vida. Porque una cosa olvidada y que hay que recuperar es que filosofía y vida son lo mismo. En mi caso así ha sido, pero he olvidado una dimensión que he redescubierto ahora y que creo que es de suma importancia.

El filósofo del que he partido y que ha sido mi guía y maestro es Sócrates. Bien, pues Sócrates se basaba en dos principios para elaborar su filosofía: conócete a ti mismo y sólo sé que no sé nada. Sócrates considera que el objetivo en la vida es alcanzar la virtud y que no existe una vida dichosa o feliz sin la virtud. Pero si uno no conoce la virtud no es virtuoso. Y es necesario el conocimiento de la virtud para su práctica y es esa práctica de la virtud la que nos hará buenos y felices ciudadanos. Pues bien, para llegar a esta situación de felicidad, que viene caracterizada por la paz, la serenidad y la virtud, Sócrates sigue el camino del conócete a ti mismo. Pero si nos conocemos a nosotros mismos llegamos a la conclusión de que no sabemos nada. De ahí su famosa sentencia de sólo sé que no sé nada. Debo advertir previamente algo. Los filósofos en la antigüedad, nada que ver con la Academia de ahora, que simplemente son un grupo de especialistas: doxógrafos e historiadores de la filosofía hiperespecializados, eran considerados hombres sabios. Y un hombre sabio era el que sabía cosas, pero, además, sabia vivir y llevaba un buen vivir. En Roma eran considerados “cura sui” los que se cuidaban (y curaban espiritualmente) de sí mismo y a través de ello cuidaban y curaban a los demás con su diálogo. El diálogo como forma de terapia procede ya de Sócrates y ha sido redescubierto ahora. De modo que la filosofía en Grecia ha sido siempre considerada como una terapia del alma, el espíritu o la psique, como lo queramos llamar. El filósofo es comparado siempre al médico. Decía Platón, “la dialéctica (filosofía) es al alma, como la medicina al cuerpo”. La filosofía nos cura del vicio de la ignorancia, pero no sólo intelectual, sino emocional.

De tal modo que Sócrates siguiendo la máxima intelectual y moral del conócete a ti mismo se encuentra que su mente es un barullo de opiniones, creencias, emociones todos confusos y confundidos. Las creencias y opiniones nos guían y las damos por verdaderas, pero carecen de fundamento, no proceden de nosotros, nos han venido de fuera, no han sido pensadas, razonadas ni elaboradas. Son prejuicios y nos tiranizan. Porque una forma de pensar genera una forma de sentir y ésta una forma de actuar. Igual que a la inversa. Una forma de actuar (nuestra acción cotidiana) genera una forma de sentir y pensar. Por eso el conocimiento de uno mismo tiene que ir dirigido a nuestras acciones, pensamientos y emociones. Pero lo que ha ocurrido es que la filosofía, tras la caída del imperio romano, salvo excepciones brillantes y marcadas por una época, se intelectualizó. Sólo se veía la dimensión intelectual del conocerse a sí mismo. Y en nuestra época se ha profesionalizado. Con ello se ha perdido el aspecto fundamental de la filosofía que es el aspecto práctico. La filosofía apunta hacia la sabiduría en tanto que es una terapia del espíritu y la filosofía antigua está cuajada de textos dirigidos a culminar esta misión hoy olvidada.

Sócrates, cuando llega a la conclusión de que no sabe nada, no sólo busca el conocimiento, sino el ser. Refiriéndome con ello al ser virtuoso. Y para ello cree necesario que hay que conquistar la virtud, lo que en el mundo antiguo fueron las virtudes cardinales: prudencia, valentía, templanza y justicia, de las que procederían todas las demás. Además la práctica de cualquiera de estas cuatro virtudes está entrelazada con las otras tres. No existen por separado. Pero para llegar a la virtud hay que deshacerse de las falsas creencias y opiniones, tener un saber recto y seguro. Y, por otro lado, modificar nuestras acciones en dirección a lo que consideramos virtuoso (nuestros valores en la vida, tanto los particulares como los más altos y elevados de los que antes hemos hablado.) De modo que el cambio progresivo en nuestra vida viene dado por el cambio en nuestras acciones que van dirigidas hacia una forma correcta de pensar, lo cual nos dará sentimientos y emociones positivas, así como la capacidad de asumir y aceptar los sentimientos de tristeza, dolor…porque la conquista de la virtud no es la eliminación de estos sentimientos. Todos los tenemos, pero al hombre virtuoso, al sabio, no le perturban porque los ha aceptado y ha alcanzado la serenidad. Y, de esta manera, podemos entender la desconcertante frase socrática de que “es mejor padecer una injusticia que cometerla”. Si nosotros cometemos una injusticia, nuestra acción nos hace injustos, por tanto sufrimos y nuestra alma se corrompe. Por el contrario, si padecemos una injusticia, nuestra alma, aunque podamos sufrir físicamente, incluso con la muerte, como es el caso de Sócrates, nuestra alma queda incólume y llena de paz y serenidad, tal y como fue Sócrates a la muerte bebiendo la cicuta con toda tranquilidad y dando la última enseñanza a sus discípulos y a la humanidad. Si queremos curarnos de nuestros males debemos recuperar esta sabiduría antigua. Y ésta nos llevará a la paz y la serenidad.

 

El problema de los viejos es que no han cultivado su vida, por lo general. Y quedan aparcados en la soledad. Y ésta impide los vínculos con el mundo y con su propia identidad. La música es una de las constantes universales que les ha hecho vivir y sentir en su vida. Volver a escucharla de viejos es una unión con tu propia identidad. Un recuerdo de tu vida, recuperar tu memoria, los momentos felices y los tristes, pero que son tuyos. Evidentemente que es una terapia. Si en nuestra vida adulta nos preparamos para la vejez y la muerte, que no es más que prepararse para vivir, cultivaremos todo aquello que en la vejez podamos rememorar. De tal forma que tengamos recurso para mantener nuestra identidad y la alegría de vivir, simplemente por volver a escuchar una canción, o leer un poema, o ver una puesta de sol, recordar una teoría científica y su recorrido histórico…Los placeres de la inteligencia son los más duraderos. El cultivo de la inteligencia y de los sentimientos, la compasión, son los que nos hacen humanos, dignos y felices.

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Antes de comenzar el día y ver las falsas portadas de los periódicos, las apariencias con las que el poder nos engaña. Antes de leer los artículos de opinión de los pseudointelectuales que adoctrinan al pueblo por un plato de lentejas. Antes de ver a tanto corrupto encorbatado, antes de ver las guerras evitables en las que sólo mueren civiles. Antes de ver los falsos apretones de manos de los mandatarios del mundo, antes de ver que la banca nunca pierde, que la clase media desaparece y se disuelve en precariado, que la desigualdad aumenta, que el planeta se calienta sin remedio  porque los poderosos no quieren y nos engañan con el reciclaje haciéndonos responsables a nosotros de su ineficencia y egoísmo, pues ante todo eso quiero hacer un canto a la vida.

La vida es belleza y paz. La muerte es la fealdad y el desorden. La vida está en la sonrisa de un niño, en el olor de una flor, en un anochecer en las llanuras extremeñas, en el brillo de las estrellas en la noche, en la lectura y el diálogo con los hombres sabios que en el mundo han sido y son, en una canción, una melodía, en el sentimiento de compasión por el dolor que sinsentido sufre la humanidad, en el acto de bondad de alguien para evitar ese dolor, en la lucha por la dignidad humana, por su libertad y por su igualdad, en la indignación del que esto persigue. En los grandes hombres que han aportado algo en esta lucha para que el hombre salga de la ignorancia y la maldad.

Desde luego para la ecosfera somos como un virus o una bacteria. La está destruyendo en gran parte, pero, el caso, es que no acabará con ella. Ni siquiera una guerra nuclear total acabaría con la vida en la tierra. Multitud de seres vivos como bacterias, virus e, incluso, muchas especies de insectos y plantas, sobrevivirían. La vida estaría garantizada, pero la civilización humana puede ser que tenga los días contados. Hay una teoría sobre el nivel de desarrollo tecnológico y la alta probabilidad del fin de una civilización. La solución ética ya estaba lista desde la época axial: Sócrates, Lao Tse, Confucio, los estoicos, Jesús de Nazaret, Buda. Y se modernizó con la Ilustración. Pero, como el sabio Rousseau dijo, el progreso tecnocientífico no conlleva un progreso ético y político. Si levantara la cabeza vería con claridad que hemos entrado, de la mano de la perversión de la razón ilustrada, en la tecnobarbarie, dejando a un lado lo ético y lo político.

Los intelectuales y artistas deben estar comprometidos éticamente, es su deber, aunque puedan equivocarse, con la sociedad. Deben ser valientes. Tanto ellos, como su obra, debe ser ejemplar si queremos defender unos valores. No son tiempos de esteticismo estos momentos. Cuando hablo de intelectuales quedan fuera el conjunto de tertulianos que insulta a la inteligencia, además de ridiculizar ideas y menospreciar a ciudadanos sin pruebas y mal acostumbrando a la ciudadanía a que todo se puede decir y al relativismo de las opiniones. Estos han convertido el conocimiento en un circo. Es, simplemente, intolerable.

En defensa del ateísmo, la tolerancia y la libertad. Todas las religiones, y me refiero a las religiones del libro, llevan en sí el germen de la intolerancia. Son excluyentes y su primer principio. Al introducir la existencia de un solo dios verdadero excluye al otro. Su principio es la intolerancia y el dogmatismo. Ahora bien, si estas religiones están unidas al poder, entonces su dogmatismo se transforma en fanatismo y éste en violencia, que puede llegar incluso a ser genocida, como la historia nos demuestra. Mientras que el ateísmo es una garantía de la libertad y pluralidad de creencias porque va aliado con un estado laico. El laicismo no es intolerancia hacia la religión, como se nos hace ver desde las mentiras de la iglesia, que tiene mucho que callar y oculta demasiados cadáveres debajo de sus mullidas alfombras, todo lo contrario, fomenta el respeto y la fraternidad, la gran olvidada de la Ilustración. Y ésta es la que se empeña en recuperar el ateo y la podemos recoger en la máxima estoica de Terencio: “Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno”. Mientras que ésta máxima es incluyente, las religiones monoteístas son excluyentes per se.

Bueno pues la verdad es que el artículo se funda en el buenismo rousseauniano que es falso y difícilmente adaptable a la sociedad actual. Estoy de acuerdo con lo de los diferentes ritmos de aprendizaje y la diversidad y las falsas enfermedades que en realidad encubren diferentes tipos de inteligencia. Y, sobre todo, estoy de acuerdo con la eliminación de la obligatoriedad y la imposición de un modelo educativo único que tiene más que ver con la ideología que con la ciencia. De todas formas también comete cierta contradicción cuando dice que la ciencia no nos puede decir nada, pero al final echa mano de la neurofisiología para corroborar sus tesis. De todas formas la educación es una mezcla de arte, conocimientos del profesor, actitudes y aptitudes del alumno y ciencia educativa basada, cada vez más, en el estudio de cómo aprende el cerebro. Pero, sobre todo, la educación debe ser libre, no obligatoria. Ésta, lo único que encubre bajo la igualdad de oportunidades, es un sistema de poder que daña a todo el mundo, tanto al que triunfa en el sistema, porque se adapta, como al que fracasa, generalmente, no por deficiencia, sino porque no se ha adaptado y se ha revelado. El grupo malo del que yo te hablo no es, de ninguna manera, un grupo de torpes, son tipos inteligentes. Pero se niegan absolutamente a hacer nada. El sistema los ha rebelado contra la sociedad y, al final contra ellos mismos que son infelices e inadaptados y se vuelven, incluso, hasta violentos. Son dignos de compasión, más que de castigo. Pero el profesor está dentro de la trampa y tiene que utilizar el castigo, que no es efectivo, sólo pasajeramente, además de humillante y va contra la dignidad humana, si no quiere acabar en un psiquiátrico o alcoholizado. Es curios que la ansiedad y la depresión, junto con el alcoholismo sean de las enfermedades más comunes en la enseñanza. Funcionan como válvula de escape a la frustración. O el cinismo, que es muy normal. En fin, lo primero eliminar la obligatoriedad y el curriculum único y, a la par, garantizar la posibilidad de la enseñanza para todos. Se aprende por curiosidad, pero esa luz interna, el amor al saber, no lo tiene todo el mundo. Por eso la educación ha de ser tremendamente diversificada. Yo ya es que de la educación no sé qué decir. Estoy totalmente desencantado y soy un defensor de la libertad. En el fondo, el estado benefactor, que pretende garantizar nuestro bienestar, lo que hace es meterse en nuestras vidas y eliminar nuestra libertad a base de leyes que regulan todos los ámbitos de nuestra vida: desde qué comida tenemos que hacer, si podemos o no fumar, hasta el contenido de historia que debemos aprender y cómo lo debemos aprender. Estoy volviendo a mis orígenes anarcofilosóficos igual que en el ámbito del conocimiento lo estoy haciendo al nivel de la sabiduría, que abarca los sentimientos y la inteligencia y no se reduce meramente al conocimiento. La sabiduría te hace, el conocimiento es algo añadido: información ordenada.

Madre mía el diálogo que se ha montado en tu muro a cuenta del artículo. La verdad es que estamos fatal, pero miedo me dan esa pandillas de utópicos que desconocen lo más básico de la evolución y la etología animal y humana, además de la historia. Y no sé, seguro que son profesionales, pero eso no garantiza nada, viven bajo un paradigma. Por ejemplo todos los antropólogos, psicólogos, sociólogos, viven bajo el paradigma del relativismo cultural que, al final se ha desplazado hacia el buenismo, encima mal interpretado de Rouseau, porque él no decía eso de ningún modo. Sus utopías son igual de peligrosas que la que vivimos hoy en día del capitalismo salvaje ultracompetitivo y la redención de la tecnociencia.

Me llevaba yo a uno de estos a un clan del paleolítico donde se ofrecían las doncellas a la diosa Gea para obtener los bienes de la tierra. Y en épocas de hambruna se comían a los más desvalidos. Y a los niños se les reñía y se les prohibía. De dónde han surgido entonces los tabúes, los miedos (inscritos genéticamente) los mitos y la religión, entre otras cosas. Vamos hombre es que es de risa. Parecen cuatro hippies de los años sesenta y sus típicas comunas, que al final acabaron en forma jerárquica, que para eso somos primates, joder. Miremos a los primates y a los lobos, por ejemplo y aprenderemos un montón sobre crianza y educación. ¿O no hemos visto nunca a un gorila reprender a su cría, igual que la ama, o a un lobo, o un perro doméstico, de la misma manera? Pues tenemos su misma conducta jerárquica, social y cazadora.

Claro que hay que acabar con la escuela, y con el curriculum único y con la enseñanza obligatoria, y con la unificación en el aprendizaje respetando los ritmos de maduración cerebral, que son universales, pero diversos. Pero nunca con el esfuerzo y la disciplina. Nada en el mundo de la cultura existiría sin la persistencia y el esfuerzo. Todos los genios de la historia lo han dicho alguna vez. Mozart en una carta se quejaba a su padre de que la gente pensaba que la música le fluía sola del cerebro y él decía que era el hombre que más tiempo le dedicaba a estudiar música al cabo del día, lo cual es cierto, como lo es de otro genio entre los genios, Einstein. El talento está en el culo. Decía, yo creo que queda claro. Y así todos. Que sientan pasión, que amen su disciplina, pues claro, sino no se dedicaban a ello.

Y hay un error en el artículo se confunde la enseñanza con la educación. Y se confunde la enseñanza, sólo con la primaria, no con la enseñanza media o la universidad. Pero es que no merece la pena. Si los de ahora son malos los que vengan serán peores. Porque en el fondo la educación es un sistema de control. No se dan cuenta estos utópicos que lo que quieren formar, con buenas intenciones, claro, son idiotas maleables.

La libertad frente al estado intervencionista.

Mucho se ha defendido y se defiende la socialdemocracia y el estado del bienestar. Y yo no seré el que ataque a los derechos del ciudadano que tanto han costado conquistar, tanto ética, como políticamente. Pero soy un defensor de la libertad y creo que justicia, entendida como equidad, y libertad deben coexistir. Me explico, a mi manera de ver, y a la de muchos teóricos, el estado del bienestar se ha transformado en un estado benefactor, protector y, en la máquina de vigilancia del individuo. Dicho de otra manera, la socialdemocracia aparece como una forma alternativa de desarrollo de la democracia al liberalismo o las llamadas democracias liberales. Y nace como una forma de control del capitalismo en la que la riqueza ha de repartirse, el objetivo es la justicia social. Esto está muy bien. Pero aquí, lo que ha pasado es que el triunfo se lo ha llevado el neoliberalismo. Y la cosa está bien clara. La socialdemocracia y su estado de bienestar asociado no ha sido más que otra forma que ha tenido el capital para transmutarse y seguir existiendo y desarrollándose. De tal manera que, a partir de los años setenta, se empieza a fundir con el capitalismo y la democracia liberal. Pero, claro, lo que ha ocurrido es que como la socialdemocracia tenía acceso a los individuos, de forma política. Y, la política ha ido deviniendo en una unión con el capital. Pues el capital, a través de la mano política se ha introducido en nuestras vidas para controlarnos. El sistema que nos salvaba de los desmadres del capital nos hace sus esclavos y sin darnos ni cuenta. No hay lucha, aceptamos lo que el estado nos ofrece/obliga y le estamos muy agradecidos. Y, de paso, el estado se convierte en el gran hermano (Big Brooder) que nos vigila. Es decir, se nos ha robado nuestra libertad sin ser consciente de ello porque nos sentimos absolutamente libres y que se preservan nuestros derechos. Éste es el gran engaño que impide la resistencia, porque estamos satisfechos, nos creemos libres, estamos anestesiados por el opio del consumo y hemos perdido la capacidad de la fraternidad, de ponernos en el lugar del otro y en nuestro propio lugar. Porque cuando se habla de emprendimiento de lo que se está hablando es de autoesclavizarte. Es decir, que sufres una doble alienación, la propia del trabajo y la explotación que tú a ti mismo te impones. Pero lo haces alegre y contento. Esto es lo que subyace al discurso del emprendimiento, la doble explotación del capital, que ya no tiene nada que perder. Se convierte en el amo absoluto del ciudadano que deja de ser tal, para ser cosa: una mercancía al servicio del capital y autoexplotada, es decir, doblemente alienada.

            Pero voy más lejos. Se utilizan los derechos humanos como ideología para la alienación y absorber tanto nuestra libertad empírica, como nuestra libertad política. El estado del bienestar, en nombre de la justicia, debe garantizar el acceso de la ciudadanía a los derechos básicos. Y aquí, también hay una cosa importante. Tus derechos son tus deberes. Lo que ha sucedido es que las sociedades del bienestar, al ser paternalistas, han anulado la conciencia del deber en los ciudadanos y los han convertido en “señoritos satisfechos” que, no respetan lo público y sólo son conscientes de que tienen derechos. Cuando, en realidad, ontológicamente hablando, nadie tiene derechos. Éstos se los da el hombre a sí mismo. Pero no quiero extenderme en esto, sólo señalarlo porque es un grave problema ético, puesto que a cada derecho corresponde un deber y a cada deber una responsabilidad. Pero si se rompe la cadena con lo que nos encontramos es con individuos irresponsables. Es decir, desde el punto de vista ético: sinvergüenzas. Aquellos que no sienten vergüenza de no cumplir con su deber y, por ello, se convierten en inmorales y corruptos.

            Pero vamos más allá todavía. El estado del bienestar, convertido en estado benefactor y, tutelado por el capital, decía, nos roba nuestra libertad. Pongo un ejemplo que es esencial y, además el fuste de una sociedad y que de él depende el tipo de sociedad que tengamos. Todos tenemos el derecho a la educación. Perfecto. El estado debe garantizar este derecho. Pero esto no es lo que pasa. El estado interfiere en nuestras vidas de una forma perversa y descarada robándonos absolutamente nuestra libertad. En primer lugar, el estado declara la educación (que tendríamos que distinguir también, porque la confusión ha sido interesada por la neolengua del poder, entre enseñanza y educación, la primera es la transmisión del saber de la humanidad, unido a los valores implícitos en el propio saber, como son: el amor al saber, el respeto por el saber y por quien lo transmite, la capacidad del diálogo para avanzar en el saber, lo que implica la tolerancia y la diversidad de ideas que se pueden discutir teniendo en común la razón, el valor del esfuerzo, la autodisciplina, el orden… mientras que la educación es algo que depende de los padres) como obligatoria. Si la educación es obligatoria se me está privando de mi libertad. Hoy en día el estado, por boca del capital, nos habla de la formación permanente, como si hubiesen descubierto algo nuevo. Cualquiera que sienta pasión por una disciplina sabe que le dedicará toda su vida al estudio, como han hecho sus predecesores. Pero no, ahora la formación permanente es una forma de enriquecimiento de la industria educativa privada en connivencia con las empresas. Son los famosos masters que comenzaron a aparecer hace unas décadas, cuando antes eran cursos o cursillos, si eran menores. Pero, en fin, el caso es que esa formación permanente es la manera de tener esclavizado, de por vida, al supuesto ciudadano, porque es un esclavo y autoesclavo, a la cadena de montaje del sistema de producción capitalista que ha absorbido a la enseñanza. Pero hay más. La educación no sólo es que sea obligatoria. Es que tú vas a estudiar el curriculum que al estado le dé la gana, perdón, al capital (no se vea éste como algo abstracto, está personificado en gente de carne y hueso, los superricos que son los dueños de la banca y las multinacionales, un puñado, en definitiva). Es decir, que con la sopa boba del derecho a la educación te están explotando desde la cuna hasta la tumba. Y no sólo explotando, sino vaciando tu cerebro de la capacidad de pensar, que es en lo que consiste la libertad, y adoctrinándote en una serie de valores y quehaceres, con lo cual te están robando tu libertad empírica, es decir, lo que tú querrías ser en tu vida. Tú serás lo que el sistema haga de ti, no lo que tú quieras ser, que ni si quiera tendrás la posibilidad de pensarlo. Pero sin sentimiento de obligación ni de trauma, sino alegre, contento, satisfecho y agradecido. Un vasallo ejemplar.

            Y el poder y su adoctrinamiento se extienden por las redes sociales, Internet, que se nos prometía, como el refugio de la libertad. Las redes sociales son formas sibilinas de adoctrinamiento y de control y vigilancia del individuo. Cada vez que le damos al botón me gusta, comulgamos con el sistema, además de ser observados por el Gran Hermano. Las redes sociales son las catedrales de la nueva religión. ¿Es posible la resistencia? Me pregunto y os pregunto.

La escuela es parte de ese mundo mediático que nos narcotiza y esclaviza. Y el debería ser (el ámbito de lo ético, que debería corresponder a la escuela para formar ciudadanos libres y autónomos) me parece que ha desaparecido, para la inmensa mayoría, docentes incluidos, de su horizonte vital. Vivimos en el mundo del ser, de la tecnobarbarie, del paraíso prometido de las TICs, del ludismo hedonista y egoísta. Del entretenimiento banal, de la mediocridad. Vivimos allá donde el ser coincide con el deber ser, estamos viviendo el inicio de la utopía. Que, como cualquier otra, es el inicio de una época de barbarie, estulticia y esclavitud. De modo que la escuela ni es, ni puede serlo, paréntesis de nada. Al contrario, cada día se diluye más en la sociedad. Se puede ampliar escuela a toda la enseñanza sin ningún problema.



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