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“Amarse a sí mismo es la mejor manera de mejorarse y al mismo tiempo de mejorar el mundo.” Ho oponopono

Nos perdemos en el intento de mejorar el mundo, sin ver ni conocer nuestro interior. Nos pasamos la vida haciendo juicios sobre los demás y el mundo en su conjunto. Pero, tanto lo uno como lo otro, no son más que proyecciones de nosotros mismos, de nuestro mal interior. Intentando solucionar el mundo no solucionamos nuestro malestar y aumenta nuestro desprecio hacia nosotros mismos a la par que aumenta nuestro ego. En cambio, si nos amamos, nos respetamos y si nos respetamos es porque hemos hecho un ejercicio de autoconocimiento, “conócete a ti mismo” y si hemos hecho esto veremos que el resto del mundo es igual que nosotros, no son el mal. Éste siempre procede de una falsa percepción nuestra. Si nos amamos, extendemos el respeto a nuestro alrededor.

Absolutamente cierto. La racionalidad humana es una parte mínima de la condición humana. Pero, desde hace quinientos años se ha reducido todo a la racionalidad. Y, dentro de éstas hay muchas, pues primero se redujo a la racionalidad matemática, luego a la instrumental y más tarde a la mercantil. Triunfando hoy en día ésta última. Sólo hay que echarle un vistazo a los currículos del estado, todas las disciplinas están orientadas desde la racionalidad, como siempre, pero en la nueva ley se ha introducido como competencia (más o menos aquello que es imprescindible saber, por traducir el pseudolenguaje de la pseudopedagogía), el del emprendimiento y la empleabilidad. Hasta los conocimientos, aunque esto viene ya de la LOE, modificación de la LOGSE, se han convertido en competencias básicas. La palabra misma está tomada de la economía. Y de paso vamos destruyéndonos y destruyendo el mundo en el que viven  miles de millones de especies, incluidos nosotros. Por cierto, Riechamann saca nuevo libro titulado, precisamente “Autoconstruirnos”. Y, dice, que la solución del problema es individual, un cambio de conciencia. Cuántas veces lo he discutido con él por correo electrónico. Yo decía que era una cuestión política y él añadía que además de política, fundamentalmente, ética y me explicaba que había que volver al epicureísmo. Y, ahora le doy la razón. Y es curios, me siento en paz y ligero (ya no más luchas inútiles: compasión y autocompasión), me he quitado una gran carga de encima: el responsable de todos los males del mundo no soy yo, ni tengo que atacar a nadie, ni hacerlo responsable. Eso sí, yo tengo que cambiar para cambiar el mundo. Primero he criticado al mundo, me transformé de camello en león, fiero, incansable y mordaz, pero ahora tiene que venir la última transformación: el niño que juega en el instante presente.



Claro, dios, la naturaleza, el universo son armonía. El odio, la venganza, todas las emociones negativas son procedencia de nuestra proyección en el otro. El mal y el bien lo inventamos nosotros, nuestro ego, como éste no existe, tampoco existe el mal y el bien. El primer paso es la compasión y la autocompasión que te ayudan a desprenderte del yo, pero, en realidad es que si lo que existe es la unidad, no hay lo particular, no hay el mal, porque no hay opuesto. Eso es la no dualidad. Ahora aplícalo a lo concreto. Ahí reside el problema y las resistencias. Hay que disfrutar de las manifestaciones armónicas y pacíficas del universo, pero no son totalmente reales, lo real está aún más allá y es El Uno, el Yo Soy, el Ser. Por eso la actitud en este mundo de apariencias es la de la paz. Hay que transmitir la paz a nuestro alrededor. Y eso exige de una mente en calma, sin deseos, ni pasiones. Una mente que esté y contemple.

Claro, de todas formas el Ho-oponopono coincide más con lo que tú dices. Es que el curso de milagros es radical e inapelable. El cuerpo está ahí, lo "real" está ahí, lo que sucede es que no tiene significado, ni sentido, para el que lo ha trascendido, no significan nada. Eso no quiere decir que no "estén ahí" como manifestación incorrecta del ego. Dá miedo las últimas consecuencias del pensamiento místico. Pero sólo hay Amor o miedo. Sí seguimos al miedo seguimos al engaño. El miedo es también apego a los deseos, porque también hay alegría en lo aparente. Se producen tremendas resistencias.

                                               ---o---

jaja, ya te estás "rayando" como dicen mis alumnos cuando les hablo del mundo externo, de las pruebas de la verdad, del escepticismo…

No, no se trata de vaciarse del todo como un “místico total”, es que es lo que dice la mecánica cuántica. Y, la neurofisiología, de otra manera, todo está en el cerebro. De lo que se trata es de saber y ser. Ese es el principio de la filosofía aplicada. Ahora bien, a pesar de ello, nosotros llevamos una vida normal y corriente, pero sí sabemos esto, pues deja de tener importancia y de afectarnos nuestro yo y el mundo y, encima, si te dedicas a tu perfeccionamiento interior ayudas más a los demás. La paz se contagia y hace feliz. El miedo que genera todos los vicios hace infeliz. A pesar de conocer que la realidad no es la realidad, sino apariencias o maya, pues vivimos en ella, entonces nos la tomamos como un juego. Esa es la inocencia. La transformación del león en niño, que decía Nietzsche. Y, en la inocencia, no hay tiempo, se vive el instante.

Las teorías científicas son hipótesis, más o menos acertadas, de cómo puede ser el universo. La moderna teoría de cuerdas habla de un universo de once dimensiones, nosotros sólo conocemos cuatro, imagina qué curioso. Nunca podremos imaginar ningún humano ese universo. Sólo unas cuántas mentes matemáticamente privilegiadas son capaces de pensarlo matemáticamente. Pensarlo, no visualizarlo. Pero, es curioso, en los estados alterados de conciencia, como en algunos sueños, podemos visualizar cosas que no podemos pensar.

Todo esto viene de dos cosas que están ligadas. La primera es que no hago más que reflexionar para buscar un fundamento al libro de milagros. Y, me parece que se lo he encontrado: la mecánica cuántica. Otra es una meditación que hice ayer en la que, si tienes suerte y alcanzas una gran relajación y consigues un estado alterado de conciencia pues aprendes un montón de cosas intuitivamente. Como los chamanes que se meten de todo para ponerse en contacto con los espíritus, jaja. Pues bien, se trataba de ponerte en contacto con la unidad del cosmos a través de los “Espíritus de luz”, los “ángeles”, lo que sea, tu “yo superior” o tu “espíritu”, da igual, eso es todo cultural y nominal y sirven como guía de la meditación. El caso es que cuando supuestamente llegas guiado por aquel al que has elegido al lugar donde se te va a mostrar lo que sea. El que lleva la meditación te deja con tu guía para que te “muestre”. Es aquí donde alcanzas el máximo estado de conciencia alterada. Yo contemplé, varias cosas y una de ellas era cómo las fronteras de mi cuerpo (vistas desde la mecánica cuántica) se difuminaban en el universo, sin dejar de ser consciente, pero, más aún; imagina la conciencia de plenitud que puede tener uno al sentir en sí mismo todo el universo. Ya digo, esto es todo un estado alterado de conciencia, es una vivencia que no se puede describir. A la que podemos llegar por la meditación o por las drogas. Por cierto. Está meditación estaba ayudada por música binaural que altera las ondas neuronales facilitando la relajación profunda. Y ahora caigo, una de las cosas que aprendí fue cómo entender el curso de milagros. Porque la meditación la hice anoche y la interpretación se me ha ocurrido ahora.

En conclusión, jaja, seguimos sin intentar atravesar las puertas, pero sabemos que no hay que ser un fantasma y que, probablemente, otra dimensión, de las once, nos lo permitiría. Que con el cuerpo hay que convivir, pero que a las emociones no hay que hacerles caso, igual que vienen se van y proceden todas del miedo, excepto el Amor, que es, en última instancia, la fuerza de la unidad, la unión de la apariencia de los opuestos. Esto parece algo increíble, pero es tan increíble como que un gusano entienda las meninas de Velázquez, o la teoría de la evolución. Imagina un ser inteligente que sea capaz de captar en las once dimensiones de la teoría de cuerdas y que en lugar de pensar con doce conceptos como nosotros piense con cincuenta. No podríamos entenderlo jamás. Pues eso es lo que nos permite el cerebro cuando lo utilizamos, como en la meditación, y no cuando razonamos o seguimos nuestros estrechos cinco sentidos. ¿O la realidad se reduce a los cinco sentidos? No. Pues lo mismo ocurre con la razón. Vaya rollo que me he marcado hoy. Jaja.

Que va, aquí no se está hablando en el nivel espiritual, sino en el entramado de los tres niveles. Si quieres tener alienado los tres niveles, no vale echar balones fuera. Si tú eres uno, tú eres responsable de todo. “Cada cosa en su sitio” jaja, eso es una expresión de autoafirmación del yo. Recuerda, es el miedo. El miedo a dejar de creer en todo lo que creemos. Es curiosa una cosa que dice Juan Manzanera en el video. En un monasterio hay menos limitaciones, cierto, pero eso no implica que esas limitaciones no existan, lo que pasa es que no las tenemos resueltas dentro de un monasterio. No estoy hablando de vida espiritual. Sino del día a día.

Si el problema es que es de cajón, lo entendemos, pero no lo comprehendemos, hace falta más hemisferio derecho. Si yo ante la violencia actúo con violencia aumento la violencia. Si yo respondo con la no violencia, corto la violencia, incluso si me matan, pero ahí desaparece la cadena. Si yo critico e insulto a los políticos, introduzco odio en el mundo, luego introduzco desorden. ¿Qué hacer? No juzgar. Todo lo más describir y comprender por qué actúan como actúan que a mí no me gusta y me cabrea, que, por cierto, a mucha gente, entre otros los que les votan, no les cabrea. Algo anda mal en mi juicio. El mal dependerá de mí. Ser responsable, que no culpable. Entonces, para empezar, ni juzgar. (Recuerda lo que dice el evangelio “así como vosotros juzguéis, así seréis juzgados”, y no se refiere al cielo, sino a la vida misma, a la vida diaria.) De esa forma ya introduzco algo de paz y mejoro el mundo más que con mi crítica. Ésta es la revolución individual de las conciencias que tiene que haber. No hay nada nuevo en el mensaje. Lo dijeron Sócrates, Jesús de Nazaret, Buda, Lao Tse. Es la Paz, que sólo existe en la Unidad y somos “parte” de la unidad.

Un cuento del budismo zen dice, más o menos, lo que sigue. Un samurái enloquecido que había arrasado toda la comarca llegó a un templo y le preguntó al monje más sabio que le dijese cuál era el cielo y cuál el infierno y que si no se lo decía le cortaría la cabeza. El monje no respondió, muy enojado se lo volvió a preguntar y le amenazó con matarlo. El monje guardó silencio. El samurái desenvainó su espada y, entonces, el monje dijo: eso es el infierno, y cuando el samurái guardó su espada, dijo: y eso es el cielo. Es sabio y bello ¿eh? Buenas noches, mañana seguimos.

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Vaya, mira que lo estaba pensando, pero estaba muy cansado. Se me olvidó lo de la crianza. Iba a decir precisamente lo que dices tú. En la crianza y, sobre todo, cuando estamos hablando de un bebé, éste no es responsable de nada, cargará con la responsabilidad en el futuro de una mala crianza. La responsable de la mala crianza es la madre y los que la rodean (instituciones, familia,…). Todo es una cadena. El niño, de más mayor, sufrirá una mala crianza, y esa mala crianza dará lugar a pensamientos y emociones de los cuáles, aunque la causa de que se desencadenen esten en la crianza, él es responsable. La idea es que si uno quiere sanarse, y no hablo ya de espiritualidad, sino de tener sentimientos saludables (sin ira, sin rencor, sin vergüenza, sin timidez,…) pues tiene que actuar sobre todos sus pensamientos que causan esos comportamientos que le hacen infeliz. Luego puede venir el salto a la espiritualidad, pero eso es otra cosa. Yo hablo de psicoterapia. Pero es que además, el psicoterapeuta tampoco te cura, eres tú. Esta idea es muy importante porque estaba en el fondo del psicoanálisis. No importa que todos tus males vengan de la infancia, pero eres tú el que te tienes que hacer responsable de ellos. Y ser responsable es cargar con ellos, pero sin culpabilidad. Y sanarte es, una vez que los conoces, dejarlos ir. Y eso se hace mediante la compasión y autocompasión, el Amor y la paz. Y todo eso se transmite a tu alrededor. Si yo no cambio de actitud, mi grupo no cambia de actitud, cada vez son más mansos. Les estoy ayudando a conocerse, mientras me autoanalizo yo y me curo (cuido) de mis malos pensamientos. Se cura, curándose uno a sí mismo. Es curiosa la absoluta coincidencia entre el curso de milagros y el ho-oponopono. La diferencia es que éste es muy fácil de entender y, en la teoría, no produce reacciones, sí, en la práctica. Porque la práctica es la de pedir perdón continuamente. Pero pides perdón a tu yo superior. Es decir, de lo que se trata es de establecer un diálogo interno entre tus tres yoes, el inconsciente que es el cuerpo más material, las pulsiones, emociones y sentimientos, que tienes que amar, reprimir (no se elimina al cuerpo) en la terapia y autoterapia (sí en la filosofía, porque el cuerpo no es más que una manifestación de lo Uno, que es el Yo Soy, pero eso no nos interesa ahora) y de ese diálogo interno surge la perfecta alineación, utilizan la misma palabra que tú, entre esos tres yoes, que además representan lo que tú dices, cuerpo, mente y espíritu. Para ello hay que partir de que tú eres responsable de tus pensamientos (eso no quiere decir que tú seas responsable de una mala crianza, pero sí de lo que ahora mismo piensas, venga de donde venga. Te tienes que sanar tú, no odiar a tu madre, a la sociedad,…) y de que tus pensamientos construyen tu mundo. La causa del episodio de bulimia que tuviste, cualquiera sabe dónde está, pero tú lo solucionaste porque te hiciste responsable de ella, en primer lugar y, en segundo, porque decidiste amarte, cuidarte, de lo contrario hubieses seguido así hasta la muerte. Como le ocurre a cualquier drogadicto, no es más que un suicidio a largo plazo, no se quieren, ni quieren el mundo que sus pensamientos ha construido y deciden aniquilarse como les gusta. Y esto no es un juicio, es una descripción. A mí me da igual lo que hagan, son ellos los responsables. Yo lo he hecho y puedo volver a hacerlo. Eso nunca lo sabe uno. Creo que hay una confusión en ti entre responsabilidad y culpabilidad. Esa confusión es la herencia de la cultura cristiana. La responsabilidad es hacerse cargo de lo que uno tiene. Y qué tiene: un mundo que no le gusta y le hace infeliz. Y eso ¿por qué?, porque nuestros pensamientos los producen. Pues hagámonos cargo de nuestros pensamientos. La culpabilidad es un concepto cristiano de sumisión al poder, de anulación. Y, precisamente, todas estas tradiciones sapienciales, incluida la ética evangélica, son autoafirmaciones del Yo Soy. La culpabilidad implica sacrificio. La responsabilidad se resuelve con el ofrecimiento, expiación, de tus formas erróneas de pensar, es tu yo superior el que te cura cuando eres capaz de reestablecer el diálogo. Y, para eso es necesario, la compasión, como dicen los budistas o el amor como dice el cristianismo y el ho-oponopono. Pero, es curioso. Se empieza por la autocompasión y por el amor a uno mismo. Sufrimos porque no nos queremos lo suficiente. Si tenemos autocompasión (que es lo mismo que hacerse responsable, decirse sí a uno mismo) entonces podremos tener compasión. El sano egoísmo da lugar al verdadero altruismo. Muy buenos días.

 

Como pienso que eso del progreso es un mito y, en cualquier caso, mirad dónde nos ha traído, pues he vuelto a los orígenes siguiendo la máxima socrática, como siempre, del conócete a ti mismo y ando, incluso, antes del logos. O en el momento mismo de su aparición. Así que estoy en un solo sé que no sé nada existencial estrictamente hablando.

El cielo y el infierno están dentro de nosotros. La paz y la guerra no son más que nuestras emociones y nuestras emociones no son más que producto de nuestros pensamientos erróneos sobre la realidad y sobre los otros. Cada vez que juzgamos, en el fondo, lo estamos haciendo sobre nosotros mismos. Si aprendiésemos que el mundo depende de nuestros pensamientos aumentaríamos la paz y disminuiríamos el odio, el rencor, el dolor y la guerra. Porque de nuestros pensamientos dependen nuestras acciones. Por tanto antes de actuar debemos saber si nuestros pensamientos son correctos y si las emociones que de ellos se derivan nos llevan a la compasión o a la guerra. Ya lo dijo Jesús de Nazaret, “Hasta que no os volváis como uno de estos (los niños) no entraréis en el reino de los cielos”. Cuidado que aquí niño significa inocencia (eternidad, ausencia de tiempo, por tanto: felicidad o paz) y que estoy hablando metafóricamente. Vamos, que no estoy defendiendo la teoría del buen salvaje. Estoy un paso más allá de la razón, que es el de la intuición. También se puede ilustrar con un conocido cuento del budismo zen. La sabiduría es milenaria y procede toda ella de la época axial. Es aquí donde deberían volver los filósofos y donde deberían estudiar los psicopedagogos.

 

“Un joven guerrero Samurái se paró respetuosamente ante el anciano maestro Zen y dijo: “Maestro, enséñame sobre el Cielo y el Infierno”.

 

El maestro se volteó rápidamente con disgusto y dijo:“¿Enseñarte a ti sobre el Cielo y el Infierno? ¡Pues dudo que ni siquiera puedas aprender a evitar que tú propia espada se oxide! ¡Tonto ignorante! ¿Cómo te atreves a suponer que tu puedes entender cualquier cosa que yo pudiera tener que decir?”

 

El anciano siguió así, lanzándole cada vez más insultos, mientras que la sorpresa del joven espadachín se convertía primero en confusión y después en ardiente coraje, aumentando por momentos más y más. Maestro o no maestro, ¿quién puede insultar a un Samurái y vivir?

 

Finalmente, con los dientes apretados y la sangre casi hirviendo de rabia y furia, el guerrero ciegamente, desenfundó su espada y se preparó para acabar con la lengua filosa y la vida del anciano, todo en un solo golpe de furia.

 

En ese mismo instante, el maestro miró directamente a sus ojos y le dijo suavemente: “Ése es el Infierno”.

 

Hasta en la cúspide de su rabia, el Samurái comprendió que el maestro de hecho le había dado la enseñanza que él había pedido. Lo había llevado al Infierno viviente, conducido por un coraje y ego incontrolable.

 

El joven, profundamente impactado, guardó su espada y se inclinó en reverencia a este gran maestro espiritual. Mirando hacia arriba y viendo la cara anciana y sonriente del maestro, sintió más amor y compasión que en cualquier momento de su vida.


En ese momento, el maestro levantó su dedo índice y dijo gentilmente:

 

“Y ése es el Cielo”

 

                               La filosofía aplicada o Cura sui. (Curarse a sí mismo)

Tú también vas a perecer;
sabiendo esto, ¿cómo puedes pelearte?
Aforismo Budista.

 

Mis estimados y sufridos lectores, si alguno queda. Me propongo anunciarles un giro en mi filosofía que quizás pueda sorprenderles. Si alguno me ha seguido, algo he anunciado en dos artículos en la edición digital. Llevo muchos años dedicado a la actividad filosófica como un conocimiento del mundo, para tener una idea general de él, y como conocimiento de las ideas y creencias que uno tiene, junto con los semejantes, para, a través de este autoconocimiento intentar, desenmascarar lo que considero apariencias y, de esa manera, encaminar la mirada, tanto mía, como la de aquel que me escucha a la búsqueda de la verdad, el bien y la justicia. Considero que este es un camino legítimo, muy noble y virtuoso. Pero quizás sea un luchar contra molinos de viento. Y no significa esto una renuncia. Sino otra forma de luchar a través de una transformación interior muy profunda y guiada por la mano de la filosofía. No abandona uno el campo de batalla, ni deja de ver las injusticas del mundo, ni la miseria, ni la barbarie del poder. Me retiro a mi interior para entender mejor todo ello desde el conocimiento de mí mismo. Es decir, doy un paso más en el conocimiento de sí mismo socrático.

Me gustaría explicarles dos cosas, de momento. La primera de ellas es qué es la filosofía y en qué se ha convertido. Bien, la filosofía nace en Grecia en torno al siglo VII antes de C., pero esto no quiere decir que no existiese un saber tanto en Grecia como en otras zonas del mundo, como en China, la India, Mesopotamia, Egipto, por mencionar las más importantes y conocidas por los propios griegos. Pues bien, en el comienzo, la filosofía y hasta Sócrates incluido, que sigue siendo mi inspirador con su “Conócete a ti mismo” estaba unida a la sabiduría. Y, qué quiero decir con ello, pues lo que quiero decir es que el saber y el ser coincidían. Es lo que podemos llamar consistencia moral o ética. El filósofo era lo que decía. Y el caso de Sócrates es paradigmático, pero, como él vivieron todos los presocráticos. Pues bien, el descubrimiento griego fue que el Logos, la razón, el lenguaje, el discurso era lo común, lo común entre los hombres y lo común entre el hombre y la naturaleza. De ahí que el Ser y Pensar sean una y la misma cosa y que es necesario seguir al Logos, tanto para entender la naturaleza, como para entendernos a nosotros mismos, como para gobernarnos (democracia, darnos el logos, la ley a nosotros mismos). Claro, esto significa que el afán del filósofo no solo es el conocer. Sino que su conocer implica una transformación de su ser. Por eso, en la antigua Grecia estos filósofos eran tenidos como sabios, es decir modelos ejemplares de vida. Aunque hubiese diferentes escuelas. Pero, tras la muerte de Sócrates, un acto de su vida, que como sabio ejemplar, lo convierte en acto pedagógico (disculpen mi radicalismo, pero desde entonces se terminó la pedagogía). Es una de las cosas que uno ha descubierto o lo está haciendo en su viaje interior: que la sabiduría es antiquísima, que la superficialidad y que la ignorancia y la estupidez nos mantienen entretenidos mientras olvidamos nuestro interior. Como iba diciendo, tras la muerte de Sócrates es cuando aparece la filosofía como conocimiento desligada del ser. Sobre todo con su discípulo Aristóteles. De la figura de Sócrates se desprenden dos corrientes. La línea platónica en la que ser y conocer se comienzan a separarse. Llegando a la barbarie de las facultades de filosofía de hoy en día en las que existe una hiperespecialización de no sé qué saber que sólo sirve para dar de comer al que lo enseña, un saber académico y estrictamente profesionalizado y que intenta imitar a la ciencia, cayendo en el mito del cientificismo. Ya renuncié hace muchos años a esto y me dediqué a la filosofía mundana. Término inventado por Kant y me refugié en una forma de escribir cercana que fuese el artículo periodístico y el ensayo. Ahora he dado un paso más en el autoconocimiento en el que vamos a intentar recuperar esa vivencia de la filosofía en tanto que saber igual a ser. Por supuesto, sin caer en dogmatismos, ni fanatismos, ni new age. Se trata de hablar desde el interior, de sugerir, de no enjuiciar. De hacer pensar por la metáfora y con ironía, no con el ataque directo, ni la crítica racional. Se trata de enseñar la virtud y la felicidad como una conquista interna y, con la convicción de que la gran revolución surge del cambio en las conciencias. Y me agrada coincidir aquí con mi amigo Riechmann, también un antiguo luchador desde las trincheras, pero que piensa que el verdadero cambio y la única posibilidad para la humanidad es el cambio individual de las conciencias. Y es ese cambio individual el que se tiene que transmitir por osmosis, sino, nos vamos al garete, y ni a la tierra, ni al universo le importa. No somos nada en la eternidad del cosmos. Primera lección para el poder. Somos todo en el cosmos, puesto que somos el cosmos en tanto que todas nuestras partes son “polvo de estrellas” organizadas de una forma particular en este momento. Otra forma de expresar el “Dios o naturaleza” de Spinoza. Primera lección para todos los individuos. Por tanto, tenemos que ser Uno con el cosmos y la naturaleza. Y lo segundo que les quería contar lo dejaremos para futuras entregas. La paz consigo mismos les llevará a la paz con los demás.

 

“Estamos unidos al inconsciente colectivo. A cualquier acción que hagamos, aunque sea anónima, el mundo le da una respuesta. Lo que le hacemos a los otros nos lo hacemos a nosotros mismos.” A. Jodorowsky

“Todo lo que necesitas, incluido a Dios, está en ti, no fuera de ti.” Aforismo Sufi.

Está claro que la línea sapiencial es única y que se ha expresado de diversas maneras a lo largo de milenios. Esto es lo mismo que el consejo y la vida socrática, las enseñanzas advaitas, las de los evangelios o las budistas.

El cielo y el infierno están dentro de nosotros. La paz y la guerra no son más que nuestras emociones y nuestras emociones no son más que producto de nuestros pensamientos erróneos sobre la realidad y sobre los otros. Cada vez que juzgamos, en el fondo, lo estamos haciendo sobre nosotros mismos. Si aprendiésemos que el mundo depende de nuestros pensamientos aumentaríamos la paz y disminuiríamos el odio, el rencor, el dolor y la guerra. Porque de nuestros pensamientos dependen nuestras acciones. Por tanto antes de actuar debemos saber si nuestros pensamientos son correctos y si las emociones que de ellos se derivan nos llevan a la compasión o a la guerra. Ya lo dijo Jesús de Nazaret, “Hasta que no os volváis como uno de estos (los niños) no entraréis en el reino de los cielos”. Cuidado que aquí niño significa inocencia (eternidad, ausencia de tiempo, por tanto: felicidad o paz) y que estoy hablando metafóricamente. Vamos, que no estoy defendiendo la teoría del buen salvaje. Estoy un paso más allá de la razón, que es el de la intuición. También se puede ilustrar con un conocido cuento del budismo zen. La sabiduría es milenaria y procede toda ella de la época axial. Es aquí donde deberían volver los filósofos y donde deberían estudiar los psicopedagogos.

 

“Un joven guerrero Samurái se paró respetuosamente ante el anciano maestro Zen y dijo: “Maestro, enséñame sobre el Cielo y el Infierno”.

 

El maestro se volteó rápidamente con disgusto y dijo:“¿Enseñarte a ti sobre el Cielo y el Infierno? ¡Pues dudo que ni siquiera puedas aprender a evitar que tú propia espada se oxide! ¡Tonto ignorante! ¿Cómo te atreves a suponer que tu puedes entender cualquier cosa que yo pudiera tener que decir?”

 

El anciano siguió así, lanzándole cada vez más insultos, mientras que la sorpresa del joven espadachín se convertía primero en confusión y después en ardiente coraje, aumentando por momentos más y más. Maestro o no maestro, ¿quién puede insultar a un Samurái y vivir?

 

Finalmente, con los dientes apretados y la sangre casi hirviendo de rabia y furia, el guerrero ciegamente, desenfundó su espada y se preparó para acabar con la lengua filosa y la vida del anciano, todo en un solo golpe de furia.

 

En ese mismo instante, el maestro miró directamente a sus ojos y le dijo suavemente: “Ése es el Infierno”.

 

Hasta en la cúspide de su rabia, el Samurái comprendió que el maestro de hecho le había dado la enseñanza que él había pedido. Lo había llevado al Infierno viviente, conducido por un coraje y ego incontrolable.

 

El joven, profundamente impactado, guardó su espada y se inclinó en reverencia a este gran maestro espiritual. Mirando hacia arriba y viendo la cara anciana y sonriente del maestro, sintió más amor y compasión que en cualquier momento de su vida.


En ese momento, el maestro levantó su dedo índice y dijo gentilmente:

 

“Y ése es el Cielo”

El sentido de la resurrección es la resurrección a la vida del espíritu. Es, como señalaba Agustín de Hipona, la resurrección del hombre nuevo. O, mejor, si nos vamos al evangelio, la resurrección es volver a la inocencia de la infancia (tomando esto como metáfora.) Los evangelios hay que leerlos como una gran metáfora, independientemente de que, además no son libros históricos, sino de leyendas y enseñanzas ejemplares. Otra cosa es lo que la iglesia ha querido hacer de ellos. Y la metáfora que recoge a todas las demás es que el cielo y el infierno, la felicidad y el sufrimiento están dentro de uno y a nuestro alcance en un mismo instante y, nuestra libertad consiste en elegir uno u otro. Y, esta libertad está como siempre condicionada por la ignorancia. Elegir la felicidad es elegir la libertad, porque la desgracia, la infelicidad y el vicio es la esclavitud. Pero elegir la felicidad es elegir: Ser. Elegir: la eternidad, el Ahora, la inocencia, la tercera transformación de Nietzsche: de león a niño. Renunciar a la culpabilidad que nunca hemos tenido, pero tomar la responsabilidad que conlleva nuestra libertad. Hemos de morir para renacer. Hemos de romper las cadenas de la culpabilidad, del rencor, del resentimiento, de la venganza, de la ira y del odio, la vergüenza, para alcanzar la libertad del instante presente: la eternidad.

Y, ¿Quién es mi prójimo?

 

25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?

26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?

27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Parábola del buen samaritano. Lucas 10:25-37Reina-Valera 1960 (RVR1960)

 

 

 “Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno” Terencio.

 

La parábola del buen samaritano es uno de los pilares fundamentales de la ética evangélica. Si bien hay que entender aquí dos éticas, que quizá, se puedan fundir. Una es la ética milenarista. La que anuncia la renuncia a todo porque el fin de los tiempos es inminente y la que por medio del ejemplo, la metáfora, la parábola enseña un modo de vida a imitar que sirve como ejemplaridad de vida moral para salvarse. También habría que analizar qué se entiende en los evangelios por  salvarse. Es otra metáfora, como la del reino de los cielos. Pero eso lo dejaremos para otras entregas. La gran importancia de la parábola del buen samaritano es que en ella se nos promete la salvación. Lo que se pregunta es qué he de hacer para salvarme. Y aquí hay un juego muy interesante. En primer lugar es un intérprete de la ley el que pregunta a Jesús (un don nadie, que se hace pasar por el Mesías, como otros muchos) que qué debe hacer. Y Lucas nos cuenta que Jesús cambia el giro y el sentido al convertirse él en el que interpela. Si es un intérprete de la Ley él sabrá lo que tiene que hacer. Y, efectivamente, el intérprete de la ley responde con un perfecto conocimiento de ella: “Amarás a Dios…y al prójimo como a ti mismo.” Lo primero que hay que señalar es que lo del prójimo ya está en el judaísmo, pero en un sentido más restringido. Y Jesús responde que ya que lo “sabe” tan bien lo que tiene que hacer, si quiere alcanzar el reino de los cielos, es hacerlo. Aquí vemos la ironía de Jesús, que no es poca en sus enseñanzas y que nos recuerda a la de otro gran sabio maestro de la ironía: Sócrates. Permítaseme decir que en las enseñanzas de Jesús hay más de ironía que de culpa, redención, resentimiento, pecado y sacrificio. Todo esto último no es más que una invención de la iglesia que ha superpuesto su interpretación literalista de unos evangelios, por lo demás, elegidos arbitrariamente, sobre una interpretación ética de la vida y enseñanzas de Jesús de Nazaret. Puro mito y superstición para dominar al pueblo y mantenerlo en estado de miedo y esclavitud. Y es necesario señalar aquí, que esos conceptos creados por el cristianismo, como el de culpa, pecado, obligación y muchos otros siguen en nuestras conciencias, operando en nuestros sentimientos produciendo dolor y sufrimiento, por muy no creyentes que sea la gente. El peso del inconsciente colectivo de dos mil años no se quita con un simple no ir a la iglesia. O, con ese absurdo de decir: “creo en dios, pero no en la iglesia”. En fin, sigamos. La ironía de Jesús provoca la ira del intérprete de la ley, que quiere dejar en evidencia al que se llama Maestro. Y aquí viene la pregunta crucial que hace el escriba. “¿Y, quién es mi prójimo?” La respuesta de Jesús es una parábola. Pero antes hay que explicar lo del concepto de prójimo en el antiguo testamento. Nuestro concepto de prójimo no cuadra con la idea que tienen los judíos de pueblo elegido, ni con la masacre de otros pueblos, que los judíos ayudados por dios hacen por mero capricho o por cualquier nimiedad. El caso es que también hay citas en el antiguo testamento en la que se considera al prójimo alguien que está más allá del judío y se hace referencia al éxodo y el exilio del pueblo judío y a los que les ayudaron. En todo caso la interpretación dominante es que el prójimo (aunque la idea ya había aparecido, también lo había hecho quinientos años antes con la idea de compasión el budismo y también en la filosofía, concretamente, en los estoicos) es el cercano, el familiar y el amigo, el que forma parte de tu mismo pueblo. En griego, que es como se escribe el evangelio se utiliza la palabra con este significado y en latín se traduce por proximus, que es cercano, próximo. Por eso hay un salto en la ética evangélica, una novedad, aunque ya hubiese sido descubierta en otros pueblos y culturas. La parábola no tiene desperdicio. Hay un herido en el camino y el primero que pasa es un sacerdote, un guardiam del templo y de la Torá y sigue su camino, después pasa un levita, una casta dentro de los sacerdotes. Y también pasa de largo frente al herido. Es decir que aquellos que conocen la ley no ayudan al que lo necesita, incluso siendo de su pueblo. Sin embargo, baja un samaritano y le ayuda, sin ser un cercano, sin ser proximus. Y Jesús sigue con su mayéutica y pregunta, quién crees tú que actuó conforme a la ley. Y el intérprete de la ley dice que aquel que le ayudó. No se atrevió ni siquiera a decir que el samaritano. Los samaritanos eran considerado una raza impura. Judíos mezclados con gentiles. Eran considerados despreciables entre los más despreciables.

De modo que, alguien ajeno al pueblo judío, ayuda a alguien que es del pueblo judío y ese es el que obedece la ley judía de amar al prójimo como a uno mismo. La revolución moral aquí, es que el prójimo deja de ser el prximus para convertirse en todo aquel sujeto que esté padeciendo dolor, miseria y sufrimiento. Es decir, que el prójimo es cualquiera que sufre. Que está antes el dolor del otro que mis creencias religiosas, políticas, mi lengua…y esta es la gran enseñanza moral que no puede caber en la mente judía. Ni prácticamente cabe en la mente humana. Nosotros sólo amamos al prójimo de forma abstracta, de ahí que la fraternidad, como ideal de la Ilustración, se haya convertido en solidaridad. Para ser solidario no es necesario amar. Ahora bien, desde luego que, desde el entendimiento no se puede amar al prójimo, ni se puede imponer como un deber. Pero, sí se puede sentir desde la compasión, como bien han dicho los budistas. Y, además, nuestro cerebro está preparado para ello. Si tú ves el sufrimiento de otro, aunque no sea próximo, por lo que se llama empatía  (está tan desvirtualizada esta palabra en manos de los psicólogos) sientes compasión. Y lo mismo ocurre si sólo lo imaginas. Y, la compasión incita a la acción por amor, por semejanza. Amar al semejante como a uno mismo. Lo amo porque es semejante o, dicho de otra manera, porque me amo a mí mismo. ¡Cuidado con esto, no se confunda con el egoísmo! El egoísmo en el cristianismo es otro mecanismo de control. no hay nada mejor que amarse a sí mismo porque eso conlleva el amor a Dios. Y ya nos lo decía San Agustín. “Ama y haz lo que quieras.” Y, decía, una de las formas de amor a dios es a través del conocimiento de uno mismo. Conocimiento es: filosofía: amor a la sabiduría. Teológicamente el fundamento está claro. Si todos somos hijos de dios y todos hemos sido creados iguales y a imagen y semejanza de dios, entonces todo el mundo es nuestro prójimo. Y nunca puedo desear el mal del prójimo y, mucho menos, hacerlo. Ya lo dijo también Sócrates. Es mejor sufrir una injusticia que cometerla. Si yo cometo una injusticia entonces la injusticia se vuelve contra mí porque he atacado a un semejante que es, como yo, hijo de dios. Mi hermano, un igual, sea del país, o sea un inmigrante ilegal, o un asesino. Tampoco soy nadie para juzgar. Y también nos enseñan esto los evangelios y también lo comentaremos. Hay una bella discusión en España, aunque detrás de ella hay millones de muertos, que es la que mantuvo Fray Bartolomé de las Casas con la ortodoxia de la iglesia en la que se discutía si los indios eran o no hijos de dios antes de ser bautizados. La postura, durante mucho tiempo fue que no, imagínense ustedes la cantidad de cosas que se les podría hacer a un no humano, a una bestia. Sólo hay que pensar lo que se hacía con los herejes en la época de la inquisición. Ya hablaremos de algún hereje aquí, como Cusa o Bruno, que siguieron la línea sapiencial de la filosofía práctica y acabaron en la hoguera, victimas del poder, la ambición, la vanidad y la ceguera. Todo lo contrario del amor al prójimo. No se entienda esto como acusación. El primer principio de la filosofía práctica es no juzgar. No emitir juicios de valor.

Pero, además, nos encontramos con un fundamento filosófico al que se alía el cristianismo y es el del estoicismo. Los estoicos consideran que la razón universal lo gobierna todo. La razón es el Logos y el logos es lo común, a la naturaleza y al hombre. Somos iguales en tanto que tenemos logos. Y, nuestro logos sirve para comunicarnos y para seguir a la naturaleza. Y el logos es la ley universal de la naturaleza, la providencia, que lo dirige todo incluido al hombre. Y, por eso está por encima de las leyes de los hombres, porque las leyes de los pueblos, son particulares y obedecen a intereses y no a la naturaleza. Porque naturaleza y logos, además se identifican. Ya tenemos el primer pensamiento ecologista de la historia. Si el hombre sigue al logos, se sigue a sí mismo y sigue a la naturaleza. Y seguir a la naturaleza es, en griego, cosmos. Por eso el hombre es un cosmopolita, un habitante del cosmos, del mundo. Y, como somos iguales, somos hermanos, de ahí el concepto de fraternidad universal que sacará el cristianismo y que, después, secularizará la Ilustración. Por tanto el mensaje ético que se nos da desde la época axial: Compasión budista, amor al prójimo del cristianismo, justicia socrática y cosmopolitismo estoico está aún por realizar. Y se requiere un cambio, no político, que también, sino en la conciencia de los individuos para que podamos “salvarnos” (que no tiene nada que ver con ir al cielo, o sí, pero de otra manera)

 

La naturaleza del mal.

"Todo es mal. O sea, todo lo que existe es mal; que las cosas existan es un mal; cada una de las cosas existe con la finalidad del mal; la existencia es un mal y se ordena al mal; el fin del universo es el mal; el orden y el Estado, las leyes, la trayectoria natural del universo no son sino mal, ni están encaminadas a nada que no sea el mal". Leopardi.

En primer lugar este pesimismo no nos lleva a nada, salvo a atacarnos a nosotros mismos. Dicho de otra manera atacamos al mundo porque nosotros nos sentimos mal. Proyectamos el mal en el otro, porque el mal lo tenemos nosotros. Y nuestro mal son nuestros pensamientos erróneos sobre el mundo y los otros. Y esos pensamientos son las ideas que de ellos nos hacemos. Ello no quiere decir que no exista el mal en el mundo, pero depende de nuestro pensamiento. Si todos pensásemos correctamente no existiría el mal. Esto ha sido una explicación psicológica. Después daré una teológica. En cuanto a la escisión pues hay que explicarlo por el pensamiento dual. Nuestra civilización ha producido la dualidad, el pensamiento dual más desarrollado. Y esto se produce después de Sócrates. En el artículo “Filosofía aplicada Cura sui (curarse a sí mismo)” de la Gaceta Independiente de Mayo lo explico. Nuestro cerebro es dual, según predomine un hemisferio u otro. Siempre trabajan los dos y, por ello, siempre ha aparecido la dualidad. Pero, el pensamiento dual: sujeto-objeto, hombre-mujer, frío-caliente, arriba-abajo, bien-mal…se ha desarrollado más en unas culturas que en otras. Las que han trabajado más el hemisferio izquierdo (lógico formal) son más dualistas, como la tradición occidental, mientras que las que han trabajado culturalmente más el hemisferio derecho, son menos dualistas e, incluso, se han dado cuenta de que el problema del conocimiento, el problema de la realidad y el de la ética es el problema de la dualidad. Que en realidad no existen los opuesto, sino la unidad. Así tenemos: el taoísmo, el budismo y el hinduismo advaita. En las religiones del libro, como están contaminadas del pensamiento dual, aportado por la filosofía platónica y aristotélica, pues la dualidad es lo imperante, excepto en la mística. Todos los místicos dicen que dios es todo y buscan la unidad con dios. Por eso los místicos han sido en la mayoría de los casos perseguidos. Mientras que en Oriente el propio pensamiento es ya de por sí místico. Lo de la dualidad tiene su base biológica y cultural. Hoy hay que mirar las cosas desde la epigenética.

La explicación teológica es doble. En primer lugar desde el teísmo. Es decir, desde la existencia de dios. Si dios existe y es uno e infinito y, por tanto, infinitamente bueno, el mal no existe objetivamente. El mal, es, según la teología cristiana, privación del bien, no hay esa dualidad, porque si no dios deja de ser dios y, entonces caemos en el ateísmo. Por eso el problema del mal ha dado lugar a muchos ateos que no han sido capaces de soportar el sufrimiento. Así como muchos creyentes, han sido capaz de soportar grandes dosis de sufrimiento porque creen en dios y saben que todo procede de su voluntad y su voluntad no puede ser nunca mala.

Desde el punto de vista panteísta (que es en el que yo me sitúo), tampoco puede existir el mal. El panteísmo considera que lo que llamamos dios es todo lo que hay, pero que no es personal, ni creador, ni se ha encarnado. Es, y punto. Entonces todo lo que hay es parte de dios y dios no es ni bueno ni malo. Lo bueno y lo malo son percepciones nuestras que ocurren dentro de dios. El mal serían modos de ser inadecuados, por tanto deben ser corregidos: científicamente lo llamamos: errores, éticamente, lo llamamos: mal. Por ello, si corregimos nuestro pensamiento, porque en el fondo lo que hay es lo que pensamos, corregimos el mal. El mal es nuestro pensamiento erróneo (odiar) y nos hace infeliz. El bien es el pensamiento adecuado (la compasión) y nos hace feliz. Pero es que además, si lo que existe es dios o el Ser, pues no hay nada más, y tampoco el tiempo, con lo que esto no es más que un sueño o una realidad virtual (una simulación informática), es decir, apariencia. Y, claro, si lo que existe es el Ser, pues no puede existir el tiempo, con lo cual volvemos de nuevo a la mística. Somos uno con el cosmos y, lo demás es apariencia. Un “bostezo del ser”. Esto tiene algo bueno, seríamos eternos, pero no tal y como nos pensamos porque nos pensamos desde la idea inadecuada del tiempo. El tiempo matemático no tiene nada que ver con el psicológico. O, como decía Agustín de Hipona, el tiempo, si nadie me lo pregunta se lo que es, pero si me lo preguntan, pues no sé qué contestar.

Y, por último, el ateo, que es igual que el panteísta, pero eliminando el ámbito de la espiritualidad.

Es obvio que esto que se nos dice más abajo es lo mismo que nos aconsejaba el viejo maestro Sócrates con su conócete a ti mismo y aquello de que una vida sin análisis no merece la pena de ser vivida. Cada vez estoy más convencido de que la filosofía es praxis, acción. E incitar a la acción. Si los filósofos, en lugar de académicos y profesores hubiésemos sido filósofos en el sentido antiguo de la palabra, no habría habido una desbandada de la ciudadanía despistada hacia el esoterismo, la magia, el pensamiento oriental. Y no niego que hay mucha verdad en esto, pero también mucho oportunismo. Y, de paso, no seríamos calificados de inútiles, ni los psicólogos hubiesen usurpado nuestro lugar.

“Es evidente que un cambio radical en el ser humano, en uno mismo, producirá un cambio radical en la estructura y naturaleza de la sociedad. Creo que es necesario comprender con total claridad que la mente humana, con toda su complejidad y su mecanismo enrevesado, es parte de este mundo externo. 'Usted' es el mundo, y generar una revolución fundamental, no comunista o socialista, sino una clase de revolución por completo diferente dentro de la estructura y naturaleza de la psique y en uno mismo, producirá una revolución social. Debe hacerse, no en lo externo sino internamente, porque lo externo es el resultado de nuestra vida interna privada.

Cuando se produce una revolución radical en la misma estructura del pensamiento, del sentimiento y de la acción, entonces, como es obvio, se genera un cambio en la estructura de la sociedad.”

Conversaciones con estudiantes Krishnamurti

“La verdad es verdad, es una y única. No tiene matices ni caminos; ningún camino conduce a la verdad. No hay camino hacia la verdad, ella debe llegar a uno. Y solo puede llegar cuando su mente y corazón son sencillos y tienen claridad, cuando hay amor en su corazón; no si su corazón está lleno de las cosas de la mente. Cuando hay amor en su corazón, no habla de organizarse y formar una hermandad, no habla de creencias, no habla de división o de las fuerzas que crean división, no busca reconciliación. Entonces, uno no es más que un ser humano sencillo, sin etiqueta, sin patria. Esto significa que debe despojarse de todas esas cosas, y permitir que la verdad se manifieste; y ella solo se puede manifestar cuando la mente está vacía, cuando la mente deja de inventar cosas; entonces llega sin que se la invite. Llega tan rápida como el viento, inadvertida. Llega secretamente, y no cuando uno mira y desea. De repente está allí tan rápidamente como la luz, tan pura como la noche; pero para recibirla el corazón debe estar lleno, y la mente vacía. Ahora tiene la mente llena y su corazón está vacío.” Krishnamurti

Es indudable que el camino sapiencial, no el conocimiento científico, no el conocimiento erudito pone el acento, cuando se habla de conocimiento, de saber y de verdad en la unidad. Entendiendo en este caso, unidad de sentimientos y emociones con el pensar propio del intelecto. Nuestro pensar total, al que podríamos llamar el conocimiento intuitivo, el tercer género del conocimiento al que aludía Spinoza, desde el modo de la eternidad, constituye una unidad indisoluble entre la compasión y el comprender. Es más, es la compasión la que nos lleva al comprender: el mundo, a nosotros mismos y a los demás. Se me podrá objetar que el conocimiento científico es frío y calculador, pero no es cierto. No podemos confundir el acto de conocer del científico con la ciencia como institución social vinculada inevitablemente a determinados poderes que, por lo demás, hacen de ella un arma de odio y destrucción. El científico parte de la admiración por el Ser e intenta comprenderlo, ama el saber. Y, una cosa, si en la cultura científica se hubiese introducido la compasión, tendríamos resueltos los problemas éticos de la ciencia, entre otras cosas porque no se darían. Se me podrá decir, en tal caso, que soy un ingenuo. Pues creo que no, somos hijos de nuestra tradición. Y en nuestra tradición, en el origen de la ciencia moderna, se unen varias tradiciones. Por una parte la recuperación del ideal griego del conocimiento basado en Pitágoras y Platón, ambos muy relacionados, íntimamente con la ética y la política y con una visión iniciática del saber. Pues bien, para ambos el secreto del universo estaba en la matemática y ésta la unían con una dimensión mística del saber. No había un pensamiento utilitarista ni mercantilista del saber. El mismo Kepler llegaba a decir que el universo era la geometría y que el mismo dios usa de la geometría (eterna) para crear el mundo, que el propio dios es la misma geometría. Cuatro siglos después del surgimiento del conocimiento científico moderno seguimos pensando que la matematización es el ideal del conocimiento científico, aunque sabemos que el conocimiento científico no es la única vía del saber.

Pero a nuestra tradición se le une el pensamiento de F. Baçon que es el padre del pensamiento tecnológico. Y va a ser éste el que une el conocer con el poder y éste con el control y dominio de la naturaleza que después se extenderá también a los hombres. Y, curiosamente, este pensamiento se une a la tradición cristiana, más bien encuentra en ella su fundamento, en la que se nos da el mandato bíblico “Creced y multiplicaos y dominad la tierra.” Y eso es lo que hemos hecho. Pero, ¿qué quiero decir con todo esto? Pues lo que quiero decir es que lo mismo que somos herederos de esta tradición podríamos serlo de otra. Y que si reclamamos una revolución profunda que deba ir precedida por el cambio de nuestras conciencias, pues, precisamente éste es un buen cambio de conciencia. La unión de la ciencia con la compasión y ahí desaparece, también, de un plumazo, el problema de las dos culturas. Que es, por otro lado, un falso problema, derivado del hecho de la dualidad en nuestro pensamiento, dualidad que no es real, sino, cultural.

“Mientras un mal acto cometido no da su fruto, durante ese tiempo el necio lo cree tan dulce como la miel, pero cuando el mal acto madura, el necio se enfrenta al dolor.” Buda. El camino de la rectitud.

Además del contenido de esta sentencia de Buda y su “verdad” ética, lo que resulta interesante es su equivalencia con la sentencia socrática que también ha sido olvidada en nuestra ética, tanto a nivel personal como social. Nos dice Sócrates. “Es mejor padecer una injusticia que cometerla”. Está claro que cometer una injusticia al principio puede procurarnos placer, pero cuando madura en nuestra alma nos produce dolor.

“Tal como el fuego cubierto de cenizas arde, así el mal acto persigue al necio quemándolo.” Buda. Y se equipara al que no actúa rectamente como necio. Es decir ignorante. Lo mismo que el intelectualismo socrático. El vicio procede de la ignorancia como en Sócrates. En realidad nuestra vida infeliz procede de la ignorancia. Y la ignorancia es la separación del Ser. La pérdida de la Unidad.

Tienes razón, pero eso sería un nivel más alto de abstracción. En el nivel de la reflexión, que es en el que estamos, podemos hablar de camino. Este nivel es más accesible para nosotros, los que pertenecemos a la cultura occidental. Pero, en el nivel superior, se trata, no de un camino, sino de una decisión que te lleva de la ignorancia (que es ilusión y no existe: esto se consigue por la vía de la meditación y la compasión) a la sabiduría en que te das cuenta que sólo existe ese estado: el del Ser, o el todo, o el tao, o la vacuidad, depende de la tradición. En definitiva: lo inefable.

"Ser inconscientes de nuestro propio comportamiento y de nuestra actitud mental nos hace perder nuestra humanidad" Venerable Lama Thubten Yeshe. Seguimos con la relación entre ignorancia y mal en la tradición oriental. Hay que reconocer que en el principio las tradiciones no estaban separadas. Y hay que volver a ver lo que nos hizo olvidar al Ser, como decía Heidegger, en nuestra tradición. Ese olvido nos ha llevado a la escisión: la dualidad. Y ésta, en la modernidad y con la revolución industrial y la actual nos ha llevado a la cosificación del ser humano; es decir, a la barbarie. Es necesario la vuelta a identificarse con la unidad para recuperar nuestro Ser. Y esa unidad está fundamentalmente en la unidad hombre-naturaleza y hombre-hombre. Sería la ética ecológica y la unión entre ética y política (esto implica una revolución de las conciencias) Por eso, en última instancia y la última esperanza es la revolución ética.

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No, es muy curioso. Ahora mismo estoy leyendo algunos escritos budistas. Lo que se llama el canon del budismo, como puede ser el nuevo testamento para el cristianismo. Pues bien, además de las similitudes profundas de las tres tradiciones, resulta que en los famosos sermones de Buda se enseña haciendo ver, razonando cual es el camino recto. Y se utiliza, tanto el raciocinio, como la metáfora o la parábola, como en los evangelios. Y, una cosa curiosa, en la práctica de la meditación, que es múltiple, generalmente hay una parte que es la meditación analítica. Es decir, una reflexión sobre el tema sobre el que se va a meditar. Y la meditación es provocar, voluntariamente, un estado de conciencia en el que el que reflexiona, está absorto, absolutamente atento y concentrado en el análisis. No se trata de levitar y decir Om y fundirse automáticamente con el universo y comer sólo lechuga, eso son tonterías. Lo que sí es cierto es que la razón tiene su papel y es un medio de conocimiento, pero no el único. Igual que cuando uno escucha una obra musical, o ve un cuadro, o lee una poesía. Puede incluso hacer un análisis racional y después sentir intuitivamente lo que le dice. Seguro que mientras mejor comprenda racionalmente la obra más será capaz de sentir. Y lo mismo ocurre con una teoría física o matemática. Para Einstein, el criterio de verdad de una teoría estaba en su belleza matemática. Algo que se intuye, que está más allá de la razón. Aunque sin comprensión racional tampoco podemos llegar a la contemplación estética.

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Efectivamente, todo coincide. Y si lo miramos desde una perspectiva más elevada, aunque no sea científica, ni podamos tener pruebas para asegurarlo, nos damos cuenta de que hay como una confluencia entre lo que, pasito a pasito, con la razón y la experiencia, va descubriendo la ciencia, y la sabiduría milenaria que lo que nos enseña (porque date cuenta que la sabiduría es la de la época axial: el taoísmo, el hinduismo, Buda, Sócrates, Jesús que son del neolítico y han sufrido la escisión y se plantean el camino de la vuelta a la Unidad) es que todo es Uno, que la dualidad es apariencia. Y lo Uno es la naturaleza. Lo curioso es que la razón surge como unidad en los primeros tiempos de la filosofía. Pero es, precisamente, a partir de Sócrates cuando se separa y empieza la dualidad. Y, cuando el la dualidad del pensamiento filosófico se une al mito cristiano de creced y multiplicaos y dominad la tierra, entonces es cuando el saber científico que surge elimina tanto a la naturaleza, como deshumaniza al hombre y nos lleva al estado actual que es la barbarie. Pero, curiosamente, la misma investigación de base, o fundamental, tanto en física, como en bioquímica, como en las neurociencias nos llevan de nuevo al retorno de la Unidad. Como decía un cosmólogo: “El universo cada vez se parece más a un gran pensamiento.”

 



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