Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2015.

La realidad sólo tiene un aspecto: enseñarnos. El dolor, la crisis es la forma de aprender. El que muere, muere y no tiene remedio, no es un mal, es su existencia, ya sea un no nacido, alguien con veinte años o alguien con noventa. Además, todo es energía y nada se pierde. Puede ser que la consciencia se pierda, pero no es consciente de su pérdida, sólo previamente. La muerte no tiene consuelo, pero deberíamos aprender dos cosas: que no es un mal y no es un desconsuelo.

                                               ---o---

Sanar y enseñar es lo mejor que el hombre puede hacer por el hombre. Y vienen a ser lo mismo. Sanar es educar al cuerpo que ha quedado maltrecho por las emociones. Educar es sanar el alma que ha quedado maltrecha por las impresiones de los sentidos del cuerpo. Cuerpo y mente son uno y lo mismo. El uno es espejo del otro y a la inversa. O la sanación es total y global o no hay sanación. El problema es que los ojos están semiciegos sólo ven parte de la realidad, como sólo ven parte de la gama del espectro de luz. Si miramos en nuestro interior veremos otros mundos que habitan en y con nosotros.

 

Si todos fuésemos capaz de compartir el dolor ajeno en el mundo prácticamente no habría sufrimiento, por lo menos de origen moral. El sufrimiento que tiene su origen en la propia naturaleza de las cosas es ficción. Hay que ver lo inevitable, como inevitable. Eso no implica que uno no sufra por el dolor del otro y por su propio dolor, pero no nos puede llevar a la renuncia, sino a la compasión o autocompasión. Todo sufrimiento tiene su sentido y tanto el que lo padece directamente como el que lo padece por compasión (amar al otro y desearle lo mejor desde su propia tristeza) aprende y crece. Al final la muerte llega para todos y el sufrimiento, porque nadie se va de rositas, una vez que nazca, claro. El sufrimiento es la esencia de la vida. Y nuestra única misión es aliviar el sufrimiento, tanto el nuestro, como el de los demás por la vía de la compasión. Feliz es el que no sufre, pero incluso éste, al ser un hombre sabio sufre porque necesariamente es compasivo, de lo contrario no sería sabio, sino egoísta.



Si todos tenemos que aprender todo, sin posibilidad de saltarnos nada, si aceptamos esta tesis, un materialista no la aceptaría, entonces, no nos es suficiente con una vida. Luego, tendremos que aceptar la reencarnación. Pero la idea de la reencarnación en un tiempo lineal es mítica. Además nos lleva a un dualismo. La mente, el cuerpo y el espíritu, son lo mismo, pero a distinto nivel vibracional; esto es, energía. Pero, por otro lado, la teoría de los universos múltiples y la de supercuerdas, nos llevan a la idea de que, en realidad, físicamente, no existe el tiempo, sino que existimos sincrónicamente y todo de una vez, aunque nuestro estado de conciencia sea limitado, menos que el de una lombriz, pero limitado. Si ello es así, resulta que no necesitamos del mito de la reencarnación, que es una forma alegórica para entender la realidad, existimos, en todas nuestras posibilidades cuánticas de existencia en un universo sincrónico. De esta forma, en cada vida, aprendemos lo que tenemos que aprender, pero como cuánticamente tenemos un número muy elevado de vidas, que coinciden con los universos cuánticamente posibles en los que nosotros podemos existir, pues podríamos realizar todo nuestro aprendizaje. Y, por eso, la meditación nos eleva hacia otros niveles vibracionales en los que existe otro yo nuestro al que llamamos yo superior. Y es nuestro guía. Porque la meditación lo que hace es abrir las puertas a los distintos niveles energéticos del universo. Dicho de otra manera, a otros mundos. Más claramente, es un portal a los universos paralelos.

El SER es el todo, no es el espíritu, la mente y el cuerpo, o el Ser, la palabra y la materia. O el espíritu, la energía y la forma y las múltiples formas de ver ésta triada. El SER es toda esta tríada, pero que es dinámica, que es DEVENIR, como decía Heráclito.

Entiendo la humanidad como un todo cosmopolita, al modo de Terencio, Séneca y los estoicos. Pero no entiendo la vida que nos promete una facilona psicología positiva. El más básico principio para conseguir el cosmopolitismo, la compasión o amor incondicional nos resulta casi imposible a la mayoría de los humanos, siempre estamos juzgando, no somos capaz de ver al otro como un ser sufriente, no perdonamos el supuesto mal que se nos hace. La psicología positiva es opio para el pueblo, es distracción para que la educación siga siendo producción de máquinas humanas de producción y consumo.

El árbol es un ser enraizado, mirando siempre hacia dentro, inmóvil y callado. En profunda meditación. Nosotros somos seres conscientes y con una mente en la que se ha metido un mono loco y borracho que no para de saltar de un lado a otro y no nos permite el sosiego y la calma. Debemos enraizarnos y meditar para alcanzar ése sosiego, calma y tranquilidad.

Bueno, el sufrimiento por el sufrimiento, no merece la pena. Es propio de una mente enferma, de un ego que nos domina. Pero hay cosas que es imposible aprender sin sufrimiento, una de ellas es, precisamente la más importante, que la vida es sufrimiento. Y, cuando sabemos esto, podemos trascender el sufrimiento y encontrar la paz y la serenidad que nos llevan a la sabiduría.



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris