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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2012.

No está mal, aunque es superficial en algunos párrafos y contradictorios en otros. Así como autoevidente, la crisis es responsabilidad de todos, pues claro. Pero no caigamos en el mea culpa, mecanismo religioso, con el que el poder nos quiere mantener en estado de sumisión. Durante decenios los políticos fueron creando un espacio legal que ha permitido esto. De ahí que ahora digan una y otra vez que no hay alternativas. Y cuando esto lo dice un presidente de gobierno es que en ese país no hay democracia, el poder del pueblo, el que ha elegido a ese presidente ha sido secuestrado. Pero es que además, durante esos decenios en los que el poder legislativo ha legislado a favor del capital ha sido también una época en la que los grandes políticos han ido a engrosar las filas de los gestores del gran capital. Al menos yo no voy a entonar el mea culpa porque ya estoy cansado de mitos y religiones, la última el neoliberalismo. Ahora, después de habernos engañado con un mundo feliz a través del hiperconsumo, nos quieren hacer responsables de la crisis, que no lo es, sino quiebra del capitalismo global, y nos quieren domesticar aceptando este valle de lágrimas. No, basta de mitos, hay análisis basados en la razón crítica que dan cuenta de esto y aportan alternativas y no caen en el mito ni encierran mensajes mesiánicos.

El declive y el resurgir de la religión.

                Esta mañana en clase un alumno me preguntaba que por qué en occidente la religión se iba apagando y en oriente y otras zonas del mundo había una emergencia. La pregunta es de calado, aunque muy general y exige matizaciones. Pero es una buena observación en principio. Para empezar no podemos distinguir entre oriente y occidente a secas. Hay zonas de occidente donde la religión es un factor importantísimo y, además, ha experimentado un gran auge en la dirección del fanatismo. Es el caso de los EEUU. No podemos entender, a pesar de su constitución laica, los EEUU. sin la religión. Nunca, de momento, habrá un presidente de los EEUU. ateo. Por otro lado en este país se ha experimentado un auge de los movimientos cristianos de base en una dirección fundamentalista. En oriente y en los países islámicos las cosas funcionan de otra manera. Oriente sigue sumido en su religiones ancestrales, salvo los países, como China, convertidos al comunismo. Ahora bien, la modernización, a través del proceso de colonización y, después, con la mundialización los ha occidentalizado con lo que la religión pasa a un segundo plano. El caso de Europa es el que representa más claramente a occidente. El fin de la religión en Europa, cuna de la civilización occidental, es un síntoma de la decadencia de occidente. En los países islámicos tenemos también los dos procesos. A medida que se van modernizando, ilustrando y democratizando, la religión pasa a ocupar un lugar privado, un segundo plano en la sociedad. Pero, por otro lado, el fenómeno del imperialismo y el choque contra los EEUU y occidente en general da lugar a la radicalización de movimientos religiosos fanáticos llegando hasta el terrorismo. Es una cuestión de búsqueda de identidad y de reafirmación. El caso europeo es el caso del agotamiento civilizatorio. La pérdida de la religión en Europa y ciertas zonas de los Estados Unidos y otras regiones de occidente es fruto de la posmodernidad, una perversión de la Ilustración, o una consecuencia perversa de la Ilustración. Lo que ha ocurrido es que el proceso de secularización ha relegado a la religión al ámbito de lo privado, las explicaciones científicas han sustituido a la superstición. La religión ha quedado como una cáscara hueca, sin contenido. Como mero ritual. Pero es aquí donde nos encontramos con un problema. El hombre es un animal religioso y mítico. Tiene una dimensión trascendente, necesita de una explicación del sentido de su existencia y del sentido de la humanidad. Y lo que ha ocurrido es que ese sentido es el que nos aportaba la religión, pero la religión ha dejado de practicarse. La actitud del occidental no es la del ateísmo, actitud seria, reflexiva, compleja y comprometida, sino la de la indiferencia. En el mejor de los casos la religión queda como mero ritual de los momentos fundamentales de la existencia. Ante esto y sumado al individualismo egocéntrico y hedonista del posmodernismo lo que ha ocurrido es que el hombre occidental se ha encontrado con su propia nada, con su contingencia y busca desesperadamente un sentido de su existencia. Y esto ha dado lugar a dos fenómenos. En primer lugar la huida hacia las religiones orientales, de carácter místico e individualistas y, por otro lado, el fenómeno de la autoayuda. Con ello, el hombre occidental pretende llenar su vacío. Porque con el posmodernismo también ha echado por la borda el discurso ilustrado. Esto es un problema. No podemos vivir estas religiones porque caen fuera de nuestro ámbito cultural, en primer lugar y, en segundo lugar, los libros de autoayuda no son mas que un popurrí de consejos desordenados y sin fundamento. Son escritos oportunistas. Lo que yo creo es que si occidente y sus valores quieren sobrevivir y tender a la universalización a la formación de una sociedad cosmopolita, debemos recuperar nuestros orígenes. Y nuestros orígenes son la emergencia de la tradición racional y crítica, la aparición del diálogo y, con él, la posibilidad de la democracia. Y la aparición de la tolerancia como fundamento de las reglas democráticas y condición de posibilidad del diálogo basado en el respeto. Y la recuperación de la Ilustración que conlleva lo dicho anteriormente y la conquista de las idea de persona como fin en sí mismo, como un sujeto de dignidad que nos lleva a la formulación de una declaración de los derechos universales del ciudadano basados en tres grandes valores universales: igualdad, libertad y fraternidad. Es decir, lo que yo propongo es la recuperación del gran proyecto ético y político de occidente que nació en Grecia y que se impulsa en el Renacimiento y la Ilustración. Y este proyecto no elimina la religión, ni pretende convertirse en una religión, es un marco de convivencia y de posibilidad de vida. Recuperar este gran proyecto ético de la humanidad y globalizarlo es la esperanza de la humanidad. Si no lo conseguimos estamos abocados al fracaso. Porque insisto una vez más, nuestra crisis no es una crisis económica, sino filosófica, esto es, de visión del mundo, de cómo lo valoramos y nos valoramos. Y, tampoco es una crisis, sino una quiebra del capitalismo global que se apoya en una falsa visión del mundo, en una falsa filosofía. El sentido de nuestra vida y de la historia es una construcción siempre provisional e integradora que debe dirigirse a lo universal sin eliminar lo particular; porque en la condición humana existe lo que nos hace iguales, nuestra universalidad y lo que nos hace distintos, nuestra cultura, religión y, en última instancia, nuestras decisiones libres que obedecen a un proyecto de vida irrepetible y único.



Estoy de acuerdo. Y es muy interesante la visión que das de la libertad de expresión como un derecho universal que debe ser dirigido contra el ejercicio del poder cuando éste se extralimita. Y, también, no debe identificarse con la provocación. Pero creo que hay un problema de fondo. Ejercer la crítica desde la libertad de expresión utilizando la ironía o el sarcasmo es absolutamente pedagógico. Es el fundamento de la enseñanza de Sócrates, la ironía, y de Diógenes el perro, el sarcasmo. Pero, ¿qué es lo que sucede? Pues que algunos sectores del islam no han alcanzado la ilustración y no han separado lo privado de lo público. Y, además, es eso mismo lo que les impide el diálogo. Lo mismo sucede con sectores fundamentalistas, que cada vez abundan más, en el occidente cristiano. Quieren volver a una época preilustrada. Si no aprendemos e interiorizamos los valores de la ilustración seremos incapaces de soportar el sarcasmo, la ironía y seremos incapaces de dialogar. Y esto sirve tanto para cristianos como para islámicos. Por otro lado, nuestra sociedad se ha convertido en una sociedad pacata en la que hay que aceptar lo políticamente correcto y no se puede hablar más allá de ello. Esto es una violación encubierta de la libertad de expresión, y en la enseñanza, de cátedra. Un saludo.

Claro como el agua. Lo que ocurre es que a nuestros políticos, sean quienes sean, cuando están en el poder, se le olvida esto. Por eso es necesario una separación total entre poderes, cosa que no hay. El poder tiende a tiranizarse, sea o no obtenido democráticamente. Por eso son necesarios mecanismos de control y ellos son posibles si de facto, no sólo en teoría, existe una división entre los tres poderes, más el mediático y el económico. Ése es un gran ideal democrático republicano.

El nuevo mito. También se rentabilizaba con las señales de humo de los indios cuando avisaban de un pelotón de la caballería. Rentabilizaban en vidas. ¡Qué lenguaje más feo y hostil a la inteligencia y la sensibilidad estamos creando! Yo tengo que “programar” ahora las “competencias básicas”, no los conocimientos ni los objetivos ni la metodología. El lenguaje mercantil-económico de esta nueva religión y pseudociencia lo inunda todo. Me da alergia, tanta, que ni puedo mirar los títulos de los curso de “formación del profesorado” que yo siempre he creído que era aprender más de tu disciplina. En fin…adoctrinados, adocenados, esclavizados y, encima, contentos y agradecidos. Disculpa todo esto pero hay que permanecer hipercríticos para que los otros sean, si pueden, críticos. Ala, y ahora a hacer el taller, o master, presencial, semipresencial on-line...el caso es formar una piedra más en el muro. Un saludo.

No importa, si es la realidad que se nos ha ofrecido. Y esa realidad viene mediatizada por el lenguaje. Lo que pasa es que yo soy un outsider y vivo esta realidad como una escisión. La gente vive dentro perfectamente domesticada, pero es la forma de sobrevivir que tienen, se han adaptado, que es el objetivo fundamental de la educación, la adaptabilidad, la funcionabilidad…y han perdido la conciencia de ello. Jaja, pero si quieres lo borras para no molestar a tu amigo, que no es mi intención.

Claro, señor Alfonso, y con mi trabajo y mis recortes. Y mis cursos de formación que no son más que de ideologización y por ello no los hago. Pero si no los haces no cobras los famosos sexenios . ¿Soy coherente? En cuanto a lo de fb. Pues nada, ya lo he dicho muchas veces, como cualquier tecnología no es más que una amplificación de nuestras capacidades; y la estupidez es la más abundante, no lo digo por su comentario, sino por lo que se ve en la red. En cuanto a los blogs, pues el noventa por ciento son basura intelectual y artística. Implementación de la condición humana. En fin, que, por supuesto, cómo negarlo, soy una piedra más en el muro, pero que por suerte ha hecho tomar conciencia a muchas otras de que lo son y muchas de ellas apedrean ahora el muro.
Estimado Ricardo, no me molesta, para nada, ni su curso, ni su título. Lo que ocurre es que el lenguaje crea realidad, no como usted dice. O más bien transforma. Y el lenguaje que usted utiliza, que es, por lo demás el común, es un lenguaje que proviene de una nueva religión basada en una pseudociencia que es la economía neoliberal. Es decir, que su lenguaje tiene una fuerte carga ideológica que es la que ha creado el propio neoliberalismo. Yo sólo he hecho un análisis fenoménico y sarcástico. Esta mañana he echado un vistazo a los cursos on-line de formación de profesores y eran todos por el estilo, sólo que terminaban con la coletilla…aplicado a la pedagogía de no sé qué. Por lo demás es un placer conocerles a ustedes y tener a una excelente amiga en común. Un cordial saludo.

Gracias señor Ricardo por su invitación. Le aseguro que no me vendría nada mal, pero puedo prescindir. Otras tareas, para mí, más urgentes, que no importantes, me llaman. Sobre mi mesa de despacho tenía para esta tarde, aunque la interesante conversación me ha trastocado un poco el orden, un libro a punto de terminar sobre “La mirada republicana”, otro, que es un compendio del pensamiento sobre “la desobediencia civil” y su puesta en acción desde el siglo XIX hasta ahora. Y “Le monde Diplomatique” que me acaba de llegar, puntualmente, como cada mes. Se lo agradezco de verdad pero mi trabajo más prosaico me desborda, la semana pasada publiqué mi último libro “Ágora” y tengo otro entre manos sobre religión; por cierto la adoración de las TICs es lo que podemos llamar el digitalismo como fenómeno religioso, o, al menos, ideológico, su sustrato es el mito cristiano de la nueva ciudad de dios…pero no me extiendo en ello.

Señor Alfonso, lo noto a usted un poco enfadado o indignado. Mi comentario no era más que un sarcasmo, una mordedura del perro para despertar conciencias, o una picadura del tábano, una ironía. Pero usted no ha captado ni la ironía ni el sarcasmo. No hay que tomarse las cosas tan a pecho. Y no he cometido ninguna contradicción ni con lo de fb, y gracias por la lección que a este viejo le das, pero ya sabía algo de ello y sobre lo cual he varios artículos, ni con lo de outsider. Con esto lo que ha ocurrido es que no se admiten las cursivas y se me pasó poner comillas porque al utilizar el término precisamente lo que quería era ironizar. Por eso le digo que no ha captado ni la ironía ni los sarcasmos, pretendo decir mucho más de lo que digo.

En cuanto a lo de fb. y que uno paga y por tanto contribuye al sistema, pues claro, nada es gratis en un mundo en el que ha triunfado el tardocapitalismo salvaje en el que todo tiene precio y el mundo se ha vuelto plano, unidimensional y sólo existe el mercado. Cómo voy a ignorar eso. Ahora bien, hay una forma de lucha que podemos llamar el quintacolumnismo. En esencia se trata de una quinta columna de resistencia que se infiltra en las filas del enemigo y utiliza multitud de armas, la ironía, el sarcasco, las fábulas, la información oculta desde los grandes medios de desinformación, la polémica, la controversia, el debate, la comunicación de conocimientos interdisciplinares y todo ello con la intención de despertar la conciencia de los individuos, pero algo también que va más allá, despertar la conciencia de un sujeto colectivo. Y nada mejor que la red para ello, puesto que de la red puede emerger un sujeto colectivo. En fin, que si tengo que explicar esto es que, como me temo, es todo un fracaso. Porque eso es otra cosa a la que se da lugar con el diálogo en la red, a las susceptibilidades.

Pero hay otro mal, no pienso que el fin de las redes sociales sea el control del pensamiento. No fue éste el fin con el que aparecen. Además, no creo en las teorías conspiratorias de la historia, soy un racionalista crítico. Ahora bien, lo que sí ha ocurrido es que, a mi modo de ver, el devenir de las redes sociales las ha convertido, no por el hecho de pagar, que es algo obvio, en mecanismos de control del pensamiento. No sólo las redes sociales, sino internet en su conjunto. Pero limitándonos a las redes sociales lo que podemos decir es que se han convertido en mero divertimento (pan y circo en el dicho romano) y, por otro lado, como siempre, el aspecto religioso. Sirven de desahogo de la conciencia cada vez que uno le da a un me gusta de un tema que tenga que ver con una supuesta justicia social. Y esto último  es un peligro, porque el papel que juega ese me gusta es como el padre Nuestro que te mandaba el cura tras la confesión. Es decir, que nos confesamos cada vez que navegamos por la red y lavamos nuestra conciencia. Y, de esta forma, nos encontramos como en el catolicismo, sin capacidad de actuar, la confesión que inventó la iglesia católica fue el mejor mecanismo de control de las conciencias, primero porque se sabía que pensaba y hacia la población, eso se sabe hoy en día también según lo que uno ponga en su muro y cómo participa en el muro de los demás; y, en segundo lugar, uno al cumplir con la penitencia, siempre leve: arrepentimiento y rezar, pues ya está listo. Ahora le das a un me gusta y a veces compartes y te sientes el hombre más justo y solidario del mundo. O al menos un hombre bueno. Pero, ¿qué conlleva esto? La inacción. Es decir, que el control se hace completo. Es un asentimiento ante el mundo injusto que se nos ofrece como el valle de lágrimas que hemos de soportar…sólo tenemos que esperar; la redención vendrá por parte del sistema, sólo hay que adaptarse. Y ese proceso de adaptación de los hombres y su pensamiento al pensamiento establecido se ha hecho inconsciente. Los vasallos estaban perfectamente adaptados y no pensaron nunca que otro mundo era posible, pero lo era y lo fue. Hoy vivimos una situación semejante y el poder utiliza todas las armas a su alcance para dominarnos. Y hoy dominarnos es dominar nuestras conciencias, como siempre, pero sin violencia física, al revés, con entretenimiento. Así que, señor Alfonso, yo en la red no he hecho otra cosa que lo que Sócrates hacía en el ágora, utilizar la ironía, para enseñar o Diógenes el perro, el sarcasmo e incluso el insulto sutil para espabilar. Exagerar el tono para que los demás den la nota justa. Y si me lo permite, pues sí me considero fuera del rebaño, mi biografía lo muestra claramente aunque usted no la conozca. De todas maneras le diré que salir del rebaño no es fácil requiere valor y esfuerzo. Lo fácil es pensar por otro y lo menos peligrosos es obedecer. Y esto ya nos lo dijo Kant hace doscientos cincuenta años. Y hace más de trescientos La Boêtie escribió un libro que se llamaba “la servidumbre humana voluntaria” en el que demuestra que el hombre prefiere voluntariamente la servidumbre a la libertad. La libertad es el bien más preciado, decía Don quijote a Sancho, más que las riquezas, el honor, la fama…pero el caso, y esto lo añado yo, es que el hombre vende su libertad por un plato de lentejas. De nuevo un saludo cordial para ustedes.

                               Redes sociales y control de la ciudadanía.

                Mucho se ha hablado ya del papel que juega internet en nuestras vidas y cómo transforma nuestros hábitos y capacidades. Es famoso, y ya un clásico, el libro de Carr sobre lo que hace internet con nuestras mentes. Pero yo quiero abordar aquí otra dimensión del uso de las redes sociales. Son muchas las utilidades que les damos a éstas y cada uno encuentra su acomodo en las mismas. Pero hay un papel que se les viene asignando que es el que quiero comentar, es el de la protesta social. En primer lugar hay que decir que la tecnociencia se ha convertido en un discurso religioso. Y este discurso lo que nos viene a decir es que la tecnociencia nos salva del sufrimiento y del dolor y que, poco a poco, irá reduciendo los males humanos hasta terminar con ellos. Eso es lo que mantienen los tecnolatras, amantes de la tecnología, los que la defienden sin un ápice de crítica, ya tuvieron sus antecedentes en el cientificismo y el positivismo del padre de todos ellos que fue Comte. Por su parte los tecnófobos forman un grupo reducido y extremista romántico que niegan la tecnología y quisieran renunciar a ella. Esta es una posición autocontradictoria porque el hombre es un ser técnico, en tanto que ser cultural. El caso es que la población cree el discurso tecnófobo sin crítica previa y ello es porque todo él se ha convertido en un gran mito. En primer lugar se ha identificado el progreso tecnocientífico con el progreso ético-político y esto sin base alguna. Más bien lo que se ha hecho es que se ha reducido el segundo al primero. Una sociedad mercantilizada sólo puede reconocer el valor de la tecnociencia, no el de la libertad, la justicia y la fraternidad, esto son meras abstracciones que la ciudadanía no entiende ni ha escuchado nunca, ni le merecen el asombro que provoca la tecnociencia que inunda toda nuestra vida y a la que nos confiamos. Todo este discurso se apoya en el mito del progreso, que no idea, y que a su vez se apoya en la idea de la historia del cristianismo como historia de la salvación del hombre. No hay ninguna garantía de progreso en la historia, la historia es contingente. El progreso depende de nuestra voluntad y la relación entre progreso tecnocientífico y ético-político, igualmente. Es más, el progreso tecnocientífico debe estar guiado por la idea de un progreso ético-político de la humanidad.

                Pues, como decía, las redes sociales se han convertido en formas de reivindicación de justicia social. A mi modo de ver, lo que se nos prometía como una forma de rebeldía, una forma de comunicación que amplificaba la acción, se ha convertido en lo contrario; en una forma de control de las conciencias. Y también debajo de esto subyace el mito religioso. Cada vez más abundan por las redes sociales mensajes a los que adherirse de injusticias que se comenten. Sólo hace falta pulsar el me gusta y punto. Pero esto ya estaba inventado desde la Edad Media. En realidad es un modo de tranquilizar y anestesiar nuestra conciencia frente al mal y la injusticia que existen en el mundo. Cada vez que damos a un me gusta de estos nos sentimos aliviados, pensamos que somos justos y buenos y que hemos hecho lo que hemos podido, nos sentimos redimidos. Es el mismo mecanismo que la confesión inventada por los cristianos del medievo y mantenida por la moral hipócrita del catolicismo. De lo que se trata es de controlar las conciencias. La confesión jugaba dos papeles, igual que las redes sociales en este sentido. En primer lugar el sacerdote conocía tu intimidad, tu conciencia y éste conocimiento le otorgaba el poder sobre ti. En segundo lugar, el sacerdote te mandaba una leve penitencia y ya estabas listo. No había reparación real de la falta, el pecado. No había restitución de la justicia, sólo arrepentimiento y el rezo de la penitencia. El efecto era doble, por un lado se tranquilizaba la conciencia y, por otro, se eliminaba la acción ética que se reducía a la penitencia. Pues lo mismo ocurre en las redes sociales, cada vez que damos a un me gusta tranquilizamos nuestra conciencia y nos evitamos el actuar. Por un lado, saben lo que pensamos según nuestra información en el muro y nuestros me gustas y, por otro, nuestra conciencia se adormila pensado que ha actuado, cuando su actuación es meramente virtual, testimonial. El mecanismo de control es infalible, como lo ha sido el del catolicismo, sólo que ahora más sofisticado y seductor.

 

                               Nuestros intelectuales de otrora. Réplica a Fernando Savater.

                Coincido en gran parte con las afirmaciones que el señor Savater hace en su artículo “Nuestros trastornos” en El País 18 de octubre. Pero esta coincidencia es porque lo que dice es, como señala el mismo, obvio, o algo que todo el mundo sabe. Que las cosas no van bien, que los recortes no están favoreciendo al paro ni a la mejora de la economía, sino todo lo contrario. Pero se centra, como dice, más en la educación que es lo que mejor conoce, como es también mi caso. Y acusa, también dentro de lo obvio, no dice nada nuevo, que los recortes en educación no hacen bien a ésta, que la segregación por sexos no es de recibo, que en definitiva se atenta contra el espíritu ilustrado, algo muy importante y serio en lo que debería haber profundizado. Porque la ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad, y esa minoría de edad es el no pensar por sí mismo. Y lo que nos puede garantizar el pensamiento independiente y, por ende, la libertad es la educación. Aunque educación e ilustración no coinciden, como se ha demostrado por la historia. Tampoco el sistema anterior garantizaba la Ilustración, más bien lo contrario. Lo que ocurre es que ahora no se nos oculta, ellos son neoliberales y lo dicen. No están por los servicios públicos y los recortes en educación van dirigidos a favorecer el sector privado, hundir la educación pública y crear una educación de élite. Y la educación pública debe quedar, sólo, para la empleabilidad, para la creación de mano de obra. Es decir, que la educación esclaviza y no libera. Si Kant levantara la cabeza. El filósofo de la Ilustración decía que el tribunal de la universidad era la razón, es decir, el conocimiento y la libertad. Hoy en día, hasta mis alumnos, cuando lo pregunto en clase contestan que es el mercado, el capital, como se le quiera llamar. Ellos se han dado cuenta que son esclavos de este mercado. Pero la cosa no acaba ahí, en sus recortes, el gobierno está conculcando el derecho a la igualdad de oportunidades, aunque la educación sea un desastre, es lo único que tenemos, porque está limitando el acceso a parte de la población a libros, comedor, se masifican las clases, no hay profesorado suficiente que atienda a la diversidad y muchos otros males que se añaden a la maltrecha educación. Y esto es grave porque es una segregación económica, insiste, sea mala o buena la educación, todo el mundo tiene derecho a ella constitucionalmente, como a la vivienda y con ésta lo que se ha hecho es especular y crear una burbuja que les ha explotado en la cara a los bancos y pagamos los ciudadanos, pero ése es otro tema, aunque la raíz es el mismo, el ultraliberalismo. En fin que coincido con todo ello y podríamos abundar mucho mas. Pero, lo que sí observo, y esa es mi primera crítica es que Savater se muestra bastante tibio a la hora de hacer estas críticas. Y cita a Ciorán, muy oportunamente, que dice “que en el mejor de los casos se puede gobernar sin crímenes pero no sin injusticia” absolutamente de acuerdo con el escéptico de servicio.

                Pero es aquí donde empieza mi crítica al escrito de Savater. Efectivamente, y así lo señala el autor, no se puede gobernar sin cometer injusticias. Esto lo podemos considerar como un límite de la política, por eso la democracia es un gobierno perfectible, no perfecto y, por eso, también, a la democracia se le oponen las demás formas de gobierno que son todas totalitarismos. Ahora bien, y seguimos coincidiendo, si esas injusticias son tan profundas que dañan los derechos humanos, o los constitucionales, entonces ya hay que ponerles remedio. Y a partir de aquí ya no coincidimos. Savater se aferra al sistema democrático que tenemos haciendo una defensa a ultranza del mismo y considerando que los cambios se deben hacer desde dentro. Por otro lado lo que hace es una crítica mordaz y socarrona de los movimientos civiles que acusan a la clase política. Aquí veo un profundo desconocimiento por parte de Savater, primero en el conocimiento de la falsa democracia que tenemos y segundo en los movimientos sociales que apoyan un cambio radical (de raíz, no extremista), del sistema democrático. Su desconocimiento le lleva a la burla y a una comparación, típicas en la forma de argumentar del autor, que no son más que falacias, con Batasuna. Esta comparación es odiosa porque además lleva implícita una terrible carga criminal. Y se equivoca el autor cuando dice que son unos pocos a los que se les ocurre esa idea infantil y peregrina de rodear el congreso hasta que se disuelva. Por el contrario las estadísticas hablan de una inmensa mayoría de la población que se desentiende de la clase política y que le pide cuentas, que la considera una de las partes y causa fundamental de sus males.

                En primer lugar, aunque todo sea muy breve intentaré mostrarle al señor Savater que no estamos en un sistema democrático por muchas razones, tampoco en una tiranía que gobierna por la fuerza, estamos en una forma de totalitarismo encubierta de forma y apariencia democrática. En todo caso, dentro de las formas totalitarias es la mejor que podríamos tener. Pero no es una democracia. Una democracia es el poder del pueblo a través de los representantes elegidos en elecciones generales. Esos representantes se deben al pueblo. Pues bien, el ejercicio de la política ha generado un ejercicio de búsqueda del poder, dentro y fuera de los partidos. Por otro lado, la ley de partidos ha generado el bipartidismo y el poder de los partidos nacionalistas, con lo cual se anula la pluralidad de ideas en pro de una entelequia que es la gobernabilidad, un engaño al ciudadano al que se le está transmitiendo, al estilo 1984, un pensamiento único. Los partidos, pues, no gobiernan para el pueblo, sino para si mismos. Su interés es alcanzar el poder. Es decir, que la democracia, hace ya muchos años que se ha transformado en partitocracia. Y esto es un peligro clásico de las democracias. Pero, por parte del poder político es apreciado porque es una forma de control de la ciudadanía porque elimina la posibilidad de la disidencia, o, al menos, de que la disidencia tenga repercusión. Porque los partidos abarcan todo el poder, el político, el control del poder judicial y fiscal y, por supuesto, el poder mediático. Los medios de comunicación tienen dueños y son los encargados de transmitir la ideología del poder, no sólo del partido gobernante, sino del stablhisment. Los medios de comunicación son medios de control del pensamiento, medios de manipulación. Son muy ilustrativas las diez tesis de Chomsky sobre los medios de manipulación de masas, recomiendo su lectura.

                Pero, y en relación con la crisis, podemos ahondar un poco más, nuestra democracia ha claudicado ante el poder económico. Esto quiere decir que el poder que nosotros hemos delegado en nuestros representantes ha sido trasladado a poderes externos que nosotros no hemos elegido, pero que dirigen nuestras vidas, y, encima, para mal. Desde el primer recorte de Zapatero hasta ahora, ha habido una claudicación de nuestra democracia, de ahí el grito de que no nos representan, porque el pueblo, esos millones de los que habla Savater ha votado a unos líderes y a un programa, programa que no se cumple, el que se cumple es el que se le impone desde fuera. Por eso, por mucho que se empeñe Savater y que se enfade, esos señores no nos representan. En primer lugar representan a su partido, en segundo lugar obedecen órdenes de fuera, de fuerzas antidemocráticas. Y no creo que el curso de la historia sea inevitable. Zapatero, cuando en el 2010 hizo el primer recorte inmenso de nuestra democracia lo justificó con una frase tremenda, una frase que se puede considerar el certificado de defunción de nuestra democracia. Dijo “No hay alternativa”; pues bien, cuando no hay alternativa, simplemente no hay democracia. Lo que ha querido manifestar es su obediencia ciega a políticas económicas impuestas por fuerzas no democráticas que hacen pagar los platos rotos al pueblo que no ha tenido nada que ver en la quiebra del sistema. Sistema que ha quebrado por las propias leyes del mercado y por la avaricia y ambición humana. Cuando un político, jefe del gobierno, dice que no hay alternativa, lo que está haciendo es claudicar; es decir, eliminar la esencia de la democracia. En democracia siempre hay alternativas. La democracia es diálogo entre alternativas. Además, es que realmente hay alternativas, como grandes expertos internacionales en economía nos han mostrado. Por tanto no vivimos en democracia, nuestros gobiernos son títeres de oligarquías totalitarias que esquilman al pueblo mientras unos pocos engordan sus bolsillos, de ahí el alarmante crecimiento del índice de desigualdad económica, no sólo en España, sino a nivel mundial. Y lo dejamos aquí en aras de la brevedad.

Ahora sólo nos queda comentar la alternativa de aquellos a los que el poder llama extremistas, antisistemas, ingenuos e infantiles, como se desprende del discurso de Savater. Pues bien, para empezar el grupo de resistentes no es un grupo antisistema, sino un grupo interclasista en el que se juntan, parados, profesionales altamente cualificados, muchos de ellos en paro, intelectuales, estudiantes, amas de casa, lo que se llama el pueblo, que el sistema se ha encargado muy bien de dividir, pero que la crisis lo está uniendo. Y no reclaman una caída de un régimen, como la toma de la Bastilla. Reclaman más democracia, más claridad política, u otra política.  Y son radicales en el sentido orteguiano de ir a la raíz de las cosas, que es lo que deben hacer los filósofos. Como decía Ortega, la filosofía o es radical o es palabrería. El filósofo es el que intenta ir a la raíz y a los fundamentos. Pues bien, este movimiento es radical en este sentido, no quiere parchear, como el señor Savater, quiere bucear en el fondo de los problemas y darle solución. Y el fondo de los problemas es la anulación de la democracia y la perversión, que no digo corrupción, del sentido y la función de la clase política. Y entre ellos hay gente muy preparada, no como señala Savater burlonamente. Y no sólo preparada, sino comprometida con la res pública. Porque la democracia realmente existente, que no es democracia, como hemos demostrado, lo que ha intentado siempre es separar a la ciudadanía de la clase política. A los partidos, dicho claramente, los ciudadanos les molestan siempre, salvo en campaña electoral. Los partidos viven por y para ellos. Por eso lo que se pide, de forma radical, aunque el proceso sea difícil y estaría cargado de tensiones, no obvio, por supuesto estos peligros, es un proceso constituyente tras la disolución de las cortes. Y ese proceso debería estar, y se sabe cómo, perfectamente controlado, para garantizar que de allí surja una nueva constitución que regenerase la vida política en España. Esto no iba a resolver la crisis, no soy ingenuo. La crisis, ni siquiera es tal, es, a mi modo de ver, y siguiendo a Ramón Fernández Durán, la quiebra del capitalismo global, que durará décadas. Estamos en los principios. Otro tema es la forma de enfrentarse a ella. Lo que sí es cierto es que con otra política y con una regeneración de la ciudadanía sería más fácil. Podemos tener miedo, estar cargados de incertidumbres, nunca saldrá a nuestro gusto del todo, pero es lo que hay. Se hizo en la transición y veníamos de una dictadura. Por ello es posible. Lo que sí está claro es que no se puede seguir como estamos, ni se puede parchear lo que tenemos, porque no se admiten esos parches, como una reforma constitucional, una reforma de la ley de partidos…nada de lo importante se quiere tocar. Los partidos se aferran al poder obtenido durante más de treinta años. La propuesta de Savater, con perdón, es una ingenuidad. Hemos de recuperar el espíritu ilustrado, ése que él ha defendido siempre y que ha transmitido a generaciones enteras. Hay que luchar por la libertad, porque la libertad es el mayor de los valores, pero hoy es inexistente, salvo en pequeños grupos de resistencia. Y tampoco  se trata de caer en el maniqueísmo que señala Savater, nosotros los buenos, vosotros los malos, eso es desconocimiento del movimiento social. La discordia, el diálogo y la pluralidad de ideas en este movimiento de la sociedad civil son patentes. No se puede ser ingenuos y creer que todo el monte es orégano. Lo que sí es cierto es que ya no valen remiendos y que según las estadística se ha producido una separación entre ciudadanía y política que se hará insalvable, a menos que el ciudadano vuelva a ser protagonista de las decisiones políticas. Cuando se sienta real y verdaderamente representado.

Sobre Azaña y la república.

Quizás fue el caso del filósofo rey, hoy diríamos intelectual. Y eso es imposible. Creo que le dolía España, como a mi admirado Unamuno, que no entendía, como éste, ni a los hunos ni a los hotros, en la barbarie. Aunque Azaña era un republicano convencido, mientras que Unamuno se desengaña. Tuvo todos los elementos en contra, la política de no intervención, la extremización de la izquierda (Stalinismo) y de ahí la división de la misma y sus luchas de exterminio con lo que se pierde el norte de la defensa de la república. Pero, por los pocos textos suyos que he leído lo único que te puedo decir es que creo que sinceramente le dolía España y fue un observador privilegiado, pero le faltó acción y fuerza, quizás porque los elementos eran más poderosos que él. Quizás también tuvo ansia de poder en un principio, pero no creo que después. Todo esto te lo digo desde la ignorancia. Soy un defensor de la república de aquellos tiempos por los valores que de ella emanan no por los personajes. Azaña fue anticlerical, pero no un asesino de curas y mantuvo una constitución absolutamente laica. Eso sí, me parece que la expulsión de órdenes religiosas que hizo la república fue un error. Y no tener mano dura contra los crímenes que se cometieron en el 34 contra el clero, otro error que alimentaria el ya hinchado odio de la iglesia contra el marxismo. Muchas equivocaciones en la república, pero eso ni justifica el golpe de estado y, mucho menos, el apoyo de la iglesia. El franquismo fue un programa de exterminio y genocidio que comienza en el 36 y dura hasta el 52, después seguirán las condenas a muerte pero con juicio previo. El apoyo de la jerarquía de la iglesia, que no de los creyentes todos, ni mucho menos, al genocidio entra dentro de la categoría de mal radical.

 

¡Qué miedo se tiene al descalabro del centro izquierda, que en realidad es otra forma de la derecha! ¿No se ha pensado que hay alternativa de una izquierda real, tanto ideológica como programáticamente? O una sustitución total del aparato del partido socialista por las juventudes del partido que traigan un programa de izquierda de verdad y una práctica concreta de esa programa. A lo mejor el fallo es la permanencia de los mismos durante veinticinco años. El problema es que el propio aparato del partido, la lucha interna por el poder y la ausencia total de democracia impedirá la llegada de esas juventudes socialistas, y señalo lo de socialistas, que es de lo que se trata, porque el partido lo dejó de ser hace décadas. Por tanto, lo que le queda es el hundimiento y esto favorece a la extrema derecha, el PP se irá progresivamente derechizando a la par que ganando votos. Pero también puede haber una emergencia de la izquierda auténtica. Eso, lo que también es un problema serio, si ésta es capaz de unirse de verdad y abandonar sus discusiones bizantinas y sus posiciones totalitarias y proponer no sólo una ideología sino una praxis política realizable.

Hacía tiempo que no leía una empanada mental tan grande. No sé de qué izquierda habla, no define el concepto de desobediencia civil, que en la práctica se mueve en terreno movedizo. Es fácil hacer leña del árbol caído, si se refiere al PSOE, pero ha habido veinte años para criticarlo y exigir otra izquierda. Por otro lado no habla de las políticas gubernamentales del PP. Al contrario, es un discurso que no ha entendido nada, salvo lo que el stablhiment quiere que entendamos, que todos somos culpables y co-responsables. Es la estrategia religiosa y como tenemos la base en nuestra tradición cristiana, pues funciona. De lo que se trata es de asumir que la culpa de tu existencia, tus males, son tuyos, no vienen de fuera, de poderes extraños que te engañan y manipulan. Sólo un dato da y, además engañoso, el setenta por ciento de la deuda es privada, pues sí, la deuda era de los bancos y el estado los recapitalizó, pasando a convertirse en deuda pública, pero la inyección no fue suficiente, hubo que pedir dinero a Europa y, ahora, tampoco es suficiente, hay que pedir el rescate. Mire usted, ni mi, electricista, ni mi fontanero, ni mi médico, ni el barrendero, ni el profesor somos culpables. Los culpables son los que han permitido crear esta economía financiera que ha propiciado un enriquecimiento de unos pocos y ha favorecido las burbujas financieras y, en España, los culpables son, además, los políticos que han permitido esa burbuja porque producía un crecimiento aparente, por supuesto, porque al final estallaría. Como decía Nietszche, “no nos veremos libres de dios mientras que no nos veamos libres de la gramática”. Por eso ahora nos quieren culpabilizar y que asumamos la culpa y la expiación. De eso nada, lo haremos por la fuerza, porque vivimos en un totalitarismo económico, pero no por convicción. Ya está bien, de alienación, de engaños y de máscaras. Como decía Unamuno, venceréis, pero no convenceréis.

Es el principio. Se ahoga a la sanidad, a la educación y después se privatizan. Pero la derechización económica viene desde lejos. La privatización de empresas nacionales que eran la joya de la corona ya se hicieron. Y ahora, con lo de la libertad de mercado, en lugar de pagar menos por los servicios como se suponía por la competitividad, pagamos más, porque forman oligopolios. Todo viene por la aceptación del neoliberalismo como dogma de fe. Y esto lo hizo también la izquierda europea, que es una manera suave de ser de derechas. Ahora lo que han hecho es dar el paso hacia los servicios sociales: educación, sanidad…es la teoría neoliberal del estado mínimo. Estamos asistiendo a un retroceso ético-político de grandes dimensiones. Quizás sea el inicio de la barbarie.

Donde rayan ciencia y filosofía

Científicos y pensadores buscan juntos respuesta a interrogantes sobre la naturaleza humana

La ética está más viva que nunca debido a los avances tecnológicos

El conflicto es el mismo desde los presocráticos: cambia el conocimiento y las filosofías se adaptan. / erich schrempp (getty images)

En cierto modo, el ser humano es química. Moléculas, tejidos, corazón, cerebro. Vive en un mundo global acelerado donde el conocimiento del mundo subatómico rige los avances tecnológicos más importantes de la historia. Pero la naturaleza humana sigue planteando los mismos interrogantes que ya se hacían los filósofos presocráticos sobre los fundamentos de la vida. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Qué es el hombre y cuál es su singularidad? En eso, el mundo no ha cambiado ni un ápice.

Hoy más que nunca la filosofía y la ciencia tienen que volver a ser como lo fue en la época de Aristóteles y Platón, las dos caras de una misma moneda. ¿Son los científicos los filósofos del siglo XXI? Es una cuestión en la que no hay una opinión unánime. Pero la filosofía, en su lado más práctico, lo que se conoce como la ética, está más viva que nunca porque es ahora, con los avances de la tecnología y la ciencia, cuando se necesita de su mediación en temas como la bioética, la eutanasia o el aborto.

“Hoy en día las cuestiones morales de qué hacer o cómo vivir son tan acuciantes como siempre. Porque una cosa es lo que técnicamente se puede hacer y otra lo que moralmente se debe hacer. Se trata de saber cómo administrar el enorme poder que la ciencia y la tecnología han puesto en manos del ser humano”, opina Tomás Calvo, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid y presidente honorario del Instituto Internacional de Filosofía.

Para muchos, los científicos ponen los pies en la tierra a los filósofos

Los filósofos presocráticos eran observadores de la naturaleza pero los científicos hoy también lo son. Eran algo así como actualmente entenderíamos la conjunción entre un filósofo, Daniel Dennet, por ejemplo y un científico como Anton Zeilinger. Este último, de la Universidad de Viena, ha liderado recientemente un experimento en Canarias sobre el teletransporte; la transmisión de un estado cuántico de unas partículas, normalmente, fotones de luz, entre dos puntos que, en principio, pueden estar tan lejos como se desee.

Los antiguos filósofos constataban un hecho y luego hacían reflexiones sobre el mismo. La diferencia es que ahora nos encontramos con planteamientos más sofisticados como el teletransporte, que suena a ciencia ficción.

En Barcelona se planteó recientemente un debate interesante en el que participaron Zeilinger y el matemático Simon Kochen. Fue un momento de “unidad total” entre ciencia y filosofía, reconocen los participantes. El moderador, el filósofo Ulises Moulines, preguntó: ¿Qué es lo que se teletransporta realmente? ¿Puede haber tal acción a una distancia determinada? “El filósofo hace el planteamiento porque el experimento es muy espectacular, pero ¿qué es lo que realmente se teletransporta? La respuesta pudo o no ser clara pero solo con que se formule ya es importante porque plantea una cuestión de base”, dice un testigo del debate. Es decir, la teletransportación de Zeilinger obliga al filósofo a preguntarse si efectivamente se ha modificado la visión que tenemos de la naturaleza.

Hasta principios del XIX no hubo distinción entre filosofía y ciencia. Los filósofos eran científicos y los científicos filósofos. En las ágoras se departía tanto de la naturaleza humana como de astronomía. Después, durante un tiempo, filosofía y ciencia estuvieron realmente diferenciadas. “Pero ahora muchos filósofos están justo en el centro del quehacer científico. Estamos volviendo a los antiguos”, opina el estadounidense Daniel Dennet, uno de los filósofos de la ciencia más destacados en el ámbito de las ciencias cognitivas, especialmente en el estudio de la conciencia.

El estudio evolutivo explica el marco de la cultura, pero no analiza sus valores

El Congreso Internacional de Ontología celebrado a primeros de octubre en San Sebastián y posteriormente en Barcelona, organizado por la UPV, la UAB y la Fundación Paidea Galiza, entre otros organismos, se convirtió durante unos días en un gran foro de debate entre la ciencia y la filosofía. El objetivo no era otro que confrontar las viejas interrogantes anteriores a los griegos entre filósofos eminentes e interpelando a algunos de los científicos que han sido protagonistas de los mayores avances en los últimos años en esta aventura filosófica a la que se ve abocada la ciencia contemporánea tal y como han señalado algunos expertos.

Hay quienes creen que los científicos les ponen a los filósofos los pies en la tierra. “A veces los filósofos hablan como eruditos y en ocasiones la filosofía no se entiende porque peca de erudición. Los presocráticos no eran eruditos, empezaron de cero. Por eso, los científicos en estos momentos tienen algo de presocráticos; ellos miran la naturaleza, la condición humana, observan y sacan sus conclusiones sin citar a nadie. Los científicos nos ayudan a los filósofos a ser claros y a plantear las cosas casi ingenuamente”, explica Víctor Gómez, catedrático de Filosofía de la UAB y miembro de la organización del congreso. “Este encuentro internacional es como le hubiera gustado organizarlo a Aristóteles”, bromea Gómez.

¿Cuál es el propósito de juntar en un mismo espacio a algunos de los mejores científicos y filósofos del mundo? “La filosofía siempre se ha apoyado en la ciencia, pero no se trata de hacer reflexiones sobre la ciencia sino de servirse de ella para responder viejas cuestiones filosóficas sobre el origen del hombre”, explica Gómez. En definitiva, se trata de recuperar esa unidad entre filosofía y ciencia pero no sacrificando esta última. “Jerárquicamente la pregunta superior es la filosófica. Los científicos son la base que permite a la filosofía trabajar sobre suelo firme”, añade.

Para los expertos es necesario recordar que la filosofía tiene viejísimas interrogantes que nunca ha abandonado. Hoy en día, en la emergencia de una nueva filosofía natural desempeñan un papel determinante otras disciplinas, como la genética, la paleontología o la neurobiología, imprescindibles según los argumentos que han aflorado durante el Congreso Internacional de Ontología para dar respuesta a las eternas interrogantes filosóficas sobre la naturaleza humana y que complican ecuaciones nuevas en torno a la bioética, por ejemplo.

Francisco Ayala: “A la mayoría de científicos no les interesa la fisolofía”

“Estas disciplinas son indispensables pero no son suficientes”, dice Dennet. ¿Qué falta entonces? “Lo relativo al concepto de cultura. Estas ciencias dan cuenta de buena parte del comportamiento evolutivo. Pero no van más allá. Dan cuenta del marco en el que surge la cultura pero no dan cuenta de la evolución cultural y de los valores existentes en cada país”, cree Dennet.

Se trata de la interacción entre la ciencia y la filosofía. “La jerarquía está clara; la filosofía legisla y la ciencia le ayuda. Los problemas de la filosofía son los problemas eternos del hombre, ahora la disciplina que ignora la ciencia simplemente es ciega, se priva de los instrumentos para abordar los problemas”, opina otro filósofo.

Francisco J. Ayala, ponente y homenajeado en el congreso por su fructífera carrera, dice que hoy en día no se puede hacer filosofía sin tener un contexto científico. “La ciencia nos hace entender lo que somos. Los científicos y los filósofos deben tener un diálogo a dos bandas; hay muchos científicos que se dan cuenta ahora de las implicaciones filosóficas de la ciencia, pero a la mayoría no les interesa”, opina uno de los más prestigiosos científicos españoles en actividad. “Para hacer filosofía, hoy en día, hay que tener en cuenta los avances de la ciencia y para ver las implicaciones de la ciencia hay que filosofar”, opina Ayala.

Para Dennet, la ciencia y la tecnología han avanzado a un ritmo vertiginoso. A la pregunta de si el hombre es capaz de asimilar estos cambios y a la vez seguir buscando respuestas sobre la condición humana, cuestiones que ya preocupaban a Platón, responde: “Sin duda, cada generación empieza unos pasos más allá. Mis estudiantes, cuando llegaron a la universidad, entendían cosas sobre el cerebro que nadie entendía cuando yo era un estudiante. Ellos podían empezar con detalles de la fisiología del cerebro que ni siquiera existían en el año 65”.

Wilczek, físico, cree que ante tanta especialización falta visión de conjunto

¿Qué es el hombre? ¿Cuál es su singularidad? Actualmente, para responder a estas cuestiones hay que servirse de la ciencia para avanzar. Los griegos ya se preguntaban por las leyes del orden natural, pero ellos mismos a la vez que exploraban tenían un discurso filosófico. “Hoy se ha perdido el lazo pero hay que recuperarlo. La pregunta fundamental sigue siendo la filosofía, es decir, cómo es el mundo y cómo es hombre”, plantea Gómez.

Frank Wilczek es un físico estadounidense de origen polaco e italiano, Premio Nobel de 2004. Desde pequeño una curiosidad insaciable le llevó a interesarse por la ciencia, la religión, incluso la magia, hasta que se dio cuenta de que esta última era “fundamentalmente truculenta” y no aportaba “ninguna verdad”. Encontró en la ciencia fundamental un modo de ir creciendo hasta convertirse en un científico notable. Es de esos físicos que se apoyan en la filosofía para encontrar más sentido a sus respuestas. “Ahora hay una gran especialización que impide apreciar la visión de conjunto y es importante que la gente aprecie como la ciencia expande la imaginación”, explica Wilczek.

Este científico está convencido de que conocer la opinión de los filósofos estimula a abrir el horizonte de preguntas que en su caso realiza en el campo de la física y a cambiar muchas veces de rumbo en sus planteamientos.

Para algunos científicos se podría decir que la imagen de lo que es el ser humano y el lugar que ocupa en el universo ha cambiado con la ciencia porque esta ya no toma al ser humano como la medida de las cosas. Lo que impera es un mundo a escala microscópica y macroscópica.

Estoy de acuerdo con Latouche, he leído su obra y me ha inspirado. Con lo que no estoy de acuerdo es con la exigencia del cambio de vida como factor determinante. No se le puede exigir a la población una forma de vida, en medio de una vida de consumo desenfrenado y devorador. Eso es exigir mucha virtud. Creo que lo primero es un cambio institucional y en ello es en lo que se debe basar la política del decrecimiento, en una regulación legal que impida que el yogur que me como haya recorrido 9000 km, ésa es la cuestión. Y ésa es la política del decrecimiento. Lo otro tiene que ver con la ética del decrecimiento, que son decisiones individuales y libres. Es cierto que hay que crear la conciencia colectiva de un nuevo modo de vida, pero es imposible pedirla. Lo que sucederá es que este nuevo modo de vida llegará a todos, a los que lo adopten voluntariamente y a los que no. Y llegará cuando se adopten los cambio estructurales que trasciendan el paradigma del crecimiento al del decrecimiento. Y eso se hace desde la política, a partir de leyes que regulen la economía y el mercado, así como las relaciones con la naturaleza. Es decir, todo un cambio del sistema productivo, por eso estamos en la quiebra del capitalismo global que debe ser sustituido por el decrecimiento dentro del marco del ecosocialismo. Y, del paso de un paradigma a otro emergerá una nueva conciencia ciudadana. Ésa es mi diferencia con Latouche, mientras tanto, bienvenidos sean todos aquellos que predican con el ejemplo, pero más importante es forzar el cambio político. Si no se hace, el decrecimiento, en el que ya estamos, se impondrá por la fuerza de la escasez de la riqueza y la rapiña de unos pocos y nos llevará a la barbarie.



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