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¿Y nadie cuestiona el sistema de evaluación PISA?

                Otra vez acaban de salir los resultados de la evaluación de los países de la OCDE, PISA. Y, otra vez, hemos quedado de la mitad para abajo. Ha habido una novedad, Finlandia ha sido desbancada y los siete primeros lugares han sido ocupados por países asiáticos. Pero, ¿qué se pretende evaluar con este informe? Nadie se hace esta cuestión y creo que es necesario tenerla muy en cuenta. Y no es por exculpar al sistema educativo español actual, que es un auténtico desastre como ya he manifestado muchas veces, ni mucho menos, que le ha venido de perlas al señor, por llamarlo de alguna manera, Wert, promocionar la nueva ley de educación LOMCE.

                El problema es un problema de ideología y de control. Vamos a ver, todo sistema de evaluación se hace desde unos criterios y valores, igual que la ciencia. Ello nos lleva a pensar que cualquier sistema de evaluación, sobre la materia que sea, en este caso nos centramos en la educación, pues no es neutral. Y si no es neutral pues lo que quiere decir es que está cargado de intereses, tanto generales, como particulares, como de una ideología determinada. Y el informe PISA no iba a ser menos, por su puesto. Para empezar tenemos un dato irreductible. La evaluación se hace sobre los países pertenecientes a la OCDE. Es decir, a los países desarrollados y a los que, por otro lado, han abrazado las políticas capitalistas neoliberales. En una palabra, aquellos que defienden el neoliberalismo. Pero antes de seguir por este camino quisiera decir algo sobre la educación y la democracia. No hay democracia sin educación y, sobre todo, si se entiende a ésta, como Ilustración. Pero el problema surge cuando nos planteamos si la educación en un sistema político, aunque sea democrático, es democrática. Pues mi respuesta es clara y contundente. La educación en manos del poder es un arma de adoctrinamiento en la ideología del poder. Sería de ilusos pensar lo contrario. No creo que el poder pretenda formar a sus potenciales enemigos, todo lo contrario, querrá pertrecharse de ciudadanos sumisos y aplicados que ni siquiera sospechen que han sido educados intencionadamente desde una ideología determinada. Tan bien educados que ni siquiera tengan la posibilidad de plantearse el hecho de otra educación. Porque en eso consiste precisamente la ignorancia que nos lleva a la esclavitud, el no saber que no se sabe. Así que resulta hasta gracioso cuando el poder quiere instaurar asignaturas como Educación para la ciudadanía, una contradicción en los propios términos. La educación produce clones, la ciudadanía es autonomía y libertad. Los valores de la ciudadanía y de la Ilustración están precisamente en contra de la educación en manos del poder. En consecuencia, toda educación es un sistema de control que pretende la replicación del sistema porque simple y llanamente éste sistema se considera el mejor, como, por otra parte, les ocurre a todos.

Y esto nos lleva a lo que venimos tratando. El sistema de evaluación internacional es absolutamente subjetivo porque está cargado ideológicamente y, además, cargado de una ideología que más se parece a una religión que a otra cosa. Me refiero al neoliberalismo y el posmodernismo, llamémoslo así, de derechas. ¿Qué se evalúa realmente? Pues lo que se evalúa es el concepto de competencia que es el que supuestamente nos va a servir para el llamado aprender a aprender y con ello estar preparados para una sociedad del futuro cambiante en la que el ciudadano-vasallo, materia empleable, pura mercancía, tiene que adaptarse o morir. Otro error científico del neoliberalismo: identificar el darwinismo con la competitividad, cuando hay más colaboración en la evolución que competencia, según los más recientes estudios. Y, de ahí que las competencias que se evalúan sean las matemáticas, las lingüísticas (lo que se han llamado instrumentales: no nos preocupa el saber esencial, sino el saber en tanto que instrumento para el progreso, eso sí, económico, pero de unos pocos, claro) y las ciencias. Claro está, en un mundo tecnocientífico en el que creemos acríticamente que la técnica: el último móvil, o auto, o cualquier otro cacharro, nos va a dar la felicidad, cuando ésta se diluye nada más ser adquirido el artículo. En fin, creo que queda claro, la educación evaluable, la que importa, viene dirigida por la ideología política dominante, el neoliberalismo, y sólo contribuye a la dominación y la opresión del pueblo que, poco a poco es más súbdito y precario. De modo que niego la premisa mayor y declaro que me importa un bledo el informe PISA, a sabiendas del desastre educativo en el que vivimos, que, por otro lado, tiene mucho que ver con la ideología dominante.

Cuando a la descripción de la realidad se le llama desde el poder demagogia, entonces la razón ha muerto. Estamos en manos de la irracionalidad, el sinsentido, la superstición y el poder de la fuerza.

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El voto no es la única arma. Ese es el puñetero engaño de esta falsa democracia. Tenemos las concentraciones, manifestaciones, huelgas, protestas de todo tipo, incluso, la desobediencia civil. El voto lo utilizan los partidos y los políticos para justificar su asiento y su corrupción. De eso nada. Las urnas es uno de los instrumentos de la democracia. Lo que hace falta es un vivir público, una república. Es decir, que el ciudadano, en todo momento, esté pendiente de la cosa pública y participe en el ámbito de lo público. Reducir la democracia a las urnas es una barbarie autoritaria y se llama partitocracia. Y, en nuestro caso, partitocracia oligárquica. Y, encima, lo han convertido en religión, creencia, algo sacrosanto. Y una mierda. Las urnas no justifican nada, solo la gobernabilidad, no la verdad, ni la razón, ni la sensatez. Nada. Justifican la corrupción, la obediencia de voto, la superstición de estar fuera del sistema si no se vota y ser un mal ciudadano. Todo, mentiras para justificar lo que llevan haciendo treinta años: engañar y esclavizar al pueblo. No me hables de urnas cuando utilizan éstas para eliminar las verdaderas formas de lucha democrática, la nueva ley de orden público.

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Yo no busco una guerra. Hay multitud de procesos constituyentes pacíficos. Eso lo primero y, lo segundo es que la guerra la están haciendo ellos. Una guerra silenciosa que mata a millones de personas en todo el mundo. El núcleo del capitalismo es el crecimiento y el crecimiento, mata. Cada vez que se alarga una lista de espera, que se baja una pensión, que se retrasa la jubilación, que se cierran centros de discapacitados, que se aumenta la jornada laboral, que se eliminan las bajas por enfermedad y así sucesivamente…se está provocando muerte. Es más, podemos decir que es un programa eugenésico.

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No se debe utilizar la historia como instrumento de la política, eso es ideología, creencia y superstición.

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La ley no puede estar basada en creencia religiosa alguna. En tal caso es excluyente. La ley debe ser abierta, un lugar en el que quepa todo el mundo. La ley no puede obligar desde la creencia religiosa particular al que no es partidario de esa creencia, al contrario debe dar cabida a su pensamiento. Eso es intolerancia y fanatismo. El estado de derecho debe garantizar la libertad de todos los ciudadanos. Cuando una ley se apoya en una creencia particular se excluye a una parte de la ciudadanía en tal caso se acaba con el estado de derecho.

 



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