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                                Europa ¿quo vadis?

Los sabios hablan de ideas, la gente corriente, de acontecimiento y, la mayoría, de otra gente. Albert Einstein.

                La cita que encabeza este escrito no tiene que ver en principio con el tema del artículo, pero sí de fondo. Lo que el ilustrado y genial físico Einstein nos está diciendo con su pensamiento, que algunos, o muchos, que es peor, lo calificarán de elitista, es que la inmensa mayoría de la gente, de las personas, pierden el tiempo conversando sobre otra gente. Que no hay discusión de ideas. Que no hay pensamiento. Este fenómeno visto a la luz del librito de Kant, ¿Qué es la Ilustración? pues nos lleva a pensar directamente que, en realidad, no ha habido Ilustración porque la mayoría de la gente no ha alcanzado la mayoría de edad. No discute sobre ideas, conversa sobre otra gente, su conversación es intrascendente, pura distracción, cuando no, malsana. Pero es que esto es un problema muy grave. Y su gravedad consiste en que no es posible la democracia sin ilustración del pueblo. Y lo que está ocurriendo en Europa es que la democracia está siendo sustituida por el totalitarismo y el pueblo permanece sumiso e inconsciente con todo lo que ello conlleva. Es más, la democracia aparente que tenemos le permite opinar, porque para eso se ha establecido como dogma el relativismo de las opiniones. Que todas las opiniones valen y que todas son iguales o equivalentes. Y los ignorantes, la mayoría, no hemos salido de la crítica platónica a la democracia y su degeneración en demagogia, igual que ahora, pues se afanan en opinar, sin buscar fundamentos, información. Hablar de lo concreto, por el mero hecho de hablar, por el placer de hablar y nada más. Y es éste, nada más y nada menos, el hilo de unión entre la cita del encabezado y el artículo.

                Europa se dirige hacia la barbarie política y ética. Es más Europa ha echado por la borda la política, el asunto público y se ha echado en las manos del mercado y el gran capital. Un proyecto que dura décadas, desde la señora Thatcher hasta ahora en la que la aceleración es imparable porque el pueblo está perfectamente domesticado. Vamos asumiendo la pérdida de los derechos históricamente conquistados sin rechistar. Como un sueño, como un espejismo. Como si fuese algo que no fuese real. Para cuando queramos reaccionar ya será demasiado tarde. Tenemos ejemplos en nuestra propia historia del siglo XX. Porque, precisamente, lo que se está instaurando es el fascismo. Un fascismo económico y político. Con todo lo que ello conlleva que parece que no nos damos cuenta. Por eso me pregunto, junto con Felix Ovejero, si somos idiotas o ciudadanos, como reza el título de su última obra. Y yo apuesto por lo primero, somos idiotas, nos han convertido en idiotas aprovechando la propia naturaleza del hombre que es la de la servidumbre humana voluntaria. Por eso nos es tan difícil salir de la minoría de edad, de pensar por nosotros mismos. Simplemente de pensar y no de opinar y hablar por hablar. Y cuando digo idiota no lo digo como insulto, sino que lo utilizo en su sentido griego. El idiota era lo contrario del ciudadano o el político, el habitante de la polis el hombre libre. Autónomo, aquel que se da, en la asamblea y por medio del logos, el diálogo, la ley a sí mismo. El idiota es aquel que vive para sí y sólo para sí. Que no le interesa la res pública. Pues nunca la ciudadanía ha estado tan preparada para ser idiota, para vivir sólo para sí mismo. Y, mientras, todo lo conquistado para y desde la colectividad, la polis, la ciudad, va desapareciendo en las redes del mercado.

                Europa es el invento del hombre, es la humanización del homínido. Europa es la conquista de la democracia, con su concepto de autonomía, isonomía (igualdad ante la ley e isegoría (igualdad del uso de la palabra). Europa es la eliminación de la superstición, de los mitos que esclavizan a través de la ignorancia. Es la búsqueda del conocimiento y la conquista de la libertad a través del mismo. La salida de la caverna a la luz de la razón que es universal y nos alumbra a todos. Es la separación del trono y el altar, la secularización y el laicismo. La conquista de la ciencia como modo de conocimiento del mundo, es el arte que nos eleva, desde la pintura, la música, la literatura, la arquitectura…a lo sublime. Es decir, lo que nos hace humanos, no simples homínidos. Es la conquista de los grandes derechos de la humanidad a partir de la Ilustración: igualdad, libertad, fraternidad; ésta última la gran olvidada. Por eso la Ilustración, y así lo considero junto con titanes del siglo XX como Popper o Habermas o Rawls, es un proyecto inacabado, o como dice José A. Marina es el gran proyecto ético político de la humanidad. Y esto que se conquista en la Ilustración es la ciudadanía frente al vasallaje. Es la conquista de la dignidad. Y es muy importante saber una cosa para ser muy conscientes de lo que se nos avecina y hacia dónde se dirige Europa. Y lo que hay que saber es que de todo esto de lo que hemos hablado y más, como son las conquistas sociales (el estado de bienestar) y laborales, son conquistas históricas. Me explico. No existen los derechos naturales. El hombre es, culturalmente, un animal desnudo. Es él mismo el que teje el vestido de la cultura. Todo es artificio, todo es superfluo. No hay ningún determinismo ni biológico ni cultural que nos proporcione los derechos conquistados. Hemos sido nosotros, nuestros antecesores, los que los han conquistado por medio de la lucha. Porque lo que sí ha existido siempre es la desigualdad, la esclavitud y la guerra. Y al conquistar los derechos llamados humanos lo que queremos con ello es evitar la guerra, la esclavitud y la desigualdad. Y ese es el camino de la Ilustración y el marco político es la democracia o la república. Y en eso estamos desde hace doscientos años.

Pero Europa ha cambiado de rumbo. Ha optado por el totalitarismo frente a la democracia. Ha idiotizado a los ciudadanos y los ha convertido en esclavos útiles, servidores del nuevo dios, el mercado. Y el ciudadano ha perdido sus derechos y la barbarie se extiende por doquier. Todo es una farsa y una pantomima. El pueblo ignorante elige engañado, los elegidos no gobiernan. Los poderosos, los grandes ricos del mundo y de Europa crean un lenguaje (neolengua) que enmascara la realidad, que crea una realidad ficticia en la que el ciudadano-vasallo se sumerge ahogándose en un mar de sinsentido. Y, mientras, pierde la libertad, la igualdad y la fraternidad, ésta última ni existe. Porque, precisamente la fraternidad, el considerarnos todos como hermanos, iguales. El ser capaz de ver nuestra miseria y nuestra dignidad en el otro sería lo que podría salvarnos, pero nos han vuelto idiotas y egoístas. Por eso no hay ni lucha ni revolución. Además de que el enemigo es ubicuo o no está en ninguna parte. Es un perfecto teatro del mundo. Pero estamos en el comienzo de la barbarie. Porque esta barbarie es la del fascismo político, la de la ausencia de la dignidad. Y si el poder no considera al pueblo como ciudadano, pues lo instrumentaliza, lo trata como un objeto, no le importa su vida, ni sus alegrías, ni sus sufrimientos. Por eso, la miseria, al fascismo económico aliado al fascismo político al que estamos asistiendo, no le importa al poder, porque el hombre ha sido despojado de la humanidad, esto es, de la dignidad. Y por eso hemos dejado de ser ciudadanos para ser vasallos (y todo muy bien legislado). Y con esta legislación de los poderosos hemos tirado por la borda toda la conquista ética-política que Europa había llegado a vislumbrar para el hombre y la historia. Y esa es la barbarie hacia la cual se dirige Europa. Esa es la nueva Edad Media: pobreza, miseria, esclavitud, desarraigo, vasallaje, desigualdad, poder absoluto y arbitrario…el faro ético-político de Europa se apaga…y la mayoría permanece indiferente.

                               Democracia, mesocracia, meritocracia.

                               No habrá un gobierno justo hasta que los filósofos sean reyes o los reyes filosofen.” Platón.

                El mayor crítico de la democracia de la antigüedad, y sus críticas en gran parte siguen siendo válidas, fue el viejo Platón, del que se dice que toda la filosofía no son más que notas  a pie de página de sus diálogos. Pues bien, el centro de la crítica platónica es que una democracia no es justa en la medida en la que la democracia es el gobierno del pueblo y ello es lo mismo que decir de los ignorantes. Claro, se refiere a ignorantes en lo que concierne a la justicia y el bien común. Y como el pueblo es ignorante, en ese aspecto, no en su profesión, pues es engañado por el demagogo que busca su interés particular. Pues esto, señores, y sé que esto levanta ampollas entre los bienpensantes y los progres y que seré tachado por enésima vez de elitista, lo que no me importa, porque si se identifica elitismo con excelencia, pues lo soy o, mejor dicho, persigo la excelencia para el pueblo y para mí, pues decía, que es esto lo que ocurre hoy en día, entre otros muchos males de la democracia. Y es por ello que nuestra democracia de cartón piedra, ni siquiera llega a esa altura de democracia liberal representativa y mediatizada económicamente, sino que además es una mesocracia. Se ha convertido en una mediocridad, es decir, el poder de los mediocres. Y, en concreto, en España, mucho ha hecho la ley de educación aún vigente, la LOGSE-LOE, no es que lo que venga lo vaya a solucionar, es más, profundiza en la mediocridad e instrumentaliza aún más al pueblo. Lo que viene es una consecuencia lógica del trasfondo psicopedagógico de la LOGSE unido al más bárbaro y salvaje capitalismo en el que todo se compra y se vende y el sujeto se ha convertido en absoluta mercancía.

                Pues sí señores, nuestra democracia es una mesocracia, el poder de los mediocres. Y es eso lo que al poder le ha interesado, convertir a la ciudadanía en mediocre, en sujetos autómatas, no autónomos. En sujetos idiotas (es decir, que sólo miran por sí mismo y no por el bien común) Se ha perdido por el camino la solidaridad, que era lo que quedaba del gran valor de la fraternidad, el menos desarrollado de la Ilustración. Mientras las vacas gordas hemos alimentado nuestro ego a base del consumo compulsivo y hemos empeñado nuestra vida en el tener. Y la ciudadanía, inconsciente, sumisa, aborregada y mediocre ha votado la ostentación de lo material, la riqueza por la riqueza. No ha entendido que la virtud está en la austeridad, pero no la que se nos impone ahora que es la miseria. Y ahora, con las vacas flacas, perplejos, espantados, con el miedo en el cuerpo, la ciudadanía sólo es  capaz de mirar su propio bolsillo instalado en una moral mediocre del sálvese quién pueda. Y, si no, miren los que secundan las huelgas de funcionarios o de profesores, una inmensa minoría…una auténtica pena. No es que no luchemos ni por lo de los demás, es que ni nos damos cuenta, o no queremos, luchar por lo nuestro. Asumimos dócilmente las medidas que eliminan los derechos sociales y laborales conquistados durante décadas, más de cien años, y encima nos sentimos hasta culpables y responsables, además de absolutamente desinformados. El colmo.

                Por eso reivindico la meritocracia. Una democracia sana debe perseguir la excelencia, el mérito, la virtud pública. Pero vemos delante de nuestras narices lo contrario. Y no lo denunciamos porque estamos adoctrinados. Hemos sido domesticados y adiestrados durante décadas por el sistema educativo y los medios de manipulación de masas, de tal forma que hemos perdido la conciencia crítica, que nos hemos convertido en unos conformistas, cuando no, los más espabilados de la tribu, en unos cínicos. La meritocracia es la creencia en que la democracia debe perseguir la virtud y la excelencia del pueblo por medio de la educación y el control de los medios de comunicación. Y ello conlleva la recuperación del poder por parte del pueblo. Y a ello se le llama república. La república exige de la virtud del pueblo, de la recuperación de la ciudadanía y el abandono del vasallaje. Pero malos tiempos corren para este ideal republicano que hunde sus raíces en la Ilustración, proyecto inacabado y no me canso de decirlo. El dios mercado lo inunda todo. Los medios de comunicación extienden su ideología, incluido Internet que parece que nos libera, pues no. Los sistemas educativos buscan empleados, no transformadores del mundo. El mundo ya está construido, controlado y dominado por unos pocos y el resto somos sus peones a los que sacrifican sin el menor escrúpulo. Pues señores es hora de la praxis revolucionaria, que diría Marx, y que a los progres de los que hablaba antes se les ha olvidado o nunca lo aprendieron, es hora de la transformación del mundo y de las condiciones de posibilidad de esa transformación. O, de lo contrario, la maquinaria bárbara e infernal nos engullirá en una nueva edad media totalitaria que ya barruntamos durante mucho, mucho tiempo…



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