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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2013.

No estoy de acuerdo con tu discurso sobre la libertad. En el sentido en el que tú hablas de libertad, pues claro que no la hay. Para empezar porque la libertad ni es ilimitada, ni absoluta, ni consiste en hacer lo que uno quiere. Esto último es mero capricho y, por tanto, esclavitud de las pasiones. Yo me refiero a la única libertad posible, aquella que está condicionada, desde lo biológico hasta lo social y familiar. Pero mi concepto de libertad es y se refiere al ámbito de lo político y consiste en dos cosas, libertad de expresión y de acción, que hay muy poca, aunque se nos dice que vivimos en libertad. Pero ése es el discurso dominante para esclavizarnos y adormecernos. Y la libertad como cumplimiento del deber, de las leyes. Es lo que se llama la paradoja de la libertad. La libertad política se consigue por medio del cumplimiento de las leyes. El hecho de cumplir la ley nos hace libres porque en la medida en la que todos nos comprometamos al cumplimiento de la ley, entonces todos estamos amparados por la ley. Vivimos fuera del miedo que nos esclaviza. Si no se cumplen las leyes es la desigualdad máxima y la guerra de todos contra todos. Pues bien, la lucha por la conquista de esta libertad política es la lucha por la dignidad humana. Después también tenemos la libertad individual que es la capacidad de forjarnos un proyecto de vida propio a partir de nuestras circunstancias y condicionantes. Si estamos por encima de las circunstancias somos libres, autónomos, nos damos la ley a nosotros mismos, si las circunstancias y los condicionantes nos superan, pues somos esclavos.

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El mal radical nos acecha.

Vivimos un momento tremendamente peligroso. Estamos sentados sobre una bomba de relojería. El fascismo económico da paso al fascismo político. Da miedo ver la cantidad de jóvenes, absolutamente indocumentados e ignorantes, que se aferran a un discurso fascista porque en el fondo, ante la ausencia de los grandes relatos que daban sentido a la existencia, los estragos de la crisis, el consumismo, el posmodernismo, pues lo que nos queda es el discurso fácil. Y esto no se ve sólo en los jóvenes que han fracasado en el sistema educativo, sino que en las aulas empiezan a abundar los que defienden el fascismo y el franquismo. Los que defienden la violencia como el modo de resolver los problemas. Aquellos que no atienden al diálogo, a las razones, porque en el fondo no tienen capacidad de comprender, sólo de ser adoctrinados porque viven en un estado de perpetua ignorancia y lo que quieren son creencias que le den un asidero. No quieren el camino difícil, el de las ideas, que son todas discutibles y que hay que conquistarlas por medio del esfuerzo que conlleva el estudio y de la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Estos jóvenes indocumentados carecen del conocimiento del pasado, de la historia, para poder juzgar, del conocimiento filosófico y ético para entender el significado de las consignas y las máximas fascistas. Se regodean en el poder de la fuerza. Reclaman venganza frente a la justicia. Y, la verdad, es que la sociedad no es precisamente ejemplar, sino, todo lo contrario. Y se escudan en el supuesto respeto de las opiniones. ¡Cuánto daño ha hecho esta confusión en la democracia, que, a la larga, como he dicho muchas veces, se ha convertido en violencia! Y es ésta la bomba sobre la que estamos sentados y sobre la que los políticos simplemente hacen demagogia sobre problemas ficticios que en el fondo siguen alimentando a la bestia. Sí, estos jóvenes fascistas, cuando los acorralas con algo de información y conocimientos, saltan como resortes y dicen que esa es su opinión. Que por qué ellos no pueden defender el fascismo y decirlo públicamente. Ellos no acaban de comprender que el fascismo no es defendible dentro de la democracia, y menos hacer proselitismo dentro de un aula, esto es un acto delictivo. El fascismo lleva aparejada la violencia y el mal radical, la eliminación del disidente: el genocidio. Es la privación del estado de derecho y, por tanto, de la libertad. Y, por todo esto, estas opiniones, en primer lugar no son respetables y, en segundo lugar, no es legal que se haga proselitismo de ellas. Pero la progresía nos ha hecho confundir la libertad de expresión con la libertad de opinión. Una dimensión de la libertad es la libertad de expresión, que ha de ser respetada, pero lo que se expresa no tiene por qué ser respetado, debe ser discutido. Y más en el caso de ideas fascistas que atentan contra el orden democrático, el estado de derecho y, por ello, contra la libertad y la igualdad.

Y me temo que el tema o problema catalán, tal y como lo están llevando por uno y otro lado, está despertando a este monstruo que estaba en duermevela, y las circunstancias que nos rodean, el paro, la miseria, la corrupción política e institucional, la ignorancia generalizada auspiciada por los medios de control y desinformación de masas, favorecen el desencanto y la huida por el camino más fácil, el de las creencias que solucionan los problemas por medio de la violencia. Créanme, creo que tenemos motivos para estar asustados. La educación es la vía para corregir esto. Pero hay dos problemas, el primero es que el alumno se ha transformado en un ser caprichoso al que todo se le ha dado, el nivel de conocimiento ha bajado. Lo que ahora importa son las llamadas competencias. Porque en realidad no se pretende educar a ciudadanos, sino a objetos empleables. El objetivo de la educación es la empleabilidad, dice Wert, los otros decían la adaptación al mundo cambiante en el que vivimos. En resumen, lo mismo. La despersonalización y objetivación del alumno que deja de ser ciudadano para convertirse en mercancía. Y, el segundo problema, es el que está por llegar. El ministro se ha encargado, siguiendo su ideología, de eliminar las asignaturas (El 75% del curriculum de filosofía) en la que todo este elenco de problemas se podían tratar y discutir e intentar, aunque generalmente se fracasa en los casos agudos, porque de las creencias no se sale fácilmente, pasar al diálogo, al uso de la razón y a la búsqueda de conocimientos que fundamentaran nuestras ideas, por supuesto, siempre abiertas al cambio y la crítica. La nueva edad media se acerca, pero no llegaremos a ella sin dolor y sufrimiento…y esperemos que no se vuelva a repetir el genocidio. Ya va siendo hora de que nuestros políticos tomen las riendas del poder y no que estén al servicio del mercado. Y si no, ya va siendo hora de que la ciudadanía se movilice antes de que caigamos en las fauces del nacionalismo fanático, del fascismo genocida y exterminador y mejor no seguir…

En lugar de una solución para el hambre en el continente africano es un mal asunto para estos. Lo mismo que su riqueza en minerales y recursos fósiles. La mano del capitalismo salvaje se extenderá implacable. ¡Qué contradicción, el continente que se considera la reserva alimenticia del mundo en un futuro próximo se muere ahogado en el Mediterráneo en busca de comida! Es lo que decía el título de aquel viejo y certero libro, “La locura organizada”

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Hasta que no haya un reconocimiento por parte de la derecha de este país de que lo que hubo fue un golpe de estado y una auténtica ley de memoria histórica, la guerra civil, aunque sin armas, continúa. Porque, además, la transición fue un pacto para mantener las oligarquías y el poder del antiguo régimen. Todo atado y bien estado. Nos debería dar vergüenza aguantar esta situación.

 

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Y, mientras beatifican a las víctimas de los “rojos”, cientos de miles de víctimas del nacionalcatolicismo siguen en las cunetas. La derecha, la monarquía y la iglesia no tienen solución, son herederas directas del franquismo.

 

Cierto, hay que diferenciar entre insumisión o desobediencia civil, e, incluso rebelión civil que pueda acabar en un proceso constituyente, lo cual es revolucionario (dado que se carece de democracia y por eso su conquista es una revolución), con una rebelión sangrienta. Ni toda rebelión, ni toda revolución es sangrienta y, sino se puiede hacer un repaso de la historia. Y, lo que no se puede confuindir es una rebelión civil con un golpe de estado preparado, premeditado y apoyado por cómplices extranjeros: fascistas Hitler y Mussolini, dirigido ideológicamente desde un plan de exterminio y genocidio. Eso es una falsificación de la historia. Asi que, señor Quijano estoy totalmente de acuerdo con su matización.

Sobre la desaparición de la filosofía.

La filosofía la han derrumbado y la hemos dejado caer. Los políticos han hecho su labor, los profesores la nuestra. La LOMCE sigue adelante con sus bárbaros planes y el profesorado sigue alienado en su trinchera de la indiferencia. Pero ahora voy a hablar de mí y de mis compañeros, de la situación penosa, lamentable y degradante en la que nos quedamos y que a la comunidad educativa le importa más bien poco. Habiendo perdido casi el 75%  de la filosofía poco queda ya por dar. Esto supone que no habrá más interinos, sustitutos para los funcionarios de carrera, eso sí, y que los funcionarios de carrera, los filósofos que llevamos décadas estudiando y viviendo para la filosofía, ahora nos queda deambular por los institutos sin saber qué vamos a dar y sin saber nada de lo que vamos a dar. Vamos, un calvario para cualquier profesor con vocación filosófica y educativa, que, en el fondo se unen porque no hay filosofía sin comunicación. Pero es que además esto es un atropello contra la educación, una burla de la ciudadanía. Se supone que tendríamos que dar las llamadas afines, un invento para cubrir horarios, porque yo no estudio ni historia, ni lengua, ni latín, ni griego, desde el bachillerato, es más, en mi caso soy de las llamadas ciencias puras. En definitiva, un fiasco. Cada año, dependiendo de las necesidades de horarios, daremos una u otra cosa, añadiendo, apoyos (aprender a leer, escribir, sumar, rectar…), PECEPIs. (el último reducto educativo) sin saber nada de nada. Dar historia sin saber historia, lengua sin saber lengua, y así sucesivamente. Imaginensé esto en la medicina, el psiquiatra que para cubrir su horario, unos días hace de traumatólogo, el otro de otorrino, el de más allá de cardiólgo… No sólo es el malestar que esta ignorancia y tu falta de vocación en estas materias produce en el profesional, es que es un engaño a la sociedad, al alumno, a los padres, es una pantomima. Cómo puede ser esto una enseñanza de calidad cuando el profesor no domina la materia, pero lleva treinta años dedicado en cuerpo y alma a la filosofía y su enseñanza, pero ya no puede impartirla, porque al poder no le interesa. Qué motivación va a tener este profesor, qué entusiasmo va a transmitir a los alumnos. Es una auténtica barbarie, una tortura para él y un fraude para el resto. Una vida menospreciada por el poder y por una concepción de la enseñanza viciosa, mercantilista, ausente de contenidos y en la que, en el fondo, el alumno no importa nada, ni el profesor. Sólo unas estadísticas, encima, mal interpretadas. Pero qué culpa tiene la filosofía de que el alumno, supuestamente, funcione mal en matemáticas y en lengua, habrá que modificar la enseñanza de estas disciplinas, o el espíritu de la LOE, que es el que realmente falla, pero eliminar la filosofía y poner la religión como optativa evaluable sólo se entiende desde una posición ideológica autoritaria. Y es lo que es este gobierno, en todas sus dimensiones, un gobierno autoritario, que ha mentido, que es corrupto, que avasalla con la mayoría absoluta, que gobierna por decreto obedeciendo a Bruselas y el BCE. Un gobierno que ha eliminado el diálogo, que impone las leyes, como es la LOMCE, sin escuchar ni a la oposición, ni a la ciudadanía. Un gobierno títere del mercado. Y para el mercado todos somos instrumentos, objetos, cosas. De modo que alumnos y profesores, y en este caso, los profesores de filosofía, pues así somos tratados, como simple mercancía que en este momento es desechable. ¡Dónde ha quedado el humanismo que inventó esta Europa en decadencia y que se dirige a la barbarie!

Tienes razón, Esteban, pero hay gestos que son heroicos y son símbolos para el resto. Y los actos heroicos pueden costar la vida. Aunque también es verdad que para muchos esos actos heroicos son tonterías o actos inconscientes. Pero yo me quedo con el símbolo y la mitología del héroe. Así explico yo, por ejemplo, la muerte de Sócrates o Jesús de Nazaret. Ambos pudieron evitarla, pero su pensamiento no hubiese sido el mismo ni hubiese sido coherente si no lo hubiesen llevado a sus últimas consecuencias. También Héctor sabía que si salía a luchar contra Aquiles moriría, pero era su deber y su enseñanza de la virtud. Lo que ocurre es que hoy en día este discurso ya no sirve. En fin, que quizás no esté mal un héroe anónimo para que nos espabilemos.

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Cierto, aquí nadie deja un sillón, pero dos matizaciones. La primera es que los casos de heroicidad que yo he puesto son individuales y cuentan como gestos y, si lo miras bien, son necesarios, de lo contrario la historia hubiese sido otra. En tu caso es la decisión de un hombre que involucra a otras personas, caso muy repetido en la historia. Para mí esto no tiene el mismo valor ético, por supuesto. La segunda es que noto, claro, no sin razón, cierto pesimismo histórico y en concreto con España. Pero nadie pensó que pudiese caer el antiguo régimen y llegó la revolución francesa. Y, por último, yo sí creo en el valor del héroe como ejemplaridad pública. Es más, si no los hay nos los inventamos y en esto consisten los mitos y las leyendas.

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Estás en lo cierto. Pero pasan dos cosas. Esos héroes a los que te refieres, me da la sensación de que fueron llevados allí de alguna u otra manera. No se trata del héroe que toma una decisión individual, libre y autónoma que es lo que yo defiendo. Y que es ejemplar en la medida que da fuerza y ánimo a los que no queremos hacer de héroes, pero queremos luchar. Ya te digo, es ejemplaridad pública. Que todo queda en el olvido. Pues claro, todo. E, incluso si recordamos a alguien por sus méritos, cualesquiera que sean, eso no impide que no esté muerto. Las Casas, por ejemplo, como tú muy bien sabes, es un héroe moral para la humanidad, un ejemplo, no llegó a morir, pero su obstinada defensa del indio en tanto que persona que abre el camino a los derechos humanos, pudo muy bien haberle costado la vida. Desde luego que más de un disgusto, enemistades y enfrentamientos con el poder le costó. Y todos hemos aprendido de esa actitud y nos hemos beneficiado de ella. En cuanto a los héroes anónimos, pues la historia está llena. Y, en España, nuestras cunetas también. Probablemente, si nos vamos a la intrahistoria podremos ver que muchos podrían haber evitado el final que tuvieron. Recuerdo el caso, ejemplar para nosotros, de Doña Catalina, la maestra, investigado por Paco Espinosa. Si seguimos su trayectoria pudo haber evitado la muerte, pero no lo hizo. Y está muerta y enterrada en alguna fosa común de los alrededores de Villafranca y en la condena a muerte se dice, por parte del cura párroco, por roja y comunista. No sé, nuestra diferencia quizás sea cuestión de matices. Yo soy un escéptico y pesimista, pero esperanzado. Creo que nuestra historia puede mejorar, en algunas ocasiones, ética y políticamente, aunque siempre estamos a merced del retroceso. Por eso hay que permanecer vigilantes.

"Hay que tener en cuenta, de cara a los padres, que el colectivo de dicentes tiene un puesto de trabajo asegurado y, sin embargo, los padres se están enfrentando a unas tasas de desempleo muy elevadas y dificultades económicas importantes", ha aseverado la secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, Montserrat Gomendio. Declaraciones a Europa Press.


¡Serán hijos de puta! Esto es una auténtica vergüenza. Aguantarlo es ser cornudo y apaleado. Este gobierno criminaliza cualquier protesta, no ha analizado ni una sola de sus leyes ni de sus decretos es inmensamente prepotente. Es estrictamente autoritario, manipulador y mafioso. No se lo podemos permitir. Se han cargado la sanidad, la educación, la justicia…y encima los responsables somos nosotros. Ha aumentado el paro y los responsables somos los profesores que nos ponemos en huelga por los hijos de los trabajadores y por las clases más desfavorecidas. Han perdido el norte. Se están escaceando del caso Bárcenas que es la mayor vergüenza de la democracia. Insultan a los españoles a la cara impunemente, como aquel que tiene derecho de pernada. Este ministro en concreto, un tertuliano, un opinador, ha elevado su opinión particular (no olvidemos que las opiniones son como el culo, cada cual tiene la suya) a rango de ley general de educación. Qué poca vergüenza, qué desfachatez, o, mejor, fachatez. Porque eso es lo que son todos los de este gobierno, mentirosos, meapilas y fachas. No debemos soportar ni un solo insulto más. Estos deben ir a la calle, ya. Su juego es enfrentar a la ciudadanía e irse de risitas. Son unos cobardes amparados en una mayoría absoluta que utilizan como poder omnímodo. 

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Las protestas contra la LOMCE deben radicalizarse, que no tiene nada que ver con la violencia, sino con una postura de fuerza, encierros, desobediencia civil, huelgas de hambre o ayunos. Porque lo que sucede es que además de mentir con los datos, de intentar dividir a los ciudadanos enfrentando a los padres con los profesores, siendo precisamente los profesores los que velan por los alumnos y por su máximo bien, la educación y la enseñanza, estos señores no nos hacen ni caso. No nos van a escuchar, nos van a ningunear. Hablan de diálogo, pero es la ley educativa con menos consenso y en absoluto sin diálogo. No han escuchado ni al Consejo de Estado. Lo único que han escuchado son las enmiendas a errores en la redacción. Una ley que salió hecha desde un principio, desde la cabeza del señor Wert. Una transcripción de su opinión tertuliana, algo particular y sin validez cognitiva, transformada en ley con validez universal. Estas son las consecuencias del relativismo y el posmodernismo. Si todas las opiniones son iguales, la válida es la del más fuerte. En definitiva, nuestra lucha o es desde la radicalidad, trascendiendo a los sindicatos o no tenemos ninguna alternativa. Tomemos ejemplo de la sanidad madrileña, ganen o pierdan, llevan un año de luchas y, en parte van ganando, los tribunales han declarado, de momento inconstitucional ciertas privatizaciones. La LOMCE también tiene sus inconstitucionalidades.

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La recuperación, y no por ser un pájaro de mal agüero, es apariencia. Podrá haber recuperación y de nuevo crecimiento. Pero el sistema capitalista se ha agotado y habría que aprovechar para iniciar un nuevo modelo (el cambio de paradigma), el del decrecimiento y el ecosocialismo. Pensar que el crecimiento es ilimitado en un planeta limitado es una estupidez y, como decía un economista que ahora no recuerdo, “quien mantenga esto o es idiota o un economista.”

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El problema es que la fraternidad de la Ilustración nunca se desarrolló. Hay un libro de Antonio Domenec sobre la fraternidad que es buenísimo, no recuerdo exactamente el título.

Y, lo que ha ocurrido en las postrimerías del XX y los inicios del XXI es la alianza entre el capitalismo salvaje y su gran triunfo, hasta la crisis, y la filosofía posmoderna. Ello ha hecho de los ciudadanos, islas, idiotas en el sentido griego, sólo se preocupan por su bien particular sin ser capaz de entender que su bien depende del bien común. Son, en palabras de Ortega, señoritos satisfechos, niños mimados, perezosos y egoístas. Mira, el otro día en una CCP, el director estaba hablando de las nuevas normativas y, en espacial, la que afectaba a la dirección, una evaluación externa y tal…Bueno, pues la gente, ni caso, con la trascendencia para el funcionamiento de los centros y de la educación que tenía todo lo que decía. Sólo miraban el calendario para ver qué fechas se podían cambiar para planificarse sus puentes y salidas. Lo siento Esteban, pero hace ya tiempo que me da asco ir al instituto (y estas reuniones las detesto. Son asépticos, no existe la política, cuando la educación es eminentemente política, formar ciudadanos) y más en un centro en el que la mitad del profesorado es de ciclos formativos, que, lo siento, estos no tienen nada que ver con la enseñanza clásica, por muy loable que sea su labor y muy bien que lo hagan, no deben estar en los centros de secundaria, los intereses de un matemático y un maestro de chapa y pintura son muy distintos. Los fines educativos de uno y de otro son absolutamente dispares.

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Es interesante tu idea. Pero son otras muchas cosas las que fallan para que la huelga falle y sea sólo simbólica y lugar de reunión. Es el cambio social que ha habido que ha aunado al capitalismo salvaje y el posmodernismo creando unas nuevas categorías antropológicas y éticas. Por ello, lo que sucede es que simplemente, no es que la huelga ya no sirva, sino que prácticamente no las hay. ¡Cuidado!, no identifiques las huelgas con las de la enseñanza. Éstas, en su momento pueden ser brutales y unidas a los obreros poner a un país en jaque, como en París 68 y en muchos lugares de Latinoamérica o ser, como dice Wert, que estuvo en el mayo francés y sabe de lo que habla, fiestas de cumpleaños. Y, efectivamente, eso es lo que han sido las huelgas en la enseñanza. Fiestas de cumpleaños, y eso, los que han participado. Salvo honrosas rescepciones, como Baleares y la comunidad valenciana. Ahí si le han puesto las cosas difíciles al poder. De modo que las huelgas siguen teniendo sentido. El que ha perdido el sentido es el hombre posmoderno que no tiene relatos a los que asirse. Por otro lado, una huelga, por ejemplo, y ocurrió hace unos tres años en el sector del transporte, puso en jaque al gobierno que no tuvo más remedio que ceder. Además, la ciudadanía, viendo que los supermercados y demás tiendas de primeros consumos se quedaban sin existencias empezó a tomar conciencia de la fuerza de la protesta, del sentido de la huelga y presionó al poder. Como digo, lo que ha sucedido es que estamos viviendo bajo un mito, el del neoliberalismo, con su pensamiento políticamente correcto de fondo, que no es más que el posmodernismo que ha domesticado y esclavizado a la ciudadanía. Pero la huelga, los encierros, cortes de carreteras, desobediencia civil es lo que tenemos. Lo que nos falta es conciencia de que lo tenemos. Y, otra cosa, como toda creencia, el sistema en el que vivimos nos ha culpabilizado y eso, en el caldo de cultivo del cristianismo, que es en el que vivimos, pues hace mella, surge rápidamente el sentimiento de culpabilidad y la resignación y se instala la necesidad de que todos arrimemos el hombro, de que lo que se está haciendo es necesario. Y así lo confirma la intención de voto. El PP sigue con mayoría, si bien simple. Creo que tu discurso es correcto y es, digamos, una fenomenología de la situación, pero como praxis política va en la dirección contraria. De lo que se trata es de crear conciencia y ello consiste en desenmascarar el gran engaño, el conjunto de mitos en los que vive la población y eso los haría despertar. De lo contrario lo que nos queda es la barbarie. Una nueva Edad Media a la que nos dirigimos con las tecnologías individualizantes, hedonistas y alienantes. Todos iguales, divertidos y sonrientes. Qué mejor escenario para una utopía negativa.

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El hombre posmoderno vive mirándose su ombligo y creyendo que no hay una historia detrás de solidaridad, sacrificio y muerte para que él tenga lo que tiene y que le están arrebatando. Inconsciente, hedonista, egoísta y sumiso.

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Estoy totalmente de acuerdo con lo que mantiene el editorial. Pero me temo que El País pensaría de otra manera si la postura hubiese sido la del PSOE. Además, recordemos que el PSOE pudo eliminar en su momento esta ley y que no ha sido nada claro, sobre todo en sus primeras declaraciones, tras la sentencia del tribunal de los derechos humanos de Estrasburgo. Parece que iba definiendo su posición a la zaga de lo que iba haciendo el PP. Bipartidismo, ausencia de democracia. Por otro lado es muy lamentable la actitud de las asociaciones de víctimas del terrorismo que retroceden, por muy comprensible que sea, más de doscientos años en el derecho, porque lo que piden es venganza. Desdeñable también la postura de la izquierda extremista celebrando públicamente la excarcelación, absolutamente legal, de una asesina con 28 muertos por terrorismo a sus espaldas. Si quieren celebrar su justa libertad debe ser en privado. Públicamente es una provocación y un consentimiento del mal radical. Incomprensible y dañino para la democracia es también que un partido político, precisamente el que está en el ejecutivo, apoye la manifestación convocada contra la sentencia del tribunal de derechos humanos. Esto significa la destrucción de la división de poderes, que no la hay, aunque sí la teoría. Porque lo que está reclamando, en el fondo, es el tutelaje del poder político, como viene siendo desde el nacimiento de nuestra deficiente democracia, sobre el judicial. En definitiva, que padecemos un nivel de democracia peligrosamente bajo.

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Marinoff, el padre de la filosofía práctica que se hace famoso con su “Más Platón y menos Prozac” saca un nuevo libro en el que intenta aunar la sabiduría de las “religiones”, más bien modos de vida, cosmovisiones y, en última instancia, filosofías, orientales. El punto de inserción son las virtudes cardinales descubiertas o inventadas por los griegos. Y se le dedica especial atención a la primera, la prudencia.

A mi modo de ver la filosofía práctica es una alternativa a tanto batiburrillo de libro de autoayuda y tanto charlatán suelto que nos promete la felicidad a costa de un buen precio. El problema es que cae en el mismo saco. Lo que se nos promete desde la filosofía práctica es la conquista de la felicidad y esto, a mi modo de ver, es caer en uno de los engaños del posmodernismo, el hedonismo egoísta, la felicidad, más bien el bienestar, a toda costa. Se olvida de que la felicidad depende de la virtud y que la virtud es fuerza, ejercicio, trabajo, voluntad. Ya está en el mismo Aristóteles del que arranca Marinoff. Y si nos vamos a los sabios orientales encontramos lo mismo, sin ejercicio, sin dedicación, no hay virtud. Además esa virtud, en la medida en la que somos animales sociales está relacionada con los demás. No es posible la felicidad en medio de la injusticia, antes está la lucha por la justicia que la felicidad individual. Pero la sociedad nos impele, hoy en día, a la búsqueda de esa felicidad. Pero esto tiene una intención clara, la distracción. Si el ciudadano está distraído no se fija en lo importante y, encima, pierde su libertad. Siempre he defendido como valor supremos la libertad frente a la felicidad. Porque la felicidad tiene dos problemas, uno es que está sometida a la accidentalidad y otro es que nos puede, no necesariamente, llevar al egoísmo. La libertad, en cambio nos mantiene siempre en guardia, ante el poder y ante nuestras propias debilidades. Y la libertad que se relaciona con las virtudes cardinales, porque libertad es, entre otras cosas tener un proyecto de vida propio, requiere del cultivo de esas virtudes: prudencia, valentía, templanza y justicia. Y a ello le añadiría yo la gran olvidada de la Ilustración: la fraternidad.

La filosofía práctica es un buen camino porque es la recuperación de la sabiduría del pasado para entendernos en el mundo confuso de hoy, pero debe orientar sus pasos, no sólo a la felicidad individual, sino también a la libertad, la justicia y la fraternidad.

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Escuchando El muro (The Wall) de Pink Floyd he recordado las protestas en la enseñanza de estos días y más en concreto la de los alumnos. Y es curioso, y necesario señalar aquí, que han sido los padres y los alumnos los que han tirado de la huelga. Por mi parte considero que ha sido un éxito, no en el caso del colectivo de profesores, lamentablemente e incomprensiblemente, o sí, pero este no es el tema.

Todo sistema educativo es un sistema de control del poder sobre los ciudadanos. Hoy en día existen más sistemas de control y quizás, más efectivos, los medios de manipulación y control de conciencias de las masas. Los popularmente llamados medios de comunicación de masas. No son tales, sino que son medios de desinformación. Y esa desinformación consiste en crear un estado de opinión única. Su arma es la demagogia, esos medios utilizan la retórica engañosa y la demagogia que se dirige a las pasiones humanas anulando el pensamiento. Los medios de manipulación y control de masas van directamente en contra de la ciudadanía y van a favor de los que lo dirigen, el poder económico y político, hoy en día inseparables y, desgraciadamente, cada vez más unidos al judicial porque las leyes emanan del poder político y de los intereses económicos que influyen en el poder legislativo.

En este sentido, la educación, como procede directamente del poder político es utilizada también como un arma de control de las conciencias. Toda ley de educación, no sólo la LOMCE, otra cosa es que a la LOMCE se le vea más el plumero, es un sistema de control por parte del poder. Pero los que han analizado en seriedad y con profundidad la LOGSE-LOE saben muy bien cuáles son los entresijos del poder de control de esta ley, encima, enmascarado de democracia e igualdad de oportunidades. Una ley absolutamente nefasta y fracasada que ha producido un gran desfase en los conocimientos y una gran infelicidad en los alumnos que acaba convirtiéndose en violencia (lo que llaman los pedagogos violencia de baja intensidad, pero ya me gustaría a mí que la sufriesen ellos a diario en las aulas) y una infelicidad para el profesor. Éste se ha convertido no en un enseñante, sino en un vigilante. La mayor parte de su periodo lectivo va dirigido a mantener cierto orden, ni siquiera un orden que permita explicar, realizar trabajos con los alumnos. La pasividad, la indiferencia, la falta de respeto, la burla, a los compañeros y al profesor es la tónica general. El desinterés y la ignorancia, así como la falta de sensibilidad es supino.

Y la LOMCE, por mucha reválida y mucha calidad de la que se nos habla no viene a arreglar esto. Las reválidas y la supuesta calidad no es más que segregación y un estímulo a la diferencia, la desigualdad y, en última instancia, un fomento de la educación privada en detrimento de la pública. Si a esto le sumamos además el dinero que se desplaza de la una a la otra (de la pública a la privada) pues apaga y vámonos. La LOMCE  no toca el pilar psicopedagógico de la LOGSE, por tanto, el tema del conocimiento, las competencias…sigue igual. Es más, empeora en tanto que las modificaciones curriculares van dirigidas a una formación más técnica, a un saber hacer, no a un saber. En una palabra un saber en tanto que mano de obra disponible y adaptable a la precariedad del mundo laboral que el neoliberalismo ha creado. La ley, por tanto, es un sistema de control perfecto para crear una sociedad del futuro sin pasado e ignorante de su propia identidad. Una sociedad autoritaria en la que, poco a poco, se han ido perdiendo los derechos sociales y, después, los civiles. De tal forma que el ciudadano del futuro no es que esté ni siquiera maniatado, no tendrá esa sensación. Vivirá en un mundo orwelliano perfectamente asumido e inconsciente de que es un ser libre pero vive esclavizado, o utilizando una metáfora más moderna, en Matrix, y lo van a preferir porque fuera de Matrix lo que nos aguarda es el desierto de lo real. Por eso el sistema educativo se encarga de que todos seamos una piedra más en el muro. Y, por lo que se ve, muchos profesores nos aguardan ya en este muro.

 

La ley se superpone a la pasión.

                Ha sido demasiada la polvareda que ha levantado la sentencia del tribunal de Estrasburgo de los DDHH. Una polvareda, en forma de indignación, que es sólo comprensible, por lo que es la naturaleza humana, que luego veremos, pero injustificable desde una cultura que debería tener asumido el significado de la democracia, los derechos humanos y lo que vela por todo ello que es el estado de derecho, la ley. Y creo que esta indignación que se ha producido, sobre todo en las víctimas de asesinatos horrendos de la banda terrorista de ETA, debe ser dirigida hacia el sentido común, todo lo contrario de lo que la clase política, en especial el Partido Popular han hecho. Y lo que han hecho es estrictamente demagogia. Es decir han engañado en su propio interés, poner a su favor el dolor de las víctimas, apelando a las más bajas pasiones, mientras que con la boca chica afirmaban acatar la sentencia, entre otras cosas porque no le queda más remedio al formar parte de Europa y haber reconocido la validez universal del tribunal de Estrasburgo. La sentencia argumentaba y tumbaba la doctrina Parot por ir en contra de los derechos humanos. Y los juristas están de acuerdo en su inmensa mayoría. Ahora bien, los políticos que nos gobiernan, algunos intelectuales, como Savater o Albiac, por mencionar algunos, están en contra, pero no han ofrecido ni un solo argumento jurídico ni ético. Entre otras cosas, porque no los hay. Los políticos han apelado a las bajas pasiones, estrictamente a la venganza, de lo que hablaremos después, los intelectuales han sido más sutiles, pero han retorcido los conceptos, Savater ha hecho demagogia de la democracia y Albiac ha intentado rizar el rizo haciendo una distinción forzada entre la redención, que es posible desde la teología, pero no desde la ciudadanía, al ser éste un concepto estrictamente religioso. En ambos casos, intelectuales orgánicos, vendidos al poder, uno al de la derecha y otro al de la izquierda. Desde luego que más comprensible es Savater habiendo sido un blanco de ETA durante muchos años, haber tenido una actitud valiente frente a la banda armada que le hizo tener que abandonar la Universidad, que ayudó a fundar, el País Vasco y vivir largos años con escolta. Una actitud valiente y heroica, pero ello no le exime de no entender la sentencia y de hablar desde la pasión y no desde la razón, que es desde donde debe hablar un filósofo por mucho que le duela. Hubiese sido un último acto de heroísmo.

                Pero lo lamentable es la actitud de los políticos y de la ciudadanía en general. Los políticos en lugar de dar ejemplo de racionalidad y de defensa al estado de derecho han instado a las bajas pasiones. Y ello ha alimentado el monstruo que todos llevamos dentro, la necesidad de venganza. Las asociaciones de víctimas han sacado este monstruo a la luz, lo cual las pone en igualdad con el asesino. La diferencia entre el hombre civilizado y el asesino es que el primero está bajo la ley, mientras que el segundo está por encima de la ley y del bien y del mal. Es comprensible la actitud de las asociaciones debido al dolor sufrido y que siguen padeciendo, pero el estado de derecho, la isonomía, el imperio de la ley, lo que garantiza es que todos tengan un juicio justo por igual y elimina la posibilidad de la venganza al intervenir un tercero, que es el poder judicial que aplica la ley desde la isonomía, el imperio de la ley. Y eso es lo que marca la civilización.

                El hombre, en tanto que homínido, en su estado de naturaleza, que diría Locke, tiene el poder absoluto de la venganza y libertad absoluta sobre la propiedad. Pero al resultar que todos los hombres tienen el mismo poder, pues la vida en el estado de naturaleza es un sufrimiento, un estado de angustia permanente. Estoy amenazado por cualquiera, porque cualquiera se ve en el derecho de arrebatarme mi propiedad e, incluso, mi propia vida, por venganza, si así lo estima oportuno. De ahí que surja el contrato social. Y éste consiste en una ley igual para todos que limita nuestro derecho absoluto de propiedad, de venganza y de libertad. Pero bajo esta ley vivimos protegidos y ya no tenemos que preocuparnos de las amenazas. Esto no elimina el sentimiento de venganza, que es una de las pasiones más fuertes del hombre. Pero ya no soy yo el que ejecuto la ley, que emana del poder legislativo, sino que es el poder judicial. Y, de esa manera se canaliza la venganza y se le reconoce al otro el hecho de ser hombre; es decir, su dignidad. Porque la venganza no reconoce la humanidad del otro, por muy brutal que el otro haya sido es un ser humano al que hemos dotado, por ley, de dignidad. La venganza, al ser irracional, se salta la ley, no la contempla, y nos lleva al estado primitivo. A la imposibilidad del gobierno y de la vida social. La venganza es una monstruosidad porque va acompañada del placer del dolor infligido al otro al que se le considera un monstruo. Pero el mismo acto de la venganza nos convierte en monstruos, en incivilizados, nos hace perder la dignidad. Es la ley la única garantía de nuestra dignidad. Y es la ley la única que garantiza nuestra libertad, porque es el cumplimiento de la ley lo que hace posible vivir en paz y tranquilidad, sin miedo al otro y considerando a éste, como otro yo: un sujeto de derecho y también un sujeto sintiente. Por ello su dolor es mi dolor. En este sentido la ley, además de darme la libertad, me dignifica al civilizarme, que no es más que ser capaz de tener conciencia del dolor del otro. De modo que la instigación de los políticos a las bajas pasiones sólo puede alimentar al monstruo de la venganza y lo que hace es destruir una sociedad, crear monstruos y odio por todas partes. El político, al contrario, debe ser ejemplar. Y, con su vida y su palabra, debe defender la ley, el estado de derecho, la isonomía. Y más cuando estamos hablando de un Tribunal Internacional de los DDHH, la fuente y la garantía de la dignidad de los hombres. Pero, la verdad, esperar esto del político, cuando no son capaces de hacer cosas más fáciles, es mucho esperar. El político ya no es un pedagogo ni un filósofo, es un oportunista y un demagogo. Pero esta vez ha jugado con fuego y alimentado una de las pasiones más bajas del ser humano: la venganza y el odio y lo ha contagiado a la sociedad en general. Y ello ha supuesto bajar un escalón más en la democracia, si es que ello era posible. En fin, un espectáculo lamentable, bochornoso y esperpéntico. Y no estoy defendiendo a ningún asesino, defiendo al ser humano y a la ley que es la que nos humaniza.

 



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