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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2014.

Efectivamente en el ser humano está la condición de poder realizar lo mejor y lo más deleznable porque su naturaleza es abierta. De ahí que sea un animal cultural y que haya una infinidad de culturas que potencian unas u otras cosas (sentimientos y afectos). Con respecto a la agresividad y la violencia creo que uno de los que más saben en España es José Sanmartín. Es biólogo y filósofo y catedrático de lógica y filosofía de la ciencia en Valencia. Y una persona encantadora. Bueno, pues uno de sus libros sobre la violencia “La mente de los violentos” comienza con esta frase esclarecedora “El hombre es agresivo por naturaleza y violento culturalmente” Cuidado, no quiere decir que sólo sea agresivo, es muchas más cosas, lo que pasa es que el tema es la agresividad. Estamos dotados genéticamente para ejercer la agresividad, pero culturalmente hemos producido la violencia, que es lo que podemos ver en el documental. La cultura puede potenciar más o menos la agresividad, pero ésta, aunque se pueda bloquear culturalmente, siempre está ahí. Es el entrecruzamiento de nuestra filogénesis y nuestra evolución cultural. Porque igual que hay una evolución biológica y de todo el universo, también la hay de las formas culturales. Evolución no significa, ni direccionalidad, ni progreso. La evolución no tiene sentido. Es fruto del azar y la necesidad. El último libro de Carbonell “La evolución sin sentido” se explaya en esto. Cosa que por otra parte ya había expresado lúcida y brillantemente el biólogo y paleontólogo E. J. Gould en sus numerables obras de las que aconsejo “La vida maravillosa” y “La falsa medida del hombre” Un saludo y muchas gracias María José por tus aportaciones.

 

Un ejemplo de profundidad de análisis político. Vaya tela. No saben qué hacer, ni qué decir. Hay una realidad que se les escapa a su inteligencia y a sus intereses. No tengo ni idea en qué acabará esto de Podemos. Pero lo que sí es cierto es que es lo único interesante, fresco y con sabor a esperanza de libertad que, políticamente está pasando en nuestro secuestrado país. (Y me refiero a la política de verdad. A la política en el sentido republicano. La participación directa del ciudadano en la res pública. No a la política de la partitocracia que la ha profesionalizado y nos ha llevado a la corrupción generalizada e institucionalizada del sistema.) El pueblo, la ciudadanía tiene derecho a la ilusión, a la participación. Aunque después pueda llevarse un tremendo desengaño. Pero lo anterior ya está visto y, además, está lleno de mierda hasta el fondo. Por primera vez el pueblo, la ciudadanía, que no vasallos, no apoyan de forma connivente a sus antiguos representantes, los acusan y eligen otra opción. Los abandonan y los dejan tirados a la suerte de sus bien labradas miserias. El pueblo se podrá equivocar, la democracia es así, pero lo que no se puede permitir es seguir siendo engañado, seguir siendo vasallo y seguir participando de la corrupción. Porque no lo olvidemos nunca. Si el estado de corrupción ha existido es porque nosotros los hemos puesto allí, los hemos votado, los hemos consentido. Nos hemos dejado engañar conscientemente. De modo que es necesaria esta rebelión pacífica y democrática. A la que, por mi parte, añadiría si el partido Podemos llegase al poder iniciar un proceso constituyente. De lo contrario todo será igual.



Es muy triste lo que cuentas, pero lo dices en tu comentario final. Es lo que trae la pobreza. Sin un mínimo desarrollo económico no hay cultura, sin ésta no hay valores. Es lamentable, pero es así. Y en la pobreza, todas las desigualdades y las injusticias caen sobre los más débiles: las mujeres, los niños y los ancianos. La historia que nos cuentas, no sólo es conmovedora, sino trágica. Pero el mundo se puede cambiar y algo ya hemos avanzado porque los valores ya los hemos inventado. Ahora hay que hacer el esfuerzo de que se cumplan. Esta mañana le contaba a mis alumnos que, ante las injusticias, lo primero es la información. Ésta nos hace tomar conciencia del problema y ver de dónde viene. Luego está la fraternidad, la gran olvidada de la Ilustración: todos somos iguales, hermanos y esto nos lleva a la compasión. Y es este sentimiento el que nos debe llevar a la acción. Y siempre se puede hacer algo. Simplemente el acto de votar puede cambiar una realidad social. Pues, desde el simple voto, o escribir algo para hacer tomar conciencia, como has hecho tú, hasta el voluntariado hay un amplio espectro de cosas que podemos hacer. Siempre, por muy poco que sea podemos hacer algo. Hubo una mujer, que no recuerdo el nombre, pero que se lo he contado a mis alumnos, y que es premio nobel de la paz por un simple gesto. Resulta que en su país de África los grandes negociantes empezaron a comprar las tierras comunales para edificar todo tipo de cosas. Esto enriquecía, momentáneamente, a los habitantes de los poblados. Pues esta mujer se negó y convenció a los de su poblado de que las tierras comunales eran su vida, de lo que comían, poco o mucho. Y propuso que cada uno plantase un árbol para recuperar esas tierras comunales. Hace unos seis años ya había más de treinta millones de árboles plantados. Sólo un gesto puede mover toda la sociedad… como la mujer negra que no se quiso levantar del asiento del autobús sólo para blancos…pues trajo los derechos civiles en EEUU. Un saludo.

Ya hemos hablado de esto. La corrupción que ha aparecido en España no es nueva y no es puntual, sino que está institucionalizada. Ha existido desde los inicios de la democracia. Las causas políticas, hablando generalmente son dos: el proceso de transición y nuestra constitución con su ley de partidos que da lugar el bipartidismo y todas las consecuencias que ello conlleva, principalmente la acumulación de poder y, por tanto, la posibilidad de corromperse y la alternancia en el poder. La segunda causa política somos nosotros. Los ciudadanos, con nuestro voto, hemos consentido la corrupción. Ya digo, la corrupción no es nueva. La corrupción que existía en el PSOE en los años noventa era tremenda, también en el PP, pero menos a causa de que tenían menos poder. No obstante millones de españoles miraban para otro lado y los votaban. El libro, del nada sospechoso Javier Pradera (libro póstumo, escrito en 1994 y publicado este año) lo confirma, “Política y poder”. Entre los primeros años 90 la corrupción del PSOE era generalizada, llegó incluso a tener a miembros del gabinete de gobierno en la cárcel, se cometió la mayor corrupción del gobierno, el crimen de estado. Y la ciudadanía, porque recuerdo arduas discusiones, lo justificaba: al fin y al cabo, decían, a los que habían matado eran terrorista, en realidad fue una tremenda chapuza, además de socavar los cimientos mismos de la democracia. No obstante eso es una razón antidemocrática, porque la democracia está para lo contrario. Para que cualquiera tenga un juicio justo. Todos somos iguales, terroristas o no, ante la ley. No teníamos, ni tenemos y menos que vamos a tener, cultura democrática. (No olvidemos que las asignaturas que, en principio ofrecen esta cultura desaparecen del curriculum con la LOMCE: Educación para la ciudadanía, Ética e Historia de la Filosofía)

Lo nuevo de ahora, aunque no sabemos en qué terminará esto, es que la ciudadanía, por primera vez se ha hartado y su intención de voto ha cambiado. Pero veo dos problemas: el primero es que esto se deba a la situación de crisis y no a un aumento de la conciencia democrática. Y, en segundo lugar, Podemos está jugando una carta difícil. Ha entrado en el sistema y, probablemente, éste lo absorba. De todas formas, mientras tanto, son aire fresco y esperanza.

 

Vamos a ver, otro que tal baila. No se han enterado que su ciclo ha terminado. Que la corrupción es de décadas y de ellos. Que ellos no pueden resolver el problema que ellos mismos, conscientemente, durante décadas han creado, son unos hipócritas y sinvergüenzas (no como insulto, sino en el sentido ético de la palabra, si es que lo conocen). Que la alternativa no es populismo, ni antisistema, ellos amparándose en una transición mediocre son los antisistemas. Que estoy, o estamos los españoles, cansados de corrupción, de mediocridad, de hipocresía, de control absoluto de la administración y de los medios de comunicación. Que no los queremos porque no nos representan. Señores, un estado gobernado por un partido anclado en la corrupción sistémica y un partido de la oposición, que está en la misma situación de corrupción institucionalizada, simplemente es ingobernable. Lo que hay que hacer es disolver las cortes y proclamar elecciones anticipadas. Y, si en un caso gana Podemos, pues, entonces, iniciar un Proceso Constituyente. Eso es una regeneración política de este país que nos dé la libertad. Todo lo demás no son más que paños calientes.

 

Más vale sufrir una injusticia que cometerla.

Es éste un viejo dicho socrático que podemos considerar uno de los fundamentos de la ética en Occidente. Una de sus más brillantes conquistas. Es una sentencia sobre la que podríamos meditar toda la vida. Pero mejor, es un imperativo moral que deberíamos cumplir durante toda nuestra vida. Es un camino hacia la perfección moral y forma una unidad con la compasión budista y al amor al prójimo de Jesús de Nazaret. En realidad son distintas formulaciones de un único principio. En los tres está de fondo la consideración de que el otro es un semejante, otro yo, por tanto un sujeto al que no se le puede instrumentalizar. No en vano nos encontramos en la época axial, que decía Jaspers, en la que hubo una revolución moral de la humanidad, cuyos tres máximos representantes son los que hemos citado más arriba. Esta revolución marca un salto cualitativo en el desarrollo histórico de la humanidad. Ahora bien, el descubrir un valor nuevo de perfección moral para la humanidad no implica su cumplimiento. Aquí lo teórico y lo práctico se separan totalmente. Por eso he dicho siempre que la filosofía (y la ética es la parte central de ella, su motivo de existencia, su justificación) es el saber más práctico que existe porque nos habla de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser.

Pues bien, de esto es de lo que nos habla la sentencia socrática que nos marca el camino de nuestra perfección, la salida de la caverna moral en la que nos encontramos. Vamos a ver. Cometer una injusticia, sea del carácter que sea, es convertirse en un injusto, en un corrupto. Cometer una injusticia nos corrompe el alma, nos arranca un bocado de nuestro ser. Nos convierte, de paso, en un cobarde que no es capaz de enfrentar la justicia, ni su debilidad. Pero, además, cometer una injusticia nos hace esclavos de nuestra cobardía. Porque cometemos la injusticia por la debilidad de no ser capaces de ser justos. Y, ¿qué es ser justo? Pues obrar conforme a lo debido, conforme a la virtud. Si no se puede robar, no se roba. Ahora bien, si puedo robar impunemente y robo, soy injusto, soy un corrupto, un cobarde y esclavo de mis pasiones. Por el contrario, si frente a la adversidad, la posibilidad de robar, la impunidad, no lo hago y, por supuesto no me hago rico, ni me codeo con la clase alta, ni nada de esos supuestos parabienes, pues entonces he obrado justamente. He sido valiente, es decir, he sido fuerte. Mi acción ha vencido a la pasión, a lo fácil, al vicio. Me he perfeccionado. Entonces soy un hombre valiente y excelente. Es decir virtuoso. Porque en griego virtud (arete) es excelencia. Claro, por eso el objetivo de la educación griega, y en especial Sócrates, es la educación en la excelencia. Lo contrario de lo que ocurre en nuestra sociedad. Ésta, en general, y la educación, en particular, no fomentan, ni por asomo, la virtud, ni la excelencia, sino la mediocridad y el oportunismo. ¿Cómo podemos explicar sino, por ejemplo, la corrupción? Ésta existe hace décadas. No es nueva, ni nace por generación espontánea, se ha mantenido porque millones de votantes lo han consentido. Les recomiendo el libro de Javier Pradera, escrito en 1994 y publicado este año “Política y corrupción”. Es decir, que la ciudadanía ha cometido una injusticia, generalmente, no estoy diciendo todos, han votado la corrupción, por múltiples razones, que en última instancia, los llevaban a la comodidad y a no complicarse la vida y han renunciado a la justicia. Es decir, denunciar públicamente el sistema de corrupción en el que hemos vivido. Han sido esclavos, por eso no tienen libertad política. Eso nos enseñó Sócrates. De ahí su juicio y su muerte. Difícil camino de recorrer. Y si nos fijamos en la educación, y esa nefasta ley LOGSE-LOE, del partido socialista, lo que ha fomentado precisamente es la mediocridad. Si se puede promocionar con dos o tres asignaturas pendientes, si al final incluso la promoción es automática, porque lo que interesa es que el niño esté escolarizado hasta los dieciséis años, pues es muy fácil que el niño caiga en la pasión y el vicio de la pereza. Que no valore ni la enseñanza, ni al profesorado. Lo raro es que haya tantos estudiantes que no han caído en esa pereza que les llevaría al camino fácil de la injusticia. No se debe copiar, por ejemplo. Es una injusticia porque engañas a la sociedad y en concreto a tus compañeros de clase, que se han esforzado y no copian. Pues el que elige copiar, para empezar, no elige, sino que se deja arrastrar por el vicio de la pereza, en segundo lugar se corrompe, porque se hace débil y, en tercer lugar, provoca un daño a sus compañeros y a la sociedad en general. Lo mismo ocurre con el que falta el respeto a sus compañeros o a su profesor. Comete una terrible injusticia. Lo fácil es hablar en clase, molestar, no atender, jugar… lo difícil es atender, estudiar, colaborar con tus compañeros y con el profesor en el proceso de aprendizaje. Pero, no, el corrupto, elije la injusticia. O, al revés, por elegir la injusticia se hace corrupto. Se convierte en un cobarde y un mediocre, pierde un pedazo de alma, se deshumaniza. Porque aquí hay algo muy importante. Cuando se comete una injusticia, como el faltar el respeto, no sólo afecta al que comete la injusticia, sino que también, a la humanidad circundante contra la que se comete la injusticia. Porque en tal caso la injusticia lo que está haciendo es tratar al otro como un objeto, lo está instrumentalizando, no lo considera otro yo, un sujeto de derecho y de dignidad. Pero, claro, la injusticia siempre se vuelve contra uno. Al tratar al otro como un objeto pierdes tu humanidad. Piensen en la sombra alargada de la sentencia socrática, en ustedes, en la educación y en la sociedad. Nos queda un largo camino por recorrer.

El viajar y ver (el turismo) se ha convertido en un objeto de consumo que no te permite deleitarte. Es como la vida cotidiana, llena de prisas y masificación. La gente va a los sitios casi que por decir que ha estado allí. Pero no conocen nada de lo visitado: ni historia, ni cultura, ni pensamiento. Ya el mismo viaje, sea en coche, tren o avión o los típicos cruceros, son un traslado veloz de un lugar a otro. Antes el viaje te transformaba por dentro. Ahora en una hora y cuarto estás en Atenas. Y, simplemente, ir a Madrid, como hay autovía, te priva totalmente del deleite del viaje, no ves ni un solo pueblo, no paras. Es como si cruzases un páramo, un no lugar. Es un traslado físico en el que la mente permanece estática. Llegas igual que saliste de casa. Y si se te ocurre ir al Prado, pues ya sabes lo que te espera. Para viajar prefiero un libro. De momento…

¿Son compatibles la sabiduría racional con la sabiduría mística?

Tus preguntas son tremendas. La verdad es que yo también me la hice en su momento. Al inicio de la carrera y opté por el saber racional. Supongo que, porque no tenía alternativa mejor. No se nos ofrece, a menos que seas creyente, un camino hacia la mística. Muchas veces he estado tentado, pero como soy ateo militante, practicante y con mucha fundamentación teórica, me es imposible, salvo el budismo. Pero vivimos en occidente. Luego…

Yo creo que sí se pueden tener las dos sabidurías. Cuando entiendes íntimamente que la sabiduría racional es parcial y que forma parte de un todo, por ejemplo. Creo que los griegos estaban más cerca de esto que nosotros. Aristóteles, los estoicos, los epicúreos, eran sabios y sabían cosas, pero su concepción del saber racional es muy distinta a la nuestra. Tiene que ver con la teoría pura que te lleva a la contemplación. Lo mismo el sabio Spinoza y, el mismo Eisntein que se inspira precisamente en Spinoza. Pero hoy en día el saber racional es fundamentalmente técnico y mediatizado por el poder político, económico y militar. Pocos investigadores puros quedan. Y menos que quedarán. Ya en mis tiempos de estudiante de bachiller los alumnos se preguntaban el para qué del conocimiento. No entendían que el conocer tiene el fin en sí mismo.

De todas formas, quizás el saber racional sea dar un rodeo, pero que te permite una comprensión del universo. Mientras que la vía mística se salta ese paso porque no es necesario, incluso puede ser contraproducente. Es curioso que, mientras más se sabe del cerebro más nos acercamos a las ideas que sobre el mundo tiene la mística. Me acabo de leer el último libro del neurofisiólogo Antonio Damassio “Y el cerebro creó al hombre” y puedes sacar la conclusión que acabo de decirte. La diferencia es que Damassio pretende saber en qué consiste la consciencia, la libertad y la autoconsciencia y cómo se explica esto a través de los diferentes modelos de funcionamiento del cerebro. Pero no aspira con ello a alcanzar la perfección intelectual. Esta escisión, un griego no la entendería. El propio saber es un camino de ascesis que te lleva a la perfección y el conocimiento adquirido es un objeto de contemplación del mundo. Somos, como decía el cosmólogo Carl Sagan “la voz en la fuga cósmica del universo.” Es decir, y esta es mi concepción filosófica panteísta: nuestro conocimiento es la autoconciencia del universo. No somos más que polvo estelar, surgido del big bang hecho consciente. Conciencia fragmentada, claro. Esto es lo mismo que el budismo pero con un tremendo sustrato matemático y empírico que lo fundamenta. Pero una vez que hemos llegado a la idea podemos contemplarla e iniciar el camino espiritual. Pero, como te digo, esto último a la ciencia no le interesa, aunque a científicos en concreto, sí, como Einstein o Sagan… en fin una aproximación de respuesta. La próxima más facilita, jaja.

El relativismo dice que cada uno tiene su verdad, por tanto todas las verdades son iguales y equivalentes. Cada uno tiene su verdad. Entonces no hay verdad o todo es verdad y la que hay es la que se impone por la fuerza. Que es lo que ocurre ahora mismo. El poderoso tiene la verdad porque es poderoso, no porque tenga razón. El escepticismo es la búsqueda de la verdad con minúsculas, porque el escéptico reconoce que toda: verdad, bien, belleza y justicia son provisionales; no relativos ni subjetivos.
El escepticismo es un modo de ver el mundo y de vivir en el que hay una unión entre la teoría y la praxis. El relativismo es el nudo filosófico de la crisis actual. No hay democracia porque el pueblo no tiene el poder, sino que los poderosos se han hecho con la razón e imponen las leyes que nos gobiernan y no porque tengan razón, sino porque tienen poder. Ésta es la tremenda y terrible consecuencia del relativismo. Por eso nunca se puede decir que las opiniones son respetables. Lo respetable son las personas. Si decimos que las opiniones son respetables caemos en el relativismo. Es la confusión entra la libertad de expresión y el relativismo. Pero éste es la ideología del poder para seguir manteniendo el poder que es el que le permite actuar independientemente de la verdad. Mientras, el ciudadano se cree libre porque puede pensar lo que quiera. Pues ni es libre, porque piensa lo que le dicen que piense y, no es libre, porque no puede actuar. Es el poder, con su fuerza, el único que actúa. El pueblo obedece sumiso e ignorante. Para salir de esta situación hay que desenmascarar al poder y recuperar la fuerza o el poder que se le ha arrebatado a los ciudadanos. Y ésta es la misión de la fundación de una república.

"El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices". Nietzsche.

Se calculan 200 millones de muertos por guerras en el siglo XX: el siglo en el que la muerte se convierte en exterminio y genocidio. También a partir de la Gran Guerra hay más muertos civiles que soldados. Es un horror. Es el siglo de la neocolonización. Se desarrollan los países occidentales a costa de las antiguas colonias. Eso sí, después de la experiencia de la segunda guerra mundial surgen los derechos humanos y se consolidan las democracias. Y, cosa importante, la ciudadanía, que no los poderosos, llegamos a entender que la violencia es la peor forma de resolver los problemas. El crecimiento económico no sólo se hace a costa de las colonias y sus habitantes, sino de los recursos naturales llegándose a una situación de posible colapso civilizatorio, a menos que pongamos remedio. Los derechos humanos se cumplen arbitrariamente, aunque son un gran invento, se aplican dependiendo del voto del consejo de seguridad y su poder de veto. El capitalismo se extiende hasta convertirlo todo en mercancía, incluido el propio hombre. La historia de la humanidad no es como para estar orgulloso de la especie. Ahora mismo tenemos unos sesenta conflictos armados. Los avances médicos están en manos de unas cuantas multinacionales que se enriquecen a costa de la salud. Muchos de los medicamentos, simplemente, matan. Se investiga en lo que le interesa a las multinacionales, no a la salud mundial. El gran descubrimiento de los antibióticos nos ha puesto en guerra contra las bacterias. Cierto que éste ha sido el gran avance de la medicina en lo que se refiere a salvar vidas. Lo malo es que la guerra con las bacterias es muy peligrosa. Ellas las han ganado todas. No obstante, esperemos que ésta no. Es la guerra entre la evolución biológica (la de las bacterias) y la cultural (el hombre). Si el hombre desaparece a la naturaleza no le importará. La sexta extinción, que es la mayor de todas, es de origen antropogénico y ha tenido lugar en el siglo XX. Pero ha habido otras grandes extinciones antropogénicas, aunque locales. La primera cuando el hombre llega a Australia, la segunda, cuando llega hace unas 30 mil años a América y la tercera, la actual.

En fin, que nosotros que somos unos privilegiados pues podemos disfrutar, pero también, como dice el jesuita Jon Sobrino: “Fuera de los pobres no hay salvación” es un título de uno de sus libros. La iglesia dice: “Fuera de la iglesia no hay salvación”. Pero Jon Sobrino, teólogo de la liberación, entiende la situación de pobreza como una injusticia social. La caridad cristiana está muy bien, pero, primero hay que luchar contra la injusticia social. Cada uno a su modo y desde su lugar. Es imposible pedirle a nadie que sea un héroe. Hay razones para ser pesimista, pero el pesimismo y el optimismo es cuestión bioquímica.

 

Esto es tremendamente importante para el profesorado y para la ciudadanía en general. Pero el profesorado por lo que se ve, ni se inmuta. Y, a la ciudadanía, con que esté el niño recogido, pues le importa un bledo si aprende o no. Mira como con los médicos no se atreven. Señores lo que está pasando y lo que ahora quiere cobrar cuerpo de ley, es como si al ginecólogo, si le sobran horas, pues las complementa con traumatología, y al de trauma, pues lo hace por ejemplo con psiquiatría…y así sucesivamente. Es absolutamente lo mismo. Pues estoy seguro que ni los médicos ni los ciudadanos lo permitirían. ¿Qué pasa con la educación? Es una auténtica caja de sastre. Para empezar habría que quitar la obligatoriedad, que la está lastrando y recuperar la carrera docente del profesorado (carrera en su especialidad), quitar los cursos de formación psicopedagógica y de los sindicatos, volver a las oposiciones libres de cátedra. Dar permisos de estudio y de especialización. Mandar al carajo las leyes educativas, por lo menos, desde 1990 (LOGSE) Esto es un disparate, un despropósito, un esperpento y un desencanto para el profesor vocacional y que, a pesar de todo, sigue formándose en su especialidad, o doctorándose o estudiando sengundas licenciaturas (ahora rebajadas a grados, claro)

http://www.catalunyavanguardista.com/catvan/la-indocencia-de-wert/

"Moraleja: la deshumanización enferma." Miriam Al Adib

Curiosa paradoja. La cultura es la que nos ha humanizado, es el proceso de humanización que se llama en antropología, frente al proceso de hominización, que es el de la evolución biológica. Pues es la misma cultura la que nos lleva a la deshumanización y ésta a la enfermedad. Ya digo, es una paradoja ¿Tiene solución?

Creo que la caída del muro de Berlin y la posterior disolución de la Unión soviética no fue el fin del marxismo como teoría de la historia, ni mucho menos fue el fin de la historia y la muerte de las ideologías como pronosticaba Fukuyama. Es más sugiero, que, precisamente, lo que sí fue es el fin, o el comienzo del fin, a pesar de un par de décadas, sobre todo los noventa, felices, del capitalismo. El sistema se hunde porque es insostenible. Pero toda la propaganda neoliberal que vivimos en occidente, nos dice lo contrario. Por lo visto nuestras democracias corruptas, que no son más que oligarquías partitocráticas, son el modelo de la democracia, mientras que las otras democracias que han luchado contra el neoliberalismo, desde una concepción socialista e, incluso teológica cristiana (la teología de la liberación en Latinoamérica) y a las que se les ha intentado hundir, no sólo por la propaganda, sino con golpes de estados dirigidos desde el máximo poder, pues resulta que son populismos. Mientras, los BRICS, encabezados por China se hacen con el poder económico mundial. Y no olvidar que China es un modo de realizar el comunismo. Por su puesto, tan cruel, como lo es el capitalismo. Porque el capitalismo mata. La existencia del tercer mundo es debido al proceso neocolonial del capitalismo que nos ha permitido vivir por encima de las posibilidades del planeta bajo el mito del progreso y del crecimiento ilimitado. Piensen ustedes, porque el gran hermano nos engaña.

"Cada cual se considera libre allí donde es más fuerte su sentimiento de vivir. Involuntariamente el individuo cree que el elemento de su libertad radica en aquello que le hace fuerte, en lo que anima su vida". Nietzsche, El caminante y su sombra, 9.

“El sentimiento de fuerza no da la libertad. Muchas veces la coarta. El más fuerte no es el más libre.” M. Luisa

Yo creo que el texto no dice eso, aunque se puede interpretar así. Yo creo que dice que la libertad reside en lo que uno se siente fuerte. Y si relacionamos fuerza con virtud, que en su raíz latina es lo mismo, pues podemos decir, que es lo que yo sostengo, que la libertad la alcanzamos por la virtud.
Pero tu reflexión me resulta muy interesante. Porque creo que dices que la fuerza no da la libertad, que a veces la coarta. Yo creo que no es así desde la perspectiva política. El problema del hombre a lo largo de toda la historia es que sólo han gozado de libertad los más fuertes, y me refiero, tanto a los individuos como a los estados. Sólo un ejemplo. La guerra de Irak del 2003 se hizo porque el que mantenía el conocimiento erróneo sobre Irak era el país más fuerte de toda la comunidad internacional. Era libre e impuso su error como una verdad. Incluso hoy en día, y lo acabo de leer en un artículo, el 87% de la población de EEUU. piensa que los irakíes tenían armas de destrucción masiva y escondían a BIn Ladem y alimentaban el terrorismo islámico. Creo que tu reflexión es más de cómo te gustaría que fuesen las cosas que de cómo son en realidad. Un saludo.

 

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Sí, estaban convencidos de la verdad. Hay innumerables artículos y libros escritos sobre este asunto en el nazismo. Los que ejecutaron los crímenes obedecían órdenes. Ese es el concepto de la banalidad del mal de Hanna Arend. La población lo sabía y lo consentía: mal consentido. En ambos casos se sienten libres o no responsables, sin sentimientos de culpabilidad, luego libres. Otra cosa es que sean libres realmente. No, porque están bajo el peso de una ideología en la que creen. Pero, ¿quién está libre de esto? Pero lo que cuenta es el sentimiento. Y, lo más importante, el pueblo, para los señores que citas, es chusma, vasallos. Ellos son realmente los fuertes que dirigen el estado y los destinos del mundo. Y son realmente libres. Es, creo, una paradoja de la libertad que me entristece, pero creo que es así. Por un lado la libertad se relaciona con la virtud y con un estado democrático (libertad privada, libertad pública o política) y, por otro, desgraciadamente, se relaciona con el Poder y la ignorancia.

 

Es tremendamente lamentable El País, cómo se han empecinado contra Chávez y todas las democracias latinoamericanas que han hecho frente al imperialismo de los EEUU y de sus esbirros el FMI y el BM. Cómo es posible que hayan establecido esto como verdad y que todo el mundo se lo crea sin tener ninguna prueba de ello. Cuando la misma ONU y el programa para el desarrollo de las naciones nos ofrecen datos sobre el aumento del nivel de vida de estos países, su crecimiento económico, su reparto de la riqueza. Lo que les pasa es que son neoliberales hasta el tuétano y defienden las políticas de minimización del estado y de privatización. No quieren oír hablar de nacionalización. Pues eso es democracia. El poder del pueblo. Lo que aquí tenemos no es democracia, sino plutocracia. Ya está bien de mentiras y de demonizar y de meter miedo con Hugo Chávez y demás. A ver si entendemos de una vez por qué el rey dijo “por qué no te callas”. Tenía mucho que hablar y mucho que decir… y el resto tenía miedo. Tanto que hasta colaboraron en un golpe de estado. Y cuántos golpes de estados han sido financiados y apoyados por los EEUU, para mantener a su patio trasero subyugado. Ahora que se democratizan, que recuperan sus riquezas y su poder, resulta que son populistas, cuando no, directamente, dictadores. ¿Quiénes son los dictadores, por favor? Vaya cortina de humo y vaya guerra sucia contra Podemos. Qué miedo tienen. Qué cantidad de cosas tendrán que ocultar.

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Por una muerte digna. En defensa de la eutanasia y del suicidio asistido. Acabemos con el mito de que la vida, a secas, es el mayor valor que existe. Una vida sin dignidad no merece la pena de ser vivida. Y, la vida, es nuestra única propiedad. Que no nos la arrebate ni la iglesia (religión), ni el estado.

Prometeo
Estoy aquí de pie aguardando y grito
deseando perder toda cordura,
porque el dolor te muerde el corazón
y lo devora lento como el buitre
que alimenta su cuerpo con la pena.
Estoy aquí gritando entre la nada,
los pies sobre la nada más oscura,
perdida entre la nada que enceguece,
que niega las palabras y que alienta
el agudo cuchillo del lamento.
Nadie escucha mi voz, mas aquí sigo
aguardando y gritando para nadie
mientras él continúa devorando
las sangrientas migajas que aún restan.
Y estoy aquí de pie aguardando y grito...
Mercedes Sandoval Reverte.

“Venimos de la nada y a ella regresamos.

Somos prestados al tiempo, y cuando yacemos

En silenciosa contemplación del vacío

Dicen que podemos sentir cómo éste nos contempla.

No es cierto, pero ¿quién podría soportar la verdad?

Nosotros somos el vacío que contempla.

Somos su único nervio, mano y ojo.” Don Paterson.

Sacado de John Gray. “El silencio de los animales. Sobre el progreso y otros mitos modernos.” P. 135

Un grave problema. El tema tiene muchas patas. Pero creo que el tema central es el concepto de igualdad. Para empezar la igualdad debe ser de oportunidades, en cambio se confunde con igualdad ontológica o por naturaleza, ésta no existe entre nadie, todos somos diferentes. Pero el engaño de la igualdad es que se hace dentro de una cultura patriarcal, capitalista y competitiva. La mujer lo que ha conquistado es el papel del hombre. Es decir, que se ha alienado doblemente, ahora como trabajadora y más en la precariedad laboral en la que vivimos todos y, sigue estando alienada como mujer. Porque aunque las leyes hayan cambiado, vivimos en una sociedad patriarcal que viene desde el neolítico y justificada por los mitos fundantes de nuestra civilización, véase el Génesis. Y el capitalismo ha crecido a sus anchas en este mito. De modo que, para que se produzca el cambio, es necesario una revolución paradigmática. Un cambio de paradigma cultural.

Reseña en el periódico Hoy de Extremadura de mi último libro. Por el Catedrático de filosofía y académico D. Manuel Pecellín Lancharro. Muchas gracias y es todo un honor para mí.
PENSAMIENTO CRÍTICO

Según declara en su tremendo Ecce homo el siempre provocador Nietzsche, los escépticos son "los únicos filósofos honorables". No es raro que Viñuela (n. Villafranca de los Barros, 1963), cuya reivindicación de la actividad y enseñanzas filosóficas continúa indefectible, apele a la escuela helenista encabezada por Pirrón de Elis (360-270 a.C.) a la hora de titular este nuevo libro. Como en otros anteriores, recopila aquí materiales múltiples: aforismos, discursos, comentarios sobre acontecimientos de actualidad (insurrección popular en Egipto, derogación de la doctrina Parot, aprobación de la LOMCE, vallas de Ceuta y Melilla, repudios de la "casta", cuantificaciones de la crisis, recortes en sanidad o educación), reseñas bibliográficas, "diálogos" con diferentes pensadores, vivos o difuntos (Camus, Cioran, Savater, Chomsky, Zizek, L. Boff, M. Sacristán, entre los contemporáneos), reflexiones y debates, casi todos difundidos anteriormente en la página web filosofíadesdelatrinchera.blogia.com.
Pronto percibe el lector que estamos ante un escéptico muy especial, alguien cuyo autorretrato ideológico dice así: "Cada día me escoro más hacia los ilustrados radicales, los verdaderos ilustrados: materialistas, ateos, laicos, anticlericales, defensores de la razón contra toda superstición, demócratas y defensores a ultranza de la igualdad, la libertad y la fraternidad, no sucedáneos" (pág. 68). He aquí toda una declaración de principios epistemológicos y éticos (non son los únicos que propone), para cuya defensa insta a las posturas más radicales, incluida la insubordinación civil.
Según la etimología griega de la palabra, que Ortega y Gasset recordó tan oportunamente, el escéptico es un "buscador", vale decir, quien desconfía por principio de las tesis asentadas, los dogmas, las aserciones rotundas, y presenta enfoques distintos, nuevas perspectivas, planteamientos innovadores, convencido de que la realidad, tan poliédrica, y la capacidad cognoscitiva del hombre, tan limitada, invalidan los enunciados apodícticos, las proposiciones indiscutibles.
Viñuela, que conoce bien la refutación del escepticismo o, si se quiere, la disolución del problema escéptico realizada por Wittgenstein (véase la obra de éste Sobre la certeza), coincide con el austríaco en el interés por el lenguaje. El extremeño desconfía, con muy buenas razones, del que utiliza el Poder (económico, político, científico, religioso y de cualquier género) para mantener a las personas en una, casi siempre culpable, permanente minoría de edad, por decirlo con palabras de Kant. De ahí sus esfuerzos por deconstruir tantos discursos, palabrería si se quiere, bien habituales en los medios, la academia, el púlpito, la tribuna, las aulas, el ágora e incluso las barricadas.
No obstante, quien se dice escéptico esperanzado y antirelativista rotundo, no oculta su convencimiento sobre determinada cuestiones, reiteradamente recordadas con énfasis:
-No admite la separación entre ética y política.
-Esta segunda se hace en la calle (dada la corrupción del sistema de partidos).
-La filosofía debe tener puesto relevante en al enseñanza de nuestros jóvenes.
-El capitalismo es hoy un sistema en quiebra irrecuperable.
-Es imposible el crecimiento ilimitado.
-El pensamiento utópico se traduce siempre en tiranía.
-La historia carece de sentido intrínseco y determinado.
-Abandonar la teología y volver a los evangelios pude ser muy positivo.
-España no tuvo parte en la verdadera Ilustración.
-La tríada libertad igualdad y fraternidad constituyen la base de la moralidad.
-El régimen franquista estuvo viciado desde sus orígenes.
-Las urnas no constituyen per se ninguna garantía democrática.
-Corremos inminente peligro de retroceder hasta una nueva Edad Media.
-Solamente la isegoría (libertad de expresión), la autonomía y la isonomía (igualdad ante la ley) son los avales de la auténtica democracia (gobierno del pueblo).

Fragmentaria en su construcción, con lenguaje apasionado, reiterativa y coloquial en ocasiones, bien argumentada siempre, la obra del Dr. Viñuela confirma que los filósofos no deberían ser jamás considerados especie en extinción: contribuyen como pocos a mantener la conciencia vigilante, allí donde Machado situaba la cultura.

Juan Pedro Viñuela Rodríguez, Reflexiones de un escéptico. Villafranca de los Barros, autoedición, 2014.



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